Lee “La forja de un rebelde, de Arturo Barea. Lea Ud. “Cuando éramos honrados mercenarios”, de Arturo Pérez Reverte

Hace mucho que no leo los periódicos, hace poco menos que no sigo las noticias en televisión; ya se sabe, mi umbral de angustia es poco amplio y mi resistencia a oír tonterías es todavía menor. Es cierto, es necesario estar enterado y para eso leo sólo lo que me interesa en la Internet; es verdad, oír la opinión de quien de verdad sabe lo que dice es una ventaja para interpretar la realidad, entonces busco las editoriales de quienes supongo saben de algún tema y sigo sus opiniones; pero aventarme de cabeza en el cualquierismo con el que el ciertos periodistas, hablan de política, investigaciones policíacas, calentamiento global y fútbol, poniendo además cara de “miren que perspicaz soy”, eso es demasiado; arriesgar la salud mental con otro ciertos periodistas que ponen cara de huerfanitos de postal para esquilmarles unos centavos al público en épicas colectas o aplauden desaforados al presidente en turno para denostarlo apenas quince minutos después de concluido el periodo constitucional, eso no se le puede pedir a nadie. Por eso leo el periodismo de Pérez Reverte, porque sólo escribe sobre lo que sabe y que sabe bien, ya por ser de su especialidad: el periodismo de guerra, la navegación o la historia de las guerras napoleónicas, ya por ser de la especialidad de todos, la de ser ciudadano en el mundo: la educación, los buenos modos, la tolerancia y su pasión por la libertad y la inteligencia. Dice lo que a uno le gustaría decir, y lo dice bien, magníficamente escrito, valientemente y, sobre todo, apasionadamente.

Ahora leamos a Barea, perseguido en cuanta librería me ha salido al paso por años, le hincamos el diente, o el ojo, a esta recomendación que me hizo Fernando Serrano Migallón, hace ya unos buenos años.