Lee, “La ruta”, segunda parte de “La forja de un rebelde”, de Arturo Barea. Lea ud. “La forja”, primera parte de “La forja de un rebelde”, de Arturo Barea.

Lo primero que debo reconocer es que este libro no me ha defraudado; no porque tuviera alguna sospecha al respecto, sino porque conforme pasan los años y uno sigue sin encontrar ese título que se esconde por mil y un motivos, se va constuyendo un libro interior que quiere equivaler al texto insumiso pero, desde luego, como ni la mejor reseña ni el narrador más hábil o el crítico más formal, pueden retratar a cabalidad un libro, del mismo modo que no existen mapas en proporción 1:1, la construcción interna es más un solar que un edificio, el terreno preparado para que sea ocupado por el libro que algún día será leído. Así, Zipper y su padre, de Joseph Roth, dispone ya de un espacio tan grande y principal como los demás de su autor, sólo la lectura dirá si sabrá ocuparlo. El hecho es que “La forja”, ha ocupado su heroico espacio con donaire y elegancia; le ha venido bien el enorme espacio que le tenía destinado, y si pareciera haber quedado corto, se dio el fenómeno que consiste en reducir el espacio por necesidad pues en el libro no había, como dice Alfonso Reyes, “señal reprendedera”. Modernizando al mejor Galdós, castizo como las más deliciosas páginas de Mesonero Romanos y sobre todo, de una tensión dramática donde el hilo político – que será el principal en los siguientes volúmenes – apenas se siente crecer dentro del personaje como un elemento al que se llega luego de una educación sentimental ardua y penosa, como la que todos sufrimos en sociedades donde la desigualdad impera; sin duda podríamos decir que “La forja” tiene el mejor título que un libro puede desear, descriptivo sin abuso y, ante todo, fiel y hermoso que – en conjunto – es ya mucho decir. Léalo ud.