Lee “El genio austrohúngaro”, de William Johnston. Lea ud. “Les combustibles”, de Amélie Nothomb

Imagine una ciudad sitiada donde sólo la Ciudad Universitaria mantiene un poco de vida; en el centro de la ciudad un profesor da refugio a su ayudante de investigación y a una alumna. El combustible se ha agotado, lo único que queda para mantener vivo el fuego y no morir de frío son los libros. ¿Cuáles quemar?, ¿Cuáles no? ¿Que demonios se revelan cuando nos decidimos a quemar la literatura?

 

Sírvase del fraseario, les ofrezco mi traducción libre:

 

“La naturaleza es injusta. Los hombres son siempre menos friolentos que las mujeres. Gracias a la guerra comprendí que esa es la más grande diferencia entre los sexos. Así, en este momento, ustedes creen que perdí mi amor por los libros. Yo creo que ustedes jamás fueron capaces de amarlos verdaderamente: los habéis visto siempre como un material para vuestras tesis, y por lo tanto para vuestro avance”. Amélie Nothomb, Les combustibles.

 

“¿Se da cuenta Daniel? ¡Tenemos estudiantes que leen los libros que les ordenamos leer! Si lo hubiera sabido, ¡habría tenido ciertos escrúpulos al dictar la lista de lecturas obligatorias! Mi pobre pequeña, estoy desolado”.  Amélie Nothomb. Les combustibles.

 

“Es como en literatura: todo depende de la elección de las palabras, del cariz de vuestra frase. Si usted dice: “Protejo a Marina porque la amo”, la gente pensará que usted tiene

un corazón puro. Pero si usted dice esta otra verdad, que no dirá jamás, a saber: “Poco me importa la suerte de Berta, de Anna, de Stefania, que son feas de morirse de risa” – le dejo sacar sus conclusiones. Pero, en cierta forma, las dos frases son sinónimas”. Amélie Nothomb. Les combustibles.

 

“No estoy iniciándome en un autor difícil Profesor. ¿Sabe lo que estoy haciendo? Leo cada frase con lentitud y circunspección y a cada frase me pregunto: ¿Hay algo en ese sujeto, en ese verbo, en ese complemento, en ese adverbio, hay algo, lo que sea, que valga una bella flama en el corazón de una estufa? ¿El sentido profundo (o lo que se suponga) de esta frase es más necesario para mi vida que un grado más en esta habitación? Mire, le leeré una línea al azar: “Se produjo un largo silencio que le parecía demasiado sospechoso”. No tengo nada que reprochar a esta frase, incluso veo donde se sitúa su profundidad, pero propongo esta pregunta: ¿en qué ese silencio sospechoso tiene más valor que un minuto de calor?” Amélie Nothomb. Les combustibles.

 

“Mi guerra es la peor. Ella es puro sufrimiento, es conmocionante, no deja ninguna oportunidad de heroismo: mi guerra consiste en tener frío”. Amélie Nothomb. Les combustibles.