Un buen libro es, por antonomasia, aquel que nos da más de lo que esperábamos al terminar la primera página. Enfrentarse a la literatura de Batya Gur es visitar las fronteras de la novela policíaca, rozar los linderos de la novela negra y retar a la imaginación a aceptar los datos duros de la sociología y de la reflexión política.

Lea ud. “Asesinato en el corazón de Jerusalén”, y sírvase de nuestro fraseario.

Dijo que el sabor de sus besos y sus caricias la habían acompañado durante todos esos años, y que el cuerpo no se equivoca, y que quien conoce a través del cuerpo conoce mejor que de cualquier otra forma…

 

Las razones no son un pretexto.

 

– Lo único es que allí había un cadáver – le recordó Ada, mientras él se disponía a abrir la puerta del coche. – Y como lo encontramos – dijo Michael con paciencia – hemos recibido un premio. Yo lo he recibido de cualquier forma. Y tu también creo. – Es decir – le dijo mientras sacaba las piernas del coche -, ¿Que vivimos de su cadáver? – O al revés – le contestó, ya había rodeado el coche y estaba junto a la ventanilla abierta de Ada, acariciándole el brazo -, a pesar de su cadáver. Y a pesar de que también nosotros seremos eso al final. A pesar de los muertos.

 

– Yoram nació cuando ya llevábamos muchos años viviendo aquí. Cuando ya habíamos perdido toda esperanza. Fue como un milagro – entonces sonrió y movió la cabeza -; uno piensa en un milagro y Dios se ríe en tu cara.

 Asesinato en el corazón de Jerusalén. Batya Gur. Ed. Siruela

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