Palabras pronunciadas por don Eduardo Luis Feher en la Presentación de Cisterna de Sol

Con mucho agradecimiento, profundo y entrañable, les ofrecemos las palabras que pronunció don Eduardo Luis Feher en la presentación de Cisterna de Sol. Que las disfruten.

 

EL MUNDO ALUCINANTE DE CÉSAR BENEDICTO CALLEJAS

por Eduardo Luis Feher

 

 

He leído con asombro y fruición las espléndidas páginas de la “Cisterna del Sol” del culto y fino escritor César Benedicto Callejas.

No oculto señalar que, al final de cada ensayo, también me han perseguido-parafraseando al autor, “varios segundos de silencio que suceden al cerrar la última página”.

Este libro me recordó la frase de Wilde que señalaba: “Todos malgastamos nuestros días buscando el secreto de la vida. Pues bien: el secreto de la vida está en el arte”; yo agregaría; en el arte de leer.

La “Cisterna del Sol” es una invitación a sumergirnos en la vida y obra de una serie de personajes inusitados -todos luminosos- que en la pluma y el talento de César Benedicto adquieren una dimensión diferente.

Estas deliciosas páginas podrán producir todo, excepto indiferencia.

Con la paradójica difícil facilidad de la maestría, el autor nos lleva de mano a asomarnos en un mundo de espejos cóncavos y convexos, impactando al lector, quien, azorado, debe por sí mismo sacar sus propias conclusiones.

Si escribir es una arte -como lo es- al respecto agregaríamos con Bernard Shaw:  “El arte es el espejo mágico para reflejar los sueños invisibles… se emplean los espejos para verse la cara; se emplea el arte para verse el alma”.

Me he permitido, en obvio de tiempo, tratar brevemente solo tres de sus ensayos. Inicialmente me acerco a la turbulenta vida de Mishima cuya obsesiva nostalgia de la antigua grandeza de los samuráis e instinto tanático o llevan a la muerte ritual quizá sin precedentes en un escritor.

Feo de niño -según su decir- y abandonado al cuidado de su abuela, este extraño autor albergó dentro de su mente y sentimientos una extraña mezcla psicológica cuya eclosión inicial fueron sus extraordinarias obras para arribar después al Seppuku, muerte ritual tan ansiada y conseguida por él en una suerte de espantosa carnicería humana. El Dr. Vallejo Nágera, notable psicoanalista español lo retrató de cuerpo entero, en su libro -cuyo titulo lo dice todo- “Mishima o el placer de morir”.

El retrato que hace César de este autor es, sin duda, espléndido, pues en una cuantas páginas nos lo ofrece en todo su dramatismo, donde la sangre, la poesía y el talento son también los protagonistas principales de esa vida quizá sin precedente.

Lo mismo nos refiere el trágico Holocausto concentrado en el talento narrativo de Kertesz, envuelto en el humo de los campos de concentración y las reminiscencias del que Zweig llamara “Mundo de ayer”, suicidándose este por la persecución de su vida anterior y horrorizado ante la incertidumbre de su propio porvenir y el de la humanidad misma. Kertesz, paradójicamente, estuvo condenado a vivir, con toda la carga de tragedia que ello representaría para él y la literatura misma.

Los campos de exterminio nazis, sin precedente histórico alguno por su espantosa carga de muerte científicamente planificada, recuerda la insensibilidad humana llevada al extremo de la locura, como lo refirió otro escritor:

“Un nazi, le apunta a la cabeza a un judío; este último le pregunta, aterrorizado: ¿Qué vas hacer?

El nazi contesta: te voy a matar.

El judío le dice: no comprendo, esto no es de sentido común

El nazi replica: mata tu sentido común y así lo comprenderás

Acto seguido, le dispara.”

César nos ofrece aquí otro ensayo debido a su indudable talento y genuina preocupación por el tema.

O nos habla de la vida de Genet, donde los bajos fondos se confunden con el amor y su propia vida, documentada como una suerte de novela de terror incomprensible, al amparo de esa cárcel que fue su pasado delincuencial, aderezado por la nubes rosadas de un París reponiéndose de sus heridas y del que fue testigo y actor asomándose al balcón de la descarnada realidad que tanto reflejó en su obra toda.

Por supuesto, los demás personajes también son suavemente recostados por Callejas en el fino y metafórico diván que les ofrece, analizándolos desde diversos puntos de vista, sin alejarse de la dramática carga de humanidad que cada uno lleva a cuestas.

“Un buen libro -decía Milton- es la sustancia misma de un espíritu superior, recogida cuidadosamente y embalsamada para que sobreviva”.

Sin duda “Cisterna del sol” es de ese jaez cuya sobrevivencia, sin duda, está asegurada.

Finalmente, amigos, termino con un texto que leí en alguna parte y que podría ser el epilogo de “Cisterna del sol” obra que sin duda también nos refleja el mundo alucinante de César Benedicto Callejas:

“Un libro abierto es un cerebro que habla

Cerrado, un amigo que espera

Olvidado, un alma que perdona

Destruido, un corazón que llora…”