El derecho como pedagogía

Mucho se habla en nuestro tiempo de pérdida de valores; siendo serios, debemos más bien referirnos a un cambio profundo de valores. Hoy, precedidos por la violencia, por las miles de maneras en que se presiona al Estado y loa grupos de interés manejan importantes sectores de la vida púbica, son muchos los que prefieren la astucia al cumplimiento del deber, la riqueza al trabajo y la aventura a la inteligencia. Sin embargo, eso no quiere decir que la sociedad participe de ese fenómeno, existe un movimiento ciudadano, silencioso y constante, que exige el respeto a sus derechos y trabaja constantemente para lograr un futuro mejor.

La civilización es un prolongado proceso de toma de conciencia en el que cada uno de los elementos del cuerpo social aprende a articularse con los demás obteniendo el mayor grado de funcionalidad, de beneficio colectivo y de desarrollo personal. Para llegar a un estado de convivencia así se requiere un grado suficiente de seguridad que permita a la población pensar a futuro, sentir confianza en su presente y acumular memoria histórica libre de resentimientos y desencuentros; un nivel de aceptable de servicios públicos de modo que los egresos de la población no se conviertan en subsidios al Estado para suplir sus deficiencias y una administración de justicia confiable que sea un punto de equilibrio en las relaciones políticas entre los poderes del Estado y un promotor de la dignidad, la libertad y la justicia entre los miembros de la sociedad que entren en conflicto.

Aparentemente, una sociedad debería poseer las reservas morales suficientes para generar este régimen de seguridad, confianza y desarrollo, a partir de sus propias fuerzas y experiencias. Sin embargo, la realidad es que una cultura puede permanecer cerrada en sí misma, recurrente en sus propias contradicciones durante largo tiempo mientras no ocurra en ella ya un cambio de actitud que provoque cambios profundos en la estructura social y política interna.

La tipología histórica de este fenómeno es variada, pero en cada caso, un elemento fundamental ha sido la transformación de los modelos educativos que acompañan a los grandes proceso de cambio y crecimiento. Como respuesta a los retos derivados del cambio histórico y como única forma de consolidar los nuevos valores, la educación cumple el doble servicio de incentivar y fijar cambios de conducta y actitud deseables y de promover y defender los valores de la convivencia social.

Existe un periodo en el que la sociedad avanza con mayor celeridad que sus instituciones políticas y jurídicas; durante ese interregno suceden fenómenos de dispersión y atomización, división en los grupos que no comparten del todo los nuevos modelos, resistencias y hasta oposición al cambio y reacciones que retrasen los procesos de transformación. No es sino hasta el momento en que nuevas normas de observancia obligatoria recogen los equilibrios del poder y los acuerdos sociales mayoritarios, en que el cambio social se afirma definitivamente.

Visto desde este ángulo y tomando en consideración el hecho de que entre las funciones básicas del Derecho se encuentra la prevención y represión de conductas indeseables para la comunidad y la promoción de conductas y actitudes consideradas deseables en un momento histórico determinado, la construcción y aplicación de las normas jurídicas es, por sí mismo, un proceso pedagógico.