El libro nuestro de cada martes: “Contacto”, de Carl Sagan

Siempre resulta molesta la división entre aquello que es “de arte” o “de culto” frente al “best seller” o lo “comercial”, como si estas denominaciones fueran temas de calidad y no cualidades de venta; como si algún escritor no quisiera ser leído o algún cineasta no quisiera ser observado. Lo que hay es expresión lograda y expresión a medio hacer; lo que sí existe, es cine bien hecho y cine mal hecho. Nada hay más deprimente que una novela de misterio donde uno adivina a la cuarta página quién es el asesino – dan ganas de que a uno le devuelvan el importe del libro -, nada peor que un drama que nos mata de risa o una comedia que provoca lástima – si no nos pueden devolver el importe del boleto del cine, al menos deberían darnos una suma para un café con el cual matar el tiempo destinado a la película que se nos ha malogrado -. El Libro nuestro de cada martes nos ofrece un libro limpio, honesto, bien contado y profundamente entrañable; la concreción de los sueños de muchos que hemos suspirado mirando a las estrellas; “Contacto”, de Carl Sagan, mucho más allá de la simple novela de ciencia ficción, es un alegato en favor de la fortaleza del espíritu, un canto a la inteligencia humana y una voz de esperanza en la comunicación con otros que, quién sabe, tal vez compartan con este grano de polvo el enorme espacio del universo.

Carl Sagan es parte del imaginario y de la memoria entrañable de quienes nacimos en la década de 1970 y sus alrededores, tanto por “Cosmos”, que nos abrió la amable puerta de la ciencia a muchos, como por “Contacto”, que nos hizo esa ciencia una cuestión tanto de emociones como de inteligencia. El propio Sagan realizó la adaptación cinematográfica de su novela, adaptación que triunfa porque conoce el secreto del traslado de la pluma al celuloide y que consiste en no repetir con imágenes lo que sólo puede decirse con palabras, es decir, no imitar el libro, sino crear una nueva obra a partir del texto.

Aquí, el trailer de la película de Robert Zemeckis – en mi infancia decíamos el corto – :

Como una cortesía especial de Zemeckis la película contiene uno de los más fantásticos juegos de espejos de la historia del cine, mucho, pero mucho más allá, del fantasmón que se refleja o del espectro que desaparece luego de acicalarse al espejo.

Para perderle el miedo a la literatura “no culta”, un libro que es, por sí mismo, motivo de culto y de afecto imperecedero.