El libro nuestro de cada martes: “El concierto de los peces”, de Haldór Laxness

Siempre que pienso en viajes viene a mi memoria la figura de un gran viajero, pero sobre todo, de un gran narrador de mundos: Alfonso Reyes. Ver es narrar también, porque el que viaja y admira, si no comunica, no ha hecho ni la mitad de la travesía; pero otros autores – y aún el mismo Reyes -, demuestran que se puede y se debe, diría Cervantes, viajar a otras culturas más allá del periplo físico para entrar a sus tradiciones y sus formas de ver el universo, a sus sentimientos y a los aromas, no como son sino como ahí, en ese lugar ignoto, se perciben. Aproximarse a la literatura de culturas enteramente diversas de nuestro ámbito tradicional es abrir puertas y ventanas a mundos diversos. Probemos pues con Islandia.

Haldór Laxness es uno de los mayores escritores de su diminuta y gigantesca isla. Su patria es cuna de las grandes sagas del pasado, un pueblo de gente civilizada y de una cultura fina y elegante tan ligada a la naturaleza como al uso del arte y de la inteligencia. Su libro “El concierto de los peces” es también una saga, doméstica y pequeñita, pero profunda y sabia. Se trata de la compañía del lector por la vida de un niño que ha quedado expósito y que, sin embargo, pese a todo, logra imponerse frente a los hados del destino que, desde luego,  no eran favorables.

La historia no pareciera ser muy complicada y, en realidad, la anécdota no lo es, porque la grandeza de la literatura de Laxness está, como sólo sucede con los auténticos escritores, no sólo en lo que dice, sino en la deliciosa manera en que lo dice. Vamos, para decir que alguien madruga para esperar un barco, basta y sobra el estilo de García Márquez… “El día en que lo iban a matar, Santiago Nasar se levantó a las 5.30 de la mañana para esperar el buque en que llegaba el obispo…”

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