El libro nuestro de cada martes: “A sangre fría” de Truman Capote

Hace 31 años murió Truman Capote. No había cumplido los setenta años; algún tiempo antes había comenzado una lenta decadencia que lo alejó de las letras y conspiró contra su salud. Sus excesos con el alcohol y algunas sustancias hicieron pasto de su muerte que quiso ser anunciada como un suicidio; en realidad, una enfermedad hepática complicada con flebitis y la tremenda carga de medicamentos que le eran administrados.

Capote es, sin lugar a dudas, uno de los personajes más célebres de la escena cultural norteamericana de la posguerra; amigo de los grandes, su rostro aniñado y su presencia jovial lo hicieron cercano a un mundo de egos donde él aparecía como poseedor de un talento que iba mucho más allá de la fama o de su mundano dominio de la sociedad.

Al mismo tiempo, Capote es un escritor pulcro y disciplinado como pocos. Sus libros se leen con facilidad por que fueron productos de un trabajo arduo, disciplinado y metódico; lejos de los arrebatos de la inspiración – a la que Léon Paul Fargue  llamaba el paroxismo de la facilidad -, Capote elegía los temas, los tratamientos y las palabras, pesándolas y calibrándolas para crear efectos precisos e inteligentes. Libros redondos y magníficos, aparentemente sinceros pero de un artificio tan magnífico que resulta prácticamente natural.

Pero Capote será siempre un revolucionario; el creador de un modelo literario al cual ahora estamos más que acostumbrados y que alimenta feraz los paladares de lectores asiduos y siempre hambrientos: la novela periodística, el reportaje gigante pero hecho literatura, donde el hecho cede su lugar al retrato de los personajes que nacen de la realidad ennoblecidos y agigantados por la literatura. Su obra magna, que no diré la mejor y menos la mas hermosa, pero sí la que hace historia dentro de la creación literaria es In cold blood, relato de un multihomicidio en la pacífica campiña norteamericana que, poco a poco, va desvelando los fantasmas, las fobias y los complejos de la sociedad estadounidense de su tiempo. Termina exponiendo el punto de la pena de muerte, de su crueldad e ineficacia y en torno a todo el asunto terrible, para su tiempo y por siempre para el individuo, del amor homosexual y de su dinámica dentro del creador literario.

Sin duda, leer A sangre fría, es una obligación para todo amante de la literatura y para todo aquel que en verdad quiera adentrarse en la condición humana y en una época cruel bien barnizada de prosperidad y esperanza.

http://www.anagrama-ed.es/titulo/PN_117

En 1967, apenas ocho años antes de la comisión del asesinato múltiple de Kansas y uno después de que Capote terminara la novela, Richard Brooks la llevó a la pantalla

En 2005, con una enorme actuación de Philip Seymour, Bennett Miller filmó Capote, una reconstrucción del proceso de escritura de In cold blood, con un énfasis particular en la situación emotiva y sentimental de Capote, una verdadera joya biográfica y psicológica del autor: