Tras los pasos de Alfonso Reyes en Madrid. 100 años después. Cuarta Jornada

Cuarta jornada. Noviembre 10, martes.

El día de hoy, no sé si felizmente, que eso nunca se sabe sino al paso de muchos años, ha sido histórico. Las cosas son como son y el ejemplar del diario El País que amablemente me han dejado en la habitación del hotel y que, seguramente conservaré por algunos años, da cuenta de algo que podríamos llamar la independencia de Cataluña pero que el rotativo enuncia como un desacato: “La mitad de Cataluña rompe con la democracia española…”, “El Parlament aprueba por nueve votos de diferencia la declaración de secesión…”, “Rajoy se reúne hoy con Sánchez antes de recurrir al Tribunal Constitucional…”, “Mas se ofrece para dirigir el proceso aunque carece de apoyos para ser elegido…”, y aún más: “Firmeza y política ante la insurgencia…”. Aunque el voto dividido parece equivaler numéricamente a un 50 y 50% a favor y en contra, don Ricardo Ruiz de la Serna me explica que, como en tiempos de la proclamación de la República, algunas cuestiones electorales relacionadas con el voto urbano favorecen a los nacionalistas.

Salvo el revuelo que presentan los noticiosos de la televisión y los titulares de los periódicos en Madrid, la calle luce como siempre y los hechos no parecen interesar a nadie con especial énfasis. No puedo dejar de pensar que una historia así, de peculiares identidades regionales, podría solucionarse con una república federal y aunque yo, que no soy español – aunque me gusta decir que no soy “completamente” español, celebro con mis hijos el 14 de abril, como una celebración de libertad, de justicia y de ideal humano, como diría don Alfonso, hecho de bien y de belleza, y creo que del mismo modo en que Reyes lo vio en su tiempo, la república no garantiza el desarrollo económico, ni la estabilidad de los gobiernos pero sí se basa en un principio ético – político y es consecuente con la igualdad de los ciudadanos y con el imperio soberano de la Ley. Hay una gran diferencia con el intento de independencia catalana de 1934 y el de esta ocasión; después de la opresión franquista, tanto España como Cataluña han optado por las vías legales y pacíficas o tal vez, sólo tal vez, no existe en Cataluña un consenso tan amplio como el que había en la era republicana o lo nuevos líderes no han logrado estar a la altura de las circunstancias, en estos días ya se verá como evoluciona la situación; si a don Juan Carlos de Borbón eso de salvar las situaciones – aunque también fabricarlas – era parte de su imagen y tarea, por ahora don Felipe no se ha dejado ver y parece que no es Barcelona el lugar donde tiene su mayor grupo de admiradores.

Hoy hemos tenido que arreglar algunos asuntos pendientes que Aranjuez ha tenido que quedar, de nuevo, para más adelante, así nos hemos dedicado a rastrear los pasos de Reyes en dos de los lugares más familiares para él durante su estancia madrileña: el barrio de Salamanca y el Parque del Retiro.

El parque del Retiro era un lugar habitual para don Alfonso, lo tenía a tiro de piedra de su trabajo y de su casa y es, para todo habitante de la ciudad, un paseo privilegiado, un punto de encuentro y un remanso en esta orbe que, a veces, se afana en ponerse difícil aunque no siempre lo logre. Del verano en el retiro decía Reyes:

Finalmente – último atractivo de la estación  ir a gozar la tibieza de la noche en el Retiro, donde le cine al aire libre calmará con sus luces verdes nuestra sensibilidad fatigada…”

Ahora aunque estamos en otoño, vivimos un fenómeno climático de esos que aparentemente no tienen explicación aunque sin embargo, suceden. Durante unos cuantos días el frío concede una tregua, los cielos se abren con su azul profundo que sólo puede verse en Madrid y se goza de un verano en miniatura que, con toda su dulzura es apenas un aplazamiento del fío que implacable se presentará con el otoño. La dulzura del tiempo nos ha ayudado a caminar y a recorrer Madrid en condiciones más agradables pero no para revivir la tradición del cine al aire libre en el parque; pero sí se encuentran, en profusión, niños en visitas escolares, personas de todas edades haciendo ejercicio y parejas caminando mientras conversan en voz baja; si alguna vez alguien quisiera hacer una paleta de colores ocres y dorados bien podría emprenderla copiando los miles de colores de las hojas caídas de los árboles del Retiro.

Del Ritz al Retiro no hay más de cien pasos; para quien toma la calle de Maura y se dirige a la puerta de España, en tan breve trayecto, ya se encontrará con más hullas del paso de don Alfonso por la capital española; para empezar, el nombre de la calle. Antonio Maura no fue propiamente amigo de Reyes, al mexicano como diplomático y crítico de su tiempo, lo conocía y aunque no parecía compartir sus ideas por completo y manifestar en sus informes diplomáticos ciertas dudas sobre su efectividad política, sí lo muestra como un elemento importante en el lento ascenso del liberalismo frente al desgaste de la corona.

Conforme se avanza hacia el retiro, pero antes de llegar a la esquina, una placa elegante y sobria nos informa que estamos frente al edifico donde María Zambrano vivió sus últimos años. Zambrano, ella sí amiga de don Alfonso, fue una de los más importantes tesoros que el exilio llevó a México; setenta cartas se escribieron entre 1939 y 1959. Por la edad no correspondía a su generación, él era quince años mayor que ella, pero la inteligencia de la filósofa era deslumbrante, fue el propio Ortega y Gasset quien la introdujo en el círculo de Reyes.

Rafael Serrano Figueroa, cuando tuvo en sus manos la publicación que hizo el diario El País del discurso de agradecimiento de María Zambrano al recibir el Premio Cervantes, me obsequió con una frase que desde entonces he atesorado y que puedo citar de memoria:

Para salir del laberinto de la perplejidad y del asombro, para hacerme visible y hasta reconocible, permitidme que una vez más, acuda a la palabra luminosa de la ofrenda: Gracias.

La elegancia de la pluma de María Zambrano es una rara mezcla de ritmo y concepto, no siempre fácil pero siempre provista de profundidad y de cierta serenidad no exenta de melancolía. La colaboración de Reyes y de Daniel Cosío Villegas pudieron salvaguardar la vida de la filosofa y ubicarla en el Colegio de San Nicolás de Hidalgo, en Morelia; el vientecillo que había sido antes tibio y que en la proximidad del retiro se tornaba casi fío, me regala lamedora de la primera lección de Zambrano en su Cátedra del Colegio de San Nicolás:

Por amor a tales recuerdos y a vuestra generosa compañía, seguidme hasta una hermosa ciudad de México, Morelia, cuyo camino no busqué, sino que él mismo me llevó a ella, igual que a tantos otros españoles recién llegados al destierro. Allí me encontré yo, precisamente a la misa¡ma hora que Madrid – mi Madrid – caía bajo los gritos bárbaros de la victoria. Fui sustraída entonces a la violencia al hallarme en otro recinto de nuestra lengua, el Colegio de San Nicolás de Hidalgo, rodeada de jóvenes y pacientes alumnos. Y, ajena desde siempre a los discursos, ¡sobre qué pude hablarles aquél día a mis alumnos de Morelia? Sin duda alguna, acerca del nacimiento de la idea de la libertad en Grecia.

El paso de María Zambrano por México no fue tan prolongado como el de muchos otros, pero sí fue muy fructífero; dejó tras de sí toda una cauda de lectores y de discípulos, también, como pocos, logró volverá a España a disfrutar la paz hasta el último de sus días.

La diferencia entre el viajero y el turista es el instrumento con el que cada cual observa su entorno; el primero es el hombre del microscopio, el segundo prefiere el telescopio; para éste último lo que vale es la distancia, el sello en el pasaporte y la colección de fotos en los lugares que son insignes por el número de visitantes que recibe cada año pero para el otro, lo que en realidad vale es el detalle, el sitio preciso y el mecanismo adecuado es el que encuentra las maravillas donde habitualmente nadie busca; es el hombre de los rincones ocultos y las esquinas con historia. El viajero atento podrá maravillarse con la cantidad de historia acumulada que hay en esos escasos metros del Ritz al Retiro. Siguiendo esa ruta, cuando se ha llegado a la avenida que delimita el parque y uno dobla a la izquierda como dirigiéndose al barrio de Salamanca por la Calle Serrano, como si quisiera llegar a la que fuera casa de Alfonso Reyes, se encontrará con el lugar donde nació Ortega y Gasset. En efecto, Ortega fue un gran amigo de Reyes aunque no siempre compartieron ideas los unía un afecto profundo. Ortega no sólo lo presentó con María Zambrano, sino que don José fue uno de sus primeros benefactores en Madrid al invitarlo a colaborar en el Semanario España, luego en El Imparcial y también en El Sol, como en leal justicia reconoció Reyes en el prólogo a sus Vísperas de España; incluso, Ortega lo llamó para integrarse a los fundadores de la legendaria Revista de Occidente. Tampoco puede olvidarse que fue en el Semanario España donde Reyes y Martín Luis crearon Fósforo y con él la crítica cinematográfica en lengua castellana. Aunque Reyes, en tiempos de la rebelión franquista ofreció a Ortega asilo en México, el español prefirió quedarse en su tierra sin que ello fuera obstáculo para que don Alfonso le dedicara uno de las más hermosas despedidas de cuantas tuvo que realizar para sus amigos que partieron antes de que él mismo se marchara para siempre:

Yo quiero evocar sobre su tumba las palabras de Horacio a Hamlet, envolviendo así en cortesías poéticas las asperidades de la desgracia: “Buenas noches, dulce príncipe; los coros de ángeles arrullen tu sueño”.

De aquel Retiro de su tiempo Reyes recuerda una anécdota singular:

Cuando el escritor José María Chacón era segundo secretario de la Legación de cuba en España, salía de su casa (General Pardiñas 32, barrio de Salamanca). Caminaba a pie hasta el Retiro, tomaba una barquita, cruzaba el lago y , ahí pasar la calle, estaba en su oficina. – yo voy todos los días a mi legación en barca – solía decir. Y era verdad”.

Mañana, al fin, estaremos en el coloquio sobre la vida y la obra de Alfonso Reyes a cien años de su llegada a Madrid; los catalanes – para decirlo con propiedad: algunos catalanes – seguirán amenazando en esa comedia de enredos y bueno, el mundo seguirá rodando para que, dentro de muchos años, alguien pueda escribir una crónica.

Quinta jornada. Noviembre 11, miércoles.

La cuestión catalana sigue sin impresionar al gran público madrileño; anoche el noticiero asturiano fue omiso en el tema – aunque dieron las noticias internacionales en bable – tampoco el servicio de información gallego parece dar mucha importancia al impasse que vive el embrión de la República catalana o del Reino Unido de le España y Cataluña.

La edición de hoy de El País, da cuenta del fracaso de Artur Mas para dirigir el proceso soberanista; los días transcurren y no hay investidura de un presidente del Parlament; el supuesto apoyo que todos los partidos habían ofrecido a Mas no ha quedado sino en curiosos jugueteos políticos, el gobierno central se detiene promoviendo una moción constitucional para detener cualquier intento cesesionista