El libro nuestro de cada martes: La soledad de los números primos, de Paolo Giordano

De niño me enseñaron que las matemáticas eran importantes, pero difíciles; me tomó años y un padre ingeniero y cariñoso, aprender que además eran hermosas y tranquilizadoras; que constituían un mundo seguro pero lleno de sorpresas, que asombraban por sus misterios y encantaban por sus simetrías; supe de juegos y acertijos, de maneras innumerables de pronunciar lo imposible. Aprendí a quererlas como se quiere al amigo difícil pero encantador.

De niño, mis padres, desesperados por mi pobre rendimiento en física en el segundo año de secundaria, me regalaron la edición soviética de Física recreativa, de Yakob Perelman (http://www.librosmaravillosos.com/fisicarecreativa1/) y abrieron para mí el mundo de la ciencia de una manera fascinante; después el destino me arrojó otro libro fabuloso, “El tío Petrus y la conjetura de Goldbach”, de Apóstolos Doxiadis (http://www.librosmaravillosos.com/conjeturagoldbach/) me permitió darme cuenta del enorme potencial de belleza literaria que entraña la matemática y comenzó mi romance con los números primos.

Como todos saben (decía mi profesor de matemática que era un ogro adorable) a sabiendas que nadie de quienes escuchábamos tenía idea de nada, los números primos son aquellos que son sólo divisibles entre sí mismos y la unidad; desde que supe de ellos comenzaron a fascinarme, encuentro en ellos cierta mística poética de aquello que es absolutamente único; más abrumador resulta es que no sabemos cuál es la ecuación que determina su aparición, pueden surgir separados por unos cuantos colegas y luego dejar espacios de miles hasta encontrar el siguiente. Cuando vi en librería “La soledad de los números primos”, no pude dejar de sentir ese pálpito que sólo se experimenta cuando se ha encontrado algo especial, diferente y que, de alguna manera nos aguarda.

La soledad de los números primos es una novela de amor con un trasfondo matemático, pero también es una reflexión sobre la ciencia de las equivalencias y sobre la condición humana que nos hace un poco como esos extraños animalejos que son los números primos; el encuentro de los que parecieran destinados a no experimentar el amor y que sin embargo se dan el uno al otro sin esperanza de infinito.

Además, el libro conserva la belleza pura y sencilla que, con todo respeto al resto de los idiomas, sólo tiene la literatura italiana; una especie de viento fresco de la Toscana, una pizca de sol del Véneto y un fuerte ingrediente de eternidad.

Aún cuando le aterroricen las matemáticas, aún cuando en sus pesadillas siga apareciendo su maestra de matemáticas con una pizarra llena de insufribles ecuaciones, atrévase con “La soledad de los números primos”, no solo no se sentirá defraudado, además, recibirá el viento dulce del infinito, lo cual, no es poca cosa.

http://salamandra.info/libro/soledad-numeros-primos

En 2010, Saviero Constanzo, con guión propio y de Paolo Constanzo, llevó a la pantalla la novela, produciendo un filme de innegable belleza: