El libro nuestro de cada martes: De repente un toquido en la puerta, de Etgar Keret

Habitualmente un libro leído debe pasar por un largo depósito de experiencias y de apreciaciones para que uno se atreva a recomendarlo; son como los amigos, difícilmente uno se atreve a presentar a un recién conocido y menos aún introducirlo como un auténtico amigo; sin embargo, en contadísimas ocasiones hay personalidades que nos inspiran confianza suficiente, que nos emocionan y que nos hacen sentir como en casa, encontrándonos con alguien a quien ha mucho queremos.

Esta semana me pasó algo así; rarísimo pero por lo mismo entrañable. Tuve la fortuna de leer “De repente un toquido en la puerta” de Etgar Keret, en la espléndida edición de Sexto Piso y la juguetona y acertada traducción de Ana María Bejarano.

Todavía no salgo de mi asombro, de tal manera que inmediatamente, después los cinco minutos que me duró el knok out de la última página – casi un récord – me adentré en “Un hombre sin cabeza”, que está presentando la misma calidad de golpe. En el librero me he dejado “Extrañando a Kissinger” y “Los siete años de abundancia”.

Qué tiene en su haber Keret ¿qué puede producir este efecto en un lector que vive en contacto con los libros?, vaya, un boxeador poco más que promedio pero dispuesto a aprender nuevos golpes; precisamente eso, tiene golpes nuevos derivados de una imaginación ingente y prodigiosa pero articulada en el mundo real, en las situaciones que nos tocan a todos, en Jerusalén, en Tel Aviv, en Guadalajara, Moscú o en la Ciudad de México. Viajes al mundo de la muerte y de la vida, encuentros y desencuentros de parejas bien y mal avenidas, muchos niños y mucha vitalidad, toda la vitalidad que se pueda desear para sentirse parte de esa historia o compartirlas desde lo profundo del corazón.

Keret ha escrito unos cuentos para todos, para cada uno, sin duda, quien se atreva con estas narraciones terminará por encontrar aquella que le está dedicada aún sin que el autor lo sepa.