El libro nuestro de cada martes: Cartones de Madrid, de Alfonso Reyes

El problema de los autores clásicos es que nuestros malos hábitos culturales suelen alejarlos de las mesas de lecturas; durante años los aguardamos como obligaciones que no podíamos entender, los imaginamos lejanos o con lenguajes inaccesibles. El hecho es que los autores que han logrado traspasar la línea del tiempo y las fronteras del espacio lo lograron por la buena factura de sus letras y por su capacidad de comunicarse. Si logramos vencer las resistencias que mala educación literaria alguna vez nos impuso, estamos en el mejor terreno para disfrutar de presas que antes ni siquiera podíamos imaginar.

Cartones de Madrid, reeditado en estos días tanto por Hiperión como por el Fondo de Cultura Económica, es uno de los libros más sabrosos de Alfonso Reyes, lo decimos así, con esa palabra crujiente y deliciosa, que se derrite de sólo pronunciarla; se trata de las impresiones de un mexicano en sus primeros años de exilio, no de aquellos que luchan a diestra y siniestra contra la amargura, sino de aquel que no ha perdido la esperanza de volver y en tanto zarpa a su retorno, se apodera con alegría y gusto de todo cuanto lo rodea.

Los cartones son aquellos dibujos que luego pasaban a las escenas populares en la Fábrica de Tapices de Aranjuez; son esas gigantescas viñetas de Goya como “El entierro de la Sardina”que atrapan el gusto y el color del Madrid popular que, si uno se empeña, puede encontrarlo todavía en las calles centrales de esa magnífica ciudad.

Seguramente, si no ha leído a Alfonso Reyes, y no sabe cuánto debería lamentarlo, este sea un buen inicio, acercarse a él por la vena más simpática, a veces hilarante pero siempre precisa, de lo que escribió para una de las ciudades que más amó en su vida.