Palabras de Hugo Valdés en la Presentación de Los minutos de Ulises, de César Benedicto Callejas

 

Gracias a la generosidad y bonhomía de Hugo Valdés, les ofrecemos las palabras que pronunció en la presentación de Los Minutos de Ulises, en Monterrey Nuevo León.

Para él, la palabra luminosa de la ofrenda: Gracias.

En Los minutos de Ulises, César Benedicto Callejas se propone recuperar los momentos más valiosos y significativos en la vida de alguien que está por dejar este mundo. Un planteamiento así, con un final necesariamente consabido, tendría poco interés si se tratara de cualquier personaje abordado mas no el que escogió Callejas: el inmenso Alfonso Reyes, nuestro Alfonso de Monterrey. Esa es, entre otras, una de las razones que nos impelen al encuentro de ese final que le traerá descanso y paz al asendereado Ulises de este libro, héroe con el que el autor quiso y logró, yo diría que muy acertadamente, parangonar a Reyes.

En este repaso a todo lo que fue aquel hombre a quien la circunstancias obligaron a sobrevivir del talento literario, se impone a ratos la certeza de que no es la muerte la que lo ronda, sino más bien sus recuerdos en el afán de mostrarle las huellas de su periplo ubérrimo, escritural y vital. De hecho, esta frase lo aclarará en su momento: “Mírame bien, Alfonso, no soy la muerte, ni siquiera soy tu conciencia, soy apenas la sombra de lo que fuiste y que aspira, por un segundo antes de la marcha final, a reconstruir tu rostro”.

Es natural entonces que se advierta en la voz narradora una suerte de dulce interpelación, una reconvención amorosa, acaso en el mismo tenor en el que Alfonso se hubiera dirigido a su padre, el general Bernardo Reyes, de haber accedido al “sagrado derecho de morir en su casa”, rendido por la enfermedad o la vejez en el lecho familiar.

Prosa insomne, sibilina y reveladora, su registro hipnótico se potencia por el uso de la segunda persona del singular, al grado de que consigue doblegar la voluntad del lector y obligarlo a no separarse del libro. En sí misma un misterio, dada su procedencia inubicable, la segunda persona nos recuerda también, gracias a los buenos oficios de César Benedicto Calleja, que la propia literatura es un misterio cuya naturaleza solemos escamotear o soslayar acogiéndonos a la convención.

Más allá del pastiche, Callejas elabora paráfrasis a partir de algunos poemas de Reyes o bien traza el preámbulo de uno u otro texto, desembocando de manera tersa en ellos, urdiendo un libro apasionante y placentero que invita al iniciado a conocer la obra alfonsina. De allí que Los minutos de Ulises inadvertidamente pueda fungir como una comedida guía de lectura y, además, como prontuario de la historia de México y del mundo en la primera mitad del siglo XX.

Imbuido por la búsqueda de la libertad a ultranza, la vergüenza o temor que le causaba el régimen del usurpador Victoriano Huerta, junto con el dolor de ver asesinado a su padre, lo convirtieron en el Odiseo que evoca Callejas, enfrentado a un mundo que “dominó” tratando de entenderlo y traducirlo en palabras, así fuera su entrañable España, herida por la guerra civil, o una Argentina en la que, tras cuya apariencia culta y cosmopolita, se había instalado desde los años treinta el laboratorio del fascismo que, directa o indirectamente, engendraría la pesadilla militarista que asoló a aquella nación en décadas posteriores. Al cabo, cada país significó para Reyes una escalada en la conciencia, madurez artística y hallazgo existencial. No podía esperarse menos de su genio y su energía en esta labor de leer y disfrutar las ciudades.

Esa misma operación la realizaría a la hora de tasar y entender, contrastándolas consigo, a figuras clave en su vida, personal y literaria, como Jorge Luis Borges y Leopoldo Lugones y, en otra medida, a aquellos que lo sucederían en la república mexicana de las letras, como Octavio Paz y Carlos Fuentes.

Dueño de un arte de sensatez y equilibrio gracias a una escritura caracterizada por la claridad, la alegría y la sencillez, según da cuenta de ello César Benedicto Callejas, Alfonso Reyes dejará la existencia en esta novela con la convicción de que su andar por el mundo se trazó solo para redescubrir lo que ya sabía e intuía de él y de sus muchos dones merced a haber sido una especie de hombre-Aleph: “todos somos más que nosotros mismos, somos los miles que hemos sido a lo largo de una historia que podemos imaginar pero no recordar completa, somos todos los que fueron antes de nosotros y que podemos sentir pero no poseer por completo”.

Es tal el conocimiento que el autor posee de Reyes, aparejado con una apasionada intuición que ilumina zonas apenas conocidas de la vida de nuestro gran polígrafo, que acaso Los minutos de Ulises se pueda sintetizar con esta frase: “la memoria no es el retrato de lo que fue visto y sentido, sino la película en que se refleja lo que fue, lo que pudo haber sido y lo que se deseó ardientemente que fuera”.

César Benedicto Callejas, Los minutos de Ulises, Universidad Autónoma de Nuevo León/Fondo Editorial Nuevo León, 2016.