La reina de Camelot cuenta historias para niños

Aunque en la  bibliografía de Jacqueline Kennedy como editora de Doubleday predominan libros con mucho cuerpo, de temas profundos o enfoques de fondo, la verdad es que en ella concurren una gran variedad de temas y casi todos los géneros —salvo el teatro—, no deja de llamar la atención que, desde 1989 hasta 1994 dedicara su imaginación y trabajo a publicar algunos libros para niños. En aquella época la producción de libros infantiles era una actividad en ascenso gracias al esfuerzo de autores, ilustradores y editores que iban empujando a su desaparición a los libros que tradicionalmente se consideraban infantiles pero que, en realidad eran versiones condensadas o censuradas de libros originalmente escritos para públicos adultos, bien libros —infantiles por su tema y desarrollo— pero escritos y realizados en formatos y lenguajes que, de hecho no lo eran.

La primera obra infantil que editó Jacqueline  fue “Amy the dancing bear”, de Carly Simon, en 1989; un año después publicó “The boy of the bella” que seguía con las aventuras de la osezna que bailaba; estos libros como también “ The fisherman song” combinaban las aventuras de un entrañable personaje con ilustraciones bien realizadas y de gran encanto con un modo lúdico de iniciación poética para sus jóvenes lectores; su colaboración con Carly Simon culminó en 1993 con “The nighttime Chauffeur”, una curiosa historia fantástica sobre un niño, un caballo mágico y una noche fabulosa en Central Park, todo aquello que hacía suspirar a la editora que entonces ya tenía sesenta y cuatro años apenas; durante ese año publicó de su amiga Gelsey Kirkland un pequeño libro emparentado por su tema con el de Simon, “Little ballerina and her dancing horse”.

Cada libro que se publica cuenta una historia de creatividad, oportunidad y buen oficio; cada libro en un estante narra tanto la historia que contiene como la de su proceso de creación, ambas terminaron y pueden contarse, la tercera es la épica que condujo el libro desde la imprenta hasta el lugar donde se encuentra, esa es la historia de una diminuta guerra contra el tiempo, los elementos, la incuria y el olvido y, a veces puede ser más rica e intensa que todas las demás: tal vez por eso contar la historia de los libros editados por Jackie resultó como describir un árbol muy frondoso que conduce por intrincadas raíces y enrevesadas extremidades a frutos inusitados y deliciosos; en su carácter de editora infantil publicó en 1991 un libro objeto: “Once upon A to Z: an Alphabet Oddyssey” de Jane Linscott, peculiar ingenio literario que permitía a padres e hijos jugar con la evolución y el uso del alfabeto; el mismo juego continuó en 1993 con la siguiente entrega de Linscott: “The Worthy Wonders lost at Sea; a whimsical word search adventure”. Jackie apostó en sus libros infantiles grandes esperanzas y novedosos enfoques que no podía permitirse en otros géneros; si sus biografías relacionadas con el ballet son sus creaciones más sinceras, sus libros de fotografía los más hermosos, los infantiles son los más ingeniosos y propositivos; por ejemplo en 1990 publicó la primera parte de una serie de libros de Larry Gonick, “The cartoon history of Universe”, una simpática y entonces novedosa forma de introducir a los menores en el conocimiento histórico; la primera parte que incluía los volúmenes 1 a 7, contaba la historia desde el Big Bang hasta Alejandro el Grande y la segunda parte, que apareció en 1994, volúmenes 8 al 13, incluía desde el primer florecimiento de la cultura china e india hasta la caída de Roma. pero, sin duda, de entre todos sus libros para niños, el más hermosos y mejor logrado fue el último que realizó; en 1994, Jacqueline publicó “The Three golden keys” de Peter Sis, ilustrado por él mismo, en el que un migrante checo explica a su hija, nacida ya en Estados Unidos, los misterios, la magia y la belleza de su ciudad de origen: Praga; de esta manera revalora el paraíso perdido y renueva el concepto de hogar.