El libro nuestro de cada martes: Doña Flor y sus dos maridos, de Jorge Amado

Una de las funciones, diría, más sagradas de la literatura es proporcionar alegría, goce de vivir, encuentro con la sonrisa y el ensueño y si algún escritor se ha consagrado a este sublime ministerio ese es, sin duda, Jorge Amado.

Aprovechando las miradas que el mundo arroja sobre el Brasil hoy en día, es bueno recordar a uno de sus autores que han penetrado en el gusto hispanoparlante con más alegría, más fuerza y mayor encanto. Padre estético espiritual de una región del mundo en que toda belleza es posible y todo placer encuentra su sentido, San Salvador de Bahía, Amado es un autor de profunda ligereza , de frases cantantes y de anécdotas deliciosas. Su mundo nos atrae y nos fascina porque está hecho de aromas, texturas, pieles y miradas; su universo reduce a placer el encuentro de una existencia que merece ser salvada por el gusto de vivir.

Doña Flor es viuda, su marido muere en circunstancias que de no ser tan patéticas serían verdaderamente ridículas, se vuelve a casar con la antítesis de su primer esposo y la vieja se le va y la entretiene en el desencuentro del fantasma y del marido viviente, y entre ambos se apodera de una explicación muy sabia de la vida, vivir sólo por el gusto de estar en este mundo que muchos atractivos ofrece por sí mismo.

No se puede ir por la vida sin haberse perdido en los brazos de Gabriela, de Tieta de Agreste y de Doña Flor, no podemos hacer como si Jorge Amado – a quien tanto quería Moustaki -, no nos hubiera descrito el camino para hacer de esta existencia un lugar mucho más placentero.

En 1976, Bruno Barreto ofreció una versión cinematográfica protagonizada por Sonia Braga; una película de un erotismo alegre y explosivo, salpimentado por la imponente belleza de Bahía y de Sonia. Una mirada a esa latinoamérica que a veces se nos pierde entre el alud de la mala noticia a la que estamos tan habituados.