De cómo Naguib Mahfouz fue descubierto por Jackie Kennedy

Jackie sentía cierta predilección por las novelas de intriga política, como “The raven’s bride” , de 1991, de Elizabeth Crook, una historia relativa a un gobernador texano del siglo XIX y sus selecciones amorosas y de ella misma “Promised Lands: A novel of the Texas Rebelion” publicada en 1994; otro texto de microhistoria sobre la saga de encuentros y distancias entre dos familias, una anglo y otra mexicana en tiempos de la independencia de ese estado sureño; más profunda resulta “The wedding”, la última novela de Dorothy West, una épica historia de conflictos raciales en un sector poco estudiado, las clases medias y la alta burguesía negra de  la aristocrática costa este de los Estados Unidos, una narración tan hermosa como acre ubicada en un lugar entrañable para Jackie: Martha’s Vineyard. Es notable que Jacqueline Bouvier impulsara la obra y el talento de los escritores que mejor le parecía expresaban el conflicto de ser mujer en su tiempo, la dicotomía entre el papel tradicional de la mujer en la familia y la sociedad y la toma de postura e independencia frente a circunstancias que las alentaban —u obligaban— a hacerse cargo de sus propios destinos. Así, de la colaboración de Jackie y Ruth Prawer Jhabvala, escritora y cineasta germano americana, nacieron en 1993 “Poet and Dancer”, una hermosa pero difícil historia de amor entre dos primos y, en 1995, una de las novelas más significativas de la época que cuenta la historia de una saga familiar de cuatro generaciones en su lucha espiritual surgida del encuentro de un poeta hindú y una mujer americana. Aunque es verdad que la editora nunca dejó de impulsar mujeres en su producción es justo decir que dos fueron los principales criterios en la confección de su bibliografía: la calidad de los libros y el impacto estético y económico en el catálogo general de Doubleday; a ello se debe que convivan en la lista personal de Jackie libros tan diversos como “Learning to look” de John Pope-Hennessy —uno de los mejores estudios de apreciación estética— y “Butterfly cooing like a dove” de Miriam Rothschild, ambos de 1991; clásicos como “ The golden cockerel and other fairy tales”, de Alexander Pushkin, editado en 1989 y “Skies in blossom, The nature poetry of Emily Dickinson” uno de sus últimos libros, publicado en 1995. Aunque sin duda su mayor aportación al mundo editorial norteamericano fue la divulgación de la obra de Naguib Mahfouz.

Cuando Naguib Mahfouz recibió el premio Nobel de Literatura en 1988 aún no era el autor de culto que llegara a ser en occidente, muchos de sus libros no habían sido traducidos y aún en el mundo árabe pasaba como una bellisima rara avis.

Para Occidente la literatura árabe era más bien poética y medieval; su prosa sepultada bajo la pesada loza del colonialismo no había penetrado las librerías del mundo occidental y salvo el público francés —que seguía prefiriendo los autores blancos del Magreb— se tenía a aquella literatura como una muestra de exotismo; Mahfouz desafiaba esos estereotipos y presentaba sociedades inmersas en la lucha por su identidad entre la tradición y la modernidad, entre la libertad y el dogmatismo, entre la tolerancia y el fundamentalismo; su narrativa apelaba a los más hondos elementos de la condición humana lo que la hacía atemporal y universal, destacaba tanto las herencias coloniales como la otomana y la autóctona pero huía del colorismo desmesurado para tornarse tan eficaz como hermosa; el anuncio del Premio lo volvió, de inmediato, la presa más apetecible para cualquier editorial estadounidense y Doubleday tenía la persona ideal para capturarlo.

La afición de Jackie por la cultura egipcia era bien conocida; su conocimiento del mundo la convirtieron en la emisaria ideal; Mrs. Kennedy había leído a Mahfouz en sus traducciones francesas y cuando ella logró que Doubleday comprara los derechos de las novelas ella se negó a editar un libro cuya traducción no viniera del árabe directamente; William Hutchins, el traductor de la Trilogía del Cairo, los únicos que Jackie alcanzó a componer de los veinte títulos que finalmente publicó Mahfouz con Doubleday, la recuerda trabajando con el lápiz en la mano, cuidando los detalles de la traducción. Durante el resto de su vida mantuvo una afectuosa correspondencia con su autor que se mostraba agradecido con la dedicación y aprecio que la editora había puesto en su trabajo; una relación y una amistad peculiar sobre todo si se considera que nunca se conocieron en persona.

Jacqueline Lee Bouvier Kennedy Onassis, reina de Camelot, murió en 1994, año en que publicó su último libro; murió ejerciendo el oficio que eligió cuando, teniéndolo todo, decidió que aún le faltaba la más importante de todas las posesiones, la de ella misma.