El libro nuestro de cada martes. Seda, de Alessandro Baricco

Las joyas, mientras más pequeñas y minuciosas resultan más imponentes; un diamante de cuatrocientos gramos es un fenómeno pero un huevo de Fabergé, con cien diminutas gemas formando un encaje es una maravilla. Hay libros así. Volúmenes gigantescos que nos vencen por peso y no por agilidad; argumentos contundentes que nos vencen por decisión cuando hemos bajado la guardia a fuerza de párrafos y párrafos de combate y otros que con un certero golpe nos noquean en el primer asalto. También hay libros así.

En 1996 Alessandro Baricco publicó Seda, un pequeño libro prodigioso que narra los avatares de un comerciante francés en la búsqueda de huevos de gusano de seda para satisfacer la demanda de su pueblo; en su camino la literatura de viajeros y aventuras cede su lugar a una saga de amor entre culturas que supera las expectativas de curiosos y de expertos. Un lenguaje preciso que – como dice Vargas Llosa – recuerda la fábula oriental, nos ofrece las miniaturas de amor y erotismo más deliciosas que pueden imaginarse.

Un libro imperdible, una sensación de gozo y belleza que le dura a uno desde que cierra la última página y por el resto de la vida.

En 2007 François Girard realizó la versión cinematográfica con un filme logrado que si no traduce toda la belleza del texto si genera su propio e impecable universo estético.