El libro nuestro de cada martes: El hombre que plantaba árboles, de Jean Giono

Cuando estaba como aprendiz en el taller de Alicia Reyes me enseñó una máxima inolvidable: “no digas en cinco palabras lo que puedes decir con tres”. Me he esforzado en seguir ese y otros consejos de la mejor maestra que haya tenido. Los libros compactos, diminutas bombas de conocimiento y placer han sido mis favoritos; los monumentales, los gigantescos, cuando están bien hechos, como la imposible Búsqueda del tiempo perdido, en realidad están compuestos de una carga de metralla que, en conjunto suena eterna, pero está compuesta de pequeños golpes sucesivos.

Jean Giono escribió uno de esos pequeños tesoros. Un libro anhelante, que suspira por ser leído, una sutil conseja de abuelo sobre la persistencia, la paz y la humanidad. Pocos libros me han dejado tanto con tan pocas páginas, honra con mucho el principio de Baltasar Gracián según el cual, “pretendo formar con un libro enano un varón gigante”.

No se puede ir por la vida sin haber leído “El hombre que plantaba árboles”, después de él, si lo leemos con paz y el corazón, habremos dado un paso más en el rescate de nuestra maltrecha humanidad.

En 1987, Radio y Televisión de Canadá, dieron a conocer un corto de animación  dirigido por Philippe Noiret, sobre el libro de Giono, su belleza iguala la del texto y constituye una serie de imágenes memorables: