El arte por la libertad. El concierto por Mandela

El 18 de julio de 1988, Nelson Mandela cumplía setenta años, la ocasión era más que propicia, perfecta, para una campaña mundial que pusiera la imagen del hombre que entonces había transcurrido veinticinco años en prisión sin rendirse y dirigiendo el movimiento sudafricano más influyente y que llevaba la vanguardia en la lucha contra el apartheid en todos los frentes; el CNA había recurrido al sabotaje como principal arma; en su alegato de defensa Mandela había fijado, harían entonces más de dos décadas, la postura del Congreso frente a la violencia:

Hay cuatro formas de violencia posible. Hay sabotaje, hay guerrilla, hay terrorismo, y hay revolución. Decidimos adoptar el primer método antes de tomar cualquier otra decisión.

A la luz de nuestro compromiso político de fondo, la elección era lógica. Sabotaje no implica la pérdida de vidas y ofrece la mejor esperanza para las futuras relaciones raciales. La amargura se limitará al mínimo y si la política ha dado sus frutos, el gobierno democrático podría convertirse en una realidad. Esto es lo que sentí en ese momento, y esto es lo que dijimos en nuestro Manifiesto.

Esperamos que no sea demasiado tarde, de modo que tanto el gobierno y sus políticas puedan ser cambiadas antes de que las cosas lleguen a la desesperada situación de guerra civil.

El Congreso se mantuvo en su credo de respeto a la vida en la medida de lo posible y en la convicción de causar el mayor daño al gobierno de la segregación y estar preparado para un escenario de guerra civil que no deseaba pero en la que estaba dispuesto a participar; durante 1986 el Congreso llevó a cabo 231 actos de sabotaje y al año siguiente 235; en medio de la ola de violencia, Madiba solicitó una audiencia con Botha, que le fue denegada; en su lugar Kobie Coetzee, Ministro de Justicia, se entrevistó con él en prisión al frente de una comisión gubernamental; el gobierno ofrecía la liberación de los presos políticos, incluido Mandela, y la legalización del CNA y, a cambio, el Congreso debía renunciar a cualquier forma de violencia, terminar cualquier relación con el Partido Comunista y eliminar de sus exigencias el voto universal; Mandela comprendió que de aceptar las condiciones exigidas condenaba su movimiento a la inmovilidad y lo exponía a perder toda legitimidad así que omitió negociar su propia libertad y lanzó una contrapropuesta extrema; el Congreso renunciaría a la violencia si el gobierno renunciar a a ejercerla contra la población. El gobierno de Botha no quiso acceder y Madiba se alzó con una enorme victoria política; fuera de Sudáfrica, Miriam Makeba y otros artistas preparaban el golpe definitivo para lograr la liberación de Mandela.

El Tributo a Nelson Mandela en su 70 aniversario fue una serie de actos artísticos creados para difundir la lucha del Congreso Nacional Africano, denunciar los crímenes del apartheid y exigir la libertad de Madiba como alma y corazón del movimiento de liberación nacional en Sudáfrica y tuvo su principal manifestación en el Nelson Mandela Concert del 11 de junio de 1988 celebrado en el Estadio de Wembley. Además de una nómina que incluía los artistas y grupos más populares de la época – algunos que jamás antes habían manifestado tendencia política y otros consagrado en la lucha de los derechos humanos – como George Michael, Dire Straits, Simple Minds y Eric Clapton; Makeba y Hugh Masekela constituyeron el centro de las voces que clamaban la atención del mundo; en el concierto Censo no sólo se reencontró con Masekela sino también con Harry Belafonte. Miriam y Hugh cantaron juntos Soweto Blues y ella interpretó Pata-Pata. El concierto fue difundido en 67 países y tuvo una audiencia de 600 millones de espectadores; abrió con un discurso de Belafonte, Sitng cantó “They Dance Alone” – escrita para denunciar los crímenes de Pinochet – George Michael interpretó “Village Getto Land” y culminó con Jessy Norman cantando “Amazing Grace”. Al final el tema del apartheid y la libertad de Madiba salían de los discusiones diplomáticas y de las columnas políticas para situarse como un reclamo popular y un tema central en todos los niveles de opinión, el camino a la libertad de Mandela y a la caída del apartheid había entrado en una pendiente que ya nada podía detener.

La presión a la que estaba sometido el gobierno de Pretoria era ya insoportable pero el régimen se sostenía con una cuota  cada vez mayor de sangre y violencia; la liberta de Mandela se daba por descontado pero Botha nos parecía dar señales de rendición; un hecho providencial detonó lo que al cabo de unos meses sería realidad. En febrero de 1989 Pieter Willem Botha sufrió un derrame cerebral que lo obligó a dimitir. Su sucesor Frederik Willem De Klerk llegó al poder con el deseo expreso de terminar con el régimen de la segregación.

Hubo un año parra la memoria, 1989, el Muro de Berlín se venía abajo, las reformas de Gorvachev desmantelan el comunismo de Estado; De Klerk asumía el poder el dos de febrero y en el parlamento ofreció derogar el sistema de segregación, legalizar el Congreso Nacional Africano y libera a sus presos políticos; el once de ese mes Nelson Mandela fue puesto en libertad incondicional.

La niña que había esperado al rey de Inglaterra bajo la lluvia pudo volver a casa luego de tres décadas de peregrinar hacia la libertad; Madiba la llamó a Sudáfrica y nadie intentó impedírselo con Mandela como líder y luego como presidente, buscó que ahora su voz ya no clamara por la liberación e los cuerpos sino de los espíritus bajo la forma de la reconciliación y aunque trabajó con la fuerza de siempre como representante del gobierno electo de manera democrática en 1994, nunca dejó de cantar por las causas que consideró más valiosas que su propia vida, como la condición de las niñas sudafricanas.

Para Zensi, que había presenciado la muerte bajo los rostros más horrendos, las luces de su actuación se apagaron como habría soñado, cantando Pata-Pata en un concierto de apoyo a Roberto Saviano al que la Camorra había amenazado; al parir el mundo que había visto al nacer había desaparecido; la lluvia había pasado y tanto los reyes, como los africanos y el mundo habían oído su voz.