Cómo nació el mito de Alicia en el país de las maravillas

Alicia en el País de las Maravillas es una de las narraciones infantiles más complejas y enigmáticas que se hayan escrito; aunque es verdad que Disney reconstruyó la imagen de la rubia y desaprensiva niña cuya curiosidad e imprudencia la llevan a correr aventuras descabelladas y algunas veces peligrosas y angustiosas, el hecho es que el libro gozó de un éxito inmediato y junto con Peter Pan representa la impronta victoriana en nuestra idea adulta de la infancia. Los niños como se los narra en ambos libros no existen ya – si es que alguna vez lo hicieron – y es probable que los mejores retratos infantiles de la época consten en textos frecuentados por adultos, como aquel terrible Oliver Twist de Dickens y no en los libros de Carroll o de Barrie. Ello queda claro en Alice Liddell que muy pronto tuvo que aprender a ser no sólo ella misma sino también la otra Alice, la del País de las Maravillas.

De cualquier forma, Alicia es un libro complejo, posiblemente ninguna novela expresamente escrita para niños ha despertado tanto interés entre el público de todas las edades; de hecho, la misma idea de la literatura infantil se ha transformado a lo largo de los siglos; libros que originalmente fueron escritos para un público adulto fueron reinterpretados para niños; Julio Verne jamás pensó en sus libros como obras dedicadas al entretenimiento infantil y si consideramos que nuestra propia percepción de la infancia se ha modificado a lo largo del tiempo, es natural que podamos comprender cómo las novelas de Verne dejaron de expresar los conflictos humanos y sociales de su tiempo, sus prejuicios coloniales y su fe ciega e inocente en la ciencia, para exponer las aventuras que inflamaron la imaginación de los más jóvenes durante las siguientes generaciones.

Desde que Alicia fue dada a la imprenta se convirtió en un éxito editorial. En octubre de 1863, Dodgson se entrevistó con Alexander MacMillan para ofrecerle el manuscrito de la novela. El editor quedó fascinado con la narrativa y la imaginación del texto, lo aceptó de inmediato y así comenzó una relación que devino larga y productiva entre el autor y el editor.

Como Carroll resultara un autor excesivamente puntilloso, el libro no pudo ser publicado sino hasta 1865; ahora sabemos que hubieron al menos dos títulos que la novela pudo tener: “Alice Among the Fairies” y “Alice’s Golden Hour”.

La primera edición se agotó de inmediato y gozó de la buena opinión de dos eminentes nombres que entonces y después, acicatearon su éxito: la Reina Victoria y Oscar Wilde. Desde entonces y hasta el día de hoy, la novela no ha dejado de publicarse y ha sido traducida a 176 idiomas. Otro de los factores que definieron su éxito fueron las ilustraciones de John Terniel. El ilustrador había cobrado fama como dibujante jefe en la revista de sátira política “Punch”, así como por sus ilustraciones para cierta edición de las Fábulas de Esopo.

Para diciembre de 1865, agotada la primera edición, MacMillan comenzó a vender la segunda aprovechando la temporada navideña; si para esta época vender 2,000 copias en seis meses es un auténtico prodigio editorial, a finales del siglo XIX resultaba sencillamente estremecedor. Aquella segunda edición cruzó el océano y vio la luz en Nueva York en las imprentas de Appleton & Co.; a partir de ese momento el libro recorrió una vertiginosa carrera para convertirse en uno de los principales mitos culturales de occidente. Entre 1869 y 1872, MacMillan colocó las primeras traducciones europeas: al francés, al alemán y al italiano; en tanto se traducía la novela Carroll escribía su “Carta a los pequeños lectores” que se incorporaría a las ediciones posteriores a la muerte del autor. En ese mismo año, Carroll publicó “Al otro lado del espejo”, secuela de la Alice. Toda vez que las ventas de la novela seguían constantes y era necesario no dejar que vinieran a menos en un contexto de mercado limitado, MacMillan se le ocurrió pedirle a Carroll el mismo manuscrito que el autor le había obsequiado a Alice Liddell en 1864 y para 1886 se hizo una edición facsimilar.

En 1887 una nueva edición revisada se convirtió en el texto canónico y es la que hasta ahora se puede encontrar en las librerías de todo el mundo; en ese mismo año llegó al mercado la primera de las innúmeras ediciones populares.

La vida del libro ha sido, desde siempre muy intensa, ha cambiado, se ha transformado y como una versión inversa del Cronos mitológico, la creatura terminó por devorar a sus padres: a su autor y a la niña que tuvo que cargar con la fama de haberla inspirado. Una de las primeras transformaciones del libro fue una versión simplificada para niños pequeños que llevó el nombre de “The nursery Alice”.

En 1898 Dodgson falleció. Cierto es que ninguno de sus demás libros alcanzó la fama de Alice y muchos fueron cayendo en el olvido; sin embargo, para 1907, cuando el libro entró a dominio público y muchos editores pudieron servirse de él, su inmortalidad ya estaba garantizada; por ejemplo el típico vestido azul de Alicia no apareció sino hasta la edición de 1911 cuando Harry G. Theaker coloreó los tradicionales grabados de Tenniel, quien murió en 1914. La primera edición en español es bastante tardía y apareció en 1927 en Madrid.