Yoyes, la mujer que dirigió ETA. Los primeros pasos

María Dolores nació el 14 de mayo de 1954; era viernes, Luis ya tenía un hijo, al final fueron nueve como se usaba en las familias de aquella época; me acuerdo que era viernes por la cantidad de amigos que nos reunimos en su casa para dar la bienvenida a la cría y de la fecha también me acuerdo con precisión porque Yoyes tenía ocho años cuando en el día de su cumpleaños se casó el rey Juan Carlos con la Reina Sofía, así que, en adelante, cada aniversario de la niña le preguntaba a Luis si iba a festejar otra vez el aniversario nupcial del Borbón; y claro, el chiste no le hacía ninguna gracia; los González eran una familia muy conocida, durante décadas tuvieron una tienda muy popular y eran apreciados por muchos, por eso, sobre todo por eso, el asesinato de Yoyes fue tan doloroso para el pueblo.

Dolores, de muchas maneras era una chica distinta de las de su edad y no sólo por el aspecto político, su hermano también estaba relacionado con ETA, tampoco porque fuera valiente o arriesgada, muchos la recodarán más bien como una chica tranquila pero tenía siempre en mente una particular sensación de querer ayudar, como si servir fuera su vocación; en algún momento los amigos de la familia pensamos que iba a entrar en religión; ensimismada y discreta lo fue siempre; claro, eso le facilitó su ingreso en la banda; de hecho me acuerdo bien cómo aún siendo una cría de quince o dieciséis años comenzó a interesarse en la izquierda del movimiento, abertzale como se le llama, nuestro nacionalismo radical de izquierdas por oposición al conservador, de derechas y más bien tradicionalista; Yoyes pudo haberse interesado tanto porque era algo que se respiraba en su familia, por la influencia de los curas obreros que en aquella época los teníamos un poco por aquí, pero cada vez me convenzo más que Yoyes buscaba darle un sentido, ¿cómo decirlo?, superior a su existencia, a su vida y como para nosotros Euskadi es parte fundamental de nuestro ser como individuos y como comunidad, pues ahí encontró algo muy íntimo que estaba buscando, creo yo; fue en aquel tiempo cuando comenzó a involucrarse con los nacionalistas, primero de manera abierta pero legal; a veces iba a nuestra casa para hablar con mis hijas, no diría que las aleccionaba, más bien les contaba sus sueños, sus deseos, imaginaba que teníamos un país propio donde, a diferencia de la España en la que entonces en realidad vivíamos, un Euskadi sin privilegios, dictadura, desaparecidos y todo aquello con que Franquito nos obsequiaba cada día; si no es extraño que haya nacido, en esas circunstancias, un engendro como ETA; no quisiera que se confunda, pero era natural que los más jóvenes, en particular los que no vivieron la guerra o que los pillara siendo aún muy pequeños, se hartaran más rápido que quienes sí que la vimos y aprendimos a vivir con el miedo dentro de los huesos, si a eso se le añade toda la situación de las dictaduras en América y las independencias en África y en Asia, pues el cóctel era de lo más explosivo. Ahora, tampoco hay que olvidar que eran terroristas y no guerrilleros; vaya, no quiero que piense que se los veía como héroes o como revolucionarios, las cosas como son y eso es lo que eran, lo mismo Yoyes que tuvo lo suyo claro, pero que tampoco se merecía que la mataran así, de la mano de su hijo y cuando ella se había rendido y ya estaba haciendo otra vida.

Mire, cuando surgió ETA Yoyes tendría unos nueve años, así que cuando se convirtió en la mujer que muchos conocieron, la banda había dejado de ser un movimiento libertario o revolucionario, si así lo prefiere, se habían convertido en una banda asesina que, sin la represión, no entendían las reglas de la democracia; si todo fue una especie de larga decadencia; Ekin, la organización de donde nacieron, era una asociación cultural y mire dónde fueron a parar. Ya le digo, una de las cosas que no pudieron entender es porqué los vascos y los demás españoles no los recibieron como en Cuba a los barbudos; hicieron su propia guerra y fue la violencia la que los devoró sin que pudieran ni quisieran evitarlo; fueron muy machos, por eso Yoyes les estorbaba, era mujer y era madre.

Las cosas cambiaron cuando Yoyes salió de casa para estudiar magisterio en Donostia; en cierta manera, la libertad que garantizaba la ciudad, aún en la España de Franco, le permitió relacionarse con otros chicos con los que compartía ideas y que estaban más adoctrinados que ella, lejos de la vigilancia de su familia podía adentrarse y comprometerse con la organización, aunque no lo pueda creer, algunas escuelas como Magisterio estaban muy politizadas y con el ingenio y el valor de los chicos, desarrollaron redes de clandestinos muy efectivas. Con Dolores pasó que tenía una vena pasional muy encendida, verá, había en ella, como ya le dije, una necesidad y un impulso de entrega muy poderoso; así que no dudo que en ETA fuera muy pronto reconocida como un elemento eficaz y seguro; además, como a los diecinueve años le vino el amor y se hizo novia de un chico como tres años mayor que ella, José Echevarría se llamaba, algún día lo trajo de visita y a todos nos pareció un chaval agradable aunque un tanto reservado; cuando a Echevarría, que le llamaban Beltza, le ocurrió su desgracia fue cuando la familia y los amigos nos dimos cuenta que Yoyes ya iba demasiado lejos en lo de sus ideas abertzale. El 28 de noviembre de 1973 al pobre muchacho le estalló en las manos una bomba que debía colocar en algún lugar; ya ve usted, hay caras que no puedo reconocer aunque me esfuerce, pero con las fechas y los nombres no tengo competencia; además, no sabe usted cuanto queríamos a Dolores; en fin, aquellos eran días muy agitados, un par de días antes de la muerte de Echevarría hubo un atentado horrendo, habían puesto bombas que incendiaron el Club Marítimo de El Abra en Getxo, en Bilbao; murió mucha gente, todos civiles y todos vascos, unas horas después a Beltza y a un colega suyo les estalló en las manos otra bomba, supongo que les había quedado del atentado anterior y que debían transportarla a otro objetivo; era el novio de Yoyes, así que luego del asunto no supimos más nada de ella por unos días, supongo que cuando esas cosas pasaban la instrucción era ocultarse, pero ya ve, la pobre traía la mala fortuna o la inexperiencia de sus primeras operaciones, lo cierto es que a finales de aquel año, detuvieron a uno de sus hermanos, a José Luis, creo, que lo llamaban Txito y a ella la pillaron robando una máquina multicopista de un colegio de Zumárraga, así que ya no quedaban dudas sobre sus actividades; ya se imaginará usted, su familia bajo vigilancia continua, a los amigos cercanos también, Yoyes logró escapar en aquella ocasión no sé como, pero luego, unas semanas después nos enteramos que había logrado pasar a Francia y la pusieron a trabajar como secretaria de una revista, también abertzale, pero legal, que se editaba en Bayona, se llama Enbata y me parece que todavía se publica; eran tiempos muy difíciles para ellos y para nosotros, ya sabe, en ese año se cargaron a Carrero Blanco y la revista la suspendió el gobierno francés por una temporada, así que cuanto pudimos saber de Yoyes, por mucho tiempo, desde 1974, eran notas esporádicas que los clandestinos hacían llegar a su familia o por que los diarios daban a conocer algo sobre ella.

Desde luego, para nadie era fácil aquello, es cierto que algunos chicos los veían como bandoleros de tebeo y hasta los admiraban, aunque no pudieran manifestarlo en público; en la medida que Yoyes ascendía en el escalafón de la banda se tejía en torno suyo una leyenda que poco o nada tenía que ver con una realidad que debía ser, por necesidad, más sórdida de lo que los chicos del pueblo querían imaginar y mucho más dura de lo que sus padres estaban dispuestos a aceptar. Se trataba además de una familia, ya lo ve, muy comprometida con el nacionalismo pero claro, a ningún padre le gusta ver a sus hijos en semejante follón. Yoyes tenía un estilo muy particular, de lo contrario no hubiera llegado en la banda hasta donde llegó ni hubiera tenido el valor de abandonarla y luego, por si no fuera suficiente, regresar a España para seguir viviendo; la recuerdo bien, sobre todo porque en los últimos tiempos, conforme se van alejando los años duros, fuimos enterándonos de más cosas, de la forma en que ella los vivió y los enfrentó. Yoyes era una chica sociable, tenía el don de atraer la atención de los demás, tal vez porque ella misma le  gustaba interesarse en los otros; hace poco su hermana Isabel publicó parte de los diarios de Dolores, le pusieron “Yoyes desde su ventana”, ahí escribió ideas más que hechos; también se escribió durante algún tiempo con una prima, Arancha, por parte de su padre y que vivía en Otero de Escarpizo, de donde salió su abuelo; hace tiempo se publicó una de las cartas que Dolores le dirigió a su prima, aquí la traigo por si le interesa, mire esta parte:

Tiene que crecer en ti, tiene que desarrollarse en una vida que está un poco así como un niño en feto, existiendo pero sin nacer y que es lo más importante en una persona, porque no muere la vida inmaterial.