El libro nuestro de cada martes: Las esposas de los Alamos de Tarashea Nesbit

Los que son muy jóvenes no podrán recordarlo; ahora lo ven como una cosa mítica, una amenaza velada pero menos real que el calentamiento global o la chifladura de Trump. Los que fuimos niños entre las décadas de 1950 y 1970 sí que recordamos el terror atómico. Los aviones espías americanos y soviéticos sobrevolando los cielos, las amenazas constantes, la carrera armamentista y las pruebas nucleares de Muroroa y las Bikini. Vaya, hasta Bob Esponja vive donde antes hubo un erial nuclear. Eran tiempos distintos, no diré que mejores pero al menos más certeros.

La propuesta del libro nuestro de cada martes hoy, recuerda el origen de aquellos tiempos; para muchos, la historia de carrera nuclear comienza en Hiroshima y en Nagasaki, para otros con el proyecto Manhattan y sobre todo, con las instalaciones, entonces ultra secretas de Los Álamos. Nos acordamos de los científicos que los americanos salvaron de los nazis, el papel de Einstein, de Von Braun… en fin, una riquísima mitología que cerraba su ciclo con la terrible película The Day After, de 1983

 

Nesbit recuerda la vida de las esposas de los científicos, una auténtica polifonía de voces de mujeres, cada una con su historia, sus vivencias, sus miedos y sus esperanzas. Una novela que es un pequeño monumento al ingenio humano, a la constancia y a la cotidianidad de lo extraordinario. No sólo por su anécdota sino por su técnica narrativa, nos refiere a los sentimientos más íntimos que ocurren en los lugares donde se está cocinando la historia, las entretelas y las costuras del futuro de la humanidad.

Sobre el libro:

http://www.turnerlibros.com/book/las-esposas-de-los-alamos.html

 

El rincón de la bibliografía: John Steinbeck

John Steinbeck cumple hoy 117 años; sin duda, un hito en la literatura norteamericana y responsable de buena parte de la manera en que vimos y recordamos el Siglo XX. Para honrarlo y agradecer sus letras, el Rincón de la Bibliografía ofrece esta lista de su obra y sus adaptaciones para cine:

Algo sobre Steinbeck en Cisterna de Sol:

https://cesarcallejas.me/?s=steinbeck

Novelas

Cup of Gold: A life of Sir Henry Morgan, Buccaneer, with occasional reference to history, 1927 – (La taza de oro) http://www.quelibroleo.com/la-taza-de-oro

To a God Unknown, 1933 (A un dios desconocido) http://www.elmundo.es/blogs/elmundo/escorpion/2012/09/07/a-un-dios-desconocido.html

Tortilla Flat 1935 http://www.quelibroleo.com/tortilla-flat

In Dubious Battle, 1936 (En lucha incierta) http://magdaliteralia.blogspot.mx/2013/05/en-lucha-incierta-de-john-steinbeck.html

Of Mice and Men, 1937 (De ratones y hombres, también traducido como La fuerza bruta) http://www.quelibroleo.com/de-ratones-y-hombres

The Grapes of Wrath, 1939 – (Las uvas de la ira) http://www.alianzaeditorial.es/libro.php?id=3295289&id_col=100521&id_subcol=100535

The Moon Is Down, 1942 (La luna se ha puesto) http://www.txalaparta.eus/libro/3800/la-luna-se-ha-puesto/

Cannery Row, 1945 (Los arrabales de Cannery) http://www.lecturalia.com/libro/6892/los-arrabales-de-cannery

The Wayward Bus, 1947 (El autobus perdido) http://confiesoqueheleido.blogspot.mx/2008/03/el-autobs-perdido-john-steinbeck.html

The Pearl, 1947 (La perla) http://www.edhasa.com.ar/libro.php?ean=9789509009004&t=La+Perla

Burning Bright, 1950 https://www.dramonline.org/albums/frank-lewin-burning-bright/notes

East of Eden, 1952 (Al este del Edén) http://www.planetadelibros.com/libro-al-este-del-eden/88579

Dulce jueves, 1954 http://www.quelibroleo.com/dulce-jueves

The Short Reign of Pippin IV: A Fabrication, 1957 (El Breve Reinado de Pipino IV) http://minombre.es/joseluispiquero/2008/04/19/el-breve-reinado-de-pipino-iv/

The Winter of Our Discontent, 1961 (El invierno de mi descontento) http://planetadelibrosmexico.com/tag/el-invierno-de-mi-descontento/

The Acts of King Arthur and His Noble Knights, 1976 (Los hechos del Rey Arturo y sus nobles caballeros)http://www.edhasa.com.ar/libro.php?ean=9788435005081&t=Los+hechos+del+rey+Arturo+y+sus+nobles+caballeros

Cuentos

The Pastures of Heaven, 1932 (Las praderas del cielo) http://www.solodelibros.es/las-praderas-del-cielo-john-steinbeck/

The Red Pony, 1933 (El poni rojo) http://www.alianzaeditorial.es/libro.php?id=733078&id_col=100521

The Long Valley, 1938 (El valle largo) http://www.lecturalia.com/libro/6899/el-valle-largo

Obras de no ficción

Bombs Away: The Story of a Bomber Team, 1942 http://www.penguinrandomhouse.com/books/305999/bombs-away-by-john-steinbeck/9780143105916/

A Russian Journal, 1948 (Un diario ruso) http://capitanswing.com/libros/diario-de-rusia/

The Log from the Sea of Cortez, 1951 (Por el mar de Cortez)  http://www.planetadelibros.com/libro-por-el-mar-de-cortes/202210

Once There Was A War, 1958 (Hubo una vez una guerra) http://www.edhasa.es/libros/154

Travels with Charley: In Search of America, 1962 (Viajes con Charley, en busca de América) http://www.nordicalibros.com/viajes-con-charley-en-busca-de-estados-unidos

America and Americans, 1966 (Norteamérica y los norteamericanos) http://www.letraslibres.com/mexico-espana/al-ataque-guerra-y-literatura-norteamericana

Journal of a Novel: The East of Eden Letters, 1969 https://www.penguin.co.uk/books/57367/journal-of-a-novel/

Working Days: The Journals of The Grapes of Wrath, 1989 http://www.penguinrandomhouse.com/books/316871/working-days-by-john-steinbeck/9780140144574/

Adaptaciones para cine

Of Mice and Men (La fuerza bruta)

The Grapes of Wrath

The Forgotten Village

Tortilla Flat (La vida es así)

The Moon is Down

Lifeboat (Naúfragos)

A Medal for Benny

La perla (México)

The Red Pony (El potro alazán) https://www.youtube.com/watch?v=rz_vPgJqKlw

¡Viva Zapata!

East of Eden

The Wayward Bus

Cannery Row (Destino sin rumbo)

Of Mice and Men (De ratones y hombres)

Lyudmila Pavlichenko desayuna con Franklin D. Roosevelt

Después de que Nadiezhda llamara por teléfono para avisar que estaban listas, un ayudante las guió a un pequeño comedor con vistas a un jardín, había dispuestos cuatro lugares, las chicas tomaron asiento y mientras esperaban la llegada de Eleanor y el Presidente, guardaron una especie de silencio embelesado, ambas estaban en uno de los lugares a los que muy pocas personas en el mundo tenían acceso y ambas estaban ahí gracias a Rusia; la pareja llegó unos cuantos minutos después; las chicas se pusieron de pie de inmediato, Eleanor se adelantó y las saludó con afecto; Lyuda se acercó al Presidente y esperó a que lo ayudaran a tomar asiento; le tendió la mano y le dijo que era un honor estar con ellos y que su hospitalidad superaba cualquier expectativa que hubiera podido tener; llegaron fuentes de frutas y les sirvieron jugo y el café llenó el aire de un cálido aroma;

Después de un pequeño sorbo, Franklin Roosevelt miró con algo que bien podría llamarse afecto, a la chica soviética, le preguntó si la habían atendido bien, agregó que, además de ser un honor recibir a una heroína de guerra, era un gran placer recibir a una amiga de Eleanor; le dijo que su esposa le había comentado que además de valiente era una mujer muy inteligente; al final le preguntó cómo marchaban las cosas en el frente, que a todos los gobernantes les llegaba la información muy depurada y que no había nada mejor que la información de primera mano.

Lyudmila se dio cuenta que no tendría otra oportunidad así, que era el momento preciso para exponer a Roosevelt el punto de vista de Stalin y reafirmarlo en las pláticas y entrevistas que tendría que dar en los días siguientes; pero nunca volvería a tener la atención del Presidente de los Estados Unidos de una manera tan clara y límpida, no podía dejar pasar la oportunidad.

Cuando se hizo un brevísimo silencio, después de que Roosevelt terminó de hablar, Lyuda dirigió una rápida mirada cómplice a Nadiezhda, como si quisiera verificar que estuviera lista, la americana respondió con una sonrisa que quiso ser discreta; desde luego, Eleanor se dio cuenta de ese intercambio y volteó la mirada a su marido para escrutar su expresión; el Presidente estaba atento, sabía que en instantes iba a escuchar el posicionamiento soviético sobre la situación del frente oriental y podría escudriñar, más allá de la versión oficial, el sentimiento de una auténtica combatiente; desde luego que esperaba oír los argumentos de Stalin sobre la necesidad del frente occidental en Europa pero ahorrándose la almidonada retórica del Kremlin; no es que Stalin le desagradara, al contrario, le simpatizaba mucho más que Churchill, es más, desde las primeras horas de la invasión nazi Roosevelt le había ofrecido su apoyo al premier soviético y conforme avanzaba la guerra se sentía más próximo al georgiano que al británico pero, en verdad, le costaba mucho trabajo soportar la ampulosa retórica soviética; a los soviéticos había que tratarlos siempre de manera directa pues el primer indicio de formalidad los convertía en oradores rebuscados; así es que puso la mayor atención a lo que la joven enviada de Stalin iba a decirle.

Pavlichenko comenzó de una manera sorprendente, llamó a Roosevelt «camarada presidente», aunque Nadiezhda dudó un segundo, tradujo con fidelidad y nunca pudo saber si Lyuda lo había hecho ex profeso o había sido un lapsus nervioso, lo cierto es que al escuchar la expresión rusa – que ya conocía – y luego su versión en inglés, Roosevelt se sintió cómodo y relajado, estaba en lo cierto, no iba a escuchar un discurso aprendido desde Moscú, no cabía duda, el astuto Stalin sabía muy bien cómo elegir a sus emisarios; Lyuda le describió la vida en el frente, no insistió al detalle en los avances logrados por los alemanes ni por los bastiones defendidos por la resistencia soviética, seguro que el Presidente lo sabía mejor que ella, así que prefirió concentrarse en la inusitada brutalidad de los nazis que parecía adquirir mayor furor en la Unión Soviética; la joven se esforzó en comunicar el sufrimiento de las miles de aldeas y el esfuerzo que el Ejército Rojo había realizado para resistir hasta la llegada del invierno; sin embargo, le dijo, tanto Stalin, como sus soldados, no tenían miedo de seguir peleando, no habían perdido la confianza en la victoria, pero resultaba importante abreviar tan enorme derramamiento de sangre inocente, en especial de los civiles; por eso era vital el establecimiento del nuevo frente en Europa del Oeste; en el Ejército Rojo sabían que un frente occidental permitiría vencer a Hitler con mayor rapidez y obligatorio a replegarse hasta Alemania; les preocupaba no sólo la Unión Soviética sino que estaban convencidos que los nazis constituían un peligro real para los Estados Unidos, para Inglaterra y para China; en toda la URSS la gente recordaba que Roosevelt se había comprometido hacía poco menos de un año a abrir el anhelado frente occidental, pero también estaban convencidos de que ese momento había llegado y era preciso convertir las palabras en hechos; en ese momento hizo una pausa para beber un sorbo de café, sintió que se había dejado llevar por la emoción y tal vez no fuera eso lo más conveniente, pero cuando levantó la mirada y vio los rostros absortos de los Roosevelt, supo que iba por el camino preciso.

El Presidente esperó a que Lyuda continuara su exposición, no quiso interrumpirla y ella interpretó ese silencio como una invitación a terminar lo que quería decir; continuó diciendo que mientras más pronto se abriera un frente en el Occidente de Europa más rápido sería derrotado el fascismo y en consecuencia, menos sangre inocente sería derramada; miró a Franklin Roosevelt como si fuera a implorarle una gracia personal y en esos términos le dijo:

  • A los soviéticos no nos cabe la menor duda que vamos a derrotar a esas bestias, pero no podemos prever a qué precio o hasta cuando y cada día que pasa sentimos que el peligro aumenta para su país y para su continente, que si Hitler logra hacerles daño aquí mismo, el costo de la victoria será mucho mayor del que ya estamos pagando; usted sabe, Señor Roosevelt, le dijo sosteniéndole la mirada, que nueve décimas partes de las fuerzas fascistas están combatiendo en la Unión Soviética y no sólo alemanes sino, con ellos, húngaros, daneses, italianos, rumanos y finlandeses; creo que ahora es el momento de actuar, lo que decimos los soldados en el frente es que es muy bueno tener un amigo que te lleve armas, ropa o comida, pero que es mucho mejor que tome sus armas y luche a tu lado”.

Lyudmila había terminado, su frase final le pareció, otra vez, excesiva en su confianza y tal vez un poco agresiva, pero ya estaba dicha. Roosevelt tomó un poco de su café, le dirigió una mirada y una sonrisa a Eleanor, y le contestó a Pavlichenko de una manera breve y franca:

  • Subteniente, dígale a Mr. Stalin que tiene mi promesa de que abriremos el frente en Europa, que cuando sea posible me pondré en contacto personal con él para coordinar las operaciones.

Con una alegría que no podía contener, contestó:

  • Muchas gracias Señor Presidente.

Eleanor remató pidiendo que desayunaran ya, que, con seguridad, su invitada no querría deshonrar la puntualidad soviética.

Lyudmila sintió que el viaje había cumplido su objetivo y que lo demás sería afianzar la posición que ya había conquistado. Sin embargo, no se engañaba, nada garantizaba que Roosevelt tuviera alguna intención de cumplir su palabra, pero no podía decir que el propio Stalin no se hab´ria hecho oir en la intimidad de su propia casa y tampoco que no estuviera informado por los propios soldados soviéticos de la manera en que percibían el desarrollo de la guerra; para Roosevelt, en cambio, aunque sólo esperaba el mejor momento para abrir el frente occidental, del cual no tenía ninguna duda, le pesaba la manera tan distinta en que sus propios jóvenes entendía nel significado de la guerra y lo difícil que era involucrar a la sociedad en su desarrollo; estaba convencido de que se debía ser más enérgico en que los americanos se vieran a sí mismos como los garantes de la libertad y la democracia en el mundo y no sólo como un país defendiendo sus intereses o aprovechando la ocasión; pensaba que Eleanor tenía razón, que el discurso de la joven rusa podía ser inspirador para sus propios jóvenes y que habría que aprovecharla; pensaba, por último que el discurso de la misión de los Estados Unidos como la nación liberadora, abierta a todos, debía superar al a vieja imagen del tío Teddy de ser un imperio dominante en el mundo; sólo ese cambio podría alentar a su pueblo a luchar incluso durante dos o tres generaciones.

El rincón de la bibliografía: Antonio Machado

Un año más sin Antonio Machado, enorme poeta; hombre justo, republicano, muerto en la tristeza de los primeros días del exilio.

En el rincón de la bibliografía, esta lista sucinta de su trabajo:

La duquesa de Benamejí,

Soledades

Campos de Castilla,

Páginas escogidas

Nuevas canciones

Poesías completas

Juan de Mairena. Sentencias, donaires, apuntes y recuerdos de un profesor apócrifo

La guerra

Para recordarlo, estos fragmentos de su obra:

Fragmentos

Campos de Castilla (fragmento)

Canciones a Guiomar (fragmento), de Poesias Completas-1917

Juan de Mairena (fragmento)

Estudios:

Hace poco, Editorial Renacimiento, que hace un hermoso trabajo de recuperación de memoria ofreció una crónica de los últimos días del poeta en su exilio en Collioure, de la pluma de Jacques Issorel esta mirada a la añoranza, la tristeza y la enormidad del personaje:

http://www.editorialrenacimiento.com/los-cuatro-vientos/1338-ultimos-dias-en-collioure-1939.html?search_query=collioure&results=2

Desde luego, una de las formas más entrañables de difusión de la poesía de Machado ha sido el canto de Joan Manuel Serrat, para recordarlo y disfrutarlo, este vídeo:

El libro nuestro de cada martes: Siete años de abundancia de Edgar Keret

Los libros de memorias siempre tienen encanto; el ambiente que provocan, la época en que se sitúan y el talento del narrador; Etgar Keret, magnífico narrador, ha escrito un peculiar libro de memorias, Siete años de abundancia, narra la historia… o más bien, expone el contacto entre su mundo interior y su momento histórico entre los siete años que transcurren entre el nacimiento de su hijo y la muerte de su padre. Pocos libros de memorias alcanzan sus rasgos humanos y una peculiar visión del mundo. En una época en la que la sociedad israelí enfrenta momentos políticos complicados, que lidia con el mantenimiento de su democracia, la complicada relación con sus vecinos y la convivencia con la violencia, la vida de un israelí laico que convive con familia religiosa, con padres sobrevivientes del holocausto y que, además, vive de su pluma, ofrece un rico mosaico del espíritu humano entre el goce de vivir y la angustia de encontrar su camino.

Keret es conocido por sus cuentos, finos y delicados, hablan un leguaje cotidiano de manera que sus memorias se nos muestran como una especie de novela en la que todos somos, en algún momento y de alguna manera protagonistas.

Celebre la vida, la inteligencia y el humor leyendo a Keret.

Algo más sobre el libro:

http://www.siruela.com/catalogo.php?id_libro=2469

60,000 Veces Gracias!

Para ustedes, amigos y lectores, 60,000 la palabra luminosa de la ofrenda: Gracias.

Hemos superado las 60,000 visitas; gracias a quienes participaron en la trivia, ya salen los envíos a España, Argentina y al norte de México.

Síganos acompañando en esta aventura de diálogo, encuentro y placer de leer y conocer.

Como siempre, una imagen original para su uso y disfrute, se agradecerá citar la fuente.

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Trivia y premio. 60,000 visitas a Cisterna de sol

En muy poco tiempo Cisterna de Sol recibirá sus primeras 60,000 visitas. Invitamos a nuestros lectores y amigos a participar en este juego de ingenio, plática y compañía.

Resuelve la siguiente trivia y envía tus respuestas como mensaje en este mismo post, las respuestas están en publicaciones dentro del blog; los primeros tres participantes que envíen las respuestas correctas al alcanzar las 60,o00 visitas recibirán en el domicilio que se les pida – guardando toda privacidad – un ejemplar de la novela «Los Minutos de Ulises»·autografiada por el autor.

Acompáñenos en este juego y sigamos guardando recuerdos comunes en la Cisterna de Sol, por anticipado 60,000 veces la palabra luminosa de la ofrenda: Gracias.

Las preguntas son:

  1. Nombre de tres películas de Leni Riefenstahl.
  2. ¿Quienes escribieron crítica cinematográfica bajo el pseudónimo común “Fósforo”?
  3. Nombre de dos canciones cantadas por Miriam Makeba.
  4. ¿Cual fue la recomendación del primer Libro nuestro de cada Martes en Cisterna de Sol?
  5. Nombre de dos poetas asesinados durante la rebelión franquista en España.

El día que la francotiradora soviética se hizo amiga de la Primera dama de Estados Unidos

El camino hasta la Casa Blanca fue breve, a Lyudmila le sorprendió la cantidad de parques y la luminosidad de la Ciudad; al llegar a la residencia oficial, la en la entrada la recibieron el Presidente de los Estados Unidos y la Primera Dama; a la joven, Roosevelt le pareció simpático y afable pero no la impresionó con la potencia y la magnitud de Stalin; percibió su seguridad y esa aura de poder que dimanan los grandes hombres, pero no era un monumento viviente como Iosif Vassarionóvich; le dirigió unas breves palabras de bienvenida y añadió que era un honor que una heroína de guerra que había arriesgado su joven vida por la libertad fuera el primer ciudadano soviético en visitar la Casa Blanca, que eso, por sí mismo, sería una página imborrable en la historia del país que la recibía con admiración y afecto; ella respondió con seguridad a través del traductor, le dijo que le llevaba el saludo y el respeto del pueblo soviético así como el aprecio de Iosif Vassarionóvich Stalin, que le enviaba un presente, una pequeña cajita de abedul con un primoroso esmaltado, una verdadera joya de la artesanía popular rusa; Roosevelt la examinó asombrado y agradeciéndole, sin mayor ceremonia, se la guardó en el bolsillo de la chaqueta; entonces se disculpó por no haberle presentado a Eleanor; cuando las dos mujeres se miraron y una corriente de simpatía corrió entre ambas de una manera instantánea, la Primera Dama le dijo que la impresionaba que una mujer tan joven – Lyuda comprendió la expresión «a young girl» -, fuera un héroe en la lucha contra los nazis, que una chica tan simpática hubiera muerto 309 soldados fascistas; por primera vez, de las muchas que le sucederían con la Sra. Roosevelt, Lyuda no supo qué decir en el instante, ante su silencio ruborizado, la mujer le preguntó ¿qué siente cuando mata a un enemigo? la joven se puso muy seria, respondió, primero volviendo a presentarse, como si su adscripción al Ejército Rojo justificara lo que iba a explicar.

-Soy la Subteniente Lyudmila Mikhailovna Pavlichenko del 25o Regimiento de Infantería del Ejército Popular de la Unión Soviética y mi misión no es matar nazis, es abatir objetivos militares; por favor, llámeme Lyuda, así me llaman mis camaradas; la última frase le pareció un error, un exceso de confianza, pero no se arrepintió de ello, había algo en Eleanor que le inspiraba afecto y seguridad; así que continuó con su explicación. Me han hecho esa pregunta varias veces; le puedo decir que cuando acierto al disparara a un nazi siento que he acertado en cazar a una bestia de presa, como si matara un lobo o un oso, es decir, cuando a través de la mira de mi arma lo veo caer siento que he salvado muchas vidas; los alemanes han matado en mi país miles de niños, mujeres y ancianos, cualquier soviético puede decírselo; dejar vivir a un nazi es lo mismo que dejar libre a un asesino en una aldea; sólo cuando veo que el soldado alemán ha muerto puedo estar segura que no lastimará a nadie más en mi patria, es decir, cada nazi muerto en la Unión Soviética es un paso más a la liberación de la humanidad. Eso es, con precisión, lo que siento.

A Eleanor le impresionó la explicación de Lyuda, estaba preparada para un frío discurso militar, algo como los objetivos militares que había mencionado al principio, o para un discurso de odio racial y venganza, pero la sinceridad de la chica había sido tal que pudo comprender que para los rusos, lo que llamaban la Gran Guerra Patria, era una auténtica lucha por la sobrevivencia; no se trataba de una repulsa racionalizada o de una pose ideológica, se trataba de una lucha por conservar la vida; supo también que tal vez esa era la razón por la que era necesario bombardear a los estadounidenses con propaganda nacionalista todo el tiempo, haciendo campaña y hasta ofreciéndoles buenos dividendos con los bonos de guerra, todo para que se comprometieran con la causa; para ellos, salvo para los nuevos inmigrantes y refugiados, la guerra era algo a lo que se habían metido – algunos incluso decían que a Estados Unidos no le iba nada en meterse a matar japoneses o, incluso, que mejor hubieran hecho aliándose con el fascismo y no con os soviéticos que, por muy amigos que fueran, no dejaban de ser comunistas, ahí e taba el embajador Joseph Kennedy, por ejemplo – pero no percibían que fuera su guerra y el discurso sobre la defensa de la democracia y la cultura occidental a veces sonaba a palabrería política dirigida a obtener mayores contribuciones de sangre y dinero del pueblo norteamericano; eso lo platicaría después con Franklin, de pronto hizo lo que consideró mejor para los Estados Unidos, para ella misma y para Lyudmila; después de esos brevísimos segundos de reflexión, le dijo a su nuieva amiga, «debería ir a varias ciudades del país a decir eso a nuestros jóvenes, si está de acuerdo puedo organizarlo e, incluso, si le parece bien, puedo acompañarla». A Lyuda le parecía magnífico para cumplir las órdenes de Stalin, en lo personal también quería pasar más tiempo con esa mujer que había logrado captar, tan rápido, su interés y afecto.

El presidente se despidió, Eleanor la invitó a dar un breve recorrido por los jardines de la Casa Blanca y luego de un té se despidieron como dos amigas que se hubieran conocido de toda la vida.

De vuelta a la residencia del embajador, el chófer y el traductor se mostraron más interesados en obtener noticias de Moscú que de indagar las impresiones y los planes de su camarada; como era de esperar, la plática fue insustancial, llena de lugares comunes y regada de numerosos silencios; cuando llegaron a la residencia, el ayudante del embajador la llevó a su habitación y le sugirió que descansara un par de horas, le informó que el camarada Litinov volvería en un par de horas y que deseaba cenar con ella; desde luego, Lyuda le pidió al ayudante que le dijera al embajador que asistiría con mucho gusto, en cuanto la puerta se cerró, la Subteniente Lyudmila Mikhailova Pavlichenko volvió a ser sólo Lyuda, se durmió como una niña pequeña durante una hora y cuarenta y cinco minutos precisos; cuando despertó y miró su reloj se dio cuenta que tenía el tiempo exacto, tomó una ducha rápida y tibia, se puso el uniforme de gala que había llevado consigo por si hacía falta y esperó a que la llamaran. Unos cuantos minutos después, con la precisión de la puntualidad soviética que era uno de los orgullos del embajador, llamaron a su puerta; el camarada Litinov la esperaba en el comedor; ella se dejó guiar y se sorprendió cuando su anfitrión salió a recibirla, en mangas de camisa y con una Coca-Cola helada.

  • Tiene que probar esto camarada Pavlichenko, es una delicia.

Lyudmila agradeció asintiendo con la cabeza y probó la peculiar bebida; desde luego que le gustó; durante la cena, no bebió otra cosa aunque el maridaje del burbujeante elixir con los pelmenis le pareció un poco raro, a decir verdad, lo disfrutó mucho; cuando llegaron el café y los postres, el embajador le preguntó:

  • ¿Qué tal la Sra. Roosevelt?, el presidente es un tipo interesante aunque a veces con un sentido del humor un poco obvio.
  • Es una mujer encantadora y el presidente fue amable en extremo conmigo.
  • ¿La trataron bien?
  • De manera inmejorable camarada Litinov.
  • ¿Sabe camarada? Usted es una mujer inteligente y yo soy un viejo que ha visto mucho, que conoce a Stalin mejor de lo que usted puede imaginar; tanto como sé que le ordenaron poner atención a todo lo que viera y oyera aquí y que tuviera mucho cuidado con lo que dijera; así que le voy a proponer un trato – una costumbre que he adquirido aquí -.
  • Camarada Litinov, no estoy autorizada para celebrar arreglos con nadie.
  • Me imaginaba una respuesta así, pero no se alarme. Le propongo que nos tratemos como dos compatriotas que se han encontrado en un país extraño, lejos de los temas oficiales, sin dobles intenciones, así lo que usted alcance a pescar y lo que yo pueda pescar, será en buena ley; no lo dude, he conocido muchas mujeres excepcionales pero usted, aún siendo tan joven, tiene la sabiduría que sólo alcanzan quienes han mirado la muerte a los ojos.
  • Gracias por el cumplido Camarada. Dígame, ¿es el parque central de Nueva York más hermoso que nuestro Parque Gorki?

El embajador lanzó una carcajada, la partida de ajedrez había quedado en tablas por el momento. Justo entonces dos miembros de la agregaduría militar se acercaron y después de hacer un saludo marcial se dirigieron al embajador como si ella no estuviera presente.

  • Camarada embajador, sería conveniente preguntar a la camarada subteniente qué ha platicado con la Sra. Roosevelt. Acaban de llamar de la Casa Blanca, la esposa del Presidente invita a la camarada Pavlichenko a hospedarse en la residencia presidencial durante su estancia en la Ciudad de Washington.
  • Estamos de acuerdo que las conversaciones entre la camarada Pavlichenko y la Sra. Roosevelt son de naturaleza amistosa. También estamos de acuerdo en que puede proceder como mejor le parezca.
  • Gracias camarada Litinov, creo que debo aceptar.
  • Yo también lo creo Lyuda; pero tenga cuidado, no se olvide ni un segundo que ellos no son soviéticos y que no saben lo que significa defender la patria exponiendo su vida. Pero por favor, no los haga esperar, honre usted la puntualidad soviética. Ah y otra cosa, no se ponga el uniforme de gala si no se lo indican expresamente, los norteamericanos son muy descuidados en su vestimenta y la ropa formal les causa alergia, míreme, vea lo que han hecho con mi forma de vestir.

El embajador pidió a su ayudante que llevaran al auto el equipaje de la camarada Pavlichenko cuando ella lo dispusiera y la llevaran de inmediato a la Casa Blanca; se despidió amable y hasta afectuoso.

El camino desde la residencia del embajador en el 1135 de la Calle 16 hasta la Casa Blanca es de apenas unas cinco calles; aún así, fue largo y pesado, un silencio glacial se estableció en el interior del auto; el chófer y el traductor ya no se sentían como los vigilantes de la francotiradora, sabían que era ella la que no dejaría de observarlos ni un segundo; tenían por seguro que debían temerle, ¿quién era en realidad esa joven militar ante cuya influencia se había doblegado Litinov?, ¿cómo es que la había dejado en libertad de decidir que se hospedaría en la casa del presidente de los Estados Unidos sin consultarlo antes con Molotov o incluso con Stalin?, ¿a quién representaba? ¿a Stalin, a Kaganóvich, a Zhúkov? como no tenían idea de cómo resolver el enigma, había optado por un prudente silencio. En realidad Lyuda había dejado de prestarles atención, estaba disfrutando el paseo por las calles de la capital norteamericana y pensaba que tal vez la mejor manera de llegar a los oídos de Franklin Roosevelt era ganándose a Eleanor, eso, desde luego, no parecía ningún reto, más bien se preguntaba cómo es que había surgido esa corriente de simpatía entre una mujer más vieja que su madre, que vivía en una realidad del todo distante a la suya y con la que no tenía nada en común, ni siquiera el idioma; tenía unos cuantos días para resolver ese enigma aunque tenía claro que su único deber, en ese momento, era cumplir de la mejor manera a su alcance las órdenes de Stalin.

Cuando llegaron a la residencia presidencial y franquearon la entrada exterior, el traductor rompió el silencio:

  • Pues, aquí estamos camarada.
  • Pues sí, aquí estamos.

Cuando el chófer detuvo el auto en la entrada de la Casa Blanca, descendió para abrir la puerta y que bajaran sus pasajeros, ahí aguardaban Eleanor y una joven de la edad de Lyudmila; se acercaron los soviéticos y la Primera Dama adelantó unos pasos para recibirlos; el chófer sacó del maletero dos valijas y las depositó en el suelo.

  • Buenas noches Lyuda, saludó Eleanor.

Al punto el traductor de la embajada y la chica que acompañaba a la Sra. Roosevelt tradujeron de inmediato al unísono. Pavlichenko no pudo evitar la carcajada, Eleanor se rió discretamente mientras los traductores se miraban con una mezcla de odio y sorpresa.

  • Disculpe, dijo Eleanor, lamento que no hayamos sido claros, como nuestra invitación era sólo para la Srita. Pavlichenko, trajimos nuestra propia traductora. Le ofrezco mis más sinceras disculpas.

El soviético volteó a mirar a la subteniente como pidiendo instrucciones, así que Lyudmila le dio las que consideraba pertinentes:

  • Gracias Lazar Pavlovich, diga al camarada Litinov que le llamaré por la mañana.
  • Con gusto Lyudmila Mikhailovna, se lo haré saber. Buenas noches Sra. Roosevelt.

Dio media vuelta, recogió su maleta y la depositó en el auto que, en un segundo, se alejaba.

  • Espero no haber sido descortés Lyuda. Le presento a Nadiezhda Kaplan, la mejor estudiante de letras rusas de la Universidad de Columbia… -Te he llamado Lyuda, ¿querrías llamarme Eleanor? lo de Sra. Roosevelt lo dejamos para situaciones oficiales y, por favor, lo de Primera Dama nunca, suena a nombre de caballo de carreras.

Las tres mujeres se rieron con alegría mientras entraban en la Casa, Lyuda se había imaginado muchas cosas pero no esa familiaridad; en su regimiento la criticaban porque tenía mucha imaginación, contaba cuentos que se inventaba y recreaba situaciones históricas como si las hubiera vivido, siempre le habían dicho que la imaginación era mala compañera de un francotirador y hasta le habían contado de un francotirador que también tenía una imaginación febril y había enloquecido mientas estaba oculto en unas ruinas en Crimea. La ropa informal de las americanas contrastaba con su adusto uniforme, aún así el ambiente era amable y distendido; pasearon un poco por las dependencias de la mansión y como las tres ya habían cenado se sentaron en una pequeña sala de estar y les llevaron té y unas bandejas con unos pequeños sandwiches.

La plática comenzó a discurrir en un tono gentil, casi familiar; Eleanor le dijo a su invitada que le hacía muy feliz tenerla en casa, que su deseo era conocerla como mujer, que ya habría tiempo para los mensajes públicos y le lanzó una pregunta directa:

  • ¿Cómo pudo matar a 309 personas? Eso no es trabajo para una mujer.

Eleanor se lo preguntó en un tono que alejaba cualquier sospecha de reproche.

Lyudmila suspiró con levedad; Eleanor, le dijo, no ha pasado ni un día en su país y puedo ver con claridad que nuestros pueblos tienen ideas muy diferentes de lo que significa ser mujer; primero, disculpe que se lo diga, cuando digo nuestros pueblos me refiero a Estados Unidos y a la Unión Soviética, yo soy soviética pero no soy rusa, soy ucraniana; tal vez la camarada traductora debiera estudiar letras soviéticas y no sólo letras rusas – la traductora bajó la mirada y esbozó una tímida sonrisa -; me parece que ustedes los americanos y nosotros los soviéticos vemos las cosas desde puntos de vista muy distintos, comenzando por el hecho de ser mujer y terminando con la percepción de la guerra. Creo que puedo ilustrarlo mejor con una historia, los ucranianos tenemos fama de ser buenos narradores. Cuando entré al campo de entrenamiento mi sargento revisó las pertenencias de todas las mujeres que estábamos ahí, sacó todo lo que consideró femenino y lo lanzó lejos; nos miró y dijo «¿cómo pretenden luchar usando esas cosas?», los hombres se rieron de nosotras y el sargento les gritó «me parece que ninguno de ustedes, soldados, hombres y mujeres, parecen tener una idea clara de qué tan seria es nuestra situación; los alemanes han tomado Zhitomir, Riga, Kiev y Leningrado – lo que no era preciso -, dijo también que si no estábamos conscientes de eso y si no prestábamos suficiente atención, los que morirían en el frente seríamos nosotros y no los alemanes, sin importar si éramos hombres o mujeres», cuando terminó hizo quemar todos nuestros artículos femeninos, nadie se rió entonces. Cuando quise entrar en al Ejército Rojo trataron de convencerme de ingresar como enfermera, tuve que recurrir a toda clase de argumentos para que me dejaran entrar como soldado, como había demostrado habilidad con fusiles de precisión me concedieron una prueba; me llevaron a Belyayevka, un pequeño pueblo cerca de Odessa donde un par de rumanos actuaban como colaboradores de los nazis, denunciando a simpatizantes del Ejército Rojo y también algunos de los pocos judíos que quedaban en la ciudad, a veces tenían tanta prisa que en lugar de denunciar ellos mismos los mataban, por su culpa habían sido asesinadas varias decenas de personas, mi misión era ubicarlos y abatirlos; llegamos a un bosque cerca de la aldea, en lo alto de una pequeña colina y nos ocultamos entre los árboles; eran como las seis de la mañana, para las nueve estábamos ya de regreso, los dos rumanos me habían ayudado a convertirme en francotiradora de la 25a división Chapayev de infantería y la aldea tenía una, o dos, preocupaciones menos.

Lo único que lamento es que esos dos no cuentan para mi puntaje porque eran una prueba, así que, si lo prefiere, en realidad no son 309 sino 311 enemigos que he retirado de la guerra sin contar los heridos, yo no llamo a eso un trabajo para hombres, creo que es una misión para cualquiera que tenga la habilidad suficiente para realizarla. De hecho, no estoy muy segura de entender bien qué puede significar «trabajo para hombres”.

La Sra. Roosevelt escuchaba con atención y la Srita. Kaplan traducía con un gesto de admiración; la mujer del presidente dijo a la soviética:

  • Querida Lyuda, usted y yo tenemos más en común de lo que se imagina, es sólo que ustedes son un pueblo muy antiguo y nosotros somos una nación muy joven, aún tenemos mucho que aprender… pero será mañana que, por hoy, ha llegado la hora de dormir. Descanse Lyuda.

El libro nuestro de cada martes: Los aires difíciles de Almudena Grandes

Nunca me ha gustado ser aguafiestas, así que para coincidir con San Valentín, una novela de amor de la mejor factura; hecha con dolor y desencuentro, con esperanza y con sutiles aproximaciones a la naturaleza humana. Una novela del amor que es también convivencia, memoria, desamor y deseo. Los aires difíciles que es una de las mejores novelas de Almudena Grandes.

Lejos del amor meloso, ficticio y adolescente, una historia donde dos seres humanos con historia se encuentran y miden sus distancias dispuestos a crear un nuevo universo; el juego con la historia reciente de España y con su ámbito geográfico, como es habitual en Almudena Grandes, produce un sentimiento de inmersión en el mundo de los personajes del que no sale indemne salvo aquel que nunca ha tenido una experiencia amorosa.

Enfrentarse a este texto es convivir con nuestros temores y nuestras alegrías, con nuestras tristezas y nuestras esperanzas, con ese anhelo irredento de seguir viviendo que nos caracteriza a los seres humanos.

Algo más sobre el libro:

http://www.planetadelibros.com/libro-los-aires-dificiles/88549

En 2006, Gerardo Herrero llevó el libro a la pantalla con José Luis García Pérez y Cuca Escribano como protagonistas. La película es buena pero no alcanza la enorme dimensión del libro. Aquí el trailer:

El rincón de la bibliografía: George Simenon.

Georges Simenon es uno de los autores de novelas policíacas y de misterio más prolíficos del mundo y, sin duda, uno de los más grandes en lengua francesa; tal vez la mayor penetración del inglés entre los lectores en lengua española haya disminuido su fama en comparación con otros menos grandes; algunos de sus libros alcanzan el poder de los de Agatha Christie.

Su trabajo como reportero en la nota roja de Lieja durante su juventud le proveyó de material para una literatura tan imaginativa como lógica y bien construida. Sin embargo, su prosa excede al misterio para ubicarse en un tenor íntimo, provocativo e inteligente que se desplaza hacia otros géneros narrativos.

Hoy Simenon cumple 114 años, publicó año tras año desde 1921 hasta su muerte en 1984. Su legado consiste en más de 200 títulos, algunos de los cuales han pasado al lenguaje cinematográfico. De entre estos últimos, La habitación azul hizo historia dentro de la cinematografía mexicana. Dirigida por Walter Doehner y protagonizada por Juan Manuel Bernal y Patricia Llaca, consiste en una buena adaptación de Doehner y Vicente Leñero sobre la novela homónima de Simenon. Aquí el trailer:

https://www.youtube.com/watch?v=t8fbrwk3Kh4

Ahora, para honrar su memoria, su bibliografía… que ustedes la disfruten.

Pedigrí

El arriero de La Providence

El círculo de los Mahé

Maigret en Nueva York

Maigret en los dominios del córoner

Las hermanas Lacroix

Georges Simenon. El hombre de la calle

El perro canelo

Pietr, el letón

Los hermanos Rico

El fondo de la botella

La amiga de Madame Maigret

La huida

La verdad sobre mi mujer

Las memorias de Maigret

Los postigos verdes

Maigret en Arizona

Maigret en la pensión

Maigret se equivoca

Maigret tiene miedo

Maigret va a la escuela

Maigret y el fantasma

Maigret y la anciana

Maigret y la espingarda

Maigret, Lognon y los gangsteres

Mi amigo Maigret

El gato

El hombre que miraba pasar los trenes

Firmado: Picpus

La casa del Juez

La extraña sirvienta

La primera investigación de Maigret

La sed

Las vacaciones de Maigret

Los sótanos del Majestic

Maigret

Maigret se enfada

Maigret y su muerto

Entre los flamencos

Crimen en Holanda

El ahorcado de la iglesia

El tren de venecia

La habitación azul

En casa de los Krull

Las señoritas de Concarneau

Barrio negro

El asesino

El hijo del relojero

Luces rojas

La viuda Couderc

El efecto de la luna

El testamento

El viajero del día de todos los santos

Una Navidad con Maigret

Carta a mi juez

Desconocidos en casa

Los fantasmas del sombrero

Los vecinos de enfrente

Betty

La mirada indiscreta

Los anillos de la memoria

El pasajero clandestino

La plantación

Tres habitaciones en Manhattan

La nieve estaba sucia

El alcalde de Furnes

Maigret y el Caso Nahour

Memorias íntimas

Las noches blancas de Maigret

Comisario Maigret: Tomo 19

Comisario Maigret: Tomo 24

El difunto filántropo

El inspector cadáver

Maigret en Vichy

A la cita de los terranovas

La esclusa número uno

La mirada inocente

La muerte del señor Gallet

Maigret y el ladrón perezoso

El tren

Maigret viaja

Maigret y el cuerpo sin cabeza

El revólver de Maigret

La muerte de Belle

Maigret y el hombre del banco

Maigret y el inspector Malasombra

El Asno Rojo

El hombre de Londres

La casa del canal

El caso Saint-Fiacre

El pasajero del Polarlys

El parador de Alsacia

Imagginación

Meditación Divertida con Maggie

Disappearing Thoughts

clicks and clips

Tablaturas de mis pasos

Unas cuantas palabras y fotos para los lugares que me hacen feliz.

NOUS LES FEMMES

Aller au delà de nos limites à travers le monde. J'en suis capable, pourquoi pas toi? Pourquoi pas nous? Ensemble nous sommes invincibles "Je suis femme and i can".

Rosie Blog

A garden of wild thoughts. Feeling thoughts and dilemmas

Un Loco Anda Suelto

Entra en mi mente...déjame entrar en la tuya...

umaverma12

Inner-peace is necessary to overcome of all the pain.

El Rincón de Suenminoe

En el soñador vida y sueño coinciden

La poesía, eso decían

Como plasmar la idea natural.

Cynthia Briones

Letras en el mar.

Polisemia Revista cultural

En cada edición proponemos una palabra para indagar sus posibles significados desde distintas áreas.

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