Alfonso Reyes llega a Brasil. Las primeras impresiones

 

  1. Acto Primero: Alfonso Reyes y su encuentro con el Brasil.

Alfonso Reyes pasó fuera del país una gran parte de su vida; nació en 1887 y murió en 1957, salió de México en 1913 y volvió hasta 1936, esto es, de sus setenta años de vida, veintitrés los puso al servicio de la diplomacia mexicana. Prestó sus servicios diplomáticos en España, Francia, Argentina y Brasil; de esos años aparecen varias constantes, no sólo en cuanto se refiere a su eficacia y a su atingencia, sino a cierto patrón personal; siempre le cuesta trabajo dejar el lugar donde se encuentra y siempre, al poco tiempo, se encuentra en su nueva sede como en su casa; podríamos decir de él, que en tal sentido, hizo del mundo su hogar. La llegada al Brasil, para Reyes, fue en extremo difícil, primero, por la intensidad literaria de su periodo argentino; Reyes había sido embajador de México en la Argentina de 1927, cuando sale de París en calidad de enviado extraordinario y ministro plenipotenciario y llega a Buenos Aires ya nombrado Embajador extraordinario y plenipotenciario al elevarse la categoría de la misión diplomática en el país sudamericano, hasta 1930, cuando la elección de Pascual Ortíz Rubio como Presidente de la República, deja vacante la Embajada en Brasil y la proximidad de Reyes con Genaro Estrada, entonces Secretario de Relaciones Exteriores, lo hacen elegible para ocupar el antiguo cargo del presidente electo. Sin duda, uno de los periodos literarios más intensos de Reyes fue el de la Argentina, ahí se relaciona con Borges, con Victoria Ocampo y con Juana de Ibarbourou y si su trabajo diplomático es importante todavía lo es más el literario; asimismo, Argentina vivía entonces una época de auge en la que Reyes participa con fruición, así que su llegada al Brasil no está rodeada sino de pesar y de desconcierto; por otra parte, Reyes había tenido una visión más que general del Brasil y no era especialista ni en sus letras ni en su vida social o cultural, así que su arribo a la América lusitana no parecía presagiar la importancia personal, política y diplomática que a la postre tuvo. Si tenemos por cierto que la embajada en Argentina fue la más intensa en su carácter literario, la del Brasil lo sería en el sentido vivencial y político.

Alfonso Reyes llegó a Rio de Janeiro, entonces capital del Brasil, el domingo 6 de abril de 1930; apuntó ese día en su diario:

Río de Janeiro, (domingo) 6 de abril 1930.- Llegamos. Encuentro al casa de la embajada deplorable, inservible, y va a ser difícil explicarlo, porque esto fue lo que escogió el presidente Ortíz Rubio cuando era embajador aquí! El encargado de negocios, Ha. de Ha. (Pablo Herrera de Huerta) y su familia hacen lo posible todo el tiempo por comunicarme su negro pesimismo sobre cuanto hay en esta tierra. Resultado: on m´a flanqué une neurasthénie atroce. No sé que haer. Estoy desconcertado y triste. Con deseo de abandonar hasta la carrera. Echo de menos mis cosas de Buenos Aires. Mi diablito. Mi vida. Tengo que dominarme. Quisiera irme a México… He empezado a desempacar, y las fotos de Buenos aires y mis amigos de allá, conforme van apareciendo, me reconfortan. Inmensa tristeza.

Y si esa primera sensación personal no fuera suficiente, la de la sociedad brasileña y del mundo al que intentaba incorporarse, no parecía mejor, en su entrada del diario, del 10 de abril siguiente, escribe: “Mundo demasiado colonial donde todavía la gente no sabe vivir y las casas son malas. Desconcertante soledad en la que me encuentro…” y tres días después: “Los horrores de la instalación. Abandono y soledad de los primeros días…”, no será sino hasta el 25 de abril en que el escritor y el diplomático, se den cuenta de lo irreversible de la misión y se dispongan a conquistar su momento: “Mis papeles en su sitio. Mis libros en guardia. Mi pluma alerta. Adelante otra vez…” Con el tiempo, el embajador empezará a tejer su red de relaciones y se incorporará con éxito en la vida del país que lo acoge; entrará a la vida política a través del mundo de la cultura y se percatará, pronto, de la difícil situación política que enfrenta el Brasil en su momento, así como la intensidad de su vida cultural y la influencia de las corrientes de pensamiento en el desarrollo de los hechos políticos. Una de las cosas que más desesperan al nuevo embajador es la lentitud de la vida en su nuevo hogar; nadie parece darse prisa y, acostumbrado a una actividad generalmente frenética, el ritmo del Brasil le parece provincial y tedioso, tanto que no será sino un mes después de su llegada, el 6 de mayo, que puede presentar credenciales al presidente del Brasil, doctor Washington Luís; no tenemos evidencia de una amistad profunda entre ambos personajes, sin embargo, la corriente de confianza y simpatía debe haberse producido entre ellos de manera bastante rápida pues, como se verá, será en Alfonso Reyes y la embajada de México, en la que el presidente Luís ponga su confianza para el resguardo de su esposa y su familia cuando sea haga necesario ante la revolución de Getúlio Vargas.

Unos meses después, Reyes se encuentra perfectamente relacionado con el ambiente diplomático, cultural y político del Brasil; ha conocido a Graça Aranha, patriarca entonces de las letras brasileñas cuyo nacionalismo, él mismo lo reconoce, ha abrevado de las literaturas rusa y mexicana; en septiembre, el día once, llegarán a bordo del Western Prince, el secretario Rafael Fuentes Jr., su esposa y su hijo; ese pequeño que llega al Brasil, es Carlos Fuentes, que luego, al pasar de los años, dirá con razón, haber aprendido las primeras letras en las rodillas de Alfonso Reyes. Con un equipo renovado, ya interesado en ese mundo que no conocía, la predisposición de Reyes para con el Brasil se ha extinguido para dejar lugar a nuevas redes de amistad y a su típica curiosidad infinita.

Podríamos decir que el periodo de incorporación de Alfonso Reyes a la vida brasileña, terminará al iniciarse la revolución encabezada por Getúlio Vargas, entonces presidente del estado federado de Rio Grande do Sul; la primera percepción del momento es descrita por Reyes de manera más o menos circunstancial, sin el avisoramiento del golpe de Estado que finalmente ocurriría apenas unos días después:

Rio, (lunes) 6 octubre 1930.- Pasó en el César Pedro Sainz, con quien traté mis obras en CIAP, los clásicos de América de P(edro). H(enriquez). U(reña). y yo, y mi representación de dicha editorial ante América. Desde el 3 hay revolución en Brasil.

 

El libro nuestro de cada martes: El corto verano de la anarquía: Vida y muerte de Durruti, de Hans Magnus Enzesberger

Enzesberger es uno de los autores que cautivan mi atención con mayor contundencia; su pluma es ligera pero penetrante, sus palabras vuelan pero dan siempre en el blanco. Denomina novelas a trabajos de profunda investigación y revela escenarios que desde el imaginario explican mejor la realidad que otros muchos enfoques.

Durruti es, por otra parte, una de las figuras más fascinantes de la historia de la Guerra Civil Española, de la República y del siglo XX; su figura libertaria, su dominio de las masas y su liderazgo aparecen como una especie de luz en la contienda, pero también como fuente de contradicciones y de debate.

El corto verano de la anarquía es una de las mejores obras de Enzesberger, dibuja la personalidad de Durruti y el ambiente que vio su ascenso y su muerte, nos remite al espacio de la lucha por las libertades y al peculiar escenario de la revolución dentro de la guerra civil.

No podríamos decir que hemos visitado el siglo XX si no nos aproximamos a Durruti, a sus ideas y a sus palabras, a su personalidad y a sus seguidores, a su banda de ronbinsones, los Libertarios: Buenaventura Durruti, Liberto Callejas, Francisco y Joaquín Ascaso, García Oliver, Aurelio y Ceferino Fernández, Ricardo Sanz, José Xena Torrent, Gregorio Suberviola, Joaquín Cortes y Adolfo Ballano.

En España y México celebramos ahora el 40 aniversario de la reinstalación de nuestras relaciones diplomáticas, un paréntesis entre nuestros gobiernos y no entre nuestros pueblos, un homenaje a quienes hicieron de México su nueva patria, a quienes resistieron en España la dictadura y a todos quienes crecimos a su sombra y bajo su ejemplo. Como decía el Presidente López Mateos, con España todo, con Franco nada.

Algo más sobre la novela:

http://www.anagrama-ed.es/libro/panorama-de-narrativas/el-corto-verano-de-la-anarquia/9788433908636/PN_393

 

Aquí un documental sobre el entierro de Buenaventura Durruti

El rincón de la bibliografía. Xavier Villaurrutia

El día de hoy cumple años uno de los más grandes poetas de nuestra lengua y en particular de México. Xavier Villaurrutia. Para honrarlo, para perpetuar su lectura, el Rincón de la Bibliografía ofrece esta lista sucinta de su obra.

Disfrute.

“Reflejos” (1926),

https://books.google.com.mx/books/about/Reflejos.html?id=lJYMAQAAMAAJ&redir_esc=y

“Nocturnos” (1933),

http://circulodepoesia.com/2012/12/nocturnos-de-xavier-villaurrutia/

“Nostalgia de la muerte” (1938),

https://www.elfondoenlinea.com/Detalle.aspx?ctit=017240R

“Décima muerte” (1941)

http://www.materialdelectura.unam.mx/index.php/16-poesia-moderna/poesia-moderna-cat/37-015-xavier-villaurrutia?showall=&start=16

“Cantos a la primavera y otros poemas” (1948).

http://revistacritica.com/contenidos-impresos/poemas/poema

“Autos profanos” (1943),

http://www.elem.mx/obra/datos/196549

“Invitación a la muerte” (1944),

http://www.jornada.unam.mx/2001/06/03/03an1cul.html

“La mulata de Córdoba” (1948) Ópera.

“Tragedia de las equivocaciones” (1951).

http://www.elem.mx/obra/datos/196560

“Dama de corazones” (1928).

http://descargacultura.unam.mx/app1?sharedItem=519657

Obra completa.

https://elfondoenlinea.com/Detalle.aspx?ctit=013916E

Las utopías de la modernidad. Un breve elenco

Si durante la antigüedad las utopías pretendieron el retorno a la Edad Dorada y durante la Edad Media se aproximaron a la idea de la Nueva Jerusalén y a la reproducción terrenal del orden divino; las utopías renacentistas están más emparentadas con aquellas otras de la ilustración; ambas proponen un orden social completo, en las primeras a través de la reconstrucción del orden social sobre la exaltación de la bondad natural del hombre, las segundas buscarán no en la naturaleza sino en la razón la posibilidad de una sociedad mejor. Las utopías siguientes, las del maquinismo, el empirismo y el positivismo, emprenderán rutas basadas en el concierto social, la lucha de clases y el progreso tecnológico, esto es, una nueva generación de utopistas, rebeldes contra sus antecesores.

Entre las nuevas utopías se encuentran, El paraíso de las madres solteras, en The Empire of the Nairs, de James Lawrence; el Evangelio del Industrialismo de Claude Henri de Saint-Simon; Cómo correr en un campo de algodón en Una nueva visión de la sociedad de Robert Owen; Pasiones liberadas de Charles Fourier, Destino en Viajes en Phrenologasto de John Trotter; Lotófagos de Lord Tennyson; Paraíso de árboles plásticos en Un paraíso en la búsqueda del hombre de J. A. Etzler, Los placeres de la igualdad en Viaje a Icaria de Etienne Cabet; La cura por el agua en Sueño de Reforma de Henry J. Forrest; A un convento, en Cielo – Cielo de Gerard Manley Hopkins; la más brillante utopía del siglo XIX, Erewhon, de Samuel Butler, escrita en 1872 – desde luego, Erewhon no es sino el acrónimo de Nowhere, ninguna parte -; Dioses muertos, en El periodo fijo, de Anthony Trollope; Mujeres en el poder , en La revuelta del hombre de Walter Besant; Verde Inglaterra, en Luego de Londres de Richard Jefferies; la Frustración de Smith, capítulo de La edad de cristal de W. H. Hudson; la Nueva Amazonia de Elizabeth Bugoyne Corbett; la Columna del César de Ingatius Donnelly, la menopausia utópica en Mujer libre de Elizabeth Wolstenholme – la que podemos considerar la primera utopía con contenidos de género en la historia; Mañana de Ebenezer Howard; las Anticipaciones de H. G. Wells; Limanora de John Macmillan Brown; Nacimientos Virginales y en Herland de Charlotte Perkins, y Nosotros de Yevgeny Zamyatin.

Entre los autores que, como en cada época, destacan por su profundidad y por su influencia, durante la etapa de la larga paz previa a la Primera Guerra Mundial, destacan autores de contenido fuertemente utópico y social en su obra como Charles Dickens, en especial en libros como Household Words; el crítico John Ruskin, sobre todo por ensayos como Las cosas verdaderamente preciosas en Pintores Modernos, y el Socialismo para Estetas, de Oscar Wilde en El espíritu del hombre bajo el Socialismo, El libro de la Selva de Rudyard Kipling y Juventud de Joseph Conrad; sin embargo, en ésta época comienzan a presentarse personalidades cuyo perfil, eminente en lo político y en lo económico, nos hace referirlos a cuestiones más bien prácticas de la actividad social pero que exponen también ideas tendientes a los conceptos utópicos; así por ejemplo, el célebre Discurso de Gettysburg de Abraham Lincoln, o la Crítica del programa Gotha de Karl Marx.

El periodo de incubación del fascismo, los traumas generados por ambas guerras mundiales y la depresión económica y la bancarrota moral de las posguerras, determinaron un giro importante para las utopías; en lugar de desaparecer, se modificaron tanto en el sentido sombrío de la contrautopía, sino también en el desaforado discurso ideológico fascista y en la contradictoria esperanza del desilusionado existencialismo.

En esa época destacan textos como Viviendo una época en Samoa de Margaret Mead, Sitios Etruscos de D.H. Lawrence; Horizontes perdidos, donde aparece la célebre Shangri – La de James Hilton, la antiutopía La Noche de la Swastika de Katharine Burdekin, las versiones del Cristo redivivo como El hombre que no pecó de Newman Watts y Cristo de nuevo crucificado de Nikos Kazantzakis, la presencia de elementos psicológicos y de las escuelas conductistas como Walden dos de B.F Skinner, y las asociadas por diferencia Mein Kampf de Hitler y 1984 de George Orwell, que podemos considerar las máximas antiutopías.

Esta necesidad de reconstrucción humana luego de la violencia y la desolación posterior a las grandes guerras, hizo posible que se siguieran construyendo nuevas utopías; Tocando el piano, de Kurt Vonnegut, Un mundo feliz, Las puertas de la percepción e Isla, de Aldous Huxley; El libro de Daniel de E. L. Doctorow, Ciudades invisibles de Ítalo Calvino, Solución tres de Naomi Mitchison, La mujer al borde del tiempo de Marge Piercy; Una historia del mundo en 10 ½ capítulos de Julian Barnes; Justicia mediante la Lotería de Barbara Godwin, Lo que las mujeres quieren de Bernadette Vallely; Sociedades deseables de Jim Dator, Visiones de Michio Kaku, Edén notable de Lee M. Silver, Solaris, del polaco Stanislav Lem y los cuentos futuristas de Philip Dick.

Día Mundial de la Poesía… Economía

Ayer fue día internacional de la poesía, para celebrarlo, de mi escritorio, esta esperanza por un mundo más simple y humano

Economía

El mundo necesita

de una moneda

nueva y universal

que reviente

todo tipo de cambio

y le de un tirón

a la balanza de pagos

El mundo necesita

una moneda más primitiva

hecha de carne y de dolor

que dé pena

cambiarla por unas libras

de puro y bendito trigo

El mundo

lo que necesita

es darle la espalda

al billete

pensar

como al principio

que las promesas

puestas en papel

son fantasías memorables

Necesitan los hombres

comer de nuevo

con las manos

mancharse un poco

debajo de las uñas

y andar

con más frecuencia

completamente desnudos

Nadie nos necesita ahora

la humanidad

es ya tan vieja

como para cuidarse sola

Lo único que necesito es

que me dejen dormir en paz

una  sola noche

con la mujer que amo

Que no me despierten

en la madrugada

para decirme

que progresan

irremediablemente

las transnacionales asentadas

en las plumas

de mi almohada

El libro nuestro de cada martes: Una mujer en Jerusalén, de Abraham B. Yehoshua

En momentos de conflicto el sentimiento de lo humano es lo primero que se pierde; enmarañados en las discusiones históricas, en los hechos y en las pretensiones, el sufrimiento de los individuos pasan a segundo término; cuando ese sentimiento de pérdida es además íntimo y ocurre entre los ciudadanos, los migrantes y todos aquellos que no somos protagonistas de la historia, se corre el riesgo del olvido y la indiferencia. «Una mujer en Jerusalén» reconforta porque se refiere a esas personas, a esos momentos y a esas circunstancias en que, por encima de cualquier consideración, debemos preservar nuestros sentimientos más profundos.

A.B. Yehoshua es un viejo combatiente por la paz en su país y el mundo, una visión de Israel que queda sepultada bajo las declaraciones y las noticias espectaculares; esta novela desentraña las pérdidas que vienen con la muerte de quienes creemos no conocer pero que nos tocan en nuestros sentimientos más profundos.

Recién he terminado de leer esta novela y además de una narrativa deliciosa, suave y contundente, me encuentro mirándome en el espejo que es siempre el rostro del otro, un libro que, con seguridad, no podré olvidar.

Algo más sobre la novela:

http://www.anagrama-ed.es/libro/panorama-de-narrativas/una-mujer-en-jerusalen/9788433974822/PN_701

 

Alfonso Reyes y José Vasconcelos, dos utopistas en pugna

Son dos los miembros del Ateneo en quienes mejor se aprecia la tendencia a crear y sostener utopías como parte de la identidad política y social de la mexicanidad: Alfonso Reyes y José Vasconcelos.

Tanto Reyes como Vasconcelos han ejercido una influencia definitiva en la cultura mexicana del siglo XX y reaparecen constantemente en los análisis culturales, el primero desde el punto de vista literario y cada vez más desde el diplomático y filosófico, y el segundo con preeminencia en lo educativo y lo político y ocasionalmente en lo literario; ambos, unidos por una amistad atormentada y separados tanto por la ocasión política como por sus visiones del mundo, comparten la idea de un latinoamericanismo moderno, distinto del monroísmo pero también alejado del bolivarismo inocente del siglo XIX — algo que también puede apreciarse en otros miembros del Ateneo como Julio Torri o Isidro Fabela —. Si Vasconcelos percibe la idea de la unidad étnica y de la patria mayor, Reyes prefiere las raíces culturales compartidas; si uno ve el súper Estado, el otro ve el espacio cultural. Si el primero opta por la introspección latinoamericanista, el segundo amplia el marco hacia las fronteras inasibles de la occidentalidad. Si el segundo quiere descender hasta las necesidades más elementales, no logra desasirse de la ideología clásica en la que se educó y si el segundo quisiera no tener necesidad de vivir tratos políticos, la realidad lo sustrae constantemente de sus reflexiones. Ambos sueñan con una realidad que la Ley puede crear, pero sobre todo, con una sociedad en la que tal Ley sea posible. En carta fechada en México el 30 de julio de 1923, Vasconcelos dice a Reyes:

Intencionalmente hemos procurado que los presupuestos no tengan cantidad alguna destinada al fomento en general del arte, porque tenemos necesidades de suma urgencia, como la construcción de edificios escolares, etc., que nos obliga a cerrar los ojos por muchos años a todo lo llamado cultura superior, para poder sentar las bases de una verdadera cultura que tenga raíces en la masa de la población…

De Reyes habría que rescatar Visión de Anáhuac, Última Tule, A vuelta de correo, Discurso por Virgilio, Silueta del indio Jesús, El testimonio de Juan Peña, Geógrafos del mundo antiguo, La X en la frente y Andrenio, perfiles del hombre; de Vasconcelos, La caída de Carrranza, bolivarismo y monroísmo, Ulises criollo, La Tormenta, El Desastre, El Proconsulado, La raza cósmica y Breve historia de México.

La visión utopística de Alfonso Reyes busca insertar a México y América Latina en el orbe occidental; enraizándola en la tradición que tiene sus pilares en la noción teológica judeo cristiana, en el pensamiento filosófico griego y en las instituciones jurídicas romanas. Trata de abrir puertas y ventanas a una identidad que considera más amplia de lo que habitualmente puede considerarse la mexicanidad o el sentimiento latinoamericano; pero todo ello con la finalidad de afirmar lo que considera auténticamente mexicano, sin exageraciones ni estereotipos. Su visión del mundo es incluyente y del mismo modo en que convienen los demás miembros del Ateneo, supone que la cultura puede ser llevada como instrumento de liberación hasta los estratos más elementales de la sociedad.

Así, por ejemplo, al referirse al carácter argentino, Reyes emprende una teorización de la fuerza vital en la conformación de las naciones latinoamericanas, en Palabras sobre la Nación Argentina, dice:

Más que una nación de acarreo o depósito histórico [como México, Perú o Colombia], la Argentina es una nación de creación voluntaria. La hizo la conciencia de los hombres, de los individuos. Es, casi, el fruto de un deseo. El colono encontró aquí tribus nómadas sin yacimientos de civilización, y tuvo que importarlo todo consigo… Fruto de un deseo, y fruto laico: hijo de una aspiración cívica. En lo cual se diferencia de los Estados Unidos, que todavía deben su origen a la aspiración religiosa de los puritanos. Aquellos peregrinos buscaban la libertad de orar. Estos colonos vienen buscando un campo donde sembrar una patria hecha a su medida… De tal manera la formación argentina es efecto de una decisión premeditada de los hombres, que hasta se da el caso — paradójico en los países que llamaríamos meramente históricos — de que la misma capital haya tenido que imponerse  por la fuerza al resto del país, como se impone, en un caos de naturaleza, una voluntad humana. En verdad, la Argentina moderna parece la encarnación del verbo, y el triunfo voluntario y consciente de la generación romántica: Sarmiento, Alberdi, Mitre…

Por el contrario, aunque de forma complementaria, Vasconcelos, tiende a dibujar una fuerza centrípeta, una especie de gravedad que atrae las voluntades y los inconscientes colectivos, imaginarios y en fin, sentimientos de pertenencia destinados — como en un logos superior — a cumplir una misión en el tiempo y el espacio. Mudar ese destino resulta para Vasconcelos una forma de traición que desnaturaliza y que impide no sólo cumplir con el fin de cada grupo humano, sino incluso imposibilita la construcción de instituciones sociales y políticas acordes con la naturaleza de cada nación. En La raza cósmica, Vasconcelos afirma:

En México, por ejemplo, fuera de Mina, casi nadie pensó en los intereses del continente; pero aun, el patriotismo vernáculo estuvo enseñando, durante un siglo, que triunfamos de España gracias al valor indomable de nuestros soldados, y casi ni se mencionan las Cortes de Cádiz, ni el levantamiento contra Napoleón, que electrizó a la raza, ni las victorias y martirios de los pueblos hermanos del continente. Este pecado, común a cada una de nuestras historias patrias, es resultado de épocas en que la Historia se escribe para halagar a los déspotas. Entonces la patriotería no se conforma con presentar a sus héroes como unidades de un movimiento continental, y los presenta autónomos, sin darse cuenta que al obrar de esta suerte los empequeñece en vez de agrandarlos… se explican también estas aberraciones porque el elemento indígena no se había fusionado, no se ha fusionado aún en su totalidad, con la sangre española; pero esta discordia es más aparente que real. Háblese al más exaltado indianista de la conveniencia de adaptarnos a la latinidad y no opondrá el menor reparo; dígasele que nuestra cultura es española y en seguida formulará objeciones. Subsiste la huella de la sangre vertida: huella maldita que no borran los siglos, pero que el peligro común debe anular. Y no hay otro recurso. Los mismos indios puros están españolizados, están latinizados como está latinizado el ambiente. Dígase lo que se quiera, los rojos, los ilustres atlantes de quienes viene el indio, se durmieron hace millares de años para no despertar. En la Historia no hay retornos, porque toda ella es transformación y novedad. Ninguna raza vuelve; cada una plantea su misión, la cumple y se va. Esta verdad rige lo mismo en los tiempos bíblicos que en los nuestros, todos los historiadores antiguos la han formulado. Los días de los blancos puros, los vencedores de hoy, están tan contados como los de sus antecesores. Al cumplir su destino de mecanizar el mundo, ellos mismos han puesto, sin saberlo, las bases de un periodo nuevo, el periodo de la fusión y la mezcla de todos los pueblos. El indio no tiene otra puerta hacia el porvenir que la puerta de la cultura moderna, ni otro camino que el camino ya desbrozado de la civilización latina. También el blanco tendrá que deponer su orgullo, y buscará progreso y redención posterior en el alma de sus hermanos de las otras castas, y se confundirá y se perfeccionará en cada una de las variedades superiores de la especie, en cada una de las modalidades que tornan múltiple la revelación y más poderoso el genio…

El tono profético, profundamente ideologizado, no deja por otra parte, de enunciar el sueño posible de un solo pueblo para la región y el continente; cabe preguntarse si afinando instrumentos, algo así puede decirse de las corrientes migratorias hispano parlantes hacia los Estados Unidos. De cualquier forma, en ambos casos, la idea precede al hecho y se transforma en instituciones; no hay otra manera, si la utopía no puede cumplirse, ello no implica que no sea el sustrato del que el legislador se nutre, en el que vive y al que pertenece, para crear nuevos principios de organización.

En la medida que en México, la generación del Ateneo entraba en madurez y ocupaba cargos importantes en la administración pública, en la judicatura y la legislatura, el mundo se transformaba en su derredor; en cierto modo, mucho del México que existió después de la Segunda Guerra Mundial, se labró con base en las ideas más organizadas de estos intelectuales, a lo que habría de sumarse el pensamiento y las ideas de la época dorada del Partido Comunista Mexicano — Diego Rivera, el Dr. Atl o el propio Sequeiros —, pero no parecían encontrar respuestas para las tensiones de la Guerra Fría, ni entablaron una lectura directa y certera de las nuevas realidades. En su lugar, otras generaciones comenzaron, una vez más, a producir formas utópicas de pensamiento.

61,000 veces, ¡Gracias!

Una vez más, para todos nuestros amigos y lectores, la palabra luminosa de la ofrenda; hemos superado las 61,000 visitas.

Como es tradición, una imagen original para su uso y disfrute, se agradecerá citar la fuente.

61,000 veces gracias por su compañía, diálogo y amistad.

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Reseña de los Minutos de Ulises en la Revista de la Universidad de México

Con mi agradecimiento a la generosidad y deferencia de don Adolfo Castañón, esta reseña que nos honra publicando la Revista de la Universidad de México.

Haz clic para acceder a 17680-32833-1-PB.pdf

El libro nuestro de cada martes: Los últimos hijos, de Antonio Ramos Revillas

¿Cómo se puede crear belleza a partir de la violencia? porque la literatura como arte es eso, crear belleza. ¿Cómo podemos mantener la vista amplia en un país y un momento donde la pérdida de los hijos es un lugar común?

Antonio Ramos Revillas no propone respuestas, narra… cuenta… dice. Su novela, Los últimos hijos, nos sacude las entrañas y nos pone en la tesitura de la venganza y la búsqueda, pero en el fondo, del cuestionamiento de aspectos tan humanos como la pareja y la paternidad. Nos buscamos en sus palabras, en sus escenas en la intencionalidad de meter orden, en una historia coherente, dentro del enmarañado momento que nos ha correspondido vivir.

No sé si a Antonio le apeteció dejarnos un tanto de esperanza en su escritura, yo lo encontré porque los demonios pueden ser conjurados cuando son nombrados, cuando los vemos de frente y sabemos que a pesar de todo, cuando hay narración hay esperanza de memoria futura, esto es hay esperanza de vida.

La historia de una intrusión en casa, de la vejación de quienes han sido objeto de la violencia es un pretexto – como en toda buena historia – para decir mucho más que eso. Para leer este libro de Ramos Revillas, hay que atreverse, algo que no nos deja decepcionados.

En Almadía: http://tienda.almadia.com.mx/libro/los-ultimos-hijos_792

 

Imagginación

Meditación Divertida con Maggie

Disappearing Thoughts

clicks and clips

Tablaturas de mis pasos

Unas cuantas palabras y fotos para los lugares que me hacen feliz.

NOUS LES FEMMES

Aller au delà de nos limites à travers le monde. J'en suis capable, pourquoi pas toi? Pourquoi pas nous? Ensemble nous sommes invincibles "Je suis femme and i can".

Rosie Blog

A garden of wild thoughts. Feeling thoughts and dilemmas

Un Loco Anda Suelto

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El Rincón de Suenminoe

En el soñador vida y sueño coinciden

La poesía, eso decían

Como plasmar la idea natural.

Cynthia Briones

Letras en el mar.

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En cada edición proponemos una palabra para indagar sus posibles significados desde distintas áreas.

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