Alfonso Reyes llega a Brasil. Las primeras impresiones

 

  1. Acto Primero: Alfonso Reyes y su encuentro con el Brasil.

Alfonso Reyes pasó fuera del país una gran parte de su vida; nació en 1887 y murió en 1957, salió de México en 1913 y volvió hasta 1936, esto es, de sus setenta años de vida, veintitrés los puso al servicio de la diplomacia mexicana. Prestó sus servicios diplomáticos en España, Francia, Argentina y Brasil; de esos años aparecen varias constantes, no sólo en cuanto se refiere a su eficacia y a su atingencia, sino a cierto patrón personal; siempre le cuesta trabajo dejar el lugar donde se encuentra y siempre, al poco tiempo, se encuentra en su nueva sede como en su casa; podríamos decir de él, que en tal sentido, hizo del mundo su hogar. La llegada al Brasil, para Reyes, fue en extremo difícil, primero, por la intensidad literaria de su periodo argentino; Reyes había sido embajador de México en la Argentina de 1927, cuando sale de París en calidad de enviado extraordinario y ministro plenipotenciario y llega a Buenos Aires ya nombrado Embajador extraordinario y plenipotenciario al elevarse la categoría de la misión diplomática en el país sudamericano, hasta 1930, cuando la elección de Pascual Ortíz Rubio como Presidente de la República, deja vacante la Embajada en Brasil y la proximidad de Reyes con Genaro Estrada, entonces Secretario de Relaciones Exteriores, lo hacen elegible para ocupar el antiguo cargo del presidente electo. Sin duda, uno de los periodos literarios más intensos de Reyes fue el de la Argentina, ahí se relaciona con Borges, con Victoria Ocampo y con Juana de Ibarbourou y si su trabajo diplomático es importante todavía lo es más el literario; asimismo, Argentina vivía entonces una época de auge en la que Reyes participa con fruición, así que su llegada al Brasil no está rodeada sino de pesar y de desconcierto; por otra parte, Reyes había tenido una visión más que general del Brasil y no era especialista ni en sus letras ni en su vida social o cultural, así que su arribo a la América lusitana no parecía presagiar la importancia personal, política y diplomática que a la postre tuvo. Si tenemos por cierto que la embajada en Argentina fue la más intensa en su carácter literario, la del Brasil lo sería en el sentido vivencial y político.

Alfonso Reyes llegó a Rio de Janeiro, entonces capital del Brasil, el domingo 6 de abril de 1930; apuntó ese día en su diario:

Río de Janeiro, (domingo) 6 de abril 1930.- Llegamos. Encuentro al casa de la embajada deplorable, inservible, y va a ser difícil explicarlo, porque esto fue lo que escogió el presidente Ortíz Rubio cuando era embajador aquí! El encargado de negocios, Ha. de Ha. (Pablo Herrera de Huerta) y su familia hacen lo posible todo el tiempo por comunicarme su negro pesimismo sobre cuanto hay en esta tierra. Resultado: on m´a flanqué une neurasthénie atroce. No sé que haer. Estoy desconcertado y triste. Con deseo de abandonar hasta la carrera. Echo de menos mis cosas de Buenos Aires. Mi diablito. Mi vida. Tengo que dominarme. Quisiera irme a México… He empezado a desempacar, y las fotos de Buenos aires y mis amigos de allá, conforme van apareciendo, me reconfortan. Inmensa tristeza.

Y si esa primera sensación personal no fuera suficiente, la de la sociedad brasileña y del mundo al que intentaba incorporarse, no parecía mejor, en su entrada del diario, del 10 de abril siguiente, escribe: “Mundo demasiado colonial donde todavía la gente no sabe vivir y las casas son malas. Desconcertante soledad en la que me encuentro…” y tres días después: “Los horrores de la instalación. Abandono y soledad de los primeros días…”, no será sino hasta el 25 de abril en que el escritor y el diplomático, se den cuenta de lo irreversible de la misión y se dispongan a conquistar su momento: “Mis papeles en su sitio. Mis libros en guardia. Mi pluma alerta. Adelante otra vez…” Con el tiempo, el embajador empezará a tejer su red de relaciones y se incorporará con éxito en la vida del país que lo acoge; entrará a la vida política a través del mundo de la cultura y se percatará, pronto, de la difícil situación política que enfrenta el Brasil en su momento, así como la intensidad de su vida cultural y la influencia de las corrientes de pensamiento en el desarrollo de los hechos políticos. Una de las cosas que más desesperan al nuevo embajador es la lentitud de la vida en su nuevo hogar; nadie parece darse prisa y, acostumbrado a una actividad generalmente frenética, el ritmo del Brasil le parece provincial y tedioso, tanto que no será sino un mes después de su llegada, el 6 de mayo, que puede presentar credenciales al presidente del Brasil, doctor Washington Luís; no tenemos evidencia de una amistad profunda entre ambos personajes, sin embargo, la corriente de confianza y simpatía debe haberse producido entre ellos de manera bastante rápida pues, como se verá, será en Alfonso Reyes y la embajada de México, en la que el presidente Luís ponga su confianza para el resguardo de su esposa y su familia cuando sea haga necesario ante la revolución de Getúlio Vargas.

Unos meses después, Reyes se encuentra perfectamente relacionado con el ambiente diplomático, cultural y político del Brasil; ha conocido a Graça Aranha, patriarca entonces de las letras brasileñas cuyo nacionalismo, él mismo lo reconoce, ha abrevado de las literaturas rusa y mexicana; en septiembre, el día once, llegarán a bordo del Western Prince, el secretario Rafael Fuentes Jr., su esposa y su hijo; ese pequeño que llega al Brasil, es Carlos Fuentes, que luego, al pasar de los años, dirá con razón, haber aprendido las primeras letras en las rodillas de Alfonso Reyes. Con un equipo renovado, ya interesado en ese mundo que no conocía, la predisposición de Reyes para con el Brasil se ha extinguido para dejar lugar a nuevas redes de amistad y a su típica curiosidad infinita.

Podríamos decir que el periodo de incorporación de Alfonso Reyes a la vida brasileña, terminará al iniciarse la revolución encabezada por Getúlio Vargas, entonces presidente del estado federado de Rio Grande do Sul; la primera percepción del momento es descrita por Reyes de manera más o menos circunstancial, sin el avisoramiento del golpe de Estado que finalmente ocurriría apenas unos días después:

Rio, (lunes) 6 octubre 1930.- Pasó en el César Pedro Sainz, con quien traté mis obras en CIAP, los clásicos de América de P(edro). H(enriquez). U(reña). y yo, y mi representación de dicha editorial ante América. Desde el 3 hay revolución en Brasil.