Sin duda hay libros difíciles de aceptar, algunos a los que la temática o el tratamiento nos repelen en primera instancia pero que, vistos de cerca, reportan conocimiento y reflexión. Rudolph Herzog – a la sazón hijo de Werner Herzog – se atreve con un texto irreverente y complicado, una visión desde el humor en el III Reich. Al principio uno se aproxima con precaución y, en mi caso personalísimo, con cierto miedo; conforme se avanza en su lectura vamos cayendo en cuenta de la liberación que representó el humor en aquella época obscura y la manera en que la sociedad alemana dio salida a su angustia. También, desde luego, de la manera en que los perseguidos se abstraían de la desgracia a través de la risa y la burla. El propio Chaplin lo logró en su tiempo y nos dio una muestra de grandeza no sólo con su visión sino con la parodia de los encuadres de Riefenstahl.

Aquí algunos ejemplos:

“Hitler visita un manicomio. Los pacientes hacen sumisamente el ‘saludo alemán’. Pero de repente Hitler descubre a un hombre que no lo hace. ‘¿Por qué no saluda usted como los demás?’, le increpa. Y el hombre le contesta: ‘Mein Führer, es que yo soy el enfermero, ¡yo no estoy loco!’”.

Así, al reírnos de Hitler destruimos la mística demoníaca que lo rodea y aprendemos a lidiar con una parte de la historia de la humanidad que no es posible, ni conveniente, olvidar.

Vale la pena tener el valor y la apertura para leerlo, amplía nuestro conocimiento sobre la época y redimensiona la resistencia humana frente a las grandes catástrofes.

Algo más sobre el libro:

Heil Hitler, el cerdo está muerto

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s