Heil! Moctezuma

Hace unos días don José Antonio Sánchez, presidente de la Radio y Televisión Española, se lanzó al ruedo de la historia sin más arreos que su ignorancia; le gustan las comparaciones y las metáforas, ya se vé, pero yerra en la forma y el contenido. En otras palabras, le ha dado por evocar la leyenda áurea – la que pinta a los conquistadores como unos gentiles viejecitos que trajeron civilización y cultura donde sólo había bárbaros y salvajes – y, de paso, refresca la memoria de la leyenda negra – aquella que no ve nada bueno en el encuentro entre los pueblos originarios de América y España -; aquí no sólo se equivoca, sino prejuzga, es injusto y cruza la delgada línea que separa la ignorancia de la bobería.

Pues no, los aztecas no eran como los nazis y lamentar su caída no es como lamentar la derrota del III Reich; muy lejos de eso. Tampoco los españoles fueron nazis que vinieron a destruirlo todo pues a diferencia de la colonización ocurrida más al norte, las joyas de nuestro proceso de occidentalización se llaman sincretismo – de donde viene el día de muertos y el culto guadalupano -, mestizaje – de donde venimos casi todos los mexicanos – e idioma – de donde vienen palabras suculentas en el haber del castellano como tlapalería, el lugar donde se expenden colores, o papalote o muchas muchas más -. Como todo desaprensivo, don José Antonio… caramba, que buen nombre que me daría tela para construir otra buena serie de metáforas y comparaciones con un tocayo suyo que no me gusta recordar, que era español y que estaba mucho más cerca de los nazis que los aztecas; metáforas y comparaciones a las que renuncio desde ahora para no seguirle el juego de los desatinos al responsable de la televisión pública en un estado democrático como el español.

Decía, como todo desaprensivo, don José Antonio lanza piedras en la cristalería fascinado por el tintineo de los vidrios rotos sin pensar en los daños que causa; México es el único país de nuestro continente que no tiene algún monumento a su conquistador, la tumba de Cortés está prácticamente oculta y tiene una historia de escondites que algún día habrá que contar y es que para nuestra cultura – justa o injustamente, justificada o injustificadamente – es algo que todavía nos puede; de muchas maneras la cultura mexicana ha ido trabajando el tema de su traumático origen y en ello ha creado obras artísticas monumentales en lo literario como el rescate de los poemas de Nezahualcóyotl que emprendieron Sahagún y los escribas de Santiago Tlatelolco y que, por cierto, están muy lejos de Mein Kampf o de la singular bazofia que ensalzó al nazismo en su tiempo, porque eso, don Pepe Toño, se llama colaboración en el rescate de un alma nacional que apenas iba a nacer; obras como el tequitqui la peculiar aportación de los indígenas mexicanos – entre ellos muchos aztecas – al arte barroco, que lo hace único e irrepetible en nuestras tierras y eso está muy, pero muy lejos, de las esculturas de Arno Breker cuya obra sí está emparentada y muy de cerca con la que se creó en tiempos de Francisco Franco quien me parece – o eso dicen los historiadores más acreditados que don Pepe, se reunió con Hitler y hasta aceptó algunas jugosas dádivas para no entrar en la guerra -. En fin, muy lejos tanto los hombres de Cortés como los de Moctezuma de haberse parecido a los nazis en algún detalle.

Pero hay algo más en lo que se debe ser preciso, me extraña que un hombre de medios como Pepito no lo hiciera; cuando se habla del pasado hay que tomar en cuenta un fenómeno que llamamos anacronismo; tratar de juzgar el pasado con los ojos del presente, este hecho desafortunado suele ocurrir cuando queremos poner en el pasado nuestros deseos, entonces dejamos de hacer historia para crear – en el mejor de los casos – ideología. No vale la comparación así porque ni los nazis existían en el siglo XVI ni los prejuicios raciales del siglo XX pueden aplicarse al pensamiento de la era en que ocurrió la conquista; venga, por esa misma razón me opongo a que se trate de genocidas a los conquistadores, pero decir que existía todo un estado de derecho protector de los derechos humanos es ir demasiado lejos, como le vuelvan a prestar un micrófono al Director de RTVE para que hable del tema va a resultar que Vasco de Quiroga y Bartolomé de las Casas eran agitadores de redes sociales.

Con todo el respeto que me merece don José Antonio Sánchez, ni unos eran tan malos ni otros fueron tan buenos y si se cree que la historia se puede narrar de esa manera, en su propio país hay una historia sin contar, que se aloja todavía entre los mexicanos, en la que sí hubo nazis y muchos inocentes muertos y cuyo resultado cultural está muy lejos, insisto, de lo que creamos acá entre ambos pueblos producto de encuentros y desencuentros.