El libro nuestro de cada martes: ¡Feliz cumpleaños Harry Potter!, la saga completa

Ayer Harry Potter cumplió 37 años; soy diez años mayor que él. -Buena cifra, no habríamos coincidido en Hogwarts – además de que pertenezco a la casa de Slytherin – pero tal vez podría haber sido profesor de su hijo que sí es de mi casa y no de la de su padre. No tendría edad para haber conocido a sus padres, pero sí para estar consciente de su leyenda. Mi hija mayor pertenece a la casa de Gryffindor – como el otro hijo de Harry – y ella si que pudo haber coincidido con él; mi más pequeño, como yo, es Slytherin. Desde luego, muchas tardes he pasado con ellos platicando sobre las minucias de los tiempos de la saga de Potter, hemos coincidido, pero no siempre. El hecho es que esos libros nos han formado un cerco de comunidad que sólo la práctica de su deporte, la esgrima, puede igualar. Por cierto, no es coincidencia, los duelos de magia son sumamente parecidos a un asalto de esgrima. Hace unos días estuvimos buscando en El Prisionero de Azkaban las águilas con las serpientes que Cuarón sembró ahí. Las encontramos.

Mis hijos y yo tenemos lecturas muy distintas; cuando yo tenía sus edades Potter no había sido escrito y yo me quemaba las pestañas con Salgari y con Verne, sobre todo mucho Verne, al que le escamoteaba, es cierto, las páginas con sus farragosas explicaciones científicas para ir directo al grano de la acción. Cuando apenas rebasé la edad que mi hija mayor tiene – 13 años – se me apareció por mandato de la escuela secundaria, “Nuestra Señora de París” y Victor Hugo me ganó para la literatura para siempre. Es un accidente, no sé si le ocurrirá a mis pequeños que se han leído a Potter y ahora están perdidos en aquello que llaman “manga” y que, debo reconocer, no carece de encanto ni de literatura.f

Ayer fue cumpleaños de Potter y lo festejamos en casa como cada año; lo celebramos porque para nosotros – extraños y comunes seguidores tenemos varitas, uniformes, papelería, películas y libros de la obra de Rowling -, festejarlo es dar un voto por la fantasía y la imaginación, es decir, por la literatura, en un mundo empeñado en negarla. Lo festejamos porque tengo una primera nota de agradecimiento para el mundo de Harry, ha generado un primer paso de buen gusto en mis hijos que ahora reniegan de las tramas facilonas y descafeinadas de los cuentos comerciales en que han decaído los cuentos tradicionales; prefieren ingenio que exceso en los efectos especiales y en cuanto a las letras, celebran la alegría de que les cuenten una buena historia.

Para mi, Potter es un baúl lleno de viejos recuerdos anteriores a su propio nacimiento; los libros de Potter resumen mucho de la vieja literatura victoriana, no faltan las notas de Dickens por ejemplo, pero también de la mejor literatura británica moderna, es innegable que la buena trama de misterio de Chesterton y su humor suelen ser invitados frecuentes; por otra parte, desde la Guerra de las Galaxias, no había encontrado una épica que pudiera ser llamada así en la literatura; las guerras potterianas van desde los enfrentamientos shakesperianos hasta las batallas contra el fascismo nazi. Y al final Potter vence y con él la bondad, la generosidad y la luz. Ahora que dejaron de gustar las historias con final feliz, Rowling ofrece un final muy feliz para un mundo entero, pero un final que ha costado vidas… como decía el viejo Churchill, sangre, sudor y lágrimas.

Más de una vez he dicho que con gusto cambiaría mis lecturas de Verne por la oportunidad de leer a Potter a los diez años; soy injusto, son baladronadas verbales, lo sé; le debo mucho a Verne como para traicionarlo de esa manera, pero lo que es cierto es que nada me habría gustado más que poder leer en la infancia esos libros que leí ya adulto y me devolvieron algo que los lectores asiduos – o enfermizos si se quiere – solemos perder con frecuencia: la capacidad de asombro ante la novedad de lo inédito.

Por otra parte, Harry se mueve en nuestro mundo, en uno paralelo, pero en nuestro siglo; cuando se me apareció Verne – que no escribía para niños ni para jóvenes – tenía ya el centenar de años y seamos francos, don Julio es un visionario y un profeta, pero no un mago, como sí lo es Balzac cuya comedia humana parece escrita la quincena pasada. No sé si Rowling sea un genio de la literatura, ya me lo dirán mis nietos; pero de lo que estoy seguro es de que ha logrado un hito que muy pocos escritores alcanzan, construir todo un universo y una mitología en torno a su trabajo.

Otro de los favores que debo a Rowling y sobre todo a Harry, es que le enseñaron a mis hijos, muy pronto, la capacidad narrativa del cine y de la literatura, jamás los he oído en una discusión sobre la superioridad de las películas o las novelas, saben que cada una cuenta lo que debe en la manera en que puede, pero que el talento fundamental radica en la mujer que hizo todo eso posible y de tal manera que nosotros, sus lectores podemos entrar al debate sobre su propia obra e incluso no estar de acuerdo con ese demiurgo fantástico que es Rowling. Coincido con ellos en que la pareja natural de Harry era Hermione y no Ginny Weasley, aunque no dejan de hacer buena pareja; para mí el personaje principal – además del héroe – es ese raro antihéroe, complejo y sustancioso que es el profesor Snape, aunque a mis hijos no les guste tanto, aunque en conjunto somos declarados fanáticos del Profesor Lupin.

No se si usted ha leído a Harry Potter. Si no lo ha hecho, deje a un lado los prejuicios. Créame, si se lo permite, se habrá enrolado en un viaje literario interminable. Yo, como lector, le debo horas pero como ser humano, le debo un contacto con mis hijos que no tiene precio.

Aquí la entrada a la página oficial de Potter: https://www.pottermore.com