Mis dos 19 de septiembre

No tengo experiencia calculando probabilidades, el hecho es que tenía quince años el 19 de septiembre de 1985, estaba en la Universidad La Salle, junto a la Condesa; el 19 de septiembre de 2017, a mis 47 años estaba en la Capilla Alfonsina, a unos cuantos metros de mi primera cita con el miedo y con un hecho que cambió el rumbo del país y de mi generación. Nunca pensé que fuera posible vivir dos veces un hecho así y sin embargo, una vez más he visto las movilizaciones de jóvenes arriesgando su vida; he visto de nuevo los centros de acopio rebosantes de voluntarios, de alimentos, agua e implementos para el rescate de aquellos con quienes la desgracia fue más inclemente. Tantas cosas cambiaron de entonces para ahora, las que se mantienen me llenan de orgullo y de estupor también.

Desde luego, la magnitud del terremoto de aquel primer 19 de septiembre, es algo que no merece comparación, no sólo por lo evidente, sino porque en cuestión de miedo, muerte y recuperación, toda comparación es odiosa; sin embargo, si hay aspectos que me hacen sentir que aquella sociedad, neófita en su organización ha cambiado; que nuestros enemigos y nuestros problemas son hoy otros y las maneras en que los enfrentamos también se han transformado.

En aquel hoy lejano siglo XX, el gobierno se quedó paralizado, incomunicado como todos y reaccionó con la lentitud de un gigantesco organismo al que le cuesta trabajo coordinar sus miembros; ahora, no ha sido el gobierno el que se ha visto superado, vimos a los miembros de la marina y el ejército actuar de la mano con los voluntarios; es cierto, la sociedad ha aprendido a ejercer su poder y en ello hay encuentros y también desencuentros que no pueden ser obviados; a veces transidos por el dolor y el afán de ayudar quisiéramos romper las vallas, olvidar los protocolos de seguridad y estar ahí siempre, todos juntos; pero esta vez se han impuesto las medidas de profesionalismo y seguridad que antes no conocíamos; eso, con la experiencia, el entrenamiento y el conocimiento sobre la protección civil, la reacción ante los desastres han salvado vidas en esta ocasión, fortuna que en aquella otra ocasión no tuvimos; siempre me pregunté cuántos habrían sobrevivido si hubiéramos tenido simulacros en 1985, cuántos voluntarios no habrían dejado heroicamente la vida si hubiéramos tenido los protocolos de seguridad que esta vez permitieron salvar vidas arriesgando lo menos posible a quienes lo apostaron todo para ver salir de entre los escombros a un amigo, a un familiar o a un desconocido, con vida.

En aquel último tramo del siglo la voz airada fue contra un gobierno que no atinaba a coordinarse, que era tan poco experimentado como nosotros y al que le costó trabajo enfrentar una realidad que lo superaba; esta vez no es propiamente el gobierno quien está enfrentando la sociedad, sino a todo un sistema de poder que no nos cuadra ya como organización ciudadana, libre e independiente, sobre todo, apartidista. El primer golpe se lo han llevado los partidos políticos, a través de los medios digitales los ciudadanos hemos exigido que el dinero de la política no pase a los partidos sino se asigne a aquellos con quienes la desgracia se ha cebado con mayor furia; y los partidos dan muestra lenta de aprendizaje, es verdad que han renunciado a los presupuestos que ahora podrán ser utilizados con otros fines, pero sorprende que siendo sus dirigentes miembros de aquella generación que levantamos piedras, que reunimos alimentos y que improvisamos refugios, no se den cuenta que el reclamo no está en formar fideicomisos psicodélicos para que algún día el dinero llegue donde debe; lejos de ello, su oportunidad de refundar el sistema de partidos se les está yendo de las manos, si no saben reaccionar justo en estas semanas; igual que ocurrió en los años noventa del siglo pasado, será la sociedad la que sepa ajustar cuentas. No hay duda en ello.

El miedo sigue siendo el mismo; pero el apoyo de los países amigos también, de nuevo estuvieron España, Japón e Israel por ejemplo. El terror en sus distintas manifestaciones, incluyendo el segundo terremoto que – como diría don Juan Villoro – llegó tarde también a la cita; nuestro imaginario colectivo clamando por la vida, antes con Monchito y ahora con Frida Sofía, no nos engañemos, no han sido los medios ni las redes, ha sido nuestro deseo de ver una niña emergiendo de las ruinas porque así queremos vernos, resurgiendo, vivos y fuertes. No hay duda, lo lograremos. En unos días deberemos resignarnos a que la naturaleza se habrá cobrado la última vida entre las ruinas, vendrán las máquinas y nos opondremos hasta el último segundo, porque no habremos perdido la esperanza. Vendrán días de luto larguísimos y, hoy como en aquel lejano entonces, lo que no ha cambiado: la esperanza y la alegría de seguir con vida.

Miércoles de Derecho de Autor: Derecho de autor y medios digitales. Conferencia para libre descarga

Inauguramos una nueva sección. Además del Libro nuestro de cada martes y de la Lectura de fin de semana, ofrecemos ahora el Miércoles de Derecho de Autor. Para su libre descarga, esta conferencia sobre Derecho de Autor y medios digitales. Que usted la disfrute, se agradecerá citar la fuente.

derecho de autor digital

El libro nuestro de cada martes: Después del terremoto de Haruki Murakami

Estamos aturdidos, todavía no alcanzamos a comprender el pasmo que nos rodea; para muchos se trata de una experiencia inédita y que esperamos no vuelvan a vivir, para otros es una vuelta a un pasado de terror y miedo que nos marcó e invadió nuestros espíritus por mucho tiempo.

No tengo experiencia calculando probabilidades, el hecho es que tenía quince años el 19 de septiembre de 1985, estaba en la Universidad La Salle, junto a la Condesa; el 19 de septiembre de 2017, a mis 47 años estaba en la Capilla Alfonsina, a unos cuantos metros de mi primera cita con el miedo y con un hecho que cambió el rumbo del país y de mi generación. Nunca pensé que fuera posible vivir dos veces un hecho así y sin embargo, una vez más he visto las movilizaciones de jóvenes arriesgando su vida; he visto de nuevo los centros de acopio rebosantes de voluntarios, de alimentos, agua e implementos para el rescate de aquellos con quienes la desgracia fue más inclemente. Tantas cosas cambiaron de entonces para ahora, las que se mantienen me llenan de orgullo y de estupor también.

No hay mejor mirada sobre nuestro rostro que vernos en el otro. Después del terremoto que asoló la ciudad japonesa de Kobe en 1995, Haruki Murakami escribió seis historias que narran el pequeño universo humano después de la tragedia; su contenido humano es gigantesco, también su fuerza y su poderío narrativo; pero para nosotros, en estos días, es mucho más que eso, es una fuerza de diálogo capaz de volvernos la vista a otros horizontes, descubrir que no sufrimos solos y que el poder de reconstrucción es también parte de la naturaleza humana.

Algo más sobre el libro:

https://www.planetadelibros.com/libro-despues-del-terremoto/91345

El book trailer… curiosa forma a la que apenas me acostumbro:

 

 

Palabras en el homenaje a Alicia Reyes por César Benedicto Callejas

Justo en el momento en que la tierra volvió a enfrentarse con nosotros, a demostrarnos nuestro verdadero tamaño; en ese instante, gracias a la generosidad de la Secretaría de Cultura, de la Capilla Alfonsina y de Javier Garciadiego, rendíamos homenaje a Alicia Reyes, esto es lo que estaba diciendo en el momento que comenzó a temblar:

HOMENAJE DE LA CAPILLA ALFONSINA A ALICIA REYES.

SEPTIEMBRE 19, 2017.

Una vez por semana, durante muchos años, crucé aquella puerta azorado y feliz, nervioso y no pocas veces asustado, la mayoría de ellas con un legajo en la mano que tenía  mi más reciente obra y sus respectivas copias para los colegas del taller; la misma mesa que hoy nos sirve de Presidium era gobernada por una mujer enérgica, amable pero firme que escuchaba con atención, preguntaba la opinión del taller y luego emitía su propio dictamen; ese era el momento central de la semana, el punto en el que concurrían mis anhelos durante muchos años , de aquellos que, como Alfonso Reyes decía, nos condenan o nos salvan pero de los que siempre guardamos alguna lágrima.

De aquellos días me queda todo, el aroma que esta edificio todavía tiene, la luz y la memoria, pero sobre todo, el deseo y la necesidad inmensa de escribir y en ello, la manera de hacerlo que le debo a mi maestra Alicia Reyes.

Alicia presidía este país de maravillas, metáfora recurrente lo sé, pero también certera, mis pasos me trajeron como el peregrino que busca agua y tiene la fortuna de encontrar una fuete; veámoslo así, en ese momento en que uno sale de la adolescencia y que necesita liderazgos que le den sentido a aquellos últimos días de la primera década de existencia – ahora lo sé – no podía tener mejor fortuna que encontrar a la Dra. Reyes.

No conozco persona más generosa, no hay nada que no deseara compartir y cuando la recuerdo ahora, cuando paso por capilla, vengo a ella, o estoy en la biblioteca de mi casa, ella me sonríe, la oigo musitar una melodía, tararear en voz muy bajita como le gusta hacer cuando está contenta; y el tiempo se me cae de las manos como agua fresca porque son muchos, miles, los momentos que este lugar y la presencia de nuestra querida Tikis, han ido marcando los surcos de mi rostro.

Era la mejor maestra que uno pudiera desear, implacable pero dulce, atenta pero seria, nada escapaba a sus lecturas y la misma generosidad tenia para el reproche como para el aplauso, de ella aprendí que el poema es siempre apenas un par de versos encerrados en varias capas de palabras que los protegen; de ella aprendí que en el ensayo cuenta tanto la idea como la manera en que se le viste y se presenta y que en la narrativa nada valen personajes sin acciones y acciones sin pensamientos. Los apuntes de aquellos días de taller que compartí con Pablo Raphael y Con David Grinberg siguen conmigo y no han dejado de ser materia de estudio y reflexión, un recordatorio de que quien no escribir es siempre intentar la página más clara, la más contundente, a sabiendas que el propósito es imposible.

Yo había leído a Reyes antes de venir por primera vez a la Capilla, me lo había recomendado Jorge Luis Borges a quien leía yo con fruición en aquellos tiempos posteriores al terremoto y anteriores a mi ingreso a la Universidad; desde la primera página de mi encuentro con Reyes el deslumbramiento ha quedado hasta el día de hoy; lo sigo leyendo, busco sus páginas para aprender, también para divertirme y recurro a su vida y a su pensamiento como a un consejero y aun viejo amigo más experimentado. Pero, desde luego, la dimensión de Alfonso Reyes no podía adquirirla sino de las manos de Alicia.

La devoción y el cuidado de Alicia para con la obra de don Alfonso puede ser considerada como un modelo tanto de voluntad contra la burocracia y el olvido, como un ejemplo de devoción filial pero sobre todo, como un acto civilizatorio. Alicia se cuidó de que nada se perdiera, que la obra de Reyes encontrara finalmente acogida en ese barco enorme que son las obras completas y cuando todo ese universo de letras pudo quedar fijo y a la vista, impulsó las ediciones de los títulos individuales insuflando nueva vida a los textos y poniéndolos en las manos de los nuevos lectores.

Y la Capilla que era su hogar como lo era de todos los que aquí pasabamos las horas del aprendizaje y el recuerdo; cada rincón está lleno de pensamientos que se me fueron fugando durante tres décadas, cada uno guarda sensaciones que aquí viví y que integraron mi vocabulario sentimental y mi galería de ideas selectas; y Alicia que no esperaba que llegara la partida de dinero para hacer aquel pequeño arreglo, la reparación mayor que no podía esperar; Alicia que borraba con un estilo singular la distancia entre un recinto público y la que seguía siendo la casa de don Alfonso a la que uno siempre estaba invitado. Y ella siempre, aguardando a sus alumnos, y ella siempre hablando del abuelo y ella en la memoria, en el corazón, en las letras que ha escrito y las que ha inspirado y ella siempre derrochando ese tesoro que no se acaba, que no se le acaba y que lo gasta, porque tiene tanto sol adentro que hemos podido vivir muchas décadas al alcance de su caricia.

Muchas gracias

66,000 veces gracias!

Una vez más, para nuestros lectores, amigos y seguidores, la palabra luminosa de la ofrenda: Gracias! 66,000 visitas que confirman nuestra intención de diálogo, de lectura y de alegría de leer por el simple gusto de leer.

Siguiendo nuestra tradición, una imagen original para su uso y disfrute, se agradecerá citar la fuente.

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El libro nuestro de cada martes: El último tango de Salvador Allende

Es difícil no recordar a Salvador Allende; cuando los niños chilenos llegaron a México a compartir nuestro pan y nuestro espacio, la imaginación se me llenó de figuras heroicas, muy pronto salté de los piratas a los superhéroes y de ahí a los héroes verdaderos, los que mantenían en Chile la esperanza y la vida, los que lo habían arriesgado todo y los que habían tenido que dejarlo todo como los españoles de dos generaciones antes y, en medio de todo ello, la imagen de Salvador Allende, el Compañero Presidente, que me parecía enorme, fabulosa. Me crié en un hogar de guerra fría donde el imperio era el enemigo y Allende el ejemplo primero, de cuánto se podía lograr a la izquierda por la vía demorcrática y segundo, como el ejemplo de decencia absoluta frente a la agresión y la brutalidad.

Hace algún tiempo, mi hijo me preguntó porqué siempre le vamos a los que pierden las guerras, se refería a la Unión Popular y a la República Española; le expliqué que una guerra no es un partido de fútbol y no es que uno le vaya a uno o a otro, sino que hay causas y razones que aún derrotadas no se pierden. Allende es una de esas razones. Es cierto, ni en el tema de la República española ni en el del gobierno de Salvador Allende soy objetivo, pretendo y trato de serlo solo cuando escribo un trabajo histórico o algún análisis, soy un apasionado cuando se trata de la evocación, la vivencia y el recuerdo.

“El Último Tango de Salvador Allende” es un trabajo perfecto de evocación; fiel a su norma de no mentir cuando se trata de novela histórica, Ampuero es delicado con los detalles, pero es implacable con su imaginación y su poder narrativo. El regreso a la imagen de Allende, a través del recuerdo de sus últimos días, de su drama y su parte humana, nos toman por asalto y nos llenan de reminiscencias de un pasado que pudo ser futuro.

Hay un toque de elegancia en las letras de Ampuero, pero se trata de una elegancia fiera, contundente, tal vez por eso se le dan tan bien las figuras históricas fuertes y controvertidas. Más allá de la vida y el juego político del golpe de estado en Chile, la imagen de Allende aparece tridimensional, casi tangible y eso como lector se agradece.

En estos días de recordación se trata de un libro que no puede dejar de ser leído.

Algo más sobre el libro:

http://www.quelibroleo.com/el-ultimo-tango-de-salvador-allende

Aquí una entrevista a Roberto Ampuero sobre la novela

El libro nuestro de cada martes: Bajo el Sol Jaguar de Ítalo Calvino

Compré «Bajo el Sol Jaguar» de Ítalo Calvino una tarde de septiembre de 1990, en el Sanborn’s de Plaza Universidad, me acuerdo claro porque me compré también unos chicles de ginseng que no me gustaron pero la envoltura todavía está entre las páginas del libro; me acuerdo porque había sido toda una travesía para mí llegar hasta ahí para encontrarme con una chica que me gustaba, sobre todo porque era algo mayor que yo y eso a los veinte años claro que implicaba un reto… me acuerdo perfectamente porque ella nunca llegó. En fin, del amor atormentado me recuperé muy pronto, me pedí el café que todo mexicano conoce y como tenía el tiempo dispuesto para mi cita, ya en ese momento inexistente, me levanté para volver a casa con la clara sensación que había leído un libro fantástico. Lo recuerdo perfectamente por que es un libro que no se puede olvidar.

Cuando Calvino murió en el 19 de septiembre de 1985, los mexicanos estábamos demasiado atribulados como para percibirlo, ese día había dejado pendientes, entre otros textos dos cuentos – uno sobre la vista y otro sobre el oído – para completar una pequeña obra maestra. Los cuentos que sí escribió, sobre el tacto, el gusto y el olfato, se reunieron en un volumen que se llama «Bajo el sol jaguar».

La narrativa sobre la percepción del cuerpo contacta al lector con el mejor sentido de la sensualidad, es decir, con el goce de los sentidos. Uno percibe el mundo sólo a través de sus sentidos y de ahí, que los cuentos nos devuelvan a una etapa de nuestro ser en que la idea aún no se presenta y en la que se reúnen las notas de nuestro contacto con el mundo. Sobre todo, el cuento que da nombre al libro, que dibuja un encuentro gastronómico con Oaxaca, será algo que difícilmente podrá olvidar el lector.

Recuerdo perfectamente este libro porque fue el primero que leí de Ítalo Calvino y fue una puerta maravillosa a un mundo terrible, complejo y a la vez amable y jocundo. De ahí todo ha sido gozar de sus letras; «Si una noche de invierno un viajero», «La gran bonanza de las Antillas» y «El caballero inexistente», son algunos de los libros a los que recurro con cierta frecuencia por que releer a Calvino es rejuvenecer y reaprender de nuestros hábitos lectores. En fin, como bien se puede ver, se trata de un libro inolvidable.

Por cortesía de Editorial Siruela, este fragmento del libro:

Haz clic para acceder a SolJaguar.pdf

Algo mas sobre el texto

http://eleconomista.com.mx/entretenimiento/2011/04/25/italo-calvino-oaxaca-hasta-intimidad

Imagginación

Meditación Divertida con Maggie

Disappearing Thoughts

clicks and clips

Tablaturas de mis pasos

Unas cuantas palabras y fotos para los lugares que me hacen feliz.

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