El libro nuestro de cada martes: Dora Bruder de Patrick Mediano

Leer la ciudad es una especie de arte practicado por unos cuantos; para los más, la ciudad se recorre, se habita y, a veces, con suerte, se vive; pero leerla es otra cosa. Modiano es un especialista en la lectura de Paris, de la Lutecia antigua, del París de Haussmann, pero sobre todo, del París de la ocupación. Lo lee y lo recrea, mezcla sus imágenes con el imaginario de sus personajes engarzándolos con delicadeza y elegancia en la memoria de quienes formaron parte de la urbe.

Desde luego, soy un lector asiduo de Modiano, cuando el dieron el Nobel me sentí compensando por nunca atinar a su beneficiario – años ya esperando que le toque a Kundera y a Kadaré – y por sorpresa me vino cuando justamente le vino a Cela. Porque en Modiano encuentro un ritmo poco habitual en la literatura francesa, una forma de narrar que lo aproxima a narradores antiguos, salta y vuelve sobre los recuerdos y se agita, dolorido y misterioso, dentro de la camisa cartesiana que da lustre pero a veces hiere a los escritores de su patria.

Hace unos días me propuse decorar mi biblioteca con fotografías de mis autores no favoritos sino fundamentales, hasta ahora sólo la ornan Balzac y Alfonso Reyes, y cuando terminé mi lista aparecían casi por iguales mexicanos, franceses y españoles, ya se ve, mi radiografía; Modiano es el más joven de la galería y lo merece.

Dora Bruder es una vuelta al Paris de la ocupación siguiendo las huellas de una chica que no volvió más a casa, la breve novela se pierde y se recupera en los entresijos de la persecución, el colaboracionismo y las huellas desmemoriadas que los deportados dejaron tras de sí y, en esa búsqueda, el narrador – que no el autor pero también un poco – se reencuentra con su pasado, con su barrio y con su entorno.

Un libro para no perderse, más bien, un libro para reencontrarse.

Algo más sobre el libro

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