El libro nuestro de cada martes: Memorias de un librero de Héctor Yánover

Uno de los géneros literarios que más me gustan son las memorias y las autobiografías; en pocos textos como aquellos se puede percibir con mayor intensidad el ansia humana de ser recordado, nuestra innata necesidad de mirarnos al espejo y la necesidad de sentirnos presentes. Las memorias son un género peculiar, a medio camino entre la novela, por cuanto el recuerdo es siempre reinvención del pasado y quien cuenta el suyo propio hace mea culpa o se justifica y el reportaje porque si bien reconstruye no puede del todo mentir. Sin embargo, más que en cualquier otro formato, el estilo lo dice todo. Se trata pues, de una especie de epitafio amplísimo de la manera en que el memorialista quiere ser recordado, pero también, una botella con un mensaje al inmenso mar del olvido de aquello cuanto nos ha pasado y no queremos que se pierda.

Borges decía, con toda razón, que la inmortalidad no debiera preocuparnos, porque no depende de nosotros sino de quienes quieren recordarnos. Por eso he disfrutado tanto las memorias de Héctor Yánover, rey de los libreros bonaerenses durante décadas.

Yánover no quiere justificarse, no tiene porqué ni de qué, más bien, quiere dejar constancia de aquello que le pasó y que no desea que se pierda; en aquel mundo cambiante de los libros en el que ya adivina sus transformaciones ( Yánover murió en 2003 ), y sobre todo, es un canto al libro como objeto, como forma de vida y como camino de diálogo.

Recuerda, por ejemplo:

Señalando a su hija:

    • Ay, la pobre tiene que leer obligatoriamente cuatro libros.

Otra señora la consuela.

    • Pobrecita. Lo siento.

Pero no es un anecdotario, es una mezcla rarísima y deliciosa, ente los trabajos del librero, desde el más sencillo vendedor hasta el propietario de Norte, la célebre librería de Buenos Aires. Personajes anodinos, grandes escritores, compradores desaprensivos, locos y cuerdos, sabios e ignorantes se pasean por sus anaqueles y el observa pasar el mundo con la certeza de que todo está ahí, en la librería, desde antes de que ocurra y para siempre.

No pierde de vista que su tarea es vender libros, que es escritor y promotor cultural, que es lector y amigo de celebridades, esas son cosas accesorias, él vende libros y por eso, no sin cierta amargura, denota el espíritu de quienes leen y de quienes no lo hacen:

Por eso dice Justiniano Reyes Dávila: “Cuando entro en una casa y veo que ya tiene dos libros, sé que allí no podré vender ni uno”.

En 2014, Trama Editorial reeditó las memorias que originalmente habían salido a la luz en 1984. Leerlas es adentrarse en una época de las letras hispanoamericanas, en la vida cultural de la Argentina y en el alma de un hombre que, como pocos supo jugar con su vocación y su vida, al frente de su librería donde lo leyó todo, incluso el alma de los hombres.

Algo más sobre el libro:

http://www.tramaeditorial.es/memorias-de-un-librero-de-hector-yanover-un-clasico-reeditado-en-tipos-moviles/

http://www.tramaeditorial.es/libro/9788494166167/

Y para quienes no lo conocen, un vídeo sobre el hombre que tenía en la memoria todos los libros posibles:

https://www.youtube.com/watch?v=gGJHbsX3NOc