Sábado de citas: Las benévolas de Jonathan Littell

Para disfrutar del fin de semana, Cisterna de Sol ofrece su fraseario de uno de los libros más complejos e interesantes sobre el Holocausto en los últimos tiempos, “Las benévolas” de Jonathan Littell.

Disfrute de estas pequeñas joyas literarias.

“Más valdría que no hubiera nada. Como hay más dolor que placer en la tierra, cualquier satisfacción no es sino transitoria, y crea nuevos deseos y nuevas desesperaciones, y la agonía del animal devorado es mayor que el placer del que lo devora…”

“De la misma forma que, según Marx, el obrero está alienado en lo referido al producto de su trabajo, en el genocidio o en la guerra total en su forma moderna, el ejecutante está alienado respecto del producto de su acción…”

“Soy culpable y vosotros no, estupendo. Pero, pese a todo, deberíais ser capaces de deciros que lo que yo hice vosotros lo habríais hecho también. A lo mejor con menos celo, aunque quizá también con menos desesperación, pero, en cualquier caso, de una forma o de otra… Si habéis nacido en un país y en una época en que no sólo nadie viene a mataros a la mujer y a los hijos sino que, además, nadie viene a pediros que matéis a la mujer y a los hijos de otros, dadle gracias a Dios e id en paz. Pero no descartéis nunca el pensamiento de que a lo mejor tuvisteis más suerte que yo, pero que no sois mejores. Pues si tenéis la arrogancia de creer que lo sois, ahí empieza el peligro”.

“Él no podía sino transmitirnos una frase del Führer, que había oído de los mismísimos labios de éste: los jefes le deben a Alemania el sacrificio de sus dudas…”

“Alemania, por lo menos, no liquidaba a sus verdugos; antes bien, los cuidaba, a diferencia de Stalin con esa manía suya de las puertas; pero eso también estaba dentro de la lógica de las cosas. Ni para nosotros ni para los rusos contaba en absoluto el hombre; la Nación y el Estado lo eran todo y, en ese sentido, nuestras dos imágenes eran un reflejo mutuo. También los judíos tenían ese fuerte sentimiento de comunidad, de Volk: lloraban a sus muertos, los enterraban si podían y rezaban el kaddish; pero mientras quedaba uno vivo, Israel vivía. Seguramente por eso eran nuestros enemigos por excelencia, se nos parecían demasiado”.

 “La guerra acababa por parecer limpia y pura, algo de lo que muchos estaban ya intentando escapar refugiándose en las certidumbres elementales de la guerra y del frente.”

“¿El propio campo, con toda aquella organización rígida, aquella violencia absurda, aquella jerarquía meticulosa, no sería acaso sino una metáfora, una reductio ad absurdum de la vida cotidiana?”

 “Aún creemos en las ideas, aún creemos en los conceptos, aún creemos que las palabras se refieren a ideas, pero no es forzosamente cierto, quizá no hay ideas en realidad, quizá en realidad no hay más que palabras, y el peso propio de las palabras…”

“Y quizá era así como habíamos dejado que nos arrastrara una palabra y su condición de inevitable. ¿No hubo, pues, en nosotros idea alguna, lógica alguna, coherencia alguna? ¿No hubo, pues, sino palabras en aquella lengua nuestra tan peculiar, sólo esa palabra, Endlösung (solución final), y su catarata de hermosura? Pues, en verdad, ¿cómo resistirse a la seducción de esa palabra? Hubiera sido tan inconcebible como resistirse a la palabra obedecer, a la palabra servir, a la palabra ley. Y ésa era quizá, en el fondo, la razón de ser de nuestras Sprachregelungen, bastante transparentes, por cierto, desde el punto de vista del camuflaje (Tarnjargon), pero útiles para mantener a quienes usaban esas palabras y esas expresiones – Sonderbehandlung (tratamiento especial), abtransportiert (trasladado más allá), entsprechend behandelt (con el trato adecuado), Wohnsitzverlegung (cambio de domicilio), o Executivmassnahmen (medidas ejecutivas)- entre las aceradas púas de su abstracción”.

“La hierba crece muy espesa encima de las tumbas de los vencidos y nadie le pide cuentas al vencedor”

“Por eso es por lo que me permito que me parezca un tanto indecente, pese al inmenso respeto que me inspira cuanto hizo como ministro, ese arrepentimiento tan públicamente proclamado después de la guerra, un arrepentimiento que le salvó el pellejo, desde luego, siendo así que no se merecía seguir vivo ni más ni menos que otros, que Sauckel, por ejemplo, o que Jodl, un arrepentimiento que le impuso luego la obligación, para mantener esa postura, de contorsionarse de forma cada vez más barroca, cuando habría sido tan sencillo, sobre todo después de haber purgado la pena, decir: Sí, lo sabía. ¿Y qué?”

“No hay, pues, nada más lógico que llegar a decirse: bueno, pues si así son las cosas, si es justo sacrificar lo mejor de la Nación, enviar a la muerte a los hombres más patriotas, a los más inteligentes, a los más abnegados, a los más leales a nuestra raza, y todo eso en nombre de la salvación de la Nación – y si no sirve para nada y si le escupen a ese sacrificio -, en tal caso, ¿qué derecho a la vida van a conservar los perores elementos, los criminales, los locos, los débiles, los asociales, los judíos, por no hablar de nuestros enemigos externos?”

Algo más sobre el libro:

http://www.letraslibres.com/mexico/libros/las-benevolas-jonathan-littell

En España, una versión teatral:

https://www.elcultural.com/videos/video/1384/ESCENARIOS/Un-nazi-sin-remordimientos-toma-el-escenario