El libro nuestro de cada martes: Sombra para el deseo del sol de Adonis

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Cada año rindo culto a mis autores vivos favoritos, sigo apostando y jurando que corresponderá el Nobel a Kundera, a Kadaré, a Muñoz Molina y, entre ellos, a Adonis. Así se me fue Carlos Fuentes. Siempre creo que Adonis es la última voz poética con el encanto y la antigüedad perpetua de oriente; sigo creyendo que con más como él y con menos héroes e ideólogos en Medio Oriente privaría la paz y no la desesperación.

Hay poco traducido al español del trabajo de Adonis, uno de sus mejores ejemplos es Sombra para el deseo del sol, un poemario épico, dulce y profundo que me recuerda la poesía antigua aunque esté hecha con los únicos recursos que tiene el poeta, los de su tiempo y su espacio.

Me atrevo con Adonis siempre con precaución porque no se puede salir indemne de su lectura, uno la atraviesa como un campo minado de flores y de aromas, de luces y de brisas, pero cada una de ellas está destinada, como en un antiquísimo cuento oriental, a llevarnos a las profundidades de nuestro ser, al encuentro y desencuentro con nuestra humanidad herida de violencia y de olvido.

Adonis es el que dice:

Las cosas parecen rebaños

y las ideas lobos de plata.

¿De dónde vienes? ¿Cómo? ¿Y que…?

Eres acusado

hasta por haber dicho solamente que la noche es un lecho

y el sol una mujer

que el estanque languidece por un agua desconocida

y el agua por un estanque que no conoce

 

Adonis es el poeta de la dulce espera de quienes creemos que en la palabra se resguarda el futuro siempre dulce y esperanzador de lo humano.

Adonis en el Encuentro de Poesía 2014 en la Ciudad de México