Sigo bajo la ruda fascinación de la lectura de Faulkner, de un libro difícil de catalogar, una de las últimas épicas de nuestro tiempo: El ruido y la furia.

Hoy, en nuestros tiempos, en los que todo ha se urgente, en el que hasta la eternidad tiene término y en el que lo vacuo parece sustancia y hasta los sueños se vuelven cosa sin forma definida, pensar en la épica de una familia, narrada a través de las generaciones se vuelve, de cierta manera un desafío. Un linaje antiguo, enraizado en el sur profundo, en ese mundo de contrastes, de racismo y violencia y también de enorme pasión humana, se dirige a su decadencia en el tiempo que se arrastra y deja huellas en su entorno.

Algo de Joyce, algo de Shakespeare, pero sobre todo una pluma soberbia y aventurera, un encuentro entre todo lo grande y lo terrible, entre el ruido de la caída y la furia de quien sigue viviendo pese a todo.

Algo sobre la versión cinematográfica de 1959

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