El libro nuestro de cada martes: Juanita la Larga, de Juan Valera

Ronda por ahí un libro de Ítalo Calvino, «Por qué leer a los clásicos» se llama; ofrece muchas razones pero tengo para mí que la principal de ellas es porque nos remite a la infancia de nuestra vida lectora. Un clásico es siempre una lectura honesta, franca; a ella nos acercamos por la calidad de su expresión y por la fluidez de su historia. No son siempre fáciles, pero siempre son reconfortantes.

Algo tienen esos libros que superan el siglo siguen hallándoseles en las librerías, algo que les falta a los best sellers de ocasión que acabado el mes programado para su venta no volvemos a saber de ellos; eso qué hay en unos y está ausente en otros es la capacidad de contactar al lector en lo más profundo de su ser. Es por eso que me doy mis vueltas de cuando en cuando por el siglo XIX y aún antes; que me gusta alternar lo moderno con lo antiguo y de verdad, seguro que por el filtro del tiempo, es menos probable salir decepcionado de este siglo que de los anteriores.

Apuré la lectura de Juanita la Larga de don Juan Valera como quien se bebe el jarro de agua helada en el peor momento de calor; me encontré con una narrativa impecable, con una historia franca y con una escritura clara y mullida; un libro pues de andar por casa.

No se puede perdonar la lectura de Valera, ni la Pérez Galdós, por ejemplo; estará acompañado por la parte más inocente de su yo lector, aquel que no busca mensajes, claves o explicaciones, sino aquel otro que aspira a una buena historia de amor y desafío, deshonra y venganza; de tipos buenos y malos, de descripciones que nos hacen viajar con el corazón. Descubra a Juanita la Larga; arquetipo de mujer más cercano y habitual que estos que las modas imponen y no son siempre verosímiles. Que no lo asuste la edad del libro; ya se sabe, hay jóvenes aburridisimos y viejos que brillan por su sabia alegría.

Por encontrarse el libro ya en dominio público una liga del Instituto Cervantes para su libre descarga:

http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/juanita-la-larga–0/html/fee9e724-82b1-11df-acc7-002185ce6064_2.html

Una vieja versión de tele teatro español:

https://m.youtube.com/watch?v=Wo0T6lkRKto

El maquillaje del Ángel.

Hace unos días reflexionaba en mi columna de Excelsior, (https://m.excelsior.com.mx/opinion/cesar-benedicto-callejas/la-salud-del-lenguaje/1329867) sobre la violencia en el lenguaje y como su ejercicio enrarece el ambiente y lo hace propicio para la violencia material, apenas unas horas después una manifestación en contra de la violencia feminicida terminó en varios episodios con golpes a periodistas, pintas en el Ángel y vandalización de algunas instalaciones públicas y mobiliario urbano. Días después seguía comentándose una antinomia falaz y barata: nos se puede reclamar el cese de la violencia siendo agresivo; no se puede permitir que se dañe la propiedad pública y menos la histórica para obtener seguridad y justicia; y quienes se sostienen en esta falacia lo dicen convencidos y descansan en la seguridad de quien cree estar en posesión de una verdad absoluta; su falsa seguridad se basa, también, en una ponderación mal formulada.

El punto no está en si podemos tolerar la violencia en las manifestaciones, si las mujeres que se manifestaron tienen razón, el punto está en que hay una crisis de violencia feminicida en el país y no tenemos esperanzas ni manera de poner fin al asunto; el punto esta en que la dignidad del Ángel de la Independencia no vale la dignidad de una sola de las cientos de mujeres violentadas hasta la muerte y humilladas más allá de ella; el `punto no está en el monto de los daños a una parada del metrobus, sino en que ni se repara el daño a las víctimas, ni se encuentra a los culpables, ni se juzgan los asuntos con perspectiva de género y el enorme esfuerzo que hacen las autoridades para satisfacer este tema no está resultando suficiente y está lejos, muy lejos, de dejar satisfecha a una sociedad que entre el miedo y la indignación reacciona de la manera en que hemos visto.

Tardarán unas semanas en reparar la estación del transporte público y en restaurar el Ángel, pero ni toda una vida sirve para restaurar la dignidad herida, los cuerpos sometidos y la tortura en la memora de las sobrevivientes y de las familias de las que no pudieron volver a casa. Y nos dirán que no está bien que se agredan periodistas, pero claro que las mujeres que ahí estaban recelan de los medios en los que no encuentran el eco de reporteros especializados que bien deberían imprimir perspectiva de género a las notas; oigo también a quien dice que son feminazis criminales que quieren exterminar a los hombres y someternos; pobrecitos de nosotros desamparados y pequeños hombres parapetados en la paz de códigos y reglamentos; no existe algo parecido, no hay ni conspiración de género que quiera acabar con la humanidad ni matonas a sueldo paratapetadas en las esquinas; lo que hay es una sociedad que está hasta los límites de los ataques contra las mujeres, que ya no puede con la desigualdad y que ya no tiene tolerancia a la forma en que estos crímenes son manejados.

No hay criminalidad en la protesta, ese no es un mal por sí mismo sino la manifestación sintomática de la desigualdad, lo urgente es poner remedio inmediato a las causas que lo generan; pero sobre todo, entendámoslo de una vez, no es una guerra civil entre hombres y mujeres, es la liberación final de las mujeres por siglos de sometimiento y exclusión y que en este momento enfrenta no sólo retos en lo jurídico y lo político sino en lo material, en lo cotidiano en lo más elemental como el respeto y la sobrevivencia, eso como sociedad debería avergonzarnos porque son temas que debimos haber solucionado hace muchos años.

Claro que queremos que el Ángel luzca limpio y bonito, como para ir de boda diría Serrat, pero quisiera mucho más que todas las mujeres pudieran lucir como se les dé la gana sin temor a ser acosadas por ello; por supuesto que me gustaría que las calles turísticas de la Ciudad de México se vieran impolutas como de postal del National Geographic, pero más me gustaría que eso no fuera la fachada ficticia y ridícula de calles en otras zonas de la urbe donde ser mujer es ser una presa a la que se le da caza con una grúa o con taxi; por supuesto que no me gustaría ver a las mujeres de mi ciudad todas ellas iguales, lindas, monas y fieles a los estereotipos, claro que no, porque desde que somos ciudad se han ganado el derecho a disentir, a ser como les venga en gana nos guste o no y en ese derecho arrebatado pueden disentir aunque a las buenas conciencias no les parezca femenino; no quiero una tradición si ello implica que no podamos acercarnos en la igualdad, la justicia y la equidad.

Me dice el vecino de mesa, alarmado sobre la manera agresiva de las manifestaciones, que esto es una problema cultural y educativo y estoy de acuerdo con él, en eso sí que concordamos, pero resulta que no tenemos tiempo para esperar, que tenemos que construir esa cultura de género y puede que nos tome décadas; pero al mismo tiempo que eso sucede, lo que queremos disfrutar ya de una sociedad en la que estos crímenes sean castigados, que el género no sea una razón para ser violentado y en la que la sociedad encuentra la paz en la justicia y, perdón, aunque los monumentos no se vean bonitos.

El libro nuestro de cada martes: Oona y Salinger de Frédéric Beigbeder

Alguna otra vez me he atrevido a decir, en este espacio, que un libro era una novela perfecta: hoy repetiría el atrevimiento si tuviera la certeza de que este libro de Beigbeder es una novela, porque siendo un libro que toca las nubes es más que una novela.

Como lector me entrené leyendo a Alfonso Reyes así que los préstamos entre géneros no me inquietan, de hecho, me agradan. Basado en la historia de amor entre Oona O’Neill y J.D. Salinger, Beigbeder asalta el reportaje, se aventura en el ensayo y renueva la novela del non fiction, dándose el lujo de incluir a Truman Capote entre sus personajes.

Creo en su escritura, yo mismo he ensayado el hecho de poner la ficción por encima de los hechos y respetando los datos duros construir en la constelación de espacios que la historia no cubrió, las tramas que pudieron haber sido. El autor lo logra con éxito. En sus temas se lanza en una apresurada y frenética carrera de reflexión sobre la guerra y la paz, el cambio tecnológico – el lector se llevará una grata sorpresa con un juego a través de un video de YouTube -, el amor entre un hombre maduro y una mujer mucho más joven; del ambiente literario del Nueva York de los años 1940 hasta el auge y caída de Charles Chaplin, todo bien envuelto, bien armado, narrado con delicia.

Pero es, sobre todo, una declaración de amor a un icono histórico, a una mujer apenas entrevista pero admirada por años, un canto de pasión al talento y la belleza; algo que en los tiempos que corren, nos hace mucha falta.

Algo más sobre el libro:

https://www.anagrama-ed.es/libro/panorama-de-narrativas/oona-y-salinger/9788433979452/PN_915

Y un poco más:

https://www.google.com.mx/amp/s/elpais.com/cultura/2016/03/17/babelia/1458227853_659469.amp.html

El autor habla sobre su libro. Video en francés:

Imagginación

Meditación Divertida con Maggie

Disappearing Thoughts

clicks and clips

Tablaturas de mis pasos

Espacio para mostraros con palabras y fotos los lugares que voy conociendo y que me hacen feliz

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