El libro nuestro de cada martes: Homenaje a Alicia Reyes. Como apreciar a Alfonso Reyes

Hoy se fue Alicia Reyes, la enorme maestra; mi amiga, un poco mi madre. Dejo aquí este recuerdo suyo, emocionado.

El libro nuestro de cada martes ofrece uno de sus libros más hermosos, “Como apreciar a Alfonso Reyes.

Algo sobre el libro:

http://www.elem.mx/obra/datos/201936

Algo más para escucharla, aquella voz que no olvidaré jamás:

Este año, se han cumplido largos ochenta años de la fundación de la Capilla Alfonsina. Cuando murió Jorge Luis Borges, en 1986, hubo una explosión de su literatura a la que yo me sumé con pasión, sus páginas me llenaban las horas, sus libros engordaban mi famélica estantería; con las páginas transcurridas caí en cuenta de un nombre que aparecía, no con frecuencia aunque sí con toda admiración; Borges, que reservaba sus elogios para Beowulf, para Shelley y para Shakespeare, se refería a Alfonso Reyes ponderándolo mejor que a Ortega y Gasset, lamentaba que no le hubieran dado el Nobel porque eso habría honrado al premio; ¿quién era aquel hombre? Supe que era preciso leer a Reyes. En los años aquellos se volvió para mí una especie de íntimo santo y seña, establecí una relación con el autor, con el personaje, de la que no es momento de hablar ahora. Cuando conocí a Alicia Reyes mi vocación de escritor aún era temerosa, y mi pasión reyesiana apenas comenzaba.

Alfonso Reyes solía identificar a la Capilla cono un barco en el que el mezzanine, donde está su escritorio, era el puente, ahí mismo está la cama en la que en la madrigada del 27 de diciembre de 1959 don Alfonso partiría para siempre; el buque se había quedado sin capitán pero no sin tripulación. El diario de don Alfonso se prolongaría todavía unos días escrito por su hijo, doña Manuela todavía daría muestras de su inefable lealtad terminando las ediciones pendientes, dando cuerpo a los inéditos y procurando la integridad del acervo; pero la Capilla seguía siendo la residencia familiar y la conservación se tornaba complicada, más aún cuando la obra de don Alfonso de por sí inmensa daba muestras de no agotarse y la creación de los nuevos estudios de la obra de Reyes y la presencia de sus autores se tornaba cada día más demandante; en 1965 fallece doña Manuela y Alfonso hijo continúa sus gestiones hasta que Luis Echeverría, mediante decreto del 13 de junio de 1972, transfirió al patrimonio nacional la Capilla con el archivo de don Alfonso, sus efectos personales y sus colecciones de libros y arte; Alicia Reyes asumió desde ese momento la dirección del nuevo Centro de Estudios Literarios; desde el primer instante se asumió que la formación de nuevos escritores sería una de las misiones que la Capilla debía cumplir. Hoy, décadas después, para fortuna nuestra, sigue su labor bajo la acertada dirección de Javier Garciadiego Dantán.

En vida de Alfonso Reyes la Capilla fue su hogar y su centro de operaciones, de ahí irradiaba su organización informal de ayudas literarias, ahí se alimentaban, a veces no sólo metafóricamente, los talentos que don Alfonso había decidido acoger; en el largo interregno que inició con su muerte y terminó con la fundación del Centro de Estudios Literarios, los esfuerzos se iban en conservación de la casa como en la revisión de ediciones pendientes y en la preparación para la divulgación de los inéditos que todavía iban apareciendo y la edición de ese monumento al que llamamos Obras Completas y como el propio don Alfonso no había dejado ningún modelo didáctico o algún grupo que practicara algo parecido, las redes de los reyesianos fueron moviéndose de la mejor manera en que podían para lograr el efecto que el ausente hubiera deseado; un nuevo modelo aparecía mientras tanto en el horizonte, para el momento en que se funda el Centro, el movimiento de los talleres literarios conocía un auge importante.

Cuando se establece la Capilla como Centro de Estudios Literarios bajo la dirección de Alicia Reyes, el movimiento de los talleres literarios está en auge; Alicia, la Dra. Reyes o Tikis, de acuerdo con lo que autorizara la cercanía del afecto, pensó su taller como una extensión de la actividad difusora de la Capilla del mismo modo en que don Alfonso se había dado al patronazgo de San Pascual Bailón, los participantes del taller recibían esta peculiar forma de formación literaria con los ejemplos y lecturas de la obra de Alfonso Reyes, de este modo se lograban tanto el efecto didáctico como la difusión de la obra de don Alfonso; de aquellos primeros participantes, por ejemplo Héctor Perea destacaría como conocedor y divulgador de la obra, demostró su adhesión a la imagen de Reyes y su conocimiento del hombre y la obra con la magnífica museografía que ahora caracteriza a la Capilla y Pura López Colomé con una obra literaria de largo aliento.

Alicia Reyes resultó ser la mejor maestra que se pudiera desear, dulce y comprensiva, atenta y solidaria pero implacable en sus juicios literarios, seleccionaba a sus alumnos tratando de ver en ellos al escritor que aspiraban a ser; los forzaba a encontrar su voz y cuando lo juzgaba pertinente los ayudaba a encontrar espacios para que vieran su trabajo publicado; su didáctica no se basaba en su propia obra sino en la de Alfonso Reyes; obligaba a trabajar los textos una y mil veces, yo veía desmoronarse mis textos hasta quedar en los cinco o diez líneas en los que ella había descubierto lo oculto en la hojarasca; poco después, invité a participar en el taller a Pablo Raphael, muchos años más tarde hizo de la Capilla escenario de una parte de su novela Clipperton y a David Grinberg, ambos amigos y compañeros de vida, conocí en el ejercicio del taller a Pável Granados y a Alejandro Malo.

Nunca pude separarme de la Capilla, ha estado en el centro de mi vida desde aquellos días en que, como decía don Alfonso, “nos salvamos o nos condenamos y de los que llevamos siempre lágrimas en los ojos”, por eso nunca he dejado de ser un orgulloso discípulo de Alicia Reyes, ni ella jamás dejó de presentarme como su alumno.