Lo que hay en la Cisterna: Tres poemas de Gorgios Séferis

Feliz cumpleaños Gorgios Séferis, poeta tocado por los dioses, luz y voz paciente en un siglo dolorido.

Lo festejamos, sin mayor apunte, celebrando su poesía, su goce y su libertad:

 

NEGACIÓN
En la playa escondida
y blanca como paloma
tuvimos sed un mediodía
pero el agua era salada.
En la arena dorada
escribimos su nombre;
suave sopló la brisa
y la letra se borró.
Con qué coraje, con qué aliento,
con qué deseos y pasión
tomamos nuestra vida: ¡qué error!
y la vida tuvimos que cambiar.
        De Estrofa

Te llamo en nombre de la diosa…

Aceite en los miembros,
quizás un rancio olor
como aquí en la almazara
de la pequeña iglesia,
como en los poros ásperos
de la muela inmóvil.

Aceite en el cabello
recogido con una cuerda
y quizá otros aromas
que nos son desconocidos
pobres y ricos
y estatuillas que entre los dedos
ofrecen sus pequeños pechos.

Aceite en el sol
las hojas temblorosas
cuando se detuvo el forastero
y gravitó el silencio
entre las rodillas.
Cayeron las monedas:
«Te llamo en nombre de la diosa…».

Aceite en los hombros
y en el talle flexionado
los tobillos manchados por la hierba
y esa herida en el sol
mientras sonaban las vísperas
mientras yo hablaba en el atrio
con un tullido

De: Bitácoras III

Santorini

Inclínate si puedes al oscuro mar y olvida
el eco de la flauta sobre los desnudos pies
que pisaron tu sueño en la otra vida, la sumergida.

Escribe si puedes en tu última concha
el día el nombre el sitio
y échala al mar a que se hunda.

Nos hallamos de pronto desnudos sobre la piel de pómez
mirando las islas emergidas
mirando hundirse las rojas islas
en su sueño, en nuestro sueño.
Aquí nos hallamos desnudos, sosteniendo
la balanza que se iba inclinando
del lado de la injusticia.

Tendón de fuerza voluntad sin sombra calculado amor
bocetos que maduran al sol del mediodía,
curso del destino al palmoteo de la mano joven
sobre los hombros;
en la tierra disgregada, que ya no aguanta,
en la tierra que alguna vez fue nuestra tierra
se hunden las islas, herrumbre y ceniza.

Altares derruidos
y amigos olvidados
hojas de palma en el lodo.

Deja si puedes que tus manos viajen
aquí en el nicho del tiempo con el barco
que rozó el horizonte.
Cuando el dado golpeó la losa
cuando la lanza golpeó el peto
cuando el ojo reconoció al extranjero
y se secó el amor
en almas horadadas;
cuando mirando en torno encuentras
por doquier los pies segados
por doquier las manos muertas
por doquier las manos en tinieblas;
cuando ya ni siquiera puedes elegir
la muerte que querías para ti,
oyendo un aullido
aun el aullido del lobo,
tu derecho;
deja si puedes que tus manos viajen
despréndete del tiempo aleve
y húndete:
se hunde quien levanta grandes piedras.

De: Gimnopedia