La guerra es , con seguridad, la mayor de las desgracias; la suma de nuestra brutalidad y de nuestra sinrazón; ella are consigo la enfermedad, la muerte y la destrucción. Ella no se comprende por las razones que la causaron pues la violencia genera su propia lógica. Svetlana Alexiévich busca a los últimos testigos, a los niños de Minsk y de otros lugares de la Unión Soviética para recordar cómo vivieron la guerra, que recuerdan cuando esa palabra llega a sus oídos. Desde luego, no son los testimoniales de niños de guerra, sino de adultos marcados por la guerra en su infancia y esas cicatrices, que a veces muestran hermosos patrones, nos dejan ver cómo es que nuestra propia estupidez labra la historia de la humanidad.

Un libro duro, áspero pero al mismo tiempo lleno de esperanza. Un libro que no puede obviarse.

Disfrutelo.

Una interesante entrevista española a Svetlana Alexiévich

 

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