Mis maestros

Hoy, como entonces, a ellos, mil gracias emocionadas

Cisterna de sol

Hace quince años descubrí mi vocación. A una edad en la que uno podría pensar que todo ha pasado, que las decisiones definitivas se han tomado y se emprende el camino a esa tierra prometida que mana leche y miel y a la que llamamos madurez.

A los 28 años me pusieron al frente de mi propio grupo en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional Autónoma de México y entonces, en mi primera clase de Filosofía del Derecho, entendí que contra cualquier pronóstico, apenas iba a tomar las decisiones que darían forma y sentido a mi vida. No era casual, desde siempre tuve una profunda gratitud y reverencia por mis maestros; ser maestro significaba entonces para mí una especie de iluminación, una facultad extraña y fantástica de decir y hacer cosas que cambiaban la mente y el comportamiento de los demás, un ejercicio del ejemplo y de la…

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