Si no conoce a Piglia, este es un buen momento; los instantes estelares de una pequeña obra maestra, que ustedes lo disfruten:

Respiración Artificial, Ricardo Piglia. Ed. de Bolsillo

Convicto y confeso decía (me acuerdo) uno de los titulares y siempre me emocionaba ese título, como si aludiera a acciones heroicas y un poco desesperadas. «Convicto y confeso»: repetía y me exaltaba porque no entendía bien el significado de las palabras y pensaba que convicto quería decir invencible.

Sólo los que tienen dinero desprecian el dinero o lo confunden con los malos sentimientos.

Jamás habrá un Proust entre los historiadores y eso me alivia y debiera servirte de lección.

La historia es el único lugar donde consigo aliviarme de esta pesadilla de la que trato de despertar.

Alguien, un crítico ruso, el crítico ruso Iuri Tiniánov, afirma que la literatura evoluciona de tío a
sobrino (y no de padres a hijos). Expresión enigmática que nos ha de servir

¿Así que me dedico al contrabando? ¿Por qué no? Al fin y al cabo este país le debe la independencia al contrabando. Todos se dedican a eso por aquí, cosa de nada; pero yo, como
ya habrás de ver, contrabandeo otras ilusiones.

El amigo de un amigo tuvo una vez un accidente: un tipo medio loco lo atacó con una navaja y lo tuvo secuestrado en el baño de un bar casi tres horas. Quería que le dieran un auto y pasaporte y que lo dejaran cruzar al Brasil, de lo contrario iba a tener que matarlo (al amigo de mi amigo). El loco temblaba como un endemoniado y le puso la navaja en la garganta y en un momento dado lo obligó a arrodillarse y a rezar el padrenuestro. La cosa se iba poniendo cada vez peor, cuando de golpe al loco se le pasó el revire y soltó el arma y empezó a pedirle disculpas a todo el mundo. Un momento de nervios lo tiene cualquiera, decía. El amigo de mi amigo salió del baño caminando como dormido y se apoyó en una pared y dijo: Por fin me ha
sucedido algo. Por fin me ha sucedido algo, ¿no es sensacional?

Pero, escribía el mismo Ossorio (me escribe Maggi), ¿qué es el exilio sino una forma de la utopía? El desterrado es el hombre utópico por excelencia, escribía Ossorio, me escribe
Maggi, vive en la constante nostalgia del futuro.

No se desapasionen porque la pasión es el único vínculo que tenemos con la verdad.

No me parece que haya que confundir la correspondencia con una deuda bancaria, si bien es cierto que en algo están ligadas: las cartas son como letras que se reciben y se deben. Uno siempre tiene algún remordimiento por algún amigo al que le debe una carta y no siempre la alegría de recibirlas compensa la obligación de contestarlas.

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