Para abrir el fin de semana, nada como estas diminutas joyas de una pequeña obra maestra de Etgar Keret, hermosa edición de Sexto Piso.

-Nunca me han lanzado desde un cañón-le dije, dándole otra calada al cigarro.
-Sí que lo han hecho -replicó Ijo–, cuando tu ex te dejó, cuando tu hijo te soltó que no quería volver a verte más eres un cero a la izquierda, y cuando se escapó el gordinflón de tu gato. Y además comprenderás que para ser hombre bala no tienes que ser ni ágil, ni rápido, ni fuerte, sino ser lo suficientemente desgraciado y estar solo.

Mi amigo Tod me pide que le escriba un cuento que le ayude llevarse a las chicas a la cama.

-Nadie te ha pedido que escribieras un cuento bueno -se enfada Tod-. Lo único que yo quería es que escribieras un cuento que me ayude. Que le ayude a tu amigo a enfrentarse a un problema real. Si te hubiera pedido que donaras sangre para salvarme la vida, ¿te habrías puesto, en vez de eso, a escribir un cuento muy bueno y a llorar mientras lo lees en mi entierro?

-Se me olvidó, por un momento, que escribes en serio, con símiles, con profundidad y todo eso. En mi mente todo era mucho más fácil, más agradable. Ninguna obra maestra. Un cuento mucho más ligero. Algo que empezara con algo así como «Mi amigo Tod me pide que le escriba un cuento que le ayude a llevarse a las chicas a la cama», y que terminara con cualquier broma posmoderna impactante. Ya sabes, sin sentido, pero no sólo sin sentido, sino algo irracionalmente sexi. Misterioso

La conversación es como un túnel que excavas con paciencia con una cucharilla en el suelo de la cárcel. Tiene un propósito: sacarte de donde te encuentres en ese momento. Y, cuando excavas un túnel, al otro lado siempre te espera un destino: la empatía que te lleva hasta el sexo, la intimidad masculina combina a la perfección con una botella de whisky, algo que inspire un poco de seguridad cuando venga el casero a cobrar la renta.

La que salió fue la madre y dijo que Jeannette no quiere volver a verme nuca más, aunque
tras una larga tos de fumadora añadió que «nunca más» no siempre queda tan lejos como suena, y que, si le doy el tiempo suficiente y guardo cierta distancia, seguro que se le pasa.

-Siento, siento… -carraspeó Zvi- que es una felicidad así, muy floja, como el resorte de los calzones después de demasiadas lavadas…

Y, cuando ya lo hubo vendido todo a unos precios desorbitados, se fue a su gigantesca y hermosísima casa para pensar qué hacer con todo el dinero que había ganado. Naturalmente, también habría podido pensar qué hacer con su vida, pregunta ésta no menos interesante, pero las personas con demasiado dinero suelen estar demasiado ocupadas como para encontrar tiempo para eso.

Y siempre que A tenía ese sueño se le despertaban los mismos sentimientos: una calma que se convierte en desasosiego, que se convierte en furia y que enseguida después se convierte en piedad.

Si hay una cosa en el mundo que siente peor que depender de alguien es depender de una persona que se encarga de recordarte a cada momento que dependes de su bondad.

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