Las citas de los viernes: «La última palabra» de Hanif Kureishi, Ed. Anagrama.

Una colección de momentos selectos de una obra sincera y frontal, de magnífica pluma que nos cuestiona sobre el papel de la literatura y los escritores en la vida. No se pierda esta exquisita manera de comenzar el fin de semana:

Rob consideraba la escritura una forma de combate extremo y la salvación» de la humanidad. Para él, el escritor debía convertirse en el mismísimo demonio, un perturbador de sueños y destructor de fatuas utopías, el portador de la realidad el rival de Dios en su deseo de forjar mundos.

Se había casado no hacía mucho, pero parecía haber olvidado que el matrimonio era un estado permanente, no una ceremonia puntual.

Harry, el Gran Satán de la literatura ahora está débil y grogui como un león al que le hubieran inyectado una dosis monstruosa de tranquilizantes. Ahora él es la presa. Y le interesa cooperar. Cuando lea el libro y se dé cuenta de lo hijoputa que ha sido, ya será demasiado tarde. Tú habrás encontrado cosas que ni el propio Mamoon sabía sobre sí mismo. Será un pedazo de carne exhibido en la picota de tu perspicacia. Y ahí es donde al público le gusta ver a sus ídolos: expuestos, con los pantalones bajados, el culo en pompa, cumpliendo una larga condena entre asesinos en serie y cagando delante de desconocidos. Eso les enseñará a creerse que su talento los hace mejores que un tipo descerebrado, esclavo de un salario sometido a impuestos como cualquiera de nosotros.

Así que cambia el tono, colega, o la vas a joder de tal modo buscarte un trabajo en el mundo académico. O incluso peor…

-Peor? ¿Qué puede ser peor que dar clases en una politécnica?

Rob guardó silencio unos instantes y miró por la ventanilla antes de darle la mala noticia:

-Podrías tener que dar clases de escritura creativa.

-Paseemos juntos y hablemos, ya que ambos compartimos
el interés por lo mismo.

  • Por qué, señor?
    -Por mí.

-Eso espero. Ya le he dejado claro a Rob que va a ser mi libro. Y él se ha mostrado de acuerdo. Me ha dicho que soy un artista.
-¿Cuándo?
-Justo antes de dejar caer la cabeza encima del mantel.

El tío Dinamita de Plum Wodehouse: «El hombre más valiente
se acobardará ante la perspectiva de tener que levantar el velo
de su pasado, a menos que ese pasado sea de una pureza excep-
cional.»

Después se esfumaría para dedicarse a su «investigación» antes de que apareciese la pareja en bata y se oyese a Mamoon quejarse de los huevos, de la temperatura de la tostada, de la horrible carga de ser un escritor al que ya no le queda nada que decir y que tan sólo tiene por delante ceguera, incontinencia, impotencia, malas críticas, muerte y oscuridad.

Harry llevaba tiempo suficiente siendo un amante de las artes para saber que a los artistas había que perdonarles debilidades por las que condenaríamos al resto de la población. El artista era el representante, el valiente, el que tomaba la palabra, al que dábamos las gracias y el que pagaba un precio.

Proust torturaba ratas y donó los muebles familiares a burdeles. Dickens emparedó a su esposa y le impidió ver a sus hijos; Lillian Hellman mentía. Mientras Sartre vivía con su madre, Simone de Beauvoir le hacía de proxeneta consiguiéndole jovencitas; él envidiaba a Camus antes de machacarlo. John Cheever merodeaba por los aseos públicos, olfateando presas, antes de regresar con su esposa. P. G. Wodehouse hizo programas de radio loando a los nazis; Mailer acuchilló a su segunda mujer. Dos de las amantes de Ted Hughes se suicidaron. Y en cuanto a Styron, Salinger, Saroyan… La literatura era un cruento campo de batalla; ninguna persona decente había empuñado una pluma. En El resplandor, Jack Nicholson hizo una interpretación impecable de un escritor. Si Harry mostraba a un hombre decente en lugar de un mercenario, nadie se lo creería. Nadie quería leer eso; no reflejaría en absoluto el odio, el ardor y la pasión que rodeaban a un verdadero artista.

Pero era importante que la lujuria no lo apartase, ni a él ni a sus lectores, de la cada vez más relevante lección de que el gran arte, las mejores palabras y las buenas frases, eran importantes, y su importancia iba en aumento en un mundo degradado y reprobable, un mundo en el que la pasión por la ignorancia había alcanzado las dimensiones de una religión.

-Siento ser trivial -dijo Mamoon-. Ya le dije a Rob que soy un hombre hueco. Un novelista es eso, un timador, un impostor, un estafador: lo que sea. Pero sobre todo un seductor.
-No le fascina la seducción?

Una chica que se está empezando a despegar de sus padres y quiere hacerse mayor puede ser inducida a realizar terribles actos de amor. En cuanto Harry cumplió los trece y empezó a transpirar y ducharse, una sucesión de fragantes adolescentes lo besaban, acariciaban y pasaban la noche con él. El huérfano de madre detestaba pasar la noche solo, a veces se instalaba a dormir en el suelo de la habitación de sus hermanos. No tardó en descubrir que un montón de chicas eran vulnerables a sus peticiones de que cuidasen de él. Necesitaba reemplazar a una mujer con una horda de mujeres.

¿En qué punto se encontraba Harry en relación con todo eso? Como Mamoon, Harry no soportaba el espejo; tenía explicar por qué estaba allí y qué significaba ese hombre. Sus palabras tenían que mantener vivo al escritor en la historia de la literatura, por mucho que personalmente desease matarlo.

Su padre, no hacía mucho, había dicho: «No hay ningún tipo de ambivalencia: los hijos provocan la muerte de sus padres. Vosotros tres erais demasiado para ella.» Después de pensar en eso, Harry necesitaba la noche con alguien que lo consolase y le hiciese compañía. Una chica es un cordón umbilical, una cuerda de salvamento que te mantiene conectado con la realidad. Su madre no habría querido que estuviera solo.

-Cómo iba incluso alguien despiadado a echarla de su propia casa? Yo habría podido mudarme a algún otro sitio. Pero aquí hay muchas cosas que adoro, como la tranquilidad para escribir. La narración larga, la novela, es una estructura anticuada y, según algunos, acabada. Tal vez se parezca a la pintura al óleo en el sentido de que su creación es muy laboriosa y requiere de una férrea disciplina, paciencia y autocontrol. Pero es lo único que sé hacer. En cuanto a Peggy, simplemente no puedes abandonar a la gente a su suerte, maldita sea. En eso consiste el infierno de la compasión. Pero lo que pensé fue que la próxima vez tenía que casarme con una mujer de verdad.

-;No dijo usted en una ocasión que nadie está verdaderamente casado hasta que ha cometido adulterio?

Él supo entonces que había otra madre dentro de la madre que creía conocer, y después de eso se preguntaba a menudo cuándo vería aparecer de nuevo a su verdadera madre. ¿Pero cuál de ellas sería?

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