De viaje el fin de semana, visitemos los caballos de Alfonso Reyes, los reales y los históricos a través de varios de sus textos. Que ustedes lo disfruten:

Quien asegura que lo ha visto confiando sus secretos a los caballos de su carro y que lo ha sorprendido cuchicheando a sus orejas: Pero no se lo digas a nadie, ni siquiera a Patroclo”

Las crines de los caballos penden como una lámina metálica

Aquella revista de libros – Cervantes citaba de memoria – y aquel breve juicio para cada uno atraen – por mis simpatías personales – una página que es también de evocaciones lejanas, donde Bernal Díaz enumera, con su historia, sus colores, sus pelos y señales, los dieciséis caballos y yeguas que pasaron a la conquista de Nueva España. ¡Hermosas jactancias del soldado y el literato! A las gentes, oírlas hablar de su oficio.

Para el que quiere huir como en el Mezengerstein de Edgar Allan Poe, los caballos de los tapices se animan y se hacen de carne.

Robert de la Sizeranne hablaba de la decadencia estética de la guerra, y comparaba un cuadro de Vernet, en que se ve a Napoleón a caballo, rodeado de sus mariscales empenachados, con una fotografía en que se ven tres generales yanquis estudiando sobre las rodillas un plano de campaña, allá en los inolvidables campos de Cuba.

El caballo de Napoleón había pisoteado el mapa de Europa.

Madre de luto, suelta tus coronas
sobre la fiel desolación de España.
Ascuas los ojos, muerte los colmillos,
bufa en fiestas de fango el jabalí de Adonis,
mientras en el torrente de picas y caballos
se oye venir el grito de los campeadores:
~ Aprisa cantan los gallos
y quieren quebrar los albores!”

Si hasta sus mismos caballos,
que racionales parecen,
les ayudan a su modo
con las pesuñas y dientes!

Por el Consulado abajo,
tus caballos de madera:
arco de flores —y un gajo
de cielo de primavera.

Ya los caballos están
viendo que salir procuras
probando las herraduras
en las guijas del zaguán.

Los caballos lamían largamente
el salitre de las paredes.

Pequeño y retinto,
nervioso y fino,
con la mancha blanca en la frente…
Nunca tuve mejor amigo,
nunca he tratado mejor gente.

Porque el verdadero caballo se ha de conocer en el tranco:geometría plana, destreza linealde la auténtica equitación,implícita en el bruto y no de quita y pon.

¡Oh mi brioso Lucero,
mi leal verdadero!

Me dejaba a la puerta de la escuela
y luego regresaba por mí;era mi ayo y mi mandadero.

Y yo me río de Tom Mix
y de su potro que le hace de perro
cuando me acuerdo de mi Lucero.

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