Presentación del libro Los mataderos de la noche, de Daniel Rodríguez Barrón

Gracias a la generosidad de Editorial La Cifra y a la Universidad del Claustro de Sor Juana, presentamos en la Feria del Libro de Mineria, el libro de cuentos «Los Mataderos de la Noche», de la autoría de Daniel Rodríguez Barrón. La cita es este jueves 25 de febrero a las 15.00 en el Auditorio Seis del Palacio de Minería. Acompáñenos a una charla sobre las profundidades de nuestra vida en común.

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Presentación de la novela «La soledad de los animales», de Daniel Rodríguez Barrón

Acompáñenos el próximo domingo 21 de febrero a la presentación del libro «La Soledad de los animales» en la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería. La cita es a las 13.00 horas.

Gracias a la generosidad de la UNAM y de la Editorial La Cifra , Gabriela Fonseca y yo acompañaremos a Daniel Rodríguez Barrón en la presentación de su novela. Venga a esta amena charla sobre una voz interesante y un tema de actualidad tratado desde ópticas novedosas. Sin duda, de buena pluma.

El libro nuestro de cada martes: El curioso incidente del perro a medianoche, de Mark Haddon

Pocas cosas hay tan emocionantes como un libro que rompe esquemas; pensamos que de verdad existe algo así como literatura para jóvenes, para niños o para adultos; pensamos que los géneros se respetan y los formatos también. De hecho, la mayoría de las veces así sucede y ello ayuda al comprador a saber qué terreno está pisando. Pero la literatura, la de verdad, es otra cosa.

Me enfrento a «El curioso incidente del perro a medianoche» con altas expectativas, he oído mucho de él, supe del éxito de la obra de teatro y eso, siempre, le reporta a uno cierto recelo basado en el prejuicio que nos enfrenta con la moda. El libro supera mis expectativas, lo disfruto, lo gozo, lo sufro un poco y me quedo perplejo con su humor tan británico.

Haddon inventa un nuevo modelo de personaje; una especie de primo lejano de Gargantúa y del Quijote, medio hermano distinto de Ignatius Reilly, Christopher John Francis Boone, es el antihéroe pero también el super héroe, no vive en un mundo de prodigios pero sí encuentra lecturas enrevesadas a través de su condición de salud mental. Tampoco es la locura divina ni la desgarrada de la literatura grandilocuente, sino apenas una distorsión de la realidad como todos la vemos y que, quién sabe, si no sea más bien la correcta.

Descubre misterios, se ve a sí mismo en el mundo, aprende y se rebela, todo para encarnar un personaje de enorme humanidad y también una cruel caricatura de nuestros prejuicios y de nuestras férreas creencias ilusorias.

http://salamandra.info/libro/curioso-incidente-del-perro-medianoche

 

38,000 veces, Gracias

Una vez más, como siempre, mil gracias más. 38,000 veces gracias por su compañía, por su lectura, por el encuentro y el diálogo. La palabra luminosa de la ofrenda… Gracias.

Como es tradición les ofrecemos a nuestros amigos y lectores una imagen original. Siéntase en libertad de usarla citando la fuente.

38,000 veces, Gracias

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El libro nuestro de cada martes: «Trabajos forzados», de Daria Galateria

Resulta que los grandes escritores han hecho de todo para sobrevivir y poder escribir; ahí tiene usted a Franz Kafka embutido en un cuchitril de una agencia de seguros, poniendo todo de su parte y consumiendo su cuerpo mientras su mente vagaba por terrenos ignotos; ahí está también Bohumil Hrabal, obrero de la industria acerera jugándose la piel todos los días hasta que un horrible accidente lo puso fuera de combate; Dashiel Hammet que en realidad era detective, juntando material vivencias para escribir sus novelas; los oficios más inesperados y más dispares, el escritor que era piloto y que escribió uno de los libros más hermosos convaleciendo de un accidente aéreo: Antoine de Saint-Exupéry; unos que renegaban de las letras y volvían a ellas a la menor provocación, como Ítalo Svevo; la nómina de los alumnos de inglés de James Joyce bastaría para proveer una selecta biblioteca de lenguas europeas.

La pregunta está si el autor debe o no consagrarse a sus letras, a su obra o, si más bien debe vivir en el mundo y no quedarse encerrado en la torre de marfil contemplando el universo perfecto de las ideas. O si acaso también, debiera procurarse un oficio que lo alimente para ser libre de escribir lo que quiera, como quiera y al ritmo que le de la gana. Respuestas hay para todos los tipos de escritores y para todas las experiencias literarias; Alfonso Reyes fue embajador, consejero de muchas empresas  y construyó una magnífica obra literaria; hay mancuernas clásicas abogado-escritor, profesor-escritor, militar-escritor o diplomático escritor; aunque también las hay disformes y complejas: taxista-escritor, cartero-escritor, incluso, como Orwell, policía-escritor.

Ya hace algunos años Sergio Ramírez escribió «Oficios compartidos» en los que daba cuenta de sus peripecias laborales y la literatura. En fin, el hecho es que si quiera escribir, no espere a morirse de hambre para tirar una buena parrafada; también debo advertirle que no importa qué tan cómodo y bien remunerado sea su trabajo, si tiene la vocación de escribir y se atreve a publicar, no habrá empleo en el mundo que lo detenga.

Daria Galateria ofrece en «Trabajos forzados» una radiografía de ese mundo laboral, a veces oculto, del que vivieron algunos de los mejores escritores. El libro, por su parte, como objeto es de suyo hermoso como todas las ediciones de Impedimenta.

Sin duda, un libro para no perderse.

http://impedimenta.es/libros.php/trabajos-forzados

Tras los pasos de Alfonso Reyes en Madrid. 100 años después. Jornada final

Sexta jornada. Noviembre 12. Jueves.

De cualquier manera despertar temprano hubiera sido imposible; hemos abierto los ojos cuando nuestros cuerpos así lo han querido, tomamos el desayuno y los diarios dan cuenta de la espiral de confusión y abulia en que va cayendo tan rápido la cuestión catalana; de la cascada de notas que inundaron las primeras planas de ayer se redujeron apenas a una sola noticia predominante sobre la notificación del Tribunal constitucional por la que se hace saber a los líderes soberanistas, Mas y Forcadell, la situación de ilegalidad en la que han incurrido; aunque la Generalitat promete seguir adelante ignorando las suspensión de la declaración de independencia; Artur Mas sigue persistiendo su intento de hacerse proclamar presidente. El intento se va convirtiendo en una penosa comedia de enredos, cada minuto más lejana de los ciudadanos.

Pasear por Madrid disfrutando del buen tiempo es uno de los placeres vedados al turista obligado a cumplir con las escenas de colección cuyos espacios aguardan en la memoria de su dispositivo móvil; libres de cualquier deber recorremos el centro de la ciudad hasta en tanto llega la hora de la recepción en la residencia de la embajadora. Pero antes, sólo para saludar a Pablo y para verificar si no hay ninguna disposición o algún cambio en la agenda. Apenas llegamos cuando se percibe cierta actualidad que antes no habíamos visto; la embajadora acaba de recibir una llamada importante: le han concedido el Premio Cervantes a Fernando del Paso. Aunque todos en la embajada corren apresurados se percibe su ambiente festivo al que somos tan adeptos los mexicanos, una mezcla peculiar de orgullo y asombro que estalla en abrazos y sonrisas.

Aunque hay siempre una diminuta e involuntaria virtud que consiste en tener la fortuna de estar presentes en los momentos históricos o sencillamente peculiares y hemos acumulado ya dos en el transcurso del viaje. Una señal inequívoca de sabiduría es darse cuenta cuando se cumple el supuesto de un viejo dicho: “mucho ayuda el que no estorba”; así es que recojo mi libro y mi libreta y nos despedimos en la puerta de la oficina de Pablo; instantes antes de marcharnos acuña una de esas genialidades verbales que son parte de su talento:

  • ¿Te fijas? Esto hace de Del Paso el príncipe de las “p”.
  • ¿Por?
  • Poniatowska, Pitol, Pachecho, Paz … y Fuentes…
  • ¿Fuentes?
  • Pues sí, Fuentes que nació en Panamá.

Celebro la broma que hará nota mañana cuando se haya publicado; mientras tanto nos vamos pasear sin rumbo y a comprar algunas cosas que nos han quedado pendientes; una vuelta más por las librerías pero no con exceso porque en la noche tenemos cita después de la clausura del coloquio con Raquel y Ricardo para tomar chocolate en Valor y a mirar libros en La Central; compramos unos suéteres en Canalejas, una pequeña tienda de antes de la guerra en uno de los enclaves madrileños de más sabor y solera, la diminuta plaza de Canalejas donde un estupendo como espeso chocase – sí, otra vez el chocolate que no podré tomar igual sino hasta que regrese a Madrid -, una hermosa confitería especializada en los caramelos de violentas que popularizó Alfonso XIII y que son tan bonitos que da pena comerlos y, cerrando la plaza, las confecciones Canalejas cuyo mobiliario es por sí mismo una razón suficiente para visitarla; hemos parado también en Casa Yustas, en Plaza Mayor, una especie de museo dedicado a las gorras, boinas y sombreros, establecida desde finales del siglo XIX y que forma parte de la historia de la capital de todas las españas; fue ahí donde don Alfonso recuerda haber visto un letrero que anunciaba: “ sombreros para hombres de paja” y si mi memoria no me traiciona o me juega alguna mala pasada, se trataba del mismo llamado al que hace referencia Mesonero Romanos en sus “escenas matritenses”; error común y que causa simpáticos equívocos, en un barecito por ahí alguna vez me ofrecieron “ración de calamares grandes” y que alguna vez Pablo y yo, que no acostumbrábamos las hamburguesas, la adaptamos a los tiempos que corrían cuando McDonald’s era nuevo en México y hacía furor en toda la Ciudad de México; en plan de franca broma le preguntamos al cajero si tenían refresco de manzana chica, a lo que el confundido muchacho respondió que uno podía servirse refresco tantas veces como uno quisiera.

En Casa Yustas, después de mucho cavilar me ha decidido a honrar a mis Ruelas, Aranzolos y Mondragones; mis ancestros donostiarras y me he decidido por una txapela de Elósegui; es decir, la más tradicional de las boinas vascas, las mismas que usaba Unamuno y dicen que también Émile Zola; las mismas de las que habla don Alfonso en su crónica de vacaciones por Elogio, en el país vasco. Algún día habré de hacerme tiempo  para recuperar aquellos mis orígenes y también para procurarme el día y el momento para salir de casa portándola con orgullo ya sea en un jubiloso 14 de abril o en una intensa tarde de toros.

Hemos vuelto a tiempo, dejamos nuestros paquetes y un taxi nos deja, puntuales en la residencia de la embajadora. Tranquilos y joviales llegamos para una comida cuyo menú es una sorpresa; la residencia es elegante sin ser suntuosa, es precisa y bonita como un muy prospero hogar mexicano, en el que hay más sinceridad que resunción. Para los mexicanos hay una especie de regocijo mezclado con calidez y orgullo, como si pudieran fundirse el sentimiento de estar un poco en casa con el orgullo de saberse bien representado y la alegría de verse entre compatriotas; este es un sentimiento nacionalista limpio y sano que apela al corazón sin pudor pero sin estridencias.

Hemos comido una excelente carne de puerco en salsa verde con nopalitos, tortillas de maíz a las que los meseros llaman “tortitas” y resulta que uno que viene por unos días y no quiere perderse plato alguno que luego ya no encontrará en México, se encuentra con que ha comido en Madrid uno de los más sabrosos banquetes mexicanos de su vida.

Ya desde la apertura del Coloquio, la embajadora Lajous había dado cuenta del busto de don Alfonso que preside los jardines de la residencia, encontrarlo ha sido como una confirmación de la visita, una especie de palmada en el hombro que certifica el valor de estos días.

Por la tarde, luego de la última mesa en la que Jorge F. Hernández ha estado  más que brillante, al final nos hemos trasladado a un salón poco más amplio  donde todo culmina en fiesta, un recital de canciones de época en en el que “ojos verdes” la copla inmortal que me ha quedado tatuada en el alma, como santo y seña de momentos absolutamente memorables.

Nos iremos en un par de días, mañana sí veremos Aranjuez, no pudo ser antes y es claro  porque, cosa rara, Reyes no recuerda nunca haberlo visitado.

Tras los pasos de Alfonso Reyes en Madrid. 100 años después. Quinta Jornada

Quinta jornada. Noviembre 11, miércoles.

La cuestión catalana sigue sin impresionar al gran público madrileño; anoche el noticiero asturiano fue omiso en el tema – aunque dieron las noticias internacionales en bable – tampoco el servicio de información gallego parece dar mucha importancia al impasse que vive el embrión de la República catalana o del Reino Unido de España y Cataluña.

La edición de hoy de El País, da cuenta del fracaso de Artur Mas para dirigir el proceso soberanista; los días transcurren y no hay investidura de un presidente del Parlament; el supuesto apoyo que todos los partidos habían ofrecido a Mas no ha quedado sino en curiosos jugueteos políticos, el gobierno central se detiene promoviendo una moción constitucional para detener cualquier intento cesesionista, incluso se ordena a los Mossos que denuncien cualquier asomo de delitos de sedición. Para los observadores que no tenemos intereses en los hechos, las cosas van pareciendo claras: todo ha sido una especie de carnaval desaprensivo para no tocar los temas profundos de la vida institucional catalana como la corrupción; además, como latinoamericanos tenemos claro que las secesiones y las independencias no se tramitan en los tribunales constitucionales y es claro que Cataluña no desea tanto su independencia como para llegar a los extremos; el rey por su parte no ha dado pinta de estar enterado. La prensa nacional ha llamado a todo esto: independencia, pan y circo.

El día ha comenzado temprano, hoy es la cita que ha aguardado por semanas, el momento de mi homenaje de gratitud al autor que más he leído, al que más debo no sólo en mi formación intelectual sino, sobre todo, como ser humano: Alfonso Reyes.

Cada vez que  volvemos a algunos de nuestros escritores más queridos le rendimos un homenaje a su presencia y a su transcendencia en nuestra vida; pero en muy raras ocasiones podemos hacer una ofrenda de gratitud a quienes, mediante su literatura nos han hecho la vida más llevadera, los sueños más intensos y los amores más delectables. Eso es lo que me propuse hacer desde que Pablo Raphael, en su misterioso primer mensaje me anunció la posibilidad de participar en el coloquio eso y no más que eso es lo que quise hacer desde que abrí los ojos por la mañana.

Apenas al despertar, Alejandro Pascal, uno de esos amigos queridos que se encuentran a la edad en la que uno no cree que podrían ya hallarse, nos ha llamado para encontrarnos; desde luego, mi estado de ansiedad requiere de un pequeño paseo antes del desayuno; Alejandro que es generoso siempre, ha accedido y nuestros pasos nos llevan, guiados por cierta inercia, como debe ser, al barrio de las letras. Después de una buena tasa de chocolate en Lhardi, las monjas de clausura que guardan la tumba de Cervantes me dicen que no se puede visitar la última morada de nuestro padre sino de 9:00 a 9:30, así que seguimos de frente, doblando esquinas y siguiendo rutas sin sentido, me acompañan mi mujer y mi amigo, se los agradeceré después porque en este momento soy una pésima compañía. Creo buscar los pasos de Reyes, andados hace cien años, busco sus lugares y sus instantes como si su obra y su memoria por partes iguales fueron placas fotográficas abandonadas al azar en los rincones de esta ciudad, su hogar adoptivo; tal vez lo que busco sea algo más, el paso de las letras por mi conciencia, marcas de sus placeres y las cicatrices de sus ideas, la herencia de una República que no pudo ser; así, de pronto, la efigie de Federico García Lorca nos sale al paso, no me atrevería a decir que se trata de una escultura excepcional, ni siquiera sobresaliente, pero tiene, sin duda una particular capacidad de evocación o tal vez sea que la efigie de Federico no resulta sencilla de retratar y no hay monumento suyo en el mundo que alcance a captar su sutileza que de tan liviana resulta enorme; en todo caso, ahí estaba Federico – el poeta que me abrió los ojos a la belleza de mi idioma – con su sonrisa traviesa de niño rico y una paloma en las manos; no pude evitar, en una situación así volver a actuar de una manera descortés y poco sondeada con quienes amablemente me acompañaban, pero tampoco podía evitar detenerme frene al poeta – el autor al que nunca he podido llamar por sus apellidos sino simplemente, Federico – y recordar los primeros versos que leí de él y que me subyugaron para siempre:

Quisiera estar en tus labios

para apagarme en la nieve

de tus dientes…

Al girar a mi derecha el cuadro del prodigio se completa, en el Teatro Español de la plaza, presidido por una foto monumental de la diva casi olvidada, campea el nombre de Margarita Xirgú. Desde niño, nunca he dejado la absurda práctica de considerar los hechos como presagios del futuro cercano: la fortuna de un personaje en el libro que estoy leyendo puede significar que tendré suerte en la primera cita del día; si mis hijos aciertan la frase correcta al despedirse por la mañana significa que encontraré aquello que llevo meses buscando o que encuentre de pronto lo que había renunciado a buscar  hace semanas, un beso puede así, ser el mejor de los presagios; de ese modo, en presencia de dos buenos y entrañables amigos de don Alfonso no podía pensar sino que el día estaría cerca de mi idea de una jornada memorable.

El día de la raza de 1922, como aún entonces de le llamaba  al 12 de octubre, Alfonso Reyes pronunció el discurso en nombre del cuerpo diplomático; por la tarde, la compañía teatral de Margarita Xirgú interpretó un acto de “La niña de Gómez Arias” de Calderón. Esta suerte de coincidencias, de proximidades y colaboraciones durante décadas forjaron una amistad tan larga como profunda. Federico García Lorca, por su parte, representó para Reyes no un amigo cercano, pues en realidad no lo fue, pero sí fue mucho más que eso, una especie de tenue fortaleza en el idioma, la señal de una renovación vital y en un ser humano esplendoroso. Fue en aquellos años del primer Madrid reyesiano que Juan Ramón Jiménez y don Alfonso publicaron Índice en la que Federico hacía sus primeras armas junto a Pedro Salinas, Antonio Espina, José Bergamín, Jorge Guillén, Dámaso Alonso y Gerardo Diego entre otros. Reyes admiró siempre en Federico su infinita capacidad para construir nuevos símbolos y para renovar los existentes, como Doña Rosita la soltera o el idioma de las flores. Por eso, tras su asesinato compuso la cantata ante su tumba:

Madre de luto, suelta tus coronas

sobre la fiel desolación de España

sacudido rosal, zarza entre lumbres.

De pronto, la cariñosa mano de mi esposa me vuelve a la realidad y reemprendemos el camino al Ritz, al desandar lo caminado voy recuperando mi cuerpo, voy regresando al mundo de los vivos, a girones, la literatura se me va desprendiendo de la piel;  recuerdo, al cruzar frente a las cortes, a la Emperatriz de Lavaréis de Jorge Hernández, a quien parece voy a conocer esta tarde. Con mi tropa, no diré que alegre, sino apenas ensimismada,he vuelto al hotel a tomar un fantástico desayuno y he aquí que he vuelto a ser yo entre los míos; mientras el café termina de dar de sí sus últimas partículas de vida, aparece, con la fresca de las once de la mañana Pablo Raphael, con su sonrisa casi infantil que da cuenta de los casi treinta años que ya dura nuestra amistad, me cae de pronto la memoria de una tarde en la casa familiar de los Raphael, el sol cayendo sobre la Bahía de Santiago en Manzanillo, cuando nos pensamos como escritores y nos llamamos por primera vez con la manera que lo hicieron otros viejos amigos, José Vasconcelos y Alfonso Reyes: “hermano mayor y menor”. No he tenido más remedio que desayunar de nuevo y Pablo nos dice que tenemos que ir a nuestra embajada a finiquitar algunos detalles burocráticos, volvemos una vez más a caminar la carrera de San Jerónimo y la plática en la oficina de Pablo fluye con ligereza y alegría, me obsequia con un libro fotográfico de los años de don Alfonso en Madrid. Entre tanto nos ha llegado la hora de comer, nos detenemos en un café cercano a la Embajada y cuando el carillón suena, nos indica que hay que prepararse; ya sólo Adriana y yo caminamos al hotel y me preparo.

Hubiera querido ir andando, pero quiero llegar un poco antes y ella no quiere que arribe perlado de sudor, así que nos llaman un taxi, minutos después estamos a las puertas de la Casa de América; nos hacemos las fotos rituales, nos reciben con afabilidad, somos por primero y me acomete el mismo terror que a todos los que participamos en actos como éste: ¿llegará alguien más?

Aunque hay unos cuantos adelantados y puntualmente personal de la Embajada; en los primeros cinco minutos la sala, impresionante por su arte, está llena hasta la mitad, mi querida amiga Raquel Sánchez, recién casada con el entrañable don Ricardo Ruiz de la Serna, ya llegó. Al final del acto la sala estará llena en su totalidad y habrá llegado también Ricardo.

Palabras de la embajadora Lajos que hacen que los mexicanos nos sintamos orgullosos de nuestra representación, palabras de Pablo que me introducen a la charla y entonces, ha llegado el momento.

Detrás de mí las banderas de México y de España me hacen pensar en que podría haber sido que las dos banderas que están ahí podrían ser tricolores; con este pensamiento que me ha tomado por asalto comienzo mi lectura. Hablo de Reyes y de cómo el exilio convirtió al hijo de familia en un adulto, de cómo el hombre y la necesidad trasformaron al personaje de la provinciana escena cultural mexicana en un auténtico escritor; de cómo el hombre aprendió a diferenciar entre la vocación y el oficio; de la manera en que la generosidad y la amistad españolas que acogieron a do nAlfonso en sus momentos de mayor penuria tuvieron tanto significado para las dos repúblicas y par quienes quedaron huérfanos de la española. Conforme avanzo en mi lectura me doy cuenta que no es de Reyes de quien estoy hablando sino que a través de su modelo, estoy dando cuenta de mi ideal de hombre de letras; cuando dejo atrás los datos históricos y me adentro en la personalidad del escritor, descubro en su pasión por la vida, en su nunca oculta lealtad por los placeres me doy cuenta, en un chispazo de conciencia, del profundo placer que me causa hacer lo que estoy haciendo, de que en realidad Serrat tiene razón cuando dice que “de vez en cuando al vida afina con un pincel, se nos eriza la piel y faltan palabras para nombrar lo que ofrece a los que saben usarla”.

Para que pueda cumplir los tiempos, para no perder la pista y no me olvide que estoy hablando para un público y no pensando en voz alta, Adriana me hace una seña discreta que tenemos convenida desde hace veinte años y que significa que estamos cerca de los límites; justa y oportuna me pone en camino de terminar mi texto y digo, por el placer de decirlo ahí y en ese momento:

Mar adentro de la frente,

por dondequiera que voy,

aunque haya nubes cerradas,

¡Oh cuánto me pesa el sol!

¡Oh cuánto me duele adentro

esa cisterna de sol

que viaja conmigo!

Cuando salí de mi casa

con mi bastón y mi hato

le dije a mi corazón:

– ¡ya llevas sol para rato!-

Es tesoro – y no se acaba

no se me acaba – y lo gasto.

Traigo tanto sol adentro

que ya tanto sol me cansa.

Yo no conocí en mi infancia

sombra, sino resolana.

Las conferencias se suceden, se aparece la imagen de don Alfonso, nos despedimos en la puerta de la casa de Pablo luego de conocer a su hija. Volvemos caminando al hotel, estoy dulcemente satisfecho. Un día entrañable para guardar todo el resto de la vida.

37,000 veces, Gracias!!!!

De nuevo, con la fortuna de su lectura y compañía, Cisterna de Sol ha alcanzado las 37,000 visitas. Con la palabra luminosa de la ofrenda: Gracias! compartimos, como es tradición, una imagen original para su uso y disfrute, se agradecerá citar la fuente.

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Tras los pasos de Alfonso Reyes en Madrid. 100 años después. Cuarta Jornada

Cuarta jornada. Noviembre 10, martes.

El día de hoy, no sé si felizmente, que eso nunca se sabe sino al paso de muchos años, ha sido histórico. Las cosas son como son y el ejemplar del diario El País que amablemente me han dejado en la habitación del hotel y que, seguramente conservaré por algunos años, da cuenta de algo que podríamos llamar la independencia de Cataluña pero que el rotativo enuncia como un desacato: “La mitad de Cataluña rompe con la democracia española…”, “El Parlament aprueba por nueve votos de diferencia la declaración de secesión…”, “Rajoy se reúne hoy con Sánchez antes de recurrir al Tribunal Constitucional…”, “Mas se ofrece para dirigir el proceso aunque carece de apoyos para ser elegido…”, y aún más: “Firmeza y política ante la insurgencia…”. Aunque el voto dividido parece equivaler numéricamente a un 50 y 50% a favor y en contra, don Ricardo Ruiz de la Serna me explica que, como en tiempos de la proclamación de la República, algunas cuestiones electorales relacionadas con el voto urbano favorecen a los nacionalistas.

Salvo el revuelo que presentan los noticiosos de la televisión y los titulares de los periódicos en Madrid, la calle luce como siempre y los hechos no parecen interesar a nadie con especial énfasis. No puedo dejar de pensar que una historia así, de peculiares identidades regionales, podría solucionarse con una república federal y aunque yo, que no soy español – aunque me gusta decir que no soy “completamente” español, celebro con mis hijos el 14 de abril, como una celebración de libertad, de justicia y de ideal humano, como diría don Alfonso, hecho de bien y de belleza, y creo que del mismo modo en que Reyes lo vio en su tiempo, la república no garantiza el desarrollo económico, ni la estabilidad de los gobiernos pero sí se basa en un principio ético – político y es consecuente con la igualdad de los ciudadanos y con el imperio soberano de la Ley. Hay una gran diferencia con el intento de independencia catalana de 1934 y el de esta ocasión; después de la opresión franquista, tanto España como Cataluña han optado por las vías legales y pacíficas o tal vez, sólo tal vez, no existe en Cataluña un consenso tan amplio como el que había en la era republicana o lo nuevos líderes no han logrado estar a la altura de las circunstancias, en estos días ya se verá como evoluciona la situación; si a don Juan Carlos de Borbón eso de salvar las situaciones – aunque también fabricarlas – era parte de su imagen y tarea, por ahora don Felipe no se ha dejado ver y parece que no es Barcelona el lugar donde tiene su mayor grupo de admiradores.

Hoy hemos tenido que arreglar algunos asuntos pendientes que Aranjuez ha tenido que quedar, de nuevo, para más adelante, así nos hemos dedicado a rastrear los pasos de Reyes en dos de los lugares más familiares para él durante su estancia madrileña: el barrio de Salamanca y el Parque del Retiro.

El parque del Retiro era un lugar habitual para don Alfonso, lo tenía a tiro de piedra de su trabajo y de su casa y es, para todo habitante de la ciudad, un paseo privilegiado, un punto de encuentro y un remanso en esta orbe que, a veces, se afana en ponerse difícil aunque no siempre lo logre. Del verano en el retiro decía Reyes:

Finalmente – último atractivo de la estación  ir a gozar la tibieza de la noche en el Retiro, donde le cine al aire libre calmará con sus luces verdes nuestra sensibilidad fatigada…”

Ahora aunque estamos en otoño, vivimos un fenómeno climático de esos que aparentemente no tienen explicación aunque sin embargo, suceden. Durante unos cuantos días el frío concede una tregua, los cielos se abren con su azul profundo que sólo puede verse en Madrid y se goza de un verano en miniatura que, con toda su dulzura es apenas un aplazamiento del fío que implacable se presentará con el otoño. La dulzura del tiempo nos ha ayudado a caminar y a recorrer Madrid en condiciones más agradables pero no para revivir la tradición del cine al aire libre en el parque; pero sí se encuentran, en profusión, niños en visitas escolares, personas de todas edades haciendo ejercicio y parejas caminando mientras conversan en voz baja; si alguna vez alguien quisiera hacer una paleta de colores ocres y dorados bien podría emprenderla copiando los miles de colores de las hojas caídas de los árboles del Retiro.

Del Ritz al Retiro no hay más de cien pasos; para quien toma la calle de Maura y se dirige a la puerta de España, en tan breve trayecto, ya se encontrará con más hullas del paso de don Alfonso por la capital española; para empezar, el nombre de la calle. Antonio Maura no fue propiamente amigo de Reyes, al mexicano como diplomático y crítico de su tiempo, lo conocía y aunque no parecía compartir sus ideas por completo y manifestar en sus informes diplomáticos ciertas dudas sobre su efectividad política, sí lo muestra como un elemento importante en el lento ascenso del liberalismo frente al desgaste de la corona.

Conforme se avanza hacia el retiro, pero antes de llegar a la esquina, una placa elegante y sobria nos informa que estamos frente al edifico donde María Zambrano vivió sus últimos años. Zambrano, ella sí amiga de don Alfonso, fue una de los más importantes tesoros que el exilio llevó a México; setenta cartas se escribieron entre 1939 y 1959. Por la edad no correspondía a su generación, él era quince años mayor que ella, pero la inteligencia de la filósofa era deslumbrante, fue el propio Ortega y Gasset quien la introdujo en el círculo de Reyes.

Rafael Serrano Figueroa, cuando tuvo en sus manos la publicación que hizo el diario El País del discurso de agradecimiento de María Zambrano al recibir el Premio Cervantes, me obsequió con una frase que desde entonces he atesorado y que puedo citar de memoria:

Para salir del laberinto de la perplejidad y del asombro, para hacerme visible y hasta reconocible, permitidme que una vez más, acuda a la palabra luminosa de la ofrenda: Gracias.

La elegancia de la pluma de María Zambrano es una rara mezcla de ritmo y concepto, no siempre fácil pero siempre provista de profundidad y de cierta serenidad no exenta de melancolía. La colaboración de Reyes y de Daniel Cosío Villegas pudieron salvaguardar la vida de la filosofa y ubicarla en el Colegio de San Nicolás de Hidalgo, en Morelia; el vientecillo que había sido antes tibio y que en la proximidad del retiro se tornaba casi fío, me regala lamedora de la primera lección de Zambrano en su Cátedra del Colegio de San Nicolás:

Por amor a tales recuerdos y a vuestra generosa compañía, seguidme hasta una hermosa ciudad de México, Morelia, cuyo camino no busqué, sino que él mismo me llevó a ella, igual que a tantos otros españoles recién llegados al destierro. Allí me encontré yo, precisamente a la misa¡ma hora que Madrid – mi Madrid – caía bajo los gritos bárbaros de la victoria. Fui sustraída entonces a la violencia al hallarme en otro recinto de nuestra lengua, el Colegio de San Nicolás de Hidalgo, rodeada de jóvenes y pacientes alumnos. Y, ajena desde siempre a los discursos, ¡sobre qué pude hablarles aquél día a mis alumnos de Morelia? Sin duda alguna, acerca del nacimiento de la idea de la libertad en Grecia.

El paso de María Zambrano por México no fue tan prolongado como el de muchos otros, pero sí fue muy fructífero; dejó tras de sí toda una cauda de lectores y de discípulos, también, como pocos, logró volverá a España a disfrutar la paz hasta el último de sus días.

La diferencia entre el viajero y el turista es el instrumento con el que cada cual observa su entorno; el primero es el hombre del microscopio, el segundo prefiere el telescopio; para éste último lo que vale es la distancia, el sello en el pasaporte y la colección de fotos en los lugares que son insignes por el número de visitantes que recibe cada año pero para el otro, lo que en realidad vale es el detalle, el sitio preciso y el mecanismo adecuado es el que encuentra las maravillas donde habitualmente nadie busca; es el hombre de los rincones ocultos y las esquinas con historia. El viajero atento podrá maravillarse con la cantidad de historia acumulada que hay en esos escasos metros del Ritz al Retiro. Siguiendo esa ruta, cuando se ha llegado a la avenida que delimita el parque y uno dobla a la izquierda como dirigiéndose al barrio de Salamanca por la Calle Serrano, como si quisiera llegar a la que fuera casa de Alfonso Reyes, se encontrará con el lugar donde nació Ortega y Gasset. En efecto, Ortega fue un gran amigo de Reyes aunque no siempre compartieron ideas los unía un afecto profundo. Ortega no sólo lo presentó con María Zambrano, sino que don José fue uno de sus primeros benefactores en Madrid al invitarlo a colaborar en el Semanario España, luego en El Imparcial y también en El Sol, como en leal justicia reconoció Reyes en el prólogo a sus Vísperas de España; incluso, Ortega lo llamó para integrarse a los fundadores de la legendaria Revista de Occidente. Tampoco puede olvidarse que fue en el Semanario España donde Reyes y Martín Luis crearon Fósforo y con él la crítica cinematográfica en lengua castellana. Aunque Reyes, en tiempos de la rebelión franquista ofreció a Ortega asilo en México, el español prefirió quedarse en su tierra sin que ello fuera obstáculo para que don Alfonso le dedicara uno de las más hermosas despedidas de cuantas tuvo que realizar para sus amigos que partieron antes de que él mismo se marchara para siempre:

Yo quiero evocar sobre su tumba las palabras de Horacio a Hamlet, envolviendo así en cortesías poéticas las asperidades de la desgracia: “Buenas noches, dulce príncipe; los coros de ángeles arrullen tu sueño”.

De aquel Retiro de su tiempo Reyes recuerda una anécdota singular:

Cuando el escritor José María Chacón era segundo secretario de la Legación de cuba en España, salía de su casa (General Pardiñas 32, barrio de Salamanca). Caminaba a pie hasta el Retiro, tomaba una barquita, cruzaba el lago y , ahí pasar la calle, estaba en su oficina. – yo voy todos los días a mi legación en barca – solía decir. Y era verdad”.

Mañana, al fin, estaremos en el coloquio sobre la vida y la obra de Alfonso Reyes a cien años de su llegada a Madrid; los catalanes – para decirlo con propiedad: algunos catalanes – seguirán amenazando en esa comedia de enredos y bueno, el mundo seguirá rodando para que, dentro de muchos años, alguien pueda escribir una crónica.

Quinta jornada. Noviembre 11, miércoles.

La cuestión catalana sigue sin impresionar al gran público madrileño; anoche el noticiero asturiano fue omiso en el tema – aunque dieron las noticias internacionales en bable – tampoco el servicio de información gallego parece dar mucha importancia al impasse que vive el embrión de la República catalana o del Reino Unido de le España y Cataluña.

La edición de hoy de El País, da cuenta del fracaso de Artur Mas para dirigir el proceso soberanista; los días transcurren y no hay investidura de un presidente del Parlament; el supuesto apoyo que todos los partidos habían ofrecido a Mas no ha quedado sino en curiosos jugueteos políticos, el gobierno central se detiene promoviendo una moción constitucional para detener cualquier intento cesesionista

Imagginación

Meditación Divertida con Maggie

Disappearing Thoughts

clicks and clips

Tablaturas de mis pasos

Espacio para mostraros con palabras y fotos los lugares que voy conociendo y que me hacen feliz

NOUS LES FEMMES

Aller au delà de nos limites à travers le monde. J'en suis capable, pourquoi pas toi? Pourquoi pas nous? Ensemble nous sommes invincibles "Je suis femme and i can".

Rosie Blog

A garden of wild thoughts. Feeling thoughts and dilemmas

Un Loco Anda Suelto

Entra en mi mente...déjame entrar en la tuya...

umaverma12

Inner-peace is necessary to overcome of all the pain.

El Rincón de Suenminoe

En el soñador vida y sueño coinciden

La poesía, eso decían

Como plasmar la idea natural.

Cynthia Briones

Letras en el mar.

Polisemia Revista cultural

En cada edición proponemos una palabra para indagar sus posibles significados desde distintas áreas.

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