El rincón de la bibliografía: Feliz cumpleaños Carlos Monsiváis

Siempre nos hace falta Monsiváis, siempre… pero ahora más, quién si no él nos echaría una luz en estos días, su crónica, su reflexión, su voz. Nunca lo olvidamos, ahora menos, para celebrarlo, aquí su bibliografía comentada.

Que ustedes lo disfruten:

Principados y potestades 

https://www.revistadelauniversidad.mx/articles/5b047ac7-f7ca-47ea-b653-8a1d0beab87f/principados-y-potestades

Días de guardar 

https://www.edicionesera.com.mx/libro/dias-de-guardar_78428/

Amor perdido

https://www.edicionesera.com.mx/libro/amor-perdido_78847/

El crimen en el cine

https://www.proceso.com.mx/560989/con-carlos-monsivais-en-el-cine

Cultura urbana y creación intelectual. El caso mexicano

http://www.silabario.com.mx/carlos-monsivais-maestro-la-ironia/

Cuando los banqueros se van

https://prezi.com/p5tp7zne8u3u/carlos-monsivais/

De qué se ríe el licenciado. Una crónica de los 40

http://www.lehman.cuny.edu/ciberletras/v06/glantz.html

Confrontaciones 

https://www.letraslibres.com/mexico/carlos-monsivais-saulo-en-la-portales

El poder de la imagen y la imagen del poder. Fotografías de prensa del porfiriato a la época actual

https://www.proceso.com.mx/534947/caminos-de-carlos-monsivais-1938-2010

Entrada libre. Crónicas de la sociedad que se organiza

https://www.maspormas.com/cdmx/diez-libros-para-recordar-a-carlos-monsivais-en-su-dia/

Escenas de pudor y liviandad

https://local.mx/cultura/exposiciones/escenas-de-pudor-y-liviandad/

El género epistolar. Un homenaje a manera de carta abierta

https://www.jornada.com.mx/2003/03/15/06aa1cul.php

El teatro de los Insurgentes: 1953-1993

http://www.revistaimagenes.esteticas.unam.mx/teatro_de_los_insurgentes

Sin límite de tiempo con límite de espacio: arte, ciudad, gente, colección de Carlos Monsiváis

https://www.nexos.com.mx/?p=12580

Rostros del cine mexicano

http://www.laprensa-sandiego.org/archieve/march18-05/carlos.htm

Por mi madre, bohemios

https://pormimadrebohemios2.wordpress.com

Los mil y un velorios. Crónica de la nota roja

https://www.letraslibres.com/vuelta/los-mil-y-un-velorios-carlos-monsivais

Luneta y galería (Atmósferas de la capital 1920-1959) 

https://www.lifeder.com/carlos-monsivais/

Los rituales del caos

https://www.letraslibres.com/vuelta/los-rituales-del-caos-carlos-monsivais

Cultura popular mexicana

https://www.eluniversal.com.mx/cultura/carlos-monsivais-y-su-aporte-al-mundo-cultural-de-mexico

Aire de familia. Colección de Carlos Monsiváis

https://www.letraslibres.com/mexico/libros/aires-familia-carlos-monsivais

Diez segundos del cine nacional

https://www.jornada.com.mx/2010/07/04/sem-tovar.html

El bolero

https://www.nexos.com.mx/?p=13746

Recetario del cine mexicano

https://www.cineforever.com/2010/06/20/luto-por-carlos-monsivais/

Del rancho al Internet

https://letrasactivas.com/libro-analisis-del-rancho-a-internet-de-carlos-monsivais/

Las herencias ocultas del pensamiento liberal del siglo XIX

https://www.letraslibres.com/mexico/libros/las-herencias-ocultas-del-pensamiento-liberal-del-siglo-xx-carlos-monsivais

Las tradiciones de la imagen: Notas sobre poesía mexicana

https://www.uv.mx/veracruz/usbi/martes-de-lectores-y-lecturas/imagenes-de-la-tradicion-viva/

Protestantismo, diversidad y tolerancia

https://protestantedigital.com/print/9927/Protestantismo_diversidad_y_tolerancia_segun_Monsivais

«No sin nosotros». Los días del terremoto 1985-2005 

https://www.proceso.com.mx/228892/no-sin-nosotros-los-dias-del-terremoto-1985-2005-por-carlos-monsivais

Las alusiones perdidas

https://archivo.eluniversal.com.mx/columnas/67562.html

El Estado laico y sus malquerientes

https://laicismo.org/el-estado-laico-y-sus-malquerientes/

El 68, la tradición de la resistencia

https://www.edicionesera.com.mx/libro/el-68-la-tradicion-de-la-resistencia_78487/

Escribir, por ejemplo. De los inventores de la tradición

https://elfondoenlinea.com/Detalle.aspx?ctit=017483E

Apocalipstick

https://www.nexos.com.mx/?p=13635

Historia mínima de la cultura mexicana en el siglo XX

http://www.cronica.com.mx/notas/2010/551363.html

Democracia, primera llamada. El movimiento estudiantil de 1968

https://semanariouniversidad.com/suplementos/carlos-monsivais-memoria-de-tlatelolco-1968/

Que se abra esa puerta. Crónicas y ensayos sobre la diversidad sexual 

https://www.revistaarcadia.com/libros/articulo/presentan-mexico-cronicas-ensayos-monsivais-sobre-diversidad-sexual/24246

Las esencias viajeras. Hacia una crónica cultural del Bicentenario de la Independencia

https://www.traficantes.net/libros/las-esencias-viajeras

Maravillas que son, sombras que fueron. La fotografía en México

https://www.edicionesera.com.mx/libro/maravillas-que-son-sombras-que-fueron_78636/

Aproximaciones y reintegros

https://www.jornada.com.mx/2015/06/24/opinion/a07a1cul

Misógino feminista

http://oceano.mx/ficha-libro.aspx?id=11899

Carlos Monsiváis (autobiografía)

https://www.jornada.com.mx/2010/07/04/sem-hermann.html

Celia Montalván (te brindas voluptuosa e impudente)

https://www.librosmexico.mx/libros/726476

María Izquierdo

https://www.otroangulo.info/libros/carlos-monsivais-en-cuatro-tiempos-en-medio-siglo/

Luis García Guerrero: novedad del paisaje

https://www.jornada.com.mx/1997/03/16/sem-monsivais.html

José Chávez Morado 

https://www.eluniversal.com.mx/articulo/cultura/artes-visuales/2017/01/4/se-cumplen-108-anos-del-natalicio-del-muralista-jose

Escenas mexicanas en la obra de Teresa Nava

https://www.museodelestanquillo.cdmx.gob.mx/exposiciones/itinerancias/2015-/la-patria-intima-de-teresa-nava

Salvador Novo. Lo marginal en el centro

https://www.letraslibres.com/mexico/libros/salvador-novo-lo-marginal-en-el-centro-carlos-monsivais

Adonde yo soy tú somos nosotros. Octavio Paz: crónica de vida y obra 

https://www.jornada.com.mx/1998/04/26/sem-monsi.html

Novoamor

https://cuartoscuro.com.mx/revista/recordando-a-monsivais/

Yo te bendigo, vida. Amado Nervo: Crónica de vida y obra

https://revistas-filologicas.unam.mx/literatura-mexicana/index.php/lm/article/view/463

Carlos Pellicer: Iconografía

https://elfondoenlinea.com/Detalle.aspx?ctit=017365R

Annita Brenner: Visión de una época

https://www.letraslibres.com/espana-mexico/historia/la-otra-tierra-prometida-anita-brenner

Frida Kahlo

https://elpais.com/diario/2007/07/06/revistaverano/1183672801_850215.html

Rosa Covarrubias: Una americana que amó México 

https://numerocero.mx/granalsifel1972/oejofdxpep-177149.html

Pedro Infante: Las leyes del querer

https://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-4832023

Nuevo catecismo para indios remisos

https://www.nexos.com.mx/?p=4064

Una interesante entrevista a Monsiváis realizada en Chile:

1968. Los que no estábamos 

Todos estamos hechos de recuerdos, de los nuestros y de los que heredamos. En la casa de mis padres había una enciclopedia gráfica de la Revolución mexicana, aquella de pastas azules en la que se glosaba el legendario archivo Casasola; el último de sus tomos cantaba las glorias de los gobiernos revolucionarios; entre sus páginas, como una mancha de dudosa procedencia, aparecía el movimiento estudiantil de 1968.

Mis hermanos y yo nacimos entre 1963 y 1977; no hubo en casa memoria de aquellos días; cuando me pude acercar a “La noche de Tlatelolco” de Poniatowska, aún era poco lo que se decía y menos los que se podía encontrar. Era una guerra perdida entre la estrategia del olvido y la férrea persistencia de la memoria y de la vida. En los primeros años de la curiosidad los entonces adolescentes, casi niños, realizábamos una especie de arqueología informativa, pescábamos un dato aquí y otro allá, hablábamos con los hermanos de los amigos que sí habían estado, escudriñábamos la memoria de los padres que habían perdido a alguien, explorábamos el recuerdo de la ciudad que se negaba a olvidar lo inexpresable. El 68 era para nosotros, entonces, una especie de espantajo con el que nuestros padres y maestros buscaban protegernos, nos advertían que sólo a los muchachos que se metían en problemas el gobierno los trataba de esa manera y la expresión “esa manera”, encerraba mitos, leyendas, temores enormes que se mezclaban con lo que ya sabíamos que sucedía en Argentina o en Chile.

El terremoto de 1985 despertó muchas conciencias, levantó la nuestra, nosotros, entonces malinformados y todavía imberbes, ya queríamos y teníamos algo que decir, cosas que no nos cuadraban como las desigualdad, la pobreza y la eternidad priísta que nos parecía contranatura; luego, dentro de la ola que se produjo con el movimiento telúrico, en 1989 Jorge Fons estrenó “Rojo amanecer” y el tema saltó de los textos académicos y de las publicaciones clandestinas y marginales a los medios masivos; la película la vi en el enorme Cine Chapultepec, también ahora parte de la memoria perdida; al salir, además del miedo que traía metido en la sangre, me embargaba una enorme vergüenza, no podía soportar la idea de que aquellos jóvenes, que tenían entonces unos cuantos años más de los que yo tenía al presenciar el fime, hubieran tenido que transitar todos esos lustros en el silencio y en las sombras; ahora aparecían como héroes de una historia que debía ser contada. Poco después se permitió la exhibición de “El grito” de Leobardo López, con lo que parecía que las puertas se habían abierto.

En 1993 con ocasión del XXV aniversario del movimiento se inauguró la Estela de Tlatelolco; aunque el diálogo estaba ya abierto y se podía decir todo, o casi todo, las diversas versiones entre los participantes parecían perpetuar las divisiones que ya se habían engendrado desde la época de los hechos; pero ya la suerte estaba echada y nos enterábamos de datos nuevos, de cifras espeluznantes, de prácticas que desconocíamos y que nos dejaban saber el mundo en el que en realidad habíamos vivido; para 2015, la Asamblea Legislativa del Distrito Federal impuso, en letras de oro, la expresión: “A los mártires del movimiento estudiantil de 1968”; un nuevo riesgo aparecía en el horizonte, la normalización del hecho histórico para lanzarlo tan lejos como la memoria lo hiciera posible, oficializar el sacrificio e instalarlo en el martirologio oficial, haciéndo inocuo y similar a los niños héroes. Dudo que se tratara de una estrategia oficial, más bien, pertenecía a una especie de inercia histórica en la que nuestro miedo al cambio, nuestro temor a remover el pasado resulta preferible a la justicia y la verdad, echar tierra con la finalidad de seguir adelante. La sobrevivencia consiste en una rarísima suma de ambos elementos, verdad y olvido, justicia y perdón. Pero lo que no es posible es aspirar a la justicia sin haber conocido la verdad ni practicar el perdón si no se conocen las auténticas dimensiones de las ofensas.

Ahora se cumplen cincuenta años del movimiento de 1968; los que no estuvimos miramos con cierta lejanía que nos aproxima a una poco menos que imposible imparcialidad, después de todo hablamos de nuestro país y de nuestro pueblo, pero sabemos que aquel movimiento era parte de una ola en todo el mundo; sabemos también que se trató de un hecho de represión ilegítimo e ilegal y que las visiones maniqueas sobre la infiltración comunista son falsas, incompletas y hasta infantiles; sabemos, que nuestras libertades, como hoy las tenemos, con sus amenazas y limitaciones, son hijas de aquel dolorosísimo parto. Los que no estuvimos, llegamos al mundo con un compromiso adquirido que exige ser satisfecho. Las generaciones post 68, que han buscado su identidad bajo una sombra gigantesca, tienen en esta conmemoración la oportunidad de honrar la memoria construyendo un mañana de paz, democracia y verdad.

El libro nuestro de cada martes: La noche de Tlatelolco de Elena Poniatowska

Durante mi adolescencia este libro alumbró mi primer conocimiento sobre los hechos que, después, se convirtieron en una especie de obsesión; saber, conocer la verdad, a trechos y a pedazos escapados.

Con los años, la verdad ha ido saliendo a la luz y nos damos cuenta de la dimensión de lo sucedido y, con ello, del valor de su legado.

La noche de Tlatelolco, es más que un libro, un documento, un memorial y el primero que denunció con valentía las obscuridades de los años de 1960 en nuestro país. Hoy, en el cincuenta aniversario de la masacre; hoy, cuando nos aproximamos a la memoria con reverencia pero también con ánimo de conocimiento y justicia, leerlo es un deber.

Algo más sobre el libro:

http://www.fundacionelenaponiatowska.org/bibliografia/la-noche-de-tlatelolco.html

La noche de Tlatelolco en voz de Elena Poniatowska

El libro nuestro de cada martes: Una soledad demasiado ruidosa de Bohumil Hrabal

Los aficionados a la literatura checa lo llaman «La H entre las K», es decir, de entre las cumbres Kafka y Kundera, se encuentra él: Bohumil Hrabal. Se trata de un escritor complejo que no complicado, profundo y al mismo tiempo dotado de un peculiar humor; poco conocido entre nosotros, es una fuente inagotable de reflexión y placer de lectura.

Algunos de sus libros como «Trenes rigurosamente vigilados» han dado lugar a interesantes versiones cinematográficas y otros como «Yo serví al Rey de Inglaterra», contienen claves sobre la literatura de resistencia a la invasión soviética sobre la cultura checa.

Sus libros mezclan la dureza de la condición humana, sus tragedias cotidianas y el dolor de la existencia, pero todo ello con la sonrisa y el humor que hereda el autor y sus personajes desde la antigua prosapia del viejo Soldado Shvejk; en fin, se trata pues de un autor del que sus breves libros dejan huellas largas en la conciencia.

Una soledad demasiado ruidosa enfrenta dos dramas, el del trabajo artesanal frente a la industrialización de las actividades y la del hombre enfrentado a la destrucción de la cultura como parte de la vida cotidiana y aún de la modernidad. Imaginad un individuo que ama la cultura, ha leído todo y de todo, su secreto es que trabaja en una prensa que prepara papel de deshecho para las recicladoras, los mejores libros pasan primero por sus ojos y los decorados y el arte embellecen las balas de papel que prepara con su prensa; sabe que debe destruir libros y lo hace no sin piedad; su tarea es la danza de la construcción y la destrucción de tal manera que está decidido a jubilarse junto con su prensa. No lo logrará, la modernidad y la colectivización le saldrán al paso.

No hay manera de escapar de Hrabal cuando se lo ha comenzado a leer. Por eso es inolvidable e imprescindible; pienso que hemos comenzado con una cita incompleta, tal vez haya otra «H» entre las «K», digámoslas así, las «H» entre las «K», Kafka – Hrabal – Havel -Kundera», pero de Vaklav Havel hablaremos otro día.

Algo más sobre el libro:

https://librotea.elpais.com/libro/una-soledad-demasiado-ruidosa

Algo más sobre la película: Trenes rigurosamente vigilados

Tlaltelolco

I

 

Las ciudades tienen cicatrices, como los rostros y las almas, Tlatelolco es la más terrible de cuantas tiene nuestra Ciudad de México.

Bajo la tierra, ahora expuestos a la vergüenza de cuentos pasan y miran, están los amantes de Tlatelolco. En un abrazo eterno, en un sexo seco y sin aromas, mudos y muertos, pero aún así amantes. La plaza se extiende y se contrae, como todas las serpientes, a sus lados; la iglesia aún más muda, enfrente. La velocidad de la ciudad por todas partes.

La sangre en su última gota aún no se seca. Si bien es cierto que no se oyen más gemidos, golpes, balas o sirenas, esta no es una noche amable – igual que cometer una violación para iniciar a un hombre-niño en la sexualidad- nada es ya lo mismo desde entonces, las noches no serán tranquilas nunca más.

¿Cómo se mira la sangre de un muchacho, que se ha derramado hace 45 años?, ¿Cómo se camina, todos los días, entre los más terribles traumas de un país?, ¿Cómo se puede hablar hebreo, ocho pisos arriba de la Plaza de Tlatelolco?… cómo, con quién, con qué objeto.

 

II

 

Las voces del teléfono son tan esbeltas como las líneas que las transmiten, y en principio, suelen ser igualmente obscuras y subterráneas. Con el tiempo, como todo bajo el sol, cambian y a veces se hacen nuevas. Son las voces del esclavo como de la reina, del pecador como del justo. La voz es tuya o mía y nada más. Te conocía, te oí aquella voz risueña, obscura, delgada y lejana – diría Kundera, la voz de la risa y el olvido – Deseaba verte, como se quiere conocer la materialidad del viento.

Tus lágrimas son como gotas de sangre, igualmente preciosas, igualmente extrañas, grandes y copiosas. Creo que nunca lloré, nunca me viste y me negué a hacerlo, pero miraba llorara todos los días a la ciudad, envuelta en una nube negra que se diluía siempre a las once de la mañana, veía pasar a los manifestantes, cantando consignas pro Cuba, sin que nadie los viera sino estorbar un tránsito siempre caótico, veía mi hogar, en la distancia de los kilómetros, cuando el viento era suficiente para alcanzarlo.

Leía el New York Times y miraba, entre dos y tres, hacia el estacionamiento donde caminarías, con tu paso ligero y seguro, un poco inclinada al frente, saludando con una cortesía entre natural y estudiada.

 

III

 

Los soviéticos entraron en Checoslovaquia e impusieron sus reglas, matan a cientos de personas en Tlatelolco, han muerto Luther King y el segundo de los Kennedy, Malcom X quiere un estado para sus hermanos, la Universidad de París cae en manos de los estudiantes… es el fin de la Utopía.. fin de la Utopía… Utopía… la Ultima Thule… como sembrar en el desierto al volver de un viaje forzado de dos mil años.. antes fue el año 1948.

Rusia y Alemania, Hitler y Stalin. Ashkenaz se muere. El mundo pierde el sentido de la realidad queriendo tomar lo que no es suyo, a cualquier precio, precio que desde luego pagarán nuestros hijos y nuestros descendiente de generación en generación. A México o Costa Rica el pueblo llega y se establece.

Las letras preguntan todo el tiempo, desean un buen año o preguntan por Barbra    -quién puede saber el juego de la ruleta de una primera vez juntos a la mesa- uno se pregunta si la vida vale la pena por unos ojos que se insiste son verdes, aún cuando no exista nada que nos una ni se quiere, tal vez, que lo haya.

La filosofía es vivir todo el tiempo. A cada instante, en tanto dure la inteligencia, la lectura del universo se hace una labor cotidiana. Miramos por la ventana cómo se descubren los pasos perdidos de un pasado precortesiano, preguntas y respondo, teorizo y me corriges, te miro y miro mi deseo, tu aroma se imprime para siempre en mi alma y aún no has llorado.

La majestad de la reina se hace constante en este universo de cuatro por seis. Estableces tu imperio soberano. No hay perdón, no lo habrá jamás mientras quede un espacio por conquistar y colonizar, ambos lo sabemos y tal vez nunca debimos haber empezado a construir la utopía. No hay vuelta atrás, quemo mis naves.

Grandes besos son las palabras.

Me pregunto quién eres, me lo pregunto tanto y tantas veces, qué extraño poder tienes que entras en mis sueños y los dominas, cambias el cauce los ríos que, cuesta arriba, se adentran la espesura de tus especulaciones -ya ahí nos conocemos-.

Tlatelolco abajo, entre los edificios derruidos y el purgatorio estético, una sociedad que se organiza y rompe con los esquemas e instituciones caducas que no tienen respuestas, sufro las mismas transformaciones, este es el momento de una nueva escritura.

Desde siempre, acaso antes de que -como dice Borges- el tiempo se acuñara en días, la pequeña pirámide de los símbolos calendáricos nos mira: conejo, piedra, ácatl, ehécatl… recuerdan los tiempos patentes en tu alma. Vendrán los días del Mesías, en el que el lobo vivirá con el cordero y el tigre dormirá junto al cabrito; el ternero, el león y la oveja andarán juntos, y un niño será su pastor.

La diferencia entre una rosa y un tulipán es un café y un gato de angora, la diferencia entre hoy y mañana es una promesa de futuro compartido.

Ocho meses después sigue lloviendo en Tlatelolco, parejas -con todo lo unívoco y equívoco del término- siguen yendo a tomar café a la Zona Rosa, y alguien transplanta un tulipán esperando que viva siempre en la casa de otro alguien.

 

IV

 

Epocas de creación, enfrentadas a la inmovilidad, sinónimos de la muerte lenta en la negación del ser, días de destrucción, de la constante sucesión de fuegos nuevos, de fuegos renovantes y aniquilantes. Fuego es lo que escupen los fusiles en la cara de un muchacho de veintiún años, en el preciso lugar donde caminaban, donde caminaremos mojados en lluvia potente.

De cualquier forma el estaba ahí, esperándola. Los cuates de la facultad le habían dicho que se iba a poner cabrón de tanta gente que iría. Al principio ella no quería asistir, cuando accedió lo hizo a regañadientes, pero ni modo, así se hace la Revolución. No era cosa de echarse para atrás. De su casa ni hablar, después de todo el era un pinche burgués, igual que los demás, los que querían convertir al mundo en un prostíbulo dominado por el capital yanqui, sin que les importaran los estudiantes, los obreros o los campesinos.

Ya empezaba a impacientarse, había un montón de gente era cierto, pero qué Revolución ni que la chingada, lo que le urgía era verla, por eso se sintió mejor cuando creyó verla venir, entre la gente que pasaba el bote de la cooperación.

 

V

 

No fue sencillo comprender los mecanismos en los que confías, las elecciones entre la aventura -acaso poco viable por ser altamente destructiva- y el hechizo de tu encantadora burguesía. En la otra mano un cerebro de corazón palpitante, voces de poemas que queriendo hablar siempre terminaron acariciándote y nunca besándote

Aún así te esperaba todos los días, retrasaba mis salidas. Octavo piso, Secretaría de Relaciones Exteriores, tercera línea de ventanas contando de derecha a izquierda.

Fue el tiempo de tomar decisiones juntos, de orientar y buscar una nueva estrella en el norte, una nueva ruta al oriente, era el momento de determinar los mutuos sentidos. Entonces dijiste: «Cuando detuvo su tren de pensamiento se dio cuenta que había llegado a la estación equivocada…» aún ahora pienso que nuestra dirección es la misma, aún ahora creo que podemos detenernos en estaciones equivocadas.

Tiempo aciago de las promesas y los compromisos, tiempo de hacer de la libertad una amarra al cuello y tiempo al fin, de querer y soñar, de desear una tarde juntos en Jerusalén.

La tradición se cumplió como cada año, llegó el segundo día de la fiesta de la liberación, fiesta del pan ácimo, fiesta de mi propia liberación en que entendí que eras mi libertad. Cómo explicar lo que yo mismo no comprendo en toda su magnitud, las relaciones que se establecieron en ese momento, la intuición que aprendí de tus grandes ojos almendrinos.

Después de la liberación viene el éxodo, así será siempre. El tiempo de la despedida siguió también, antes de que yo siguiera deambulando, enamorado del sufrimiento y de la sangre de Tlatelolco, de una iglesia que sólo podía hablarme de historia, de mi país, del dolor y de nosotros. Me marcharía entonces de la Plaza, pero no para siempre, creí que te marcharías al oriente para no regresar a mi hemisferio.

 

VI

 

Los altavoces coreaban las consignas de la nueva Revolución que nos haría hombres y mujeres libres, auténticos compañeros.

Dentro de su cabeza las ideas se arrebataban el mando en una guerra fratricida. Total, al rato se acaban los discurso, a lo mejor nos damos un llegue con los granaderos, pero al final siempre habrá tiempo de ir a la casa de algún compañero y echarse un trago, con ella a lo mejor, ahora sí, sale algo.

Me preocupan otras cosas, si de plano el mundo está tan jodido, si vale la pena estudiar derecho para terminar al servicio de toda esta mierda imperialista, si vale la pena creer en la religión de mis padres y no en esta que he adoptado -así, por mis huevos- si vale la pena amarla, como a mi compañera, y si ella se cree en realidad mi compañera. Lo mejor sería morir juntos como si anduviéramos en Sierra Maestra.

Así pensaba, por eso no entendían los soldados que lo madrearon hasta que se cansaron, antes de matarlo frente a la puerta de la iglesia, mientras el seguía cantando el bolero que le oyó a su mamá: «Por alto que esté el cielo en el mundo, por hondo que sea el mar profundo…»

 

VII

 

No podía pensar que ibas a volver, eras como Lilith en mis sueños, un demonio terrible que me ahorcaría con sus divinos cabellos. Al mismo tiempo, eras la mujer, la mía, del pan cotidiano y el amanecer perpetuo, tenías peso específico en mi conciencia y desde ese punto de vista no podía evadirme. Esta extraña situación me hacía verte distante y cercana, contingente y necesaria… no había respuesta sino el incesante e incierto deseo de tu retorno.

 

VIII

 

Ella había llegado.

Mira que hay que ser de plano pendeja para venir a estas chingaderas, aunque qué de malo puede salir, hay mucha gente, todos diferentes de nosotros, todos somos compañeros.

Además el buey ni vino, ha de andar en sus grillas y a lo mejor hasta agarró lugar allá arriba, en el Chihuahua; como el ya conoce me diría que está pasando. No me gusta andar sola. No va a pasar nada, estoy segura, los del gobierno siempre se salen con la suya, para eso es el poder, pero no son tan pendejos para armar una revolución haciendo más ruido, esto tiene fuerza y lo mejor será que le den su dinero a los líderes y ahí muere, lo de los granaderos y los soldados son puras madres para espantar a toda la bola de borregos que no saben ni a qué vienen.

Fue entonces cuando el mundo se dio vuelta sobre su cabeza, sonaron los balazos, una luz en el cielo, sintió un dolor fuerte en la cintura y luego lo último que pensó fue muy raro: ¿No habré bajado en la estación equivocada?

 

IX

 

Tlatelolco sigue en pie, dos de octubre no se olvida… aunque los campesinos tengan hambre y los estudiantes sigan siendo el futuro de México, ese futuro que se aplaza cada cinco o seis años, pero qué se le va a hacer si éste es el final de la historia. A pesar de los años y de tantos todos encimados, la gente sigue yendo a dejar velaras a la Plaza de las Tres Culturas, a unos pasos la élite de la burocracia nacional se habla en siete lenguas para divertirse. Cada vez son menos las veladoras -a nadie devuelve sus hijos poniendo una breve mención en los libros de texto gratuito-

Como los muertos, los vivos dejamos también nuestros fantasmas, alguno ronda, octavo piso, Secretaría de Relaciones Exteriores, tercera línea de ventanas contando de derecha a izquierda y piensa que las historias pueden escribirse de otra manera.

 

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