La lista tonta de los jueves: Autobiografías de escritores

Los protagonistas de la literatura hablan sobre sí mismos, sobre sus vidas y avatares; sobre sus sueños y sus frustraciones; nos guían por lo que dicen y por lo que callan y en cada palabra nos enseñan el oficio de escribir y el sueño de ser leído.

Vivir para contarla. Gabriel García Márquez. https://www.penguinlibros.com/es/biografias/36815-vivir-para-contarla-9788439728405

El pez en el agua. Mario Vargas Llosa. http://www.agenciabalcells.com/autores/obra/mario-vargas-llosa/el-pez-en-el-agua/

Confieso que he vivido. Pablo Neruda. https://www.zendalibros.com/confieso-que-he-vivido-las-memorias-de-pablo-neruda/

Los hechos. Philip Roth. https://www.nytimes.com/es/2018/05/24/espanol/cultura/philip-roth-literatura-obituario.html

A propósito de nada. Woody Allen. https://www.alianzaeditorial.es/libro/libros-singulares-ls/a-proposito-de-nada-woody-allen-9788491819950/

Automoribundia. Ramón Gómez de la Serna. https://www.jstor.org/stable/41676966?seq=1

El Diario de un escritor. Fiódor Mijáilovich Dostoyevski. http://paginasdeespuma.com/catalogo/diario-de-un-escritor-2/

Habla, memoria. Vladimir Nabokov. https://librotea.elpais.com/libros/habla-memoria/

De Profundis. Oscar Wilde. https://www.librosyliteratura.es/de-profundis-de-oscar-wilde.html

Antes del fin. Ernesto Sabato. https://www.revistadelibros.com/articulos/memorias-de-ernesto-sabato-antes-del-fin

Mapa dibujado por un espía. Guillermo Cabrera Infante. https://elcultural.com/Mapa-dibujado-por-un-espia

La arboleda perdida. Rafael Alberti. https://www.revistadelibros.com/articulos/memorias-de-rafael-alberti-la-arboleda-perdida

Adiós a todo eso. Robert Graves. https://elcultural.com/Adios-a-todo-eso

Algo de mí mismo. Rudyard Kipling. https://www.pre-textos.com/escaparate/product_info.php?products_id=333

El mundo de ayer. Stefan Zweig. https://www.acantilado.es/catalogo/el-mundo-de-ayer/

Confesiones de un burgués. Sandor Marai. https://librotea.elpais.com/libros/confesiones-de-un-burgues/

Bosquejos de infancia y adolescencia. Thomas de Quincey. https://sextopiso.mx/esp/item/41/2/bosquejos-de-infancia-y-adolesce

Apuntes autobiográficos. Robert Lowell. https://ediciones.udp.cl/libro/apuntes-autobiograficos-y-algunos-poemas/

Memorias de ultratumba. Chateaubriand. https://www.letraslibres.com/mexico/libros/memorias-ultratumba-francois-chateaubriand

París era una fiesta. Ernest Hemingway. https://clavedelibros.com/paris-era-una-fiesta-ernest-hemingway/

El libro nuestro de cada martes: La última palabra de Hanif Kureishi. Ed. Anagrama

Cada que tengo ocasión vuelvo sobre los libros de Kureishi, en realidad amo las culturas mestizas, como la mía; adoro la mezcla de giros y colores y Kureishi, con Naipaul, es el maestro.

En esta entrega Kureishi ofrece la visión de la autor en sus útlimos días, nos lleva a reflexiones profundas sobre la vida y la obra del escritor, sobre el juicio moral y el histórico, sobre el papel de los lectores y el infierno de la creación así como de su gloria; como todas sus novelas, es un entramado de muchas voces y de muchas historias, de gente que entra y sale de una vida para ofrecernos el complejo mosaico de la realidad reconstruida por la magistral pluma del escritor. Un libro que no se puede perder.

Algo más sobre el libro:https://www.anagrama-ed.es/libro/panorama-de-narrativas/la-ultima-palabra/9788433979070/PN_877

Algo más, el presente según Kureishi:

un mundo puro conduce al fascismo

El vals del minuto: Porqué amo leer?

Un minuto solamente, un minuto nada más para cantar este vals… cómo dice la enorme Nacha Guevara; un minuto para pensar en el enorme placer de la lectura y el

Lindo con que nos regala

Que ustedes lo disfruten:

Las citas del viernes: A propósito de nada de Woody Allen

Asomarse a la vida de los demás es siempre un acto temerario porque nos muestra lo mejor y lo peor de la naturaleza humana, narrarla es, por su parte, un acto heroico con pinceladas de infamia. Las memorias de Woody Allen no escapan a esta regla; escritas con su humor inefable, ácido y negro, exhiben a un genio en la búsqueda de su obra maestra, al individuo enfrentado a la realidad sobre la que, pese a todo se sobrepone. Me impresiona mirar su humildad frente al éxito y su tortuosidad en lo cotidiano y renueva mi fe en que el humor y los buenos modos siempre, de muchas maneras, nos ayudan a sobrevivir y prosperar. Aquí sus momentos estelares.

A propósito de nada de Woody Allen, Alianza editorial.

Permítanme expresarlo de esta manera: la teoría freudiana de Edipo según la cual inconscientemente todos los hombres queremos matar a nuestros padres y casarnos con nuestras madres choca contra una pared en lo que respecta a mi madre.

Yo siempre veía el ataúd medio lleno. De los mil y un quebrantos que heredó nuestra carne, yo conseguí evitarlos todos salvo el número seiscientos ochenta y dos: carezco del mecanismo de defensa de la negación. Mi madre decía que no podía entenderlo. Siempre aseguraba que yo fui un niño amable, dulce y alegre hasta los cinco años y que luego me convertí en un chavo avinagrado, desagradable, rencoroso y malo.

Me topé con la misma pregunta que sacaba de quicio al expríncipe de Dinamarca: ¿por qué hemos de soportar piedras y flechas cuando puedo mojarme la nariz, introducirla en el enchufe y no tener que volver a enfrentarme nunca más a la ansiedad, a la angustia o al pollo hervido de mi madre? Hamlet decidió no hacerlo porque temía lo que le ocurriría en el más allá después de la muerte, pero yo no creo en eso, de modo que, dada mi opinión totalmente deprimente sobre la condición humana y lo dolorosamente absurda que ésta es, ¿por qué seguir adelante? Finalmente no logré encontrar ninguna razón lógica para explicarlo y llegué a la conclusión de que, sencillamente, los seres humanos estamos programados para resistirnos a la muerte. La sangre es más fuerte que el cerebro. No hay ningún motivo lógico para aferrarse a la vida, pero, a quién le importa lo que dice el cerebro? El corazón dice: Has visto a Lola con su minifalda?

Por fin, se apagaban las luces, se abría el telón y la pantalla plateada se iluminaba con un logotipo que te hacía salivar el corazón, si se me permite mezclar las metáforas, con anticipación pavloviana.

Pronto construiría allí un edificio de apartamentos, en el mismo sitio donde tiempo atrás habían demolido el Rick’s Café.

Entonces la función doble ha terminado y abandono la magia Oscura y reconfortante de la sala de cine y vuelvo a emerger en la Coney Island Avenue, con el sol y el tráfico, y emprendo el regreso al triste apartamento de la Avenida K.

«Siempre está coqueteando con las chicas», le dijo una de esas zánganas estériles a mi madre. Sí, me gustaban las chicas. ¿Qué se supone que me tenía que gustar, las tablas de multiplicar?

Lo que no había comprendido era que Bechet, Armstrong, George Lewis, Johnny Dodds, Jelly Roll Morton y Jimmie Noone eran genios de la música. Tenían un estilo primitivo, pero, dentro de los parámetros del jazz de Nueva Orleans, poseían algo realmente mágico en su interior que manaba de cada nota que tocaban. Yo, que era un zopenco totalmente ingenuo, no comprendía que carecía de ese genio y que, a pesar de todo el entusiasmo y el amor que sentía por esa música, estaba destinado a no ser más que un músico insignificante y mediocre al que se escucharía y se toleraría gracias a su carrera cinematográfica, no por nada que tuviera algún mínimo valor para el jazz.

Pero a quién le importa lo que yo piense: todo es cuestión de gustos. A algunos esas esbeltas modelos de ropa interior pueden parecerles hermosas y sensuales y tal vez a mí no. Sólo que a mí sí me lo parecen y no hay nada que pueda hacer al respecto. Y luego dicen que es cuestión de gustos.

Y cuando hablo de perros también incluyo a los Yorkshire terriers. Ódienme si quieren, pero las mascotas no me gustan. Desde luego que no me agrada que me muerdan y detesto que me llenen de pelos, me laman o me ladren. Siempre pensé que, en la escala evolutiva, todos los animales son humanos fallidos. Tampoco me gusta que los canarios me canten ni que los peces me miren.

Les digo que tuve una buena infancia. No debería ser como soy.

Y, como yo estoy en las artes, envidio a las personas que se consuelan con la convicción de que el mundo que crearon perdurará, que se hablará mucho de él y que, de alguna manera, al igual que ocurre con los católicos y su fe en la vida después de la muerte, el «legado» que dejan como artistas los hará inmortales. La cuestión es que todas las personas que discuten sobre el legado del artista y que comentan lo genial que es su obra están vivas y pidiendo pastrami, mientras que el propio artista está metido en una urna o enterrado en Queens. Toda esa gente que desfila ante la tumba de Shakespeare recitando alabanzas le importa un reverendo comino al bardo, y llegará el día -un día muy lejano, pero va a llegar sin el menor asomo de duda- en que todas las obras de Shakespeare, a pesar de sus brillantes tramas y sus estirados pentámetros yámbicos, así como cada uno de los puntitos de Seurat, se esfumarán con cada átomo del universo. De hecho, el propio universo desaparecerá y no habrá ningún lugar donde puedas colgar el sombrero. Después de todo, no somos más que un accidente de la física. Y un accidente bastante torpe, por cierto. No el producto de un diseño inteligente, sino, en realidad, la obra de un vulgar metepatas.

Me contrataron y luego me dejaron a la deriva, igual que a los otros, pero, como los años de hostigamientos maternos me habían llenado de ambición, supe aprovechar sensatamente el tiempo y el dinero.

Como sea, Harlene y yo hacíamos de todo, así que un día levantamos la mirada y decidimos casarnos. Ēramos unos chavos; no nos quedaba otra cosa que hacer. Habíamos visto todas las películas y obras de teatro, habíamos ido a museos, habíamos jugado minigolf, nos habíamos tomado unos capuchinos en Orsini’s y habíamos pasado un día en Fire Island. ¿Qué quedaba? De modo que nos comprometimos.

Ellos, por sí mismos, no eran capaces de arrancarle una risita a un gordo maníaco drogado con gas de la risa.

Finalmente, me quedé. Compartí el baño y la cama. (Bruno Bettelheim cuenta que, en los campos de concentración, uno se habituaba rápido a unas condiciones espantosas que, sin la amenaza de tortura o muerte, habrían requerido largos años de adaptación con resultados dudosos. Por supuesto que Bettelheim no estaba pensando en compartir una cama con Milt Rosen.)

Era un autor judío de la misma manera en que lo era Mailer, es decir, ambos eran judíos pero eso jamás se traslucía en su obra.

Nos estrechamos la mano, sin firmar ningún papel, y seguimos juntos hasta que él se murió con cien años. Era una de las pocas personas, por no decir la única, entre las que yo conocí, que era un verdadero sabio. No sólo era listo olfato para el talento. La sabiduría es algo distinto, y por mucho que intenté enfrentarme a esa sabiduría con mis racionalizaciones, mis temores, mis prejuicios y mis ideas disparatadas, él siempre logró imponerse lo suficiente como para realizar una contribución gigantesca a mi carrera. Pero, al principio, me peleaba con él.

Cada noche, después de la función, nos íbamos con Jack al Stage Delicatessen para hablar de la actuación, y yo me enteraba de que algunas de mis referencias eran demasiado oscuras, demasiado para enterados, «demasiado agudas, tanto que sólo los perros pueden oírlas», decía Jack.

Gracias a ella, me he familiarizado un poco con Kant, Kierkegaard, Schopenhauer y Hegel, y si bien no podría afirmar realmente que ya podía distinguir mi «en sí» de mi «para sí», sí podía entender que «estar-en-un matrimonio malo» y «Estar-en-un matrimonio malo» no eran dos conceptos muy distintos entre sí, más allá de lo que Heidegger pudiera llegar a opinar.

Y en algún lugar del cielo, ese mismo personaje que había jugado sádicamente con Job se encontró con mi foto en el archivo y se frotó las manos con anticipatorio deleite.

¿Me proporcionó eso alguna clase de satisfacción? En mis labios empezó a dibujarse una sonrisita de superioridad como si yo fuera el profesor Moriarty, aunque segundos más tarde me encontré de golpe otra vez en el mundo real, donde esas pequeñas ironías no bastan para alterar la mezquina indiferencia de la naturaleza.

En aquellos tiempos había un sitio en Chicago que se llamaba Black Angus donde te servían unas costillas cuyo sabor le daba un sentido a la vida que no se podía encontrar ni en la religión, ni en el psicoanálisis o ni en el arte más sublime.

Hay una gran brecha entre fracasar en la letra impresa y fracasar en el escenario. Fracasar en la letra impresa es un asunto privado. Fracasar delante de una audiencia es algo embarazoso y el cómico experimenta la misma sensación desagradable que uno podría tener si lo crucifican.

Cientos de reseñas de todas partes, tan diferentes, tan opuestas entre sí. ¿Y con qué fin? ¿Así puedo leer que soy un genio o un idiota incompetente? Ya sé que soy incompetente y que no nací genio. La obsesión con uno mismo, esa traicionera pérdida de tiempo.

Pero ya llegaré a Manhattan. Primero, mi ingreso en el mundo del drama. Como no quería sacar partido de mis cualidades de payaso, decidí probar suerte con una tragedia, y si bien es posible que no haya logrado cumplir con los requisitos aristotélicos de compasión y temor, sí es cierto que conseguí que el público se compadeciera de mí y que los inversores aprendieran el significado del temor.

El libro nuestro de cada martes: A propósito de nada, de Woody Allen

Hoy cumple años Woody Allen; usted con seguridad puede considerarlo terrible, incomprensible o, como yo, un auténtico genio. Lo cierto es que para nadie es indiferente. Sus memorias, si bien gastan un buen tramo en justificar su comportamiento sexual, de cuyo carácter impropio ha sido exonerado, son un auténtico deleite. Lo sigo desde 1988 y creo haber visto todas sus películas, por eso me asombra su confesión de estar todavía en busca de su obra maestra.

No dude en leerlo, se divertirá y además tendrá una visión de la vida cultural del siglo XX.

Algo más sobre el libro: https://www.alianzaeditorial.es/libro/libros-singulares-ls/a-proposito-de-nada-woody-allen-9788491819950/

Otro poco:

En el Estudio de Eduardo Ruiz Healy, una charla con César Benedicto Callejas

Acompáñenos a la charla con Eduardo Ruiz Healy: literatura, sociedad, reflexión amable en este horario:

_*Grupo Formula_*

Sábado 28 de noviembre / 20

Transmisión y Cobertura Programa

_*”En el Estudio de Eduardo ”_*

Con César Callejas

Abogado y Escritor

_*20:00 a 21:00 hrs_*

_*Radio_*

970 AM y

la Cadena Nacional

103.3 FM

_*20:30 a 21:30 hrs_*

_*Telefórmula_*

Canal 354 de Dish,

157 de Sky

121 de IZZI,

85 de Cablecom ,

161 por TotalPlay y

153 de Megacable

En los Estados Unidos

Comcast- por Xfinity Latino

Spectrum – por Latino View.

El libro nuestro de cada martes: Tierra de hombres de Antoine de Saint-Exupéry

Amo los libros como éste; sinceros y amables, con sonrisas abiertas como niños y con expresiones sabias como las de un anciano; amo los libros así, los que se acumulan en el alma de su autor y que no son universos de cartón piedra que asoman lastimeros las costuras. Amo los libros como éste, que nacen sin que el escritor pueda detenerlos y que constituyen, para bien o para mal, la razón de que algunos tomemos sin remedio, la pluma como oficio y también como bálsamo y psicotrópico. Amo pues los libros como éste que me gritan léeme, no pases de largo, tengo algo que decirte.

Tierra de hombres es más que la

Memoria de uno de los pilotos postales de la era heroica de de la aviación; es más bien el recuento de lo humano de un sujeto sometido a los límites de su capacidad de goce y de sufrimiento; no es la leyenda de la naturaleza sino la imposición del hombre mediante la razón y el entendimiento. Es un libro de aventuras, pero también de introspección, un libro alegre pero también doloroso. Amo los libros como éste porque son, tímidos y pálidos como las palabras, el retrato más cercano de la condición humana.

Algo más sobre el libro:

http://www.lecturalia.com/libro/1708/tierra-de-hombres

El libro nuestro de cada martes: Oona y Salinger de Frédéric Beigbeder

Alguna otra vez me he atrevido a decir, en este espacio, que un libro era una novela perfecta: hoy repetiría el atrevimiento si tuviera la certeza de que este libro de Beigbeder es una novela, porque siendo un libro que toca las nubes es más que una novela.

Como lector me entrené leyendo a Alfonso Reyes así que los préstamos entre géneros no me inquietan, de hecho, me agradan. Basado en la historia de amor entre Oona O’Neill y J.D. Salinger, Beigbeder asalta el reportaje, se aventura en el ensayo y renueva la novela del non fiction, dándose el lujo de incluir a Truman Capote entre sus personajes.

Creo en su escritura, yo mismo he ensayado el hecho de poner la ficción por encima de los hechos y respetando los datos duros construir en la constelación de espacios que la historia no cubrió, las tramas que pudieron haber sido. El autor lo logra con éxito. En sus temas se lanza en una apresurada y frenética carrera de reflexión sobre la guerra y la paz, el cambio tecnológico – el lector se llevará una grata sorpresa con un juego a través de un video de YouTube -, el amor entre un hombre maduro y una mujer mucho más joven; del ambiente literario del Nueva York de los años 1940 hasta el auge y caída de Charles Chaplin, todo bien envuelto, bien armado, narrado con delicia.

Pero es, sobre todo, una declaración de amor a un icono histórico, a una mujer apenas entrevista pero admirada por años, un canto de pasión al talento y la belleza; algo que en los tiempos que corren, nos hace mucha falta.

Algo más sobre el libro:

https://www.anagrama-ed.es/libro/panorama-de-narrativas/oona-y-salinger/9788433979452/PN_915

Y un poco más:

https://www.google.com.mx/amp/s/elpais.com/cultura/2016/03/17/babelia/1458227853_659469.amp.html

El autor habla sobre su libro. Video en francés:

El libro nuestro de cada martes: El paraíso en la otra esquina de Mario Vargas Llosa

Tenía mucho que no leía a Mario Vargas Llosa, ya se sabe, cosa de personalidad, no es un hombre cuyas posturas políticas me agraden y en general no me causa mayor simpatía, pero que es un enorme narrador y que sus libros, leídos siempre y desde hace mucho han sido para mí fuente de solaz y también de conocimiento.

Me enfrenté a El paraíso en la otra esquina con la certeza de su origen, pero me he encontrado, como siempre que lee uno a Vargas Llosa, con más de lo que esperaba, el entramado de las biografías supera con mucho las expectativas de los lectores más exigentes; la historia de la Francia revolucionaria, del primer Perú independiente, como de Gaugin y Flora Tristan van llenando páginas y páginas que se deslizan como el viento de una playa. No esperaba menos y recibí mucho más.

Al leer a Vargas Llosa me ocurren dos cosas, la primera es la distancia entre el escritor y su obra, el autor puede no parecernos el tipo de persona con la que nos tomaríamos un trago, o no gustarnos sus posiciones pero aún así disfrutar y reconocer la mejor literatura; la otra es la manera en que la realidad se vuelve material literario, como puede ser moldeada, adaptada y recreada bajo la pluma del maestro para convertirse en ficción más allá del mundo pálido de los hechos.

Vuelvo a Tahití, a Gaugin, que esta vez, me ha gustado más que la dulce Francia.

Algo más sobre el libro:

http://www.letraslibres.com/mexico/libros/el-paraiso-en-la-otra-esquina-mario-vargas-llosa

Una entrevista a Vargas Llosa sobre el tema

Palabras de Eduardo Luis Feher en la presentación de Los Minutos de Ulises. Capilla Alfonsina.

Gracias a la generosidad de don Eduardo Luis Feher, si no pudo acompañarlos o desea conservarlas, les ofrecemos sus palabras leídas en la Presentación de la novela Los Minutos de Ulises.

“LOS MINUTOS DE ULISES”

NUEVO LIBRO DE CÉSAR BENEDICTO CALLEJAS

EDUARDO LUIS FEHER

Antes de comentar el espléndido volumen que hoy nos convoca, deseo relatar lo siguiente: a principios de 1959, año en que ingresé como alumno a la Facultad de Derecho, vi anunciada una conferencia de Don Alfonso Reyes en la entonces  pequeña Escuela de Ciencias Políticas cuyo edificio estaba anexo a mi citada Facultad.

Don Alfonso, al ver cierto alboroto entre los estudiantes asistentes que estaban platicando entre si, dijo en voz alta :

-¿Ya saben la anécdota de Demóstenes y el burro?

De inmediato se hizo un silencio sepulcral y continuó relatando :

Demóstenes , el mejor orador de Grecia, fue interrumpido por la presencia cercana al ágora, de un señor quien llevaba enlazado a un burro. Desde luego, la atención del público se desvió, del orador hacia el señor y el burro.

Y agregó Demóstenes : les voy a poner un acertijo que quiero que ustedes resuelvan; hace días le pedí al dueño del burro-ese mismo que acaba de pasar- que me alquilara la acémila para viajar de Atenas a otra ciudad cercana con el propietario como conductor, a lo que accedió después de que convenimos ambos en el precio.

Habiendo avanzado los tres-yo como jinete- agregó Demóstenes, el sol era tan intenso que descansamos un rato. No había nada que nos diera sombra, solo el desierto.

Así, le pedí al dueño del burro que me permitiera sentarme y cubrirme con la sombra del citado animal.

El dueño contestó negativamente : te alquilé el burro, no su sombra.

¿Tenía derecho Demóstenes a gozar de la sombra del burro?

Ese es al acertijo…

Volviendo al texto “Los minutos de Ulises”, puedo afirmar,  sin temor a equivocarme, que es una obra escrita con sensibilidad y elegancia, con originalidad y buen gusto.

En este largo e imaginario texto, César penetra en la esencia de Don Alfonso descubriendo en cada instante facetas de su vida, en un torbellino de imágenes claras que pintan de cuerpo entero a este indudable gigante de las letras y la cultura.

El mismo don Alfonso lo señaló un día :

“Quiero que la literatura sea una cabal explicación, y por mi parte, no distingo entre mi vida y mis letras. ¿No decía Goethe : todas mi obras son fragmentos de una confesión general?”

Confesión laica, al agregar, en sus propias palabras “el fin de la creación literaria es iluminar el corazón de todos los hombres, en lo que tienen de meramente humano”

Si la vida-como se afirma- está hecha de instantes, esta obra reúne esos instantes espectaculares envueltos en el fino dejo humorístico que sin duda tomaba carta de ciudadanía en Don Alfonso…el mismo reflexionaba:

“Hay que interesarse por las anécdotas. Lo menos que hacen es divertirnos. Nos ayudan a vivir, a olvidar por unos instantes. ¿hay mayor piedad? Hay que interesarse por los recuerdos, harina que da nuestro molino.”

“Los minutos de Ulises” del talentoso César Benedicto Callejas es un libro entrañable, diferente, impactante, transparente, sin menoscabo de la elegancia de su prosa y lo atractivo y singular de su tratamiento e inusual temática.

Un instante que atrapa nuestro autor y que lo decide todo, convirtiéndolo  en casi doscientas páginas de magia literaria.

Finalmente, ofrezco como epílogo a estas breves palabras lo que Borges le dedicó a Reyes en un breve poema que lo dice todo :

“Reyes : la indescifrable Providencia

Que administra lo pródigo y lo parco

Nos dio a unos el sector y el arco

Pero a ti la total circunferencia”

Imagginación

Meditación Divertida con Maggie

Disappearing Thoughts

clicks and clips

Tablaturas de mis pasos

Unas cuantas palabras y fotos para los lugares que me hacen feliz.

NOUS LES FEMMES

Aller au delà de nos limites à travers le monde. J'en suis capable, pourquoi pas toi? Pourquoi pas nous? Ensemble nous sommes invincibles "Je suis femme and i can".

Rosie Blog

A garden of wild thoughts. Feeling thoughts and dilemmas

Un Loco Anda Suelto

Entra en mi mente...déjame entrar en la tuya...

umaverma12

Inner-peace is necessary to overcome of all the pain.

El Rincón de Suenminoe

En el soñador vida y sueño coinciden

La poesía, eso decían

Como plasmar la idea natural.

Cynthia Briones

Letras en el mar.

Polisemia Revista cultural

En cada edición proponemos una palabra para indagar sus posibles significados desde distintas áreas.

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