La lista tonta de los jueves: El café

Para ser sinceros, desde hace siglos que la verdadera literatura, la que se hace en serio y la auténtica cultura, la que sale de lo más hondo de los creadores, se generan en torno a una mesa y con sendas tazas de café… aquí sus resultados:

El Café de Qushtumar. Naguib Mahfuz
https://www.fundea.org/es/eventos/cafe-qushtumar-mahfuz-tarde-kutub


El ladrón de café, Tom Hillenbrand
https://www.fantasymundo.com/el-ladron-de-cafe-de-tom-hillenbrand-el-relato-de-uno-de-los-robos-mas-fascinantes-de-la-historia/


El café de la juventud perdida. Patrick Modiano.
https://www.anagrama-ed.es/libro/compactos/en-el-cafe-de-la-juventud-perdida/9788433977496/CM_646


París era una fiesta. Ernest Hemingway
http://billardeletras.com/recursos-lectores/paris_era_una_fiesta


La calle de Valverde. Max Aub
https://elpais.com/diario/2003/10/24/cultura/1066946409_850215.html


La verdadera historia de la muerte de Francisco Franco. Max Aub
http://ru.ffyl.unam.mx/handle/10391/3111


Los siete aromas del mundo, Alfred Bosch
https://www.planetadelibros.com/libro-los-siete-aromas-del-mundo/8675


Encuentro en el café con Simone de Beauvoir. Rosa Ma. Rodríguez Magda
http://www.casadecolon.com/noticias/-/asset_publisher/EmvnMhg8SuQk/content/noticia-la-mujer-molesta-de-la-valenciana-rosa-maria-rodriguez-magda-se-presenta-en-la-casa-de-colon/7531811


Mendel el de los libros. Stefan Zweig.
https://www.acantilado.es/catalogo/mendel-el-de-los-libros/


Tu nombre con tinta de café, Fernando Martínez López
https://revistatarantula.com/tu-nombre-con-tinta-de-cafe-de-fernando-martinez-lopez/


Primavera de café. Joseph Roth
https://www.acantilado.es/catalogo/primavera-de-cafe/


El mercader de café, David Liss
https://www.librosdemario.com/el-mercader-de-cafe-leer-online-gratis


El primer café de la mañana, Diego Galdino
https://www.planetadelibros.com/libro-el-primer-cafe-de-la-manana/117228


La gente feliz lee y toma café. Agnes Martin-Lugand
http://lecturas-de-annie.blogspot.com/2019/12/la-gente-feliz-lee-y-toma-cafe-agnes-martin-lugand.html


El café de los corazones rotos. Penélope Stokes.
https://elblogdehydrelana.blogspot.com/2016/02/resena-el-cafe-de-los-corazones-rotos.html


Moderato cantábile. Marguerite Duras.
https://www.otroangulo.info/libros/moderato-cantabile-de-marguerite-duras/


El libro de cocina de Alice B. Toklas.
https://puebla.guiaoca.mx/es/contenido/alice-b-toklas-cocinar-para-resistir/


Un granizado de café con nata, Alessandra Lavagnino.
https://erratanaturae.com/product/un-granizado-de-cafe-con-nata/


Con una taza de café, Amparo Calvo Echevarría.
https://quelibroleo.com/con-una-taza-de-cafe


Café amargo, Simonetta Agnello Hornby. 
https://anikaentrelibros.com/cafe-amargo

ConFabularios: El círculo de Lectura de Cisterna de Sol

Con enorme placer anunciamos el Club de Lectura de Cisterna de Sol. Socialicemos el placer de leer, encontrémonos con otros lectores, hagamos comunidad por el gusto de leer. Al inscribirte recibirás:

Invitación a dos sesiones de Zoom. Dos viernes del mes de mayo.

Calendario de las sesiones.

Guía de lectura de: Las Batallas en el Desierto de Jose Emilio Pacheco

Grabación de las sesiones.

Con tu inscripción al Curso – Taller: Formación de Narradores, recibe como cortesía la suscripción mensual a ConFabularios.

Hola… bienvenidos a ConFabularios, el Club de lectura de Cisterna de Sol

Nueva temporada del Círculo de Literatura Iberoamericana en El Péndulo Polanco con César Callejas

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Gracias a la generosidad de El Péndulo Polanco, iniciamos una nueva temporada del Círculo de Lectura «Un viaje al interior de la Literatura Mexicana e Iberoamericana». Diez sesiones a partir del 31 de agosto. Todos los jueves de 18.00 a 20.00. No se pierda este descanso para leer, reflexionar y platicar sobre nuestras letras desde la colonia hasta nuestros días.

  • Recomendaciones
  • Historia de la literatura
  • Lectura guiada
  • Comparación con las artes de cada época

Cada alumno recibirá un ejemplar del libro de ensayos «Cisterna de Sol» de César Benedicto Callejas.

No falte.

INSCRIPCIONES ABIERTAS en la caja de El Péndulo Polanco. Más información con Gabriela Hernández al tel. 5281.6569 ext. 150 y al correo electrónico: gabriela.hernandez@pendulo.com

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El libro nuestro de cada martes: La verdadera historia de la muerte De Francisco Franco de Max Aub

Hay temas a los que sólo puede uno acercarse mediante el humor; cosas así, ya se sabe, en las que la amargura o el dolor pueden ser tan intensas que destroza los fusibles de nuestros sentimientos y nos exhibe, queramos o no, ante las miserias que integran una parte de la condición humana. Reír libera, ayuda a sobre llevar la adversidad y es otra forma de aprendizaje.

El exilio republicano español en México es ahora una leyenda; asociado a  él figuran nombres enormes como León Felipe entre los que llegaron o Alfonso Reyes entre quienes los recibieron; pero en realidad es todo un universo social, histórico y humano que ha quedado entrelazado con otras fibras de ese tapiz colosal al que llamamos historia de México y claro, también de España.

Max Aub es uno de los miembros de ese transtierro que merecería ser más conocido y más leído; su combinación de sentido del humor, negro, ácido y no siempre fácil y su capacidad de observación, hacen que su pluma – volátil y ligera – nos diga cosas que a veces no queremos escuchar pero nos las dice de tal manera que tenemos que torcer un poco la boca para esconder la sonrisa que luce apenada por convivir con hermana, la lágrima.

En 1960 Seix Barral publicó en México «La verdadera historia de la muerte De Francisco Franco y otras historias», ese libro no pudo ver la luz en España sino hasta que el camarada se fue para siempre; en 2014 Cuadernos del vigía, de Granada, publicó una hermosa edición individual de la peculiar historia. De ella sólo quiero decir que es una de las más puras expresiones de aquellos años en que los exiliados no sabían que se quedarían para siempre, un retrato de aquel México y de aquella España, que la anécdota es suculenta y sabrosa y que la expresión bien merece dejarse perder en los extremos de dos países que se hermanaron en la desgracia y la esperanza y que lo hicieron constar en una literatura dotada de magníficos momentos. Quien se avenga con este libro, no quedará en modo alguno defraudado.

En 2002 Arturo Ripstein dirigió «La virgen de la Lujuria», basada en el cuento de Aub, se trata de una versión que enriquece o que, más bien, narra historias paralelas a lo que Aub dejó escrito. Aquí el tráiler… aunque me resisto a llamarlo así e insistiré en llamarlo, como antaño, el corto.

Círculo de Lectura en El Péndulo Polanco. Un viaje a la Literatura Iberoamericana

Gracias a la generosidad de El Péndulo Polanco, vamos por otra serie de sesiones de nuestro círculo de lectura sobre literatura iberoamericana.

Acompáñenos a mirarnos en el espejo de nuestras letras, a un grato encuentro con nuestro idioma, nuestra historia a través de autores, títulos y movimientos.

Disfrute de un par de horas a la semana olvidándose de los pormenores del mundo y dedicados a la satisfacción de la lectura por el placer de leer.

Nuestra cita es todos los jueves de 18:00 a 20:00 en El Péndulo Polanco; Alejandro Dumas 81, Polanco.

Comenzamos el próximo Jueves 19 de enero.

Información con Gabriela Hernández: gabriela.hernandez@pendulo.com, Tel. 52804111

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Tras los pasos de Alfonso Reyes en Madrid. 100 años después. Primera Jornada

Primera Jornada. Noviembre 7, 2015. Sábado.

De la ventana de mi habitación en el hotel Ritz se muestra discreta la Plaza de la Lealtad. No ha llegado aún el mediodía y el clima es de una temperatura magnífica; el azul del cielo tiene una claridad cristalina que sólo puede encontrarse en Madrid en días como estos. La paz de la mañana no es completa, ese espíritu de andar por casa, tan despreocupado, se interrumpe por la contundente gritería de una manifestación en contra de la violencia de género; no es una de esas marchas de la Ciudad de México que arrasan todo cuanto encuentran a su paso, o de las que los chilangos odiamos por lo habituales, crónicas y rutinarias que son; es más parecida a aquellas otras que en México rompen las clases sociales y que, en pocas ocasiones, convocan a todos los estamentos sociales; es un mar de gente que camina a punto de bravura contenida. Miles de banderas se agitan al paso de la marcha, una de Asturias, otra más de Galicia y un par de catalanas y no pocas republicanas; no me extraña, en España, la República fue el primer régimen político en legislar sobre la igualdad entre mujeres y hombres, estuvo poblada de mujeres gigantescas como Dolores Ibárruri, María Zambrano o Victoria Kent; todo cuanto entonces se avanzó en materia de libertad e igualdad se vino abajo con el régimen de Franco; además, desde que volvió la democracia a España es muy común que las causas progresistas estén acompañadas por la bandera republicana.

Miro las tricolores, pienso en los que no pudieron volver a verlas en suelo español, aunque no fuera estas mínimas y multitudinarias y no la monumental de la Plaza de Colón; aspiro el aroma de Madrid y caigo en cuenta de que Reyes no tuvo tanta suerte como yo la he tenido: él hizo más de dos días en su viaje desde París a Madrid y yo hice once horas de vuelo desde la Ciudad de México, he contemplado banderas republicanas en Madrid mientras él, que pudo ver cómo crecía el ideal republicano bajo la blanda bota de un rey venido a menos y con el impulso de partidos liberales que hicieron crecer aquel ideal pero nunca estuvo en Madrid cuando aquello fue gobierno y Estado. Reyes vivió desde Brasil y México la caída de la República y estuvo presente para salvar a todos aquellos sus amigos que lo habían salvado antes, cuando la violencia revolucionaria lo arrojó lejos de la patria y que luego, ya en París lo privó de empleo; sus amigos siempre presentes que lo acogieron como a uno más cuando la Gran Guerra lo llevó a huir de la capital francesa. Yo sólo he tenido que asomarme a la ventana para comprobar que ese ideal no está del todo muerto.

Al fondo de la habitación mi mujer se repone del vuelo; estar en el Ritz es una de esas experiencias que ya no hay, como si el reloj volviera atrás y se encontrara uno protegido de los avatares cotidianos en medio de muebles y decorados perennemente hermosos; el personal se adelanta a nuestros deseos y uno se siente personaje de una buena película; han llamado a la gobernanta para que planchen mi ropa para el día del Coloquio y apenas al bajar del taxi el botones me ha saludado con un sonoro y castizo, “don César, bienvenido de nuevo a casa”, su expresión logra su objetivo. El hotel resulta importante para los tiempos de Alfonso Reyes en España; lo inauguró Alfonso XIII en 1910 y ejercía para el monarca una peculiar atracción; Reyes, una vez recuperado su cargo diplomático, solía encontrarse con el tocayo en el místico bar de este hotel y cuenta el mexicano que en el jardín donde se ubica una de las terrazas más envidiables de la ciudad, un diplomático polaco perdió su empleo por un gesto de buen gusto que no supo atinar y que no hizo gracia la último monarca anterior a la República. Recordaba don Alfonso que el Borbón solía bromear sobre el oficio que podría ejercer si se venía abajo la corona; el buen diplomático polaco en una de esas melancólicas diatribas reales respondió: “usted podrá ya no ser Alfonso XIII, pero siempre, Señor, será Alfonso”; como Reyes levantara su copa con una sonrisa, al monarca le pareció poco ser sólo Alfonso y pidió que removieran al polaco de su cargo.

Cada visita a Madrid, a España, la comienzo presentando honores a Santa María la Real de la Almudena; nada mal para un ateo y republicano para mayor seña; lo que sucede es que, como diría Serrat, entre la Almudena y yo hay algo personal.

La salida natural de la Almudena es descansar en “El anciano, rey de los vinos”, comer algo y admirar, como si de un pequeño espectáculo familiar se tratara, a los “gatos” – aquellos madrileños de muy antigua solera -, que lo han visto todo, ataviados par la verbena en honra a la Virgen; todos maduros, casi viejos, regodeándose con sus vestidos tradicionales, en sus claveles – una nota más de don Alfonso  que amaba esa flor – frente al carrito de los barquillos haciendo de fondo a los que pasan ejercitando el deporte típico de la ciudad: la charla, pues como decía Reyes:

En Madrid todo sitio público tiende a convertirse en casino y tertulia, en centro de curiosos parlantes. A veces estos casinos no tienen más que un socio en los bancos de los paseos por ejemplo, mas no importa, porque la tertulia va implícita en el curioso parlante que la trae a cuestas por donde quiera, a modo de un nuevo misterio teologal.

Es cierto que como dice Fargue, el parisino va al café sólo por ir al café, también lo es que, en cambio, el madrileño no conoce esa práctica y va al café aunque haya café, es decir, acude al escenario de sus mejores ocupaciones: las tardes de plática y debate. Todos quienes dejaron testimonio de su trato con Reyes dicen de él que fue un conversador ameno e intresante, platicador y buena escucha pues, como se nota en sus letras la mejor cantera de sus textos era el trato con los otros. Si no pude platicar con don Alfonso, si que puedo testificar el otro extremo; siendo estudiante en España, solía tomar el café saliendo de la universidad, una tarde y otra también los temas de la mañana eran debatidos por la tarde, de inmediato me di cuenta que un colega argumentaba a favor y en contra sucesivamente los mismos temas:

  • Pero escucha, ayer mismo decías sobre ese punto exactamente lo contrario.
  • Pues claro.
  • ¿Cómo es eso posible?
  • Pues nada, que a mi lo que me gusta es discutir.

Echando a andar topamos con la Plaza de España, la ciudad está pletórica de vida y las mujeres de la manifestación de esta mañana han encallado en la Plaza como veleros a los que ha abandonado el viento; depuesta la actitud de lucha vuelven a la natural indolencia del madrileño y disfrutan de un verano en miniatura incrustado en el otoño que ya se está convirtiendo en invierno.

Descendiendo por Gran Vía salimos al encuentro de la Casa del Libro que aún cuando es una librería gigantesca que domina el comercio de la zona, no deja de tener su encanto de mercado donde se expenden letras, un lugar de sabores, aromas y colores.

La protesta ha dejado su huella con una sucesión de pegatinas republicanas, al llegar a la librería me encuentro con la “Historia de la guerra civil contada para jóvenes y niños” que acaba de publicar Pérez-Reverte; un libro peculiar, excelentemente editado y bien ilustrado que aspira a liquidar viejas cuentas históricas y que nos permite hundirnos, de cuerpo entero en un fenómeno complejo y doloroso en el que el rencor, la memoria insatisfecha y el miedo a la violencia aparecen como fantasmas omnipresentes en las más terroríficas advocaciones; en lo íntimo, pienso que los libros de historia que pretenden ser “imparciales” y “equilibrados” son más bien reconstrucciones literarias y que no existe algo así como la historia sin adjetivos; al contrario, más respeto y gusto encuentro en los libros que toman partido y sin mentir ni ocultar, exponen el mundo desde la óptica particular de un narrador con sentimientos e ideas; José Bergamín decía “soy subjetivo porque soy sujeto, si fuera objeto podría ser objetivo” y por más esfuerzos que haga don Arturo, a quien tanto respeto y admiro, nada me quita de la convicción de que al sueño de la segunda República española lo aniquiló un artero golpe de Estado, ilegal e injusto, con todo su caudal de dolor, pena y vergüenza.

Lo que me resulta muy interesante es que, igual que en los tiempos de don Alfonso, hay que venir o encargar a Madrid libros que no llegan a México a tiempo, que nunca llegarán o que no volverán; claro, la Internet es un recurso, aunque no tan grato como la visita a las librerías. Reyes, en su momento, visitaba “la librería del Caballero de Gracia, que los aficionados llamamos “los alemancitos”, que ya no existe y que estaba por Castellana.

Madrid es una ciudad plena de librerías, dieciséis por cada cien mil habitantes – mientras que en México el cuarenta por ciento de los habitantes de todo el país afirman no haber visitado alguna librería nunca, y se les puede creer porque apenas contamos con una librería por cada doscientos mil habitantes -. En Madrid es notorio que, aun cuando cada librería tiene su carácter peculiar, algo que les da cierto sentido de fraternidad es que están llenas de vida, que siempre hay compradores ávidos de novedades que hablan y discuten como si los libros fueran parte del atuendo de moda de cualquiera con un gusto mínimamente educado.

Aprovisionado ya con mi compra, descubro a unos pasos frente de mi a un grupo de chicas que recién salen de la adolescencia discutiendo sobre no sé qué autor de moda en la ciudad que escribe un raro género, mezcla de novela romántica y de misterio y que, a decir de una de ellas – que habría vuelto loco a don Alfonso – tiene un enorme sex-appeal; es verdad que los madrileños también practican el legendario deporte de la queja sistemática, sobre sus servicios, sobre el clima, sobre la política o sobre el sistema educativo y sin embargo, los veo como buenos lectores que siguen, igual que hace cien años, siguiendo a sus autores como si estrellas de cine se tratara.

Rematamos el día, ya vencidos por el cansancio, en el Círculo de Bellas Artes; hay que dormir, mañana temprano tenemos una cita en el Museo del Prado con algunos de los cuadros favoritos de don Alfonso; mientras disfrutamos de un magnífico atardecer y comprendo porqué Reyes pudo escribir algo como esto:

Madrid que cambias luces con las horas: Madrid nerviosa exhalación de vidas: con ímpetu de lágrimas golosas interrogo la cara de tus días.

Cisterna de Sol en el Péndulo

Hace unos días mi editor me avisó que mi nuevo libro ya estaba en las librerías El Péndulo, poco después me había recorrido las tres sucursales que frecuento y en todas encontré ese volumen escrito con ilusión y oficio. Verlo en el lugar donde estuvieron antes los libros que hoy pueblan mi biblioteca, mis recuerdos y mis deseos, ha sido una de las experiencias más dulces de mi vida.

Pienso ahora que algunos sitios se vuelven cifra de nuestros deseos y de nuestra imaginación; espacios dotados de recuerdos, de símbolos y de aspiraciones a las que nunca renunciamos; remansos para la fatiga, campos para la alegría y sitios como extensiones de un hogar que sale de casa para abrazar el mundo; lugares cerca o lejos, disímbolos  y variados, no pierden su dimensión mítica aunque los visitemos de manera cotidiana.

Algunos son restaurantes, otros simples avenidas, museos o cantinas. Uno de los míos, de los más queridos son tres de las Librerías El Péndulo, de la Ciudad de México, particularmente los de Condesa, Perisur y Polanco.

En 1993, el periódico Reforma, en su página cultural, anunciaba la apertura de un lugar cuyo concepto era enteramente novedoso: una Cafebrería. Es cierto que no era la primera librería acompañada de un café en la ciudad; pero en todo caso, en ninguna existía la compenetración de ambos espacios como la presentaba el Péndulo. Las estanterías luminosas, el aroma del café por todas partes, y como entonces todavía era lícito fumar en los restaurantes, para un lector voraz de veintidós años, el atractivo era inmediato. Hoy tengo cuarenta y tres y vuelvo a sus mismos espacios con la ilusión sostenida durante veintiún años. Veámoslo así, cuando conocí el Péndulo, justo el día que lo abrieron y acudí con José Serur a mirar la mesa de novedades con el mismo asombro que cada semana o cada diez días me provoca la combinación de títulos, la pluralidad de autores y la riqueza de las ediciones. Hoy como hace tantos años, ir a esas librerías es parte de mi ritual de vida cotidiana, de mi momento ya de soledad como de socialización.

El Péndulo, en mi vida, ha significado muchas cosas. Lugar de reencuentros memorables, punto de asociación de afectos muy profundos pero, sobre todo, el aliciente lector y bibliófilo que no tienen las bibliotecas ni la Universidad, aquellas son bastiones de aprendizaje, depósitos inmensos de conocimiento donde la disciplina, el análisis y el rigor son fundamentales; pero la librería es el espacio del juego, de las medias voces y las risas apagadas, lugares fugaces que cambian de rostro cada semana para exhibir sonrisas y lágrimas inéditas, sitios de velocidad inusitada donde desfilan los ríos de palabras vertidos por escritores de todas partes del mundo y es ahí, en ese espacio, donde he descubierto a los autores más importantes de mi vida.

No tengo idea de cuántos de los libros de mi biblioteca habitaron el Péndulo primero, estoy seguro que entre los locales de Perisur y Polanco, están la mayoría de ellos; libreros fantásticos, dotados de una cultura espectacular han circulado por sus espacios recomendando y enseñando, sin costo ni comisión para el lector; alguno de ellos me inició en Kadaré, en Albert Cohen y con ello modificó mi manera de ver el mundo. Algunos de mis tesoros, como el libro de los laberintos de Santarcángeli, fueron adquiridos ahí; otros entrañables como los volúmenes de la busca del tiempo perdido también fueron comprados ahí, con las economías del lector joven que elegía por el precio y suspiraba por los libros que todavía no podía comprar.

El Péndulo es un hito en la historia de las librerías de la Ciudad de México, no es la más grande ni la más poderosa, no es la más antigua ni la más comercial, pero tiene el encanto de la librería cosmopolita y participa del encanto de las librerías de París y de la potencia de las librerías de Nueva York. Aun así, mantiene el gusto de la sala de casa, del club de amigos y del espacio para perderse persiguiendo títulos a veces por años anhelados. Superó pronto y bien la librería que vende al volumen piezas de baratillo, aquella en que primero preguntan la editorial y luego el autor y jamás el asunto del libro.

Con los años, la librería evolucionó para convertirse en casa de cantautores importantes, espacio educativo, pero hay algo que no ha cambiado, algo que me emociona igual que cuando era un niño: la aventura ingente de encontrar autores nuevos, voces nuevas seleccionadas con el cariño de quienes ven en los libros no sólo un buen producto que vender, sino un espacio común de diálogo para todos los lectores.

Creo con fe verdadera que la literatura salva

Nada se puede hacer fuera de la convicción; todo lo que se realiza sin convicción está condenado a desaparecer, a evaporarse; en sus preceptos de fe, Maimónides labra un enunciado maravilloso: “Creo con fe verdadera…”, esa es la única verdad posible, la que se cree con fe verdadera; sólo con fe, irracional, iracunda y metafísica. Yo creo con fe verdadera que la literatura salva.

No son pocas las veces en que llegamos a casa, fatigados, sucios, sudorosos, pestilentes de tabaco, café o alcohol, pensamos entonces que todo en nuestra vida ha sido un error lamentable; nos percatamos que no tenemos ni la más remota idea de cómo nos hemos venido a meter en el berenjenal en el que se ha convertido nuestra vida; nos reciben los niños, nos abraza nuestra mujer y entonces comenzamos a hacer algunas concesiones a nuestra idea apocalíptica – no todo ha sido un error, pero sí una buena parte -, y así, cuando todos se han dormido, nos aproximamos al libro, lo abrimos, y leemos. Creo con fe verdadera que la literatura salva.

La literatura no necesita panegíricos, no requiere ayuda; la necesitan quienes no se avienen a salvarse por la literatura. Al entrar en contacto con el texto, nos salvamos de nuestros miedos, dimensionamos nuestros problemas, encontramos consejo y aprendemos de la vida; pero sobre todo, gozamos. Uno lee porque es placentero, porque es casi opiáceo, porque es sublime y dulce, porque es entretenido y porque al final del día, justifica todo aquello que parece un error, lo pone en la dimensión de la historia que vivimos y vamos construyendo; leer es el principio del placer, del reconocimiento en el otro, en los otros, en las vidas que no vivimos y en el tiempo que no transcurre para nosotros. Creo con fe verdadera que la literatura salva.

Borges, ya se sabe, decía aquello de que estaba orgulloso de lo que había leído, puede ser y hasta me parece legítimo. Sin embargo, ¿quién está orgulloso de respirar?, se lee por necesidad vital, igual que se respira o se come, igual que se bebe y se necesita al sol; tal vez cuando se lee tanto cuanto leyó Borges se alcance el orgullo, mientras tanto – a nivel de cancha digamos -, en este mundo del día a día, más que orgullo hay enamoramiento, hay delicia y placer, reverencia y afecto por los libros que algo nos han dicho y que algo representan en nuestra vida, en la Vida, así con mayúsculas y en la vida de lectores. Como si fueran marcas en la existencia, estaciones en nuestra línea del tiempo y, siguiendo el ejemplo de la cronología japonesa, pudiéramos designar épocas de nuestra vida como la Era Cortázar, la Era Borges, la Era Kadaré o la Era Alfonso Reyes. Creo con fe verdadera que la literatura salva.

Creo con fe verdadera que la literatura salva; que cada autor tiene el privilegio de lo que podríamos llamar “la oportunidad de la expresión” que va más allá de la originalidad y consiste en el instante único en que da a la luz palabras inéditas y transforma su narración o su idea en algo más de lo que a simple vista a queridos decir y, del mismo modo, cada libro para el lector, constituye “la oportunidad de la audición” y que resulta de una compleja red de causas y azares por la que el lector sabe y siente que el autor escribió las palabras para que justo ese lector elegido, las leyera en el momento preciso. Creo con fe verdadera que la literatura salva.

Creo en fin, que la literatura me ha salvado, para siempre o por minutos; que me ha dado más de lo que esperaba y que ha merecido, como pequeño el doble efecto por el que se puede medir la potencia de un libro: los segundos de silencio que suceden al cerrar la última página y en el cual el universo se detiene y, además, el caudal de letras que hace manar uno o dos días de leída su última palabra y que quedan derramadas para siempre en el alma.

Imagginación

Meditación Divertida con Maggie

Disappearing Thoughts

clicks and clips

Tablaturas de mis pasos

Unas cuantas palabras y fotos para los lugares que me hacen feliz.

NOUS LES FEMMES

Aller au delà de nos limites à travers le monde. J'en suis capable, pourquoi pas toi? Pourquoi pas nous? Ensemble nous sommes invincibles "Je suis femme and i can".

Rosie Blog

A garden of wild thoughts. Feeling thoughts and dilemmas

Un Loco Anda Suelto

Entra en mi mente...déjame entrar en la tuya...

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Inner-peace is necessary to overcome of all the pain.

El Rincón de Suenminoe

En el soñador vida y sueño coinciden

La poesía, eso decían

Como plasmar la idea natural.

Cynthia Briones

Letras en el mar.

Polisemia Revista cultural

En cada edición proponemos una palabra para indagar sus posibles significados desde distintas áreas.

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