Franco, una historia alternativa, Julián Díez (comp). Ed. Minotauro

Mañana conmemoraremos los XC Años de la niña bonita, de la República española; el libro nuestro de cada martes lo celebra con esta colección de ucronías, de posibilidades literarias de distinos posibles para la República. Qué habría pasado sí Franco decide no romper la constitucionalidad, o si José Antonio hubiera sobrevivido a la guerra; qué tal Ramón Franco como presidente de la República… qué diríamos si los movimientos autonomistas vinieran de Castilla y no de Cataluña… en fin, un mundo de posibilidades literarias para una república que fue, es y será fuente de inspiración siempre.

Si la república hubiera ganado la guerra

El rincón de la bibliografía: Adiós Juan Marsé! Gracias!!!

Se ha marchado Juan Marsé hoy mismo, se fue donde los muchos, en el río que lo llevará al Mediterráneo eterno, nos deja la Barcelona que fue, la que vivió y construyó con sus palabras; se ha marchado y nos ha dejado el ejemplo de sus letras bien escritas, bien tramadas, pero también su ejemplo de libertad, de inteligencia, de decencia histórica. Resistente siempre, adiós Juan Marsé! y gracias, infinitamente gracias.

Encerrados con un solo juguete

https://www.cultoro.es/actualidad/2020/7/19/encerrados-con-un-solo-juguete-a-juan-marse-40578.html

Esta cara de la luna

http://www.abretelibro.com/foro/viewtopic.php?t=100589

Últimas tardes con Teresa

https://el-anaquel.com/2019/02/19/ultimas-tardes-con-teresa-juan-marse/

La oscura historia de la prima Montse

https://www.reeditor.com/columna/22713/19/literatura/resena/la/oscura/historia/la/prima/montse/juan/marse

Si te dicen que caí

https://el-anaquel.com/2013/02/05/si-te-dicen-que-cai-juan-marse/

La muchacha de las bragas de oro

https://librotea.elpais.com/libros/la-muchacha-de-las-bragas-de-oro-contemporanea/

Un día volveré

http://quelibroleo.com/un-dia-volvere

Ronda del Guinardó

https://www.abrirunlibro.com/2017/05/ronda-del-guinardo/

El amante bilingüe

https://www.planetadelibros.com/libro-el-amante-bilingue/13084

El embrujo de Shanghai

https://lapiedradesisifo.com/2009/06/11/el-embrujo-de-shanghai-de-juan-marsé/

Rabos de lagartija

https://www.revistadelibros.com/articulos/rabos-de-lagartija-novela-de-juan-marse

Canciones de amor en Lolita’s Club

https://elcultural.com/Canciones-de-amor-en-Lolitas-Club

Caligrafía de los sueños

https://www.letraslibres.com/mexico-espana/caligrafia-los-suenos-juan-marse

Noticias felices en aviones de papel

https://elpais.com/cultura/2014/12/04/babelia/1417714758_321655.html

Esa puta tan distinguida 

https://www.efe.com/efe/espana/cultura/marse-esa-puta-tan-distinguida-es-seguramente-mi-novela-mas-autobiografica/10005-2888590

El fantasma del cine Roxy 

https://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2017/06/29/el_fantasma_del_cine_roxy_4_67024_1821.html

Teniente Bravo

http://www.agenciabalcells.com/autores/obra/juan-marse/teniente-bravo/

Cuentos completos

https://www.planetadelibros.com.co/libro-cuentos-completos-juan-marse/158376

Colección particular

https://trabalibros.com/noticias/coleccion-particular-cuentos-juan-marse

La fuga del río Lobo

http://www.agenciabalcells.com/autores/obra/juan-marse/la-fuga-de-rio-lobo/

El detective Lucas Borsalino

https://www.anikaentrelibros.com/el-detective-lucas-borsalino

Señoras y señores 

https://www.planetadelibros.com/libro-senoras-y-senores/89218

Confidencias de un chorizo

https://www.sopadelibros.com/book/confidencias-chorizo-juan-marse

El Pijoaparte y otras historias

https://www.iberlibro.com/buscar-libro/titulo/el-pijoaparte-y-otras-historias/primera-edicion/

Los misterios de colores

https://www.123libros.com/Juan-Mars-/Los-misterios-de-colores/19027

Las mujeres de Juanito Marés

http://www.agenciabalcells.com/autores/obra/juan-marse/las-mujeres-de-juanito-mares/

Un paseo por las estrellas

http://www.agenciabalcells.com/autores/obra/juan-marse/un-paseo-por-las-estrellas/

Momentos inolvidables del cine

http://www.agenciabalcells.com/autores/obra/juan-marse/momentos-inolvidables-del-cine/

La gran desilusión

https://elpais.com/cultura/2004/04/21/actualidad/1082498402_850215.html

Viaje al Sur 

https://elpais.com/cultura/2020-07-19/lea-un-adelanto-de-viaje-al-sur-el-inedito-de-juan-marse.html

Una nota sobre Marsé:

El rincón de la bibliografía: Manuel Vázquez Montalbán

A un año más de su ausencia, Cisterna de Sol rinde homenaje a Manuel Vázquez Montalbán ofreciendo su amplísima bibliografía.

Que ustedes la disfruten.

Poesía

Una educación sentimental

http://quelibroleo.com/una-educacion-sentimental-praga

Movimientos sin éxito

http://www.agenciabalcells.com/autores/obra/manuel-vazquez-montalban/movimientos-sin-exito/

Coplas a la muerte de mi tía Daniela

http://www.vespito.net/mvm/coplas.html

A la sombra de las muchachas sin flor

http://www.agenciabalcells.com/pt/autores/obra/manuel-vazquez-montalban/a-la-sombra-de-las-muchachas-sin-flor/

Praga

http://josemartinmolina.com/manuel-vazquez-montalban-poemario-praga/

Memoria y deseo. Poesía 1967-1983

http://www.revistateina.es/teina/web/teina19/lit3.htm

Pero el viajero que huye

https://elpais.com/diario/2007/12/22/babelia/1198284631_850215.html

Ciudad, 

http://www.visor-libros.com/tienda/ciudad.html

Ars amandi

http://www.vespito.net/mvm/arsamandi1.html

Novela

Recordando a Dardé 

https://www.cicutadry.es/recordando-a-darde-vazquez-montalban/

Yo maté a Kennedy. Impresiones, observaciones y memorias de un guardaespaldas,

https://elchefhamuerto.com/2011/11/23/yo-mate-a-kennedy-la-primera-novela-de-pepe-carvalho/

Tatuaje

http://www.bibliofiloenmascarado.com/2010/07/09/resena-tatuaje-de-manuel-vazquez-montalban/

Happy end,

http://www.agenciabalcells.com/autores/obra/manuel-vazquez-montalban/happy-end/

La soledad del mánager,

https://elpais.com/diario/1978/02/15/cultura/256345201_850215.html

Los mares del Sur,

https://www.planetadelibros.com/libro-los-mares-del-sur/8794

Asesinato en el Comité Central,

https://www.librosyliteratura.es/asesinato-en-el-comite-central-de-manuel-vazquez-montalban.html

Los pájaros de Bangkok

https://www.planetadelibros.com/libro-los-pajaros-de-bangkok/250296

La vida privada del doctor Betriu

http://www.vespito.net/mvm/joaquinmarco.html

La rosa de Alejandría

http://novelanegraycinenegro.blogspot.com/2010/10/manuel-vazquez-montalban-la-rosa-de.html

El pianista

https://www.librosyliteratura.es/el-pianista-de-manuel-vazquez-montalban.html

El matarife

http://www.vespito.net/mvm/narrativa.html

El Balneario

https://www.planetadelibros.com.mx/libro-el-balneario/91513

Los alegres muchachos de Atzavara

http://www.anikaentrelibros.com/los-alegres-muchachos-de-atzavara

Asesinato en Prado del Rey 

https://www.planetadelibros.com/libro-asesinato-en-prado-del-rey-y-otras-historias-sordidas/8835

Cuarteto

https://www.entrelectores.com/libros/manuel-vazquez-montalban/cuarteto-manuel-vzquez-montalbn

El delantero centro fue asesinado al atardecer,

https://futbolclubdelectura.com/2015/02/24/el-delantero-centro-fue-asesinado-al-atardecer-de-manuel-vazquez-montalban-editorial-planeta/

Galíndez

https://www.anagrama-ed.es/libro/narrativas-hispanicas/galindez/9788433998668/NH_615

El laberinto griego

https://www.planetadelibros.com/libro-el-laberinto-griego/254295

Autobiografía del general Franco

https://www.elmundo.es/elmundolibro/2003/03/13/anticuario/1047591339.html

Sabotaje olímpico

https://elpais.com/diario/1992/07/24/cultura/711928812_850215.html

El hermano pequeño

https://www.planetadelibros.com/libro-el-hermano-pequeno/8856

Roldán, ni vivo ni muerto

https://elpais.com/diario/1995/03/01/espana/794012429_850215.html

El estrangulador

https://elpais.com/diario/1994/12/01/cultura/786236406_850215.html

El premio

https://elpais.com/diario/1996/02/19/cultura/824684415_850215.html

La muchacha que pudo ser Emmanuelle,

https://elpais.com/diario/1997/08/21/opinion/872114409_850215.html

Quinteto de Buenos Aires

https://www.revistadelibros.com/articulos/quinteto-de-buenos-aires-de-manuel-vazquez-montalban

O César o nada

http://www.mientrastanto.org/boletin-151/ensayo/historia-y-mito-en-cesar-o-nada-de-vazquez-montalban

El señor de los bonsáis

http://www.agenciabalcells.com/autores/obra/manuel-vazquez-montalban/el-senor-de-los-bonsais/

El hombre de mi vida

https://www.planetadelibros.com/libro-el-hombre-de-mi-vida/254315

Erec y Enide

https://www.revistadelibros.com/articulos/erec-y-enide-de-manuel-vazquez-montalban

Milenio Carvalho I. Rumbo a Kabul

https://www.elcultural.com/revista/letras/Milenio-Carvalho-I-Rumbo-a-Kabul/8604

Milenio Carvalho II. En las antípodas

https://www.planetadelibros.com/libro-milenio-carvalho-ii-en-las-antipodas/8632

Cuento

Recordando a Dardé y otros relatos,

http://www.agenciabalcells.com/autores/obra/manuel-vazquez-montalban/recordando-a-darde/

Historias de fantasmas

http://www.agenciabalcells.com/autores/obra/manuel-vazquez-montalban/historias-de-fantasmas/

Historias de padres e hijos

http://www.abretelibro.com/foro/viewtopic.php?t=71607

Tres historias de amor

http://www.sopadelibros.com/book/tres-historias-amor-manuel-vzquez-montalbn

Pigmalión y otros relatos

http://www.sopadelibros.com/book/tres-historias-amor-manuel-vzquez-montalbn

Historias de política ficción

http://lapaginanumerotrece.es/historias-de-politica-ficcion-manuel-vazquez-montalban/

Cuentos blancos, Cuentos negros,

https://www.efeeme.com/libros-cuentos-negros-y-cuentos-blancos-de-manuel-vazquez-montalban/

Ensayo

Informe sobre la información

https://www.um.es/tonosdigital/znum6/Teselas/Teselas.htm

Manifiesto subnormal

http://editorialkairos.com/catalogo/manifiesto-subnormal

Crónica sentimental de España

https://elpais.com/diario/2006/11/04/catalunya/1162606059_850215.html

Joan Manuel Serrat

http://www.rockdelux.com/radar/p/manuel-vazquez-montalban-joan-manuel-serrat.html

El libro gris de Televisión Española

http://www.lecturalia.com/libro/5372/el-libro-gris-de-television-espanola

Las noticias y la información

http://www.vespito.net/mvm/per.html

La vía chilena al golpe de estado

http://www.agenciabalcells.com/pt/autores/obra/manuel-vazquez-montalban/la-via-chilena-al-golpe-de-estado/

La penetración americana en España

http://www.agenciabalcells.com/autores/obra/manuel-vazquez-montalban/la-penetracion-americana-en-espana/

Cien años de canción y Music Hall

https://www.elargonauta.com/libros/cien-anos-de-cancion-y-music-hall/978-84-938778-1-1/

La Capilla Sixtina: del proceso de Burgos al espíritu de febrero

http://editorialkairos.com/catalogo/la-capilla-sixtina

¿Qué es el imperialismo?

https://ufmgalindo.wordpress.com/2011/10/24/¿que-es-el-imperialismo-manuel-vazquez-montalban/

Diccionario del Franquismo

https://elpais.com/diario/1977/03/15/sociedad/227228412_850215.html

Cómo liquidaron al franquismo en dieciséis meses y un día

https://catalogue.nla.gov.au/Record/838609

Imágenes y recuerdos. 1919-1930. La rebelión de las masas

https://realbiblioteca.patrimonionacional.es/cgi-bin/koha/opac-detail.pl?biblionumber=65405

L’art del menjar a Catalunya

http://www.derecoquinaria.com/libros-cocina/cocina-espana/cataluna/manuel-vazquez-montalban/lart-menjar-catalunya-p-9354.html

Los demonios familiares de Franco

https://www.traficantes.net/libros/los-demonios-familiares-de-franco

La palabra libre en la ciudad libre

http://www.vespito.net/mvm/pallib.html

Historia y comunicación social

http://www.tematika.com/libros/negocios_y_cs__economicas–10/administracion–1/marketing_y_ventas–3/historia_y_comunicacion_social–82981.htm

Las Cocinas de España: Cataluña; Extremadura; Galicia; Valencia, 

https://elpais.com/diario/2003/10/19/cultura/1066514403_850215.html

Recetas inmorales

http://www.oidococina.morgankompany.com/2011/04/las-recetas-inmorales-de-m-vazquez.html

Mis almuerzos con gente inquietante

https://elpais.com/diario/1984/12/21/cultura/472431607_850215.html

Crónica sentimental de la transición

https://elpais.com/diario/1985/01/04/cultura/473641207_850215.html

Contra los gourmets

http://www.afuegolento.com/articulos/2393/contra-los-gourmets-un-libro-de-manuel-vazquez-montalban

Tiempo para la mesa

http://www.vespito.net/mvm/ensayo.html

Barcelones

https://www.barcelona.cat/infobarcelona/es/barcelones-la-memoria-critica-de-vazquez-montalban-sobre-la-ciudad-estara-en-las-librerias-para-sant-jordi_635011.html

Barcelonas

http://blogs.lavanguardia.com/diario-itinerante/retraduciendo-barcelonas-de-manuel-vazquez-montalban-85046

Rafael Ribó: el optimismo de la razón

https://www.solardelbruto.com/96058-el-optimismo-de-la-razon.html

Escenas de la literatura universal y retratos de grandes autores 

https://www.revolvy.com/page/Manuel-Vázquez-Montalbán

L’esquerra neccesària

http://zintegra.com/tag/manuel-vazquez-montalban/

Las recetas de Carvalho

https://www.planetadelibros.com/libro-las-recetas-de-carvalho/8818

Escritos subnormales

https://www.ohlibro.com/escritos-subnormales/b-62927/6763356

Moscú de la revolución

https://www.popularlibros.com/libro/moscu-de-la-revolucion_326443

Veinticinco años, veinticinco anuarios: del apagón de Nueva York a la caída del muro de Berlín

http://www.kmliburutegia.net/Record/83925/Details

La literatura y la construcción de la ciudad democrática

https://narrativayperiodismo.wordpress.com/2016/03/15/la-literatura-en-la-construccion-de-la-ciudad-democratica-manuel-vazquez-montalban/

Novela negra, novela política

https://losojosdehipatia.com.es/cultura/libros/manuel-vazquez-montalban-y-su-detective-pepe-carvalho/

Felípicas (Sobre las miserias de la razón práctica)

http://www.agenciabalcells.com/en/authors/works/manuel-vazquez-montalban/felipicas-sobre-las-miserias-de-la-razon-pragmatica/

Panfleto desde el planeta de los simios

http://www.vespito.net/mvm/panf.html

Pasionaria y los siete enanitos

https://www.traficantes.net/libros/pasionaria-y-los-siete-enanitos

Les meves receptes de cuina catalana

http://cuinaencatala.blogspot.com/2012/04/les-meves-receptes-de-cuina-catalana.html

Un polaco en la corte del rey Juan Carlos

https://elpais.com/diario/1996/05/25/cultura/832975216_850215.html

El escriba sentado

http://www.agenciabalcells.com/autores/obra/manuel-vazquez-montalban/el-escriba-sentado/

Elogis desmesurats

https://www.elperiodicodearagon.com/noticias/escenarios/legado-mas-80-titulos-vida-dedicada-creacion_82109.html

La literatura en la construcción de la ciudad democrática

http://www.agenciabalcells.com/en/authors/works/manuel-vazquez-montalban/la-literatura-en-la-construccion-de-la-ciudad-democratica/

Y Dios entró en La Habana

https://www.elcultural.com/revista/letras/Y-Dios-entro-en-La-Habana/13685

Marcos: el señor de los espejos

https://www.elcultural.com/revista/letras/Marcos-el-senor-de-los-espejos/15124

Carvalho gastronómico,

http://www.gastronosfera.com/es/tendencias/carvalho-gastronomico-saber-o-no-saber-de-manuel-vazquez-montalban

Geometría y compasión

http://www.agenciabalcells.com/autores/obra/manuel-vazquez-montalban/geometria-y-compasion/

La aznaridad

https://elpais.com/diario/2003/11/09/domingo/1068353560_850215.html

Fútbol. Una religión en busca de un Dios

https://elpais.com/diario/2005/03/11/deportes/1110495608_850215.html

La ciudad: ese imaginario o circunloquio sobre la deconstrucción de Barcelona, 

http://www.vespito.net/mvm/prefcasses.html

Jack el Decorador,

https://elpais.com/diario/2008/01/18/cultura/1200610802_850215.html

Teatro

Guillermotta en el país de las Guillerminas

https://www.anagrama-ed.es/libro/serie-informal/guillermotta-en-el-pais-de-las-guillerminas/9788433904133/SI_13

Cuestiones marxistas

https://www.anagrama-ed.es/libro/serie-informal/cuestiones-marxistas/9788433904225/SI_22

Flor de nit

http://www.cervantesvirtual.com/obra/flor-de-nit-multimedia–0/

Antes de que el milenio nos separe. Carvalho contra Vázquez Montalbán

https://issuu.com/mvmproduccions/docs/dossier_castella____1_

María Hitler

http://www.agenciabalcells.com/autores/obra/manuel-vazquez-montalban/maria-hitler/

El libro nuestro de cada martes: Besaré tu cadáver de Terenci Moix

Definir un clásico es algo muy difícil. Lo clásico aquello que se refiere al canon de una época, que define las líneas que dan rostro e identidad a un tiempo y a un estilo. Terenci Moix, con los años, se ha vuelto un clásico de la modernidad española.

En México Moix es poco visitado, lo cual no deja de ser una lástima, podríamos frecuentarlo más y tener nuevas emociones en la lectura. Las letras de Terenci Moix son ácidas e irreverentes, no conocen lo sagrado ni lo requieren, caminan como levantando polvo para que se les vea de lejos y al llegar resultan sencillas, hilarantes a veces, pero agudas siempre.

Besaré tu cadáver es un recorrido por los libérrimos años sesenta en Roma y París, un reto a nuestra imaginación porque Terenci desafía los lugares comunes para meterse dentro de los personajes y desmontar el mecanismo de la libertad, la diversión, el horror y las consecuencias; una mezcla inaudita de personajes donde el oro y la hojalata se encuentran, donde los ricos se dan codazos con los pobres y la novela negra recibe un tratamiento del todo extraordinario.

En América Latina, donde seguimos siendo un poco solemnes y un tanto dados a la reverencia cultural, Terenci Moix nos puede venir como remedio a nuestra genética tan seria y a veces melancólica. Para cualquier lector es un reto de resistencia en buena lid y un placer enorme.

Algo más sobre la novela:

https://www.planetadelibros.com/libro-besare-tu-cadaver/24285

Un vídeo sobre el estilo personalísimo de Terenci Moix

http://www.rtve.es/alacarta/videos/imprescindibles/imprescindibles-terenci-moix-gana-planeta/3524159/

 

Los crímenes de Max Aub o la litertatura como revancha

A veces me pregunto si, en realidad, Max Aub existió alguna vez; si existió, como existir así, físicamente y fue quien dijo ser y escribió todo cuanto fue publicado bajo su nombre. Me lo pregunto porque Aub vivió una vida tan novelesca que no es fácil imaginarla pero además, como una especie de alfabético Rey Midas, convertía en literatura todo cuanto sus manos tocaban; con más patrias que vidas, con más huídas que esperanzas, Max Aub es el arquetipo del primer exiliado, el que sale de su hogar para afincarse en otro sin jamás convertirse del todo a su nuevo espacio; tal vez por eso Aub construye una república íntima a través de las letras, de su narrativa pero, sobre todo, a partir de un dominio, casi mágico, de la palabra y de una imaginación indomable. En el mundo existe todo cuanto por su pluma fue creado: un pintor catalán imposible, un cuervo parlante y memorioso, asesinos de todas las raleas y con independencia de cada uno de ellos, un lenguaje popular que quiere ser mexicano y que de tan natural nunca se escuchó en las calles. Diría que se trata de magia pura pero sería inexacto, se trata más bien de un extraño caso de totalidad literaria, como si en un recurso inusitado Aub se hubiera escrito a sí mismo para poner orden en un mundo que se lo negaba.

De un tiempo a la fecha nos hemos atiborrado de ingentes dosis de violencia, no sólo la que lamentablemente ocurre en las calles de las ciudades de todo el mundo, sino aún de la magnificada por el espectáculo y por las necesidades del imperio de la imagen. Se acabó, acaso para siempre, aquella antigua violencia casi gratuita que sin dejar de ser drama y sin parecer hermosa y menos aún heroica era al menos digerible; me refiero al asesinato narrado con la afilada pluma del cronista de la nota roja, al homicidio disparatado pero con en causas sin duda humanas o mejor aún, apenas domésticas, como éste que se inventa Aub en sus “Crímenes ejemplares”:

Entro en aquel preciso momento. Había esperado la ocasión desde hacía un mes. Ya la tenía acorralada, ya estaba vencida, dispuesta a entregarse. Me besó y aquel sombrío imbécil, con su cara de idiota, su sonrisa de pan dulce, su facultad de meter la pata cada  día, entró en la recámara, preguntando con su voz se falsete, creyendo hacer gracia:

  • ¿No hay nadie en la casa?

Para matarlo. el primer impulso es siempre el bueno.

Es que no hay derecho, ese flujo violentísimo que termina en asesinato no es premeditado sino que irrumpe cuando alguien presume que será privado del deseo que justamente anhela, pero ni siquiera ese extremo se cumple, es la irrupción del bobo en el momento menos adecuado el que rompe la inspiración y lo conduce a la muerte; es esta la violencia con la que no contamos porque no le tememos sino que, por el contrario, idolatramos la visión de lo dramático, no sólo como noticia sino también como ficción; en cambio, hemos generado un temor cerval por las palabras. No hay escándalo en los decapitados de la semana, no hay quien lleve la cuenta de los desaparecidos o se acuerde de la última matanza callejera o escolar en los Estados Unidos, pero que no se atreva nadie a usar horrendos vocablos como negro, tullido, huérfano, puto o enano porque entonces nos cae encima la colección más fina y selecta de denostaciones que han alcanzado la autorización de lo políticamente correcto: fascista, hereje, corrupto y hasta recuerdo con risas alguna vez que alguien que no era amable me llamó en la calle “insolidario”. Al contrario, Aub no le teme a las palabras y así doma los monstruos de la violencia reduciéndolos con vocablos sinceros; de hecho, en una serie de finísimos crímenes ortográficos y tipográficos recuerda a alguien que “no se repuso nunca de la primera impresión”.

Después de dos guerras Aub sabe que la violencia es siempre gratuita y exenta de sentido, es más, quisiera pensar que la considera un acto de donación de quien puede darlo ¿no asegura por ahí en otro de sus crímenes ejemplares que “lo maté porque bebí lo justo para hacerlo”?

Aub retrata el instante preciso del asesinato y nunca se rebaja con crímenes vulgares y tristes como el secuestro, el fraude o el robo; el asesinato siempre porque es el único que tiene verdaderas dimensiones literarias más allá de la anécdota; del mismo modo opera De Quincey en su “Del asesinato considerado como una de las bellas artes” la dimensión ejemplar de los crímenes de Aub puede ser medida por lo que omite, por lo que esconde, más allá de lo que narra:

¡Cómo iba a permitir que se acostara con una mujer a la que le habían trasplantado el corazón de María!

En serio, hay cosas que no se pueden tolerar en auténtica decencia y eso de pensar que un corazón amado – o tal vez muy odiado – bombea desesperado la sangre de un orgasmo de cuerpos que nada tienen que ver con la memoria del amor – o del desprecio -, traspasa todo frontera humana; añádase toda la secuela de hechos que llevaron hasta la donación del corazón, súmese la pasión del ahora homicida que siguió el rastro del corazón de María. Aub lo sabe y el lector también, hay cosas que no se deben permitir pues irrumpen en la buena marcha del universo: “Era tan feo el pobre, que cada vez que me lo encontraba, parecía un insulto. Todo tiene su límite”.

La lectura de Aub nos devuelve a un estado de barbarie primigenia, a un momento en que los estereotipos se codeaban con el mundo y en el que los sentimientos aún no estaban descafeinados ni tenían que pasar por los filtros de los amaneramientos, las modas y el kitsch tecnológico que, lejos de construir puentes de paso, se fueron convirtiendo en máscaras de lo que nadie se atreve a decir; Aub, contra lo que pudiera pensarse, no está amargado ni guarda un odio secreto contra la humanidad, pero su desencanto de los hombres requiere de una válvula de salida en la que nadie resulte herido sino por el juego de las palabras, “esta bastardilla tan romana, y esta inglesa tan redondilla”. En el prólogo a sus “Crímenes ejemplares”, hace un llamado a aquel su tiempo que ya desde entonces, como ahora, amenazaba deslucido y decepcionado:

No vamos a ninguna parte, el gran ideal es, ahora, la mediocridad; vencer los impulsos. En la supuesta dignidad de castrarse han muerto muchos de los mejores.

Ni Aub ni nadie en su medianamente sano juicio pretende un mundo de hombradas y bofetones pero sí, como cuentan los abuelos, vivir en un mundo como el de antaño en el que al ladrón se le llama ladrón y al cobarde según su nombre; el propio Max lo reconoce “esta fe de erratas tan atea…”, en algún momento, sin pretender un tratado histórico, me parece que después de la caída del Muro de Berlín, cambiamos las grandes cosas, los sentimientos elevados, por la grandilocuencia y la vociferación; a nadie le interesa Teresa de Calcuta si no aparece en CNN en vivo – es una lástima que ello no sea ya posible – y resulta que un grupo de ciudadanos investigando sobre la desigualdad en México tenga que conformarse con las migajas de la audiencia cuando lo que vende es hablar de las pifias del Presidente Peña aún cuando ninguna de ellas sea importante o siquiera comprobable, al punto tal que hasta el más avezado tiene dificultades para diferenciar entre lo importante y lo urgente, entre lo real y lo aparente, entre la seriedad y la broma. Una de las notas suicidas más conmovedoras que se han escrito no la realizó alguien que tuviera la más mínima intención de quitarse la vida, es decir, se trata de una nota falsa, o si se prefiere, de una carta ejemplificativa, sólo por si se ofrece:

No se culpe a nadie de mi muerte. Me suicido porque de no hacerlo, seguramente, con el tiempo, te olvidaría. Y no quiero.

Como si nos faltaran causas para apostarlo todo. Desde la segunda posguerra comenzaron a menudear las pequeñas causas, aquellas que no requieren de mayor esfuerzo, que necesitan apenas una sonrisa complaciente o unas cuantas horas de voluntariado militante, sin mucho riesgo y que reportan, en el corto plazo, una sensación gratificante que transita ligera entre la dulce tranquilidad de estar a la moda y la heroica percepción  – que no requiere explicación lógica ninguna – de estar, sin saber cómo ni cuando, transformando el mundo. Desde luego, Aub no podía saber que esta “capitis diminutio” de la militancia iba a volverse patéticamente endémica para el Siglo XXI en la que basta un botón de “me gusta” o una reproducción de texto o imagen para que un inocente sujeto pueda tranquilizar su alma revolucionaria participando de la transformación final del mudo, en su espiritualización y finalmente, en su conversión en el edén terrenal que todos deseamos. En fin, una burda estafa en la que participan recolectores de basuras contaminantes, antitaurinos violentos, salvadores de perros a contrapelo de la salud pública, veganos combativos, ágiles comentaristas de la inmediatez política  e ingeniosos denunciantes de las más obscuras conspiraciones. Para Aub, que ha tenido que huir de Francia y de España, que ha vivido la experiencia concentracionaria y la derrota a manos del fascismo, sabe que sólo las grandes causas merecen tal nombre, que las otras sólo son parte del oficio de vivir. Como lo dice en otro de sus crímenes: “A mí, mi papá me dijo que no me dejara… y no me dejé”.

Aub no quiso hacer de su literatura un réquiem por el mundo que pudo haber sido, no se permitió tampoco que su experiencia vital convirtiera sus letras en un cúmulo de lamentaciones  y si, a veces, el dolor o la amargura traslucen, como en su “Gallina ciega”, ello no es sino el fruto de su condición humana. Para evitarlo recurre a un artilugio pocas veces utilizado con tanta profusión: transformar toda la existencia en recurso literario, no hay transacción ni claudicación posible, no es la literatura la que se cuela a través de las grietas de la realidad sino que, de alguna manera, es la existencia la que se incorpora al mundo de lo escrito, como si la actividad creativa justificara todo exilio y toda guerra, como si cada día vivido no tuviera más razón de ser que convertirse en material para nuevos libros y no sólo eso, sino que aún lo celebra en sus crímenes que de tan crueles pueden pasar por sencillas travesuras privadas de cualquier sordidez: “Mató a su madre para poder escribir una novela. No doy detalles: léanla”.

Cuando dice “se suicidó porque no le salía lo que debía salirle”, sabe que para el escritor, vivir es acumular y resguardar para luego volver a la vida a través de la creación para que en el transcurso de los años las cosas, más o menos, salgan como debieran salir. Con casi certeza – cuando se habla de Aub hay que guardar siempre un “casi” que nos salve del posible error -, podríamos decir que la ligereza de sus letras, es apenas una sencillez aparente pues encierra una voluntad de vivir que se impone y se transmite con la potencia de las renuncias y de las postergaciones, del mucho aguantar y del mucho hacer; los micro cuentos de Aub son momentos capturados de realidades mucho más complejas:

Yo no tengo voluntad. Ninguna. Me dejo influir por lo primero que veo. A mí me convencen en seguida. Basta que lo haga otro. El mató a su mujer, yo a la mía. La culpa es del periódico que lo contó con tantos detalles.

El autor sabe que a grandes males grandes remedios: “Le olía el aliento. Ella misma dijo que no tenía remedio”, así que pluma – o como se podría decir puñal – en mano, arremete contra las pequeñas y grandes desgracias de la vida, contra las miserias que nos impiden tomar del árbol la fruta que deseamos, sin más razón que la pura mala suerte: “¿Tengo la culpa de ser invertido? Y el no tenía porqué no serlo”, faltaba más, que tanto es tantito digo yo, y es que las denuncias aubianas versan sobre aquello que, como don Máx ha descubierto, corresponden a todos los hombres, aquellos desencantos de la realidad que sólo pueden saldarse de tajo, con la gotita simpática de sangre en la punta del cuchillo y la sonrisa socarrona en la boca: “¡Yo quería un hijo, señor. A la cuarta hembra, me la eché”; pues no hay derecho, insisto, como si no pudiera uno esperar del mundo algo mejor de lo que el destino nos ha deparado; desde luego que el exiliado lo comprende aún mejor y desde una luz más meridiana; es decir, ¿cómo aceptar que la razón y la justicia sea derrotada por la mendacidad, la ambición y la locura?, ¿porqué abandonar, por ejemplo, la España de la esperanza, la libertad y la igualdad para dejar en el gobierno, la plaza y la taberna, la mano de la dictadura, del oprobio y de los soplones?, en el mundo no hay justicia, de verdad, pero qué se le va a hacer, hay que seguir viviendo y no hay mejor venganza que seguir aguantando pese a todo o, más bien, gracias a todo aquello que lo ha lanzado a la calle de la existencia; así, tiene el derecho de reclamar la recuperación del orden en el cosmos.

Para eso son sus crímenes; él, un autor de lo más pacífico, un funcionario cultural eficiente y un magnífico abuelo, ajusta cuentas de la única manera en que puede y sabe, imaginando, descubriendo y construyendo escenarios y situaciones en las que el entorno se hace literatura y de esa manera aplaca los demonios del mundo; de qué otra forma podría reducir a la sumisión sus frustraciones y también las nuestras:

Estaba leyéndole el segundo acto. La escena entre Emilia y Fernando es la mejor: de eso no puede caber ninguna duda, todos los que conocen mi drama están de acuerdo. ¡Aquel imbécil se moría de sueño! No podía con su alma. A pierna suelta, se le iba la morra al pecho como un badajo. En seguida volvía a levantar los ojos haciendo como que seguía la intriga con gran interés, para volver a trasponerse, camino de quedar como un tronco. Para ayudarle le descabecé de un puñetazo; como dicen que algún Hércules mató bueyes. De pronto me salió de adentro esa fuerza desconocida. Me asombró.

Los crímenes, como diminutas joyas narrativas exhiben esa fuerza asombrosa que Aub detentó sólo en la imaginación pero que funciona como un poderoso aliciente para quien los lee, como si de pronto, de la nada, alguien hubiera escuchado sus plegarias de lector afligido y diera en el clavo de sus más ocultos y hondos deseos: “¡Que se declare en huelga ahora!”, clama el asesino de cuya historia apenas conocemos conclusión por un lamentable gesto de victoria. ¿Quién ha dado la voz triunfante?, ¿el patrón harto de amenazas?, ¿el obrero disidente?, ¿el líder sindical que ya ha pactado?, ¿la madre o la mujer del obrero temerosa de perder el sustento? Ahí radica la fuerza y la potencia de la narrativa de Aub, capaz de romper en pedacitos diminutos la lucha de clases y convertir sólo uno de esos fragmentos en una gema: “¡adivinen jóvenes, ya que son tan listos!” A veces a don Max se le escapan algunas discretas lágrimas, unas cuantas y pequeñas vocecitas de exiliado y de derrotado, unas pocas, apenas las suficientes como para reclamar su lugar en el mundo y hacernos saber que sigue vivo y a duras penas batallando, que ha permanecido insumiso y que, pese a la realidad sigue clamando sus convicciones, pues sabe que sólo el silencio será capaz de vencerlo: “Me suicido para que hablen de mí”, para qué, si no, se hubiera tomado la molestia de montar ese colosal invento que fue Jusep Torres Campalans, sino para que se hablara de él, de Aub, y no sólo de él mismo, sino de toda la España peregrina por la tierra anhelante del retorno, una España burlona e irredenta que seguía en pie de guerra ya no con los fusiles y los cañones, sino con las plumas y los pinceles, pues nunca estuvo cansada de cantar su pena y su esperanza: “condenado a galeras de por vida, jamás vio una página impresa”.

 

En sus crímenes tipográficos la metáfora se vuelve aún más alucinante y el dominio de la lengua todavía más demoledor, él sabe que “aunque parezca falso no se puede ser ¡ay! al mismo tiempo itálico y romano”, por eso se ve obligado a tomar partido permanentemente, de Aub pueden decirse muchas cosas pero nunca que fuera tibio o indiferente; se goza de su paso por el mundo aunque como en Alfonso Reyes, ese paso tuviera como motor los empellones de la historia; afirma, con razón que “los blancos y las negritas hacen buenas mestizas”; él mismo declara: “negrita y cursiva ¡cómo me gustaba!” Para cada violencia Aub tiene una respuesta y una venganza, una solución expresiva que resume en pequeñas erupciones verbales el objeto de su rebeldía: “le llamaban el Cursivo porque era bastardo”. Y no es que el autor se asuma como vengador del mundo sino que apenas quiere oponer al desorden histórico que constituye la violencia un contraveneno hecho de inofensiva hiel literaria:

Me quemó duro con su cigarrillo. Yo no digo que lo hiciera con mala intención. Pero el dolor es el mismo. Me quemó, me dolió, me cegué, lo maté. No tuve – yo, tampoco – intención de hacerlo. Pero tenía aquella botella a mano.

Como quien dice, o mejor aún, como dice Aub, “a tanto punto aparte, murió sangrado”; eso es precisamente lo que quiere evitar: morir sangrado de palabras por decir, de textos entrampados y nunca escritos, de puntos aparte que cierran párrafos por crear; asume, en ese sentido, su propia misión y se desentiende de ese mundo absurdo de la realidad para imponer el de su literatura, sujeto a la peculiar lógica de los sueños y las pesadillas, de los desquites, los ajustes de cuentas y las bromas intencionadas; un mundo donde cuenta lo que se dice y vale lo que se escribe pero que cierra los ojos a lo que pasa y ha pasado pues viene ya podrido de antemano:

Salimos a cazar patos silvestres. Me agazapé en el trollo. ¿Qué me empujó a apuntar aquel hombre rechonchito y ridículo con sombrero tirolés, con pluma y todo?

Tal vez la respuesta la dé el propio Aub en otra de sus notas suicidas: “Me suicido por ver la cara que pondrá Lupe, su mamá y el lechero”.

Una de las lecciones más difíciles de aprender es lidiar con las imperfecciones del mundo, a convivir con la frustración y a elevarse sobre las pequeñas miserias que en su conjunto llamamos condición humana: la burda sensación de estaba cuando descubrimos que nuestros más grandes esfuerzos no han sido suficientes, que no ha bastado tener la razón o exhibir la buena fe; el sentimiento de ridículo que experimentamos cuando tenemos que descubrir que la ayuda que hemos recibido no sólo no era desinteresada sino también era inútil, que nuestros profesionales eran más bien ineficientes mercachifles del regateo y que, a fin de cuentas, aquel tesoro que tanto anhelábamos era sólo hojalata y cartón piedra; que, en términos llanos, pusimos circo y nos crecieron los enanos. Shakespeare lo expresó con mayor elegancia aunque no con más precisión que Max Aub.

Dice el bardo inmortal de Avon:

Pues quien soportaría los latigazos e insultos del tiempo, la injusticia del opresor, el desprecio del orgulloso, el dolor penetrante de un amor despreciado, la tardanza dela ley, la insolencia del poder y los insultos que el mérito paciente recibe del indigno cuando él mismo podría desquitarse de ellos con un puñal.

En cambio, el fantástico fabulador de Segorbe declara:

Le pedí el Excelsior y me trajo El Popular. Le pedí Delicados y me trajo Chesterfield. Le pedí cerveza clara y me la trajo negra.

La sangre y la cerveza revueltas, por el suelo, no son buena combinación.

A la chingada se dice en México, a tomar por saco, en España y en magnífico español escribe Aub: “Después de todo, nada. Me mando al demonio, voy”. Pues digo yo con Serrat, “sería fantástico que todo fuera como está mandado y que no mande nadie”, pero ya se ve que es mucho pedir que los maestros enseñen de modo tal que los niños aprendan y no se anden por las ramas buscando complejos, síndromes, deficitarios surtidos y demás lindezas que los libren de su incompetencia; que el gobierno haga lo que debe sin echar la culpa a los ciudadanos por que le han estropeado las jardineras con la manifestación; pero todo eso es la burda fantasía del creyente pues he aquí y Aub lo sabe, que si nada es lo que parece y nada marcha como debiera, entonces porqué no cobrar venganza en el mundo de la literatura donde todo se puede y donde todo es como su autor ha querido, vaya, si hasta el viejo Lenin lo decía: “si la realidad no se adapta a la teoría, peor para la realidad”, y Aub es un hombre de izquierdas y se lo toma muy en serio; de ahí, por ejemplo:

La única duda que tuve fue a quién me cargaba: si al linotipista o al director. Escogí al segundo, por más sonado. Lo que va de una jota a un joto.

De este modo, Max Aub se alza, desde su inocencia, a la categoría que cualquier autor anhela, se convierte en un demiurgo que reordena el cosmos, casi como un nuevo Mesías que tampoco trae la paz sino la espada; sus denuncias aunque irónicas y risueñas, en lo profundo son terribles clamores que traen aparejada la más primitiva de las venganzas, la de la revancha simple, pura y llana, sin complicaciones ni marcos teóricos, frontal y a la mala, justo como enseñan los mejores cánones de la calle, el campo y el barrio, a lo macho, como se solía decir en el México de antaño. Esa revancha tan infantil como olímpica pone las cosas en su sitio, desface entuertos como el Quijote, castiga al culpable y compensa al ofendido:

Me debía dinero. Prometió pagármelo hace dos meses, la semana pasada, ayer. De eso dependía que llevara a Irene a Acapulco, sólo ahí podía acostarme con ella. Se lo había prestado para dos días, sólo para dos días…

Hay escritores así, para nuestra fortuna, aunque no sean muchos, esos que con sencillez y diáfana sinceridad nos devuelven la parcela de dignidad que el siglo se empeña en quitarnos, aquellos que dicen por nosotros:

La culpa fue de aquel maldito tango…

Tras los pasos de Alfonso Reyes en Madrid. 100 años después. Jornada final

Sexta jornada. Noviembre 12. Jueves.

De cualquier manera despertar temprano hubiera sido imposible; hemos abierto los ojos cuando nuestros cuerpos así lo han querido, tomamos el desayuno y los diarios dan cuenta de la espiral de confusión y abulia en que va cayendo tan rápido la cuestión catalana; de la cascada de notas que inundaron las primeras planas de ayer se redujeron apenas a una sola noticia predominante sobre la notificación del Tribunal constitucional por la que se hace saber a los líderes soberanistas, Mas y Forcadell, la situación de ilegalidad en la que han incurrido; aunque la Generalitat promete seguir adelante ignorando las suspensión de la declaración de independencia; Artur Mas sigue persistiendo su intento de hacerse proclamar presidente. El intento se va convirtiendo en una penosa comedia de enredos, cada minuto más lejana de los ciudadanos.

Pasear por Madrid disfrutando del buen tiempo es uno de los placeres vedados al turista obligado a cumplir con las escenas de colección cuyos espacios aguardan en la memoria de su dispositivo móvil; libres de cualquier deber recorremos el centro de la ciudad hasta en tanto llega la hora de la recepción en la residencia de la embajadora. Pero antes, sólo para saludar a Pablo y para verificar si no hay ninguna disposición o algún cambio en la agenda. Apenas llegamos cuando se percibe cierta actualidad que antes no habíamos visto; la embajadora acaba de recibir una llamada importante: le han concedido el Premio Cervantes a Fernando del Paso. Aunque todos en la embajada corren apresurados se percibe su ambiente festivo al que somos tan adeptos los mexicanos, una mezcla peculiar de orgullo y asombro que estalla en abrazos y sonrisas.

Aunque hay siempre una diminuta e involuntaria virtud que consiste en tener la fortuna de estar presentes en los momentos históricos o sencillamente peculiares y hemos acumulado ya dos en el transcurso del viaje. Una señal inequívoca de sabiduría es darse cuenta cuando se cumple el supuesto de un viejo dicho: “mucho ayuda el que no estorba”; así es que recojo mi libro y mi libreta y nos despedimos en la puerta de la oficina de Pablo; instantes antes de marcharnos acuña una de esas genialidades verbales que son parte de su talento:

  • ¿Te fijas? Esto hace de Del Paso el príncipe de las “p”.
  • ¿Por?
  • Poniatowska, Pitol, Pachecho, Paz … y Fuentes…
  • ¿Fuentes?
  • Pues sí, Fuentes que nació en Panamá.

Celebro la broma que hará nota mañana cuando se haya publicado; mientras tanto nos vamos pasear sin rumbo y a comprar algunas cosas que nos han quedado pendientes; una vuelta más por las librerías pero no con exceso porque en la noche tenemos cita después de la clausura del coloquio con Raquel y Ricardo para tomar chocolate en Valor y a mirar libros en La Central; compramos unos suéteres en Canalejas, una pequeña tienda de antes de la guerra en uno de los enclaves madrileños de más sabor y solera, la diminuta plaza de Canalejas donde un estupendo como espeso chocase – sí, otra vez el chocolate que no podré tomar igual sino hasta que regrese a Madrid -, una hermosa confitería especializada en los caramelos de violentas que popularizó Alfonso XIII y que son tan bonitos que da pena comerlos y, cerrando la plaza, las confecciones Canalejas cuyo mobiliario es por sí mismo una razón suficiente para visitarla; hemos parado también en Casa Yustas, en Plaza Mayor, una especie de museo dedicado a las gorras, boinas y sombreros, establecida desde finales del siglo XIX y que forma parte de la historia de la capital de todas las españas; fue ahí donde don Alfonso recuerda haber visto un letrero que anunciaba: “ sombreros para hombres de paja” y si mi memoria no me traiciona o me juega alguna mala pasada, se trataba del mismo llamado al que hace referencia Mesonero Romanos en sus “escenas matritenses”; error común y que causa simpáticos equívocos, en un barecito por ahí alguna vez me ofrecieron “ración de calamares grandes” y que alguna vez Pablo y yo, que no acostumbrábamos las hamburguesas, la adaptamos a los tiempos que corrían cuando McDonald’s era nuevo en México y hacía furor en toda la Ciudad de México; en plan de franca broma le preguntamos al cajero si tenían refresco de manzana chica, a lo que el confundido muchacho respondió que uno podía servirse refresco tantas veces como uno quisiera.

En Casa Yustas, después de mucho cavilar me ha decidido a honrar a mis Ruelas, Aranzolos y Mondragones; mis ancestros donostiarras y me he decidido por una txapela de Elósegui; es decir, la más tradicional de las boinas vascas, las mismas que usaba Unamuno y dicen que también Émile Zola; las mismas de las que habla don Alfonso en su crónica de vacaciones por Elogio, en el país vasco. Algún día habré de hacerme tiempo  para recuperar aquellos mis orígenes y también para procurarme el día y el momento para salir de casa portándola con orgullo ya sea en un jubiloso 14 de abril o en una intensa tarde de toros.

Hemos vuelto a tiempo, dejamos nuestros paquetes y un taxi nos deja, puntuales en la residencia de la embajadora. Tranquilos y joviales llegamos para una comida cuyo menú es una sorpresa; la residencia es elegante sin ser suntuosa, es precisa y bonita como un muy prospero hogar mexicano, en el que hay más sinceridad que resunción. Para los mexicanos hay una especie de regocijo mezclado con calidez y orgullo, como si pudieran fundirse el sentimiento de estar un poco en casa con el orgullo de saberse bien representado y la alegría de verse entre compatriotas; este es un sentimiento nacionalista limpio y sano que apela al corazón sin pudor pero sin estridencias.

Hemos comido una excelente carne de puerco en salsa verde con nopalitos, tortillas de maíz a las que los meseros llaman “tortitas” y resulta que uno que viene por unos días y no quiere perderse plato alguno que luego ya no encontrará en México, se encuentra con que ha comido en Madrid uno de los más sabrosos banquetes mexicanos de su vida.

Ya desde la apertura del Coloquio, la embajadora Lajous había dado cuenta del busto de don Alfonso que preside los jardines de la residencia, encontrarlo ha sido como una confirmación de la visita, una especie de palmada en el hombro que certifica el valor de estos días.

Por la tarde, luego de la última mesa en la que Jorge F. Hernández ha estado  más que brillante, al final nos hemos trasladado a un salón poco más amplio  donde todo culmina en fiesta, un recital de canciones de época en en el que “ojos verdes” la copla inmortal que me ha quedado tatuada en el alma, como santo y seña de momentos absolutamente memorables.

Nos iremos en un par de días, mañana sí veremos Aranjuez, no pudo ser antes y es claro  porque, cosa rara, Reyes no recuerda nunca haberlo visitado.

Tras los pasos de Alfonso Reyes en Madrid. 100 años después. Quinta Jornada

Quinta jornada. Noviembre 11, miércoles.

La cuestión catalana sigue sin impresionar al gran público madrileño; anoche el noticiero asturiano fue omiso en el tema – aunque dieron las noticias internacionales en bable – tampoco el servicio de información gallego parece dar mucha importancia al impasse que vive el embrión de la República catalana o del Reino Unido de España y Cataluña.

La edición de hoy de El País, da cuenta del fracaso de Artur Mas para dirigir el proceso soberanista; los días transcurren y no hay investidura de un presidente del Parlament; el supuesto apoyo que todos los partidos habían ofrecido a Mas no ha quedado sino en curiosos jugueteos políticos, el gobierno central se detiene promoviendo una moción constitucional para detener cualquier intento cesesionista, incluso se ordena a los Mossos que denuncien cualquier asomo de delitos de sedición. Para los observadores que no tenemos intereses en los hechos, las cosas van pareciendo claras: todo ha sido una especie de carnaval desaprensivo para no tocar los temas profundos de la vida institucional catalana como la corrupción; además, como latinoamericanos tenemos claro que las secesiones y las independencias no se tramitan en los tribunales constitucionales y es claro que Cataluña no desea tanto su independencia como para llegar a los extremos; el rey por su parte no ha dado pinta de estar enterado. La prensa nacional ha llamado a todo esto: independencia, pan y circo.

El día ha comenzado temprano, hoy es la cita que ha aguardado por semanas, el momento de mi homenaje de gratitud al autor que más he leído, al que más debo no sólo en mi formación intelectual sino, sobre todo, como ser humano: Alfonso Reyes.

Cada vez que  volvemos a algunos de nuestros escritores más queridos le rendimos un homenaje a su presencia y a su transcendencia en nuestra vida; pero en muy raras ocasiones podemos hacer una ofrenda de gratitud a quienes, mediante su literatura nos han hecho la vida más llevadera, los sueños más intensos y los amores más delectables. Eso es lo que me propuse hacer desde que Pablo Raphael, en su misterioso primer mensaje me anunció la posibilidad de participar en el coloquio eso y no más que eso es lo que quise hacer desde que abrí los ojos por la mañana.

Apenas al despertar, Alejandro Pascal, uno de esos amigos queridos que se encuentran a la edad en la que uno no cree que podrían ya hallarse, nos ha llamado para encontrarnos; desde luego, mi estado de ansiedad requiere de un pequeño paseo antes del desayuno; Alejandro que es generoso siempre, ha accedido y nuestros pasos nos llevan, guiados por cierta inercia, como debe ser, al barrio de las letras. Después de una buena tasa de chocolate en Lhardi, las monjas de clausura que guardan la tumba de Cervantes me dicen que no se puede visitar la última morada de nuestro padre sino de 9:00 a 9:30, así que seguimos de frente, doblando esquinas y siguiendo rutas sin sentido, me acompañan mi mujer y mi amigo, se los agradeceré después porque en este momento soy una pésima compañía. Creo buscar los pasos de Reyes, andados hace cien años, busco sus lugares y sus instantes como si su obra y su memoria por partes iguales fueron placas fotográficas abandonadas al azar en los rincones de esta ciudad, su hogar adoptivo; tal vez lo que busco sea algo más, el paso de las letras por mi conciencia, marcas de sus placeres y las cicatrices de sus ideas, la herencia de una República que no pudo ser; así, de pronto, la efigie de Federico García Lorca nos sale al paso, no me atrevería a decir que se trata de una escultura excepcional, ni siquiera sobresaliente, pero tiene, sin duda una particular capacidad de evocación o tal vez sea que la efigie de Federico no resulta sencilla de retratar y no hay monumento suyo en el mundo que alcance a captar su sutileza que de tan liviana resulta enorme; en todo caso, ahí estaba Federico – el poeta que me abrió los ojos a la belleza de mi idioma – con su sonrisa traviesa de niño rico y una paloma en las manos; no pude evitar, en una situación así volver a actuar de una manera descortés y poco sondeada con quienes amablemente me acompañaban, pero tampoco podía evitar detenerme frene al poeta – el autor al que nunca he podido llamar por sus apellidos sino simplemente, Federico – y recordar los primeros versos que leí de él y que me subyugaron para siempre:

Quisiera estar en tus labios

para apagarme en la nieve

de tus dientes…

Al girar a mi derecha el cuadro del prodigio se completa, en el Teatro Español de la plaza, presidido por una foto monumental de la diva casi olvidada, campea el nombre de Margarita Xirgú. Desde niño, nunca he dejado la absurda práctica de considerar los hechos como presagios del futuro cercano: la fortuna de un personaje en el libro que estoy leyendo puede significar que tendré suerte en la primera cita del día; si mis hijos aciertan la frase correcta al despedirse por la mañana significa que encontraré aquello que llevo meses buscando o que encuentre de pronto lo que había renunciado a buscar  hace semanas, un beso puede así, ser el mejor de los presagios; de ese modo, en presencia de dos buenos y entrañables amigos de don Alfonso no podía pensar sino que el día estaría cerca de mi idea de una jornada memorable.

El día de la raza de 1922, como aún entonces de le llamaba  al 12 de octubre, Alfonso Reyes pronunció el discurso en nombre del cuerpo diplomático; por la tarde, la compañía teatral de Margarita Xirgú interpretó un acto de “La niña de Gómez Arias” de Calderón. Esta suerte de coincidencias, de proximidades y colaboraciones durante décadas forjaron una amistad tan larga como profunda. Federico García Lorca, por su parte, representó para Reyes no un amigo cercano, pues en realidad no lo fue, pero sí fue mucho más que eso, una especie de tenue fortaleza en el idioma, la señal de una renovación vital y en un ser humano esplendoroso. Fue en aquellos años del primer Madrid reyesiano que Juan Ramón Jiménez y don Alfonso publicaron Índice en la que Federico hacía sus primeras armas junto a Pedro Salinas, Antonio Espina, José Bergamín, Jorge Guillén, Dámaso Alonso y Gerardo Diego entre otros. Reyes admiró siempre en Federico su infinita capacidad para construir nuevos símbolos y para renovar los existentes, como Doña Rosita la soltera o el idioma de las flores. Por eso, tras su asesinato compuso la cantata ante su tumba:

Madre de luto, suelta tus coronas

sobre la fiel desolación de España

sacudido rosal, zarza entre lumbres.

De pronto, la cariñosa mano de mi esposa me vuelve a la realidad y reemprendemos el camino al Ritz, al desandar lo caminado voy recuperando mi cuerpo, voy regresando al mundo de los vivos, a girones, la literatura se me va desprendiendo de la piel;  recuerdo, al cruzar frente a las cortes, a la Emperatriz de Lavaréis de Jorge Hernández, a quien parece voy a conocer esta tarde. Con mi tropa, no diré que alegre, sino apenas ensimismada,he vuelto al hotel a tomar un fantástico desayuno y he aquí que he vuelto a ser yo entre los míos; mientras el café termina de dar de sí sus últimas partículas de vida, aparece, con la fresca de las once de la mañana Pablo Raphael, con su sonrisa casi infantil que da cuenta de los casi treinta años que ya dura nuestra amistad, me cae de pronto la memoria de una tarde en la casa familiar de los Raphael, el sol cayendo sobre la Bahía de Santiago en Manzanillo, cuando nos pensamos como escritores y nos llamamos por primera vez con la manera que lo hicieron otros viejos amigos, José Vasconcelos y Alfonso Reyes: “hermano mayor y menor”. No he tenido más remedio que desayunar de nuevo y Pablo nos dice que tenemos que ir a nuestra embajada a finiquitar algunos detalles burocráticos, volvemos una vez más a caminar la carrera de San Jerónimo y la plática en la oficina de Pablo fluye con ligereza y alegría, me obsequia con un libro fotográfico de los años de don Alfonso en Madrid. Entre tanto nos ha llegado la hora de comer, nos detenemos en un café cercano a la Embajada y cuando el carillón suena, nos indica que hay que prepararse; ya sólo Adriana y yo caminamos al hotel y me preparo.

Hubiera querido ir andando, pero quiero llegar un poco antes y ella no quiere que arribe perlado de sudor, así que nos llaman un taxi, minutos después estamos a las puertas de la Casa de América; nos hacemos las fotos rituales, nos reciben con afabilidad, somos por primero y me acomete el mismo terror que a todos los que participamos en actos como éste: ¿llegará alguien más?

Aunque hay unos cuantos adelantados y puntualmente personal de la Embajada; en los primeros cinco minutos la sala, impresionante por su arte, está llena hasta la mitad, mi querida amiga Raquel Sánchez, recién casada con el entrañable don Ricardo Ruiz de la Serna, ya llegó. Al final del acto la sala estará llena en su totalidad y habrá llegado también Ricardo.

Palabras de la embajadora Lajos que hacen que los mexicanos nos sintamos orgullosos de nuestra representación, palabras de Pablo que me introducen a la charla y entonces, ha llegado el momento.

Detrás de mí las banderas de México y de España me hacen pensar en que podría haber sido que las dos banderas que están ahí podrían ser tricolores; con este pensamiento que me ha tomado por asalto comienzo mi lectura. Hablo de Reyes y de cómo el exilio convirtió al hijo de familia en un adulto, de cómo el hombre y la necesidad trasformaron al personaje de la provinciana escena cultural mexicana en un auténtico escritor; de cómo el hombre aprendió a diferenciar entre la vocación y el oficio; de la manera en que la generosidad y la amistad españolas que acogieron a do nAlfonso en sus momentos de mayor penuria tuvieron tanto significado para las dos repúblicas y par quienes quedaron huérfanos de la española. Conforme avanzo en mi lectura me doy cuenta que no es de Reyes de quien estoy hablando sino que a través de su modelo, estoy dando cuenta de mi ideal de hombre de letras; cuando dejo atrás los datos históricos y me adentro en la personalidad del escritor, descubro en su pasión por la vida, en su nunca oculta lealtad por los placeres me doy cuenta, en un chispazo de conciencia, del profundo placer que me causa hacer lo que estoy haciendo, de que en realidad Serrat tiene razón cuando dice que “de vez en cuando al vida afina con un pincel, se nos eriza la piel y faltan palabras para nombrar lo que ofrece a los que saben usarla”.

Para que pueda cumplir los tiempos, para no perder la pista y no me olvide que estoy hablando para un público y no pensando en voz alta, Adriana me hace una seña discreta que tenemos convenida desde hace veinte años y que significa que estamos cerca de los límites; justa y oportuna me pone en camino de terminar mi texto y digo, por el placer de decirlo ahí y en ese momento:

Mar adentro de la frente,

por dondequiera que voy,

aunque haya nubes cerradas,

¡Oh cuánto me pesa el sol!

¡Oh cuánto me duele adentro

esa cisterna de sol

que viaja conmigo!

Cuando salí de mi casa

con mi bastón y mi hato

le dije a mi corazón:

– ¡ya llevas sol para rato!-

Es tesoro – y no se acaba

no se me acaba – y lo gasto.

Traigo tanto sol adentro

que ya tanto sol me cansa.

Yo no conocí en mi infancia

sombra, sino resolana.

Las conferencias se suceden, se aparece la imagen de don Alfonso, nos despedimos en la puerta de la casa de Pablo luego de conocer a su hija. Volvemos caminando al hotel, estoy dulcemente satisfecho. Un día entrañable para guardar todo el resto de la vida.

Tras los pasos de Alfonso Reyes en Madrid. 100 años después. Cuarta Jornada

Cuarta jornada. Noviembre 10, martes.

El día de hoy, no sé si felizmente, que eso nunca se sabe sino al paso de muchos años, ha sido histórico. Las cosas son como son y el ejemplar del diario El País que amablemente me han dejado en la habitación del hotel y que, seguramente conservaré por algunos años, da cuenta de algo que podríamos llamar la independencia de Cataluña pero que el rotativo enuncia como un desacato: “La mitad de Cataluña rompe con la democracia española…”, “El Parlament aprueba por nueve votos de diferencia la declaración de secesión…”, “Rajoy se reúne hoy con Sánchez antes de recurrir al Tribunal Constitucional…”, “Mas se ofrece para dirigir el proceso aunque carece de apoyos para ser elegido…”, y aún más: “Firmeza y política ante la insurgencia…”. Aunque el voto dividido parece equivaler numéricamente a un 50 y 50% a favor y en contra, don Ricardo Ruiz de la Serna me explica que, como en tiempos de la proclamación de la República, algunas cuestiones electorales relacionadas con el voto urbano favorecen a los nacionalistas.

Salvo el revuelo que presentan los noticiosos de la televisión y los titulares de los periódicos en Madrid, la calle luce como siempre y los hechos no parecen interesar a nadie con especial énfasis. No puedo dejar de pensar que una historia así, de peculiares identidades regionales, podría solucionarse con una república federal y aunque yo, que no soy español – aunque me gusta decir que no soy “completamente” español, celebro con mis hijos el 14 de abril, como una celebración de libertad, de justicia y de ideal humano, como diría don Alfonso, hecho de bien y de belleza, y creo que del mismo modo en que Reyes lo vio en su tiempo, la república no garantiza el desarrollo económico, ni la estabilidad de los gobiernos pero sí se basa en un principio ético – político y es consecuente con la igualdad de los ciudadanos y con el imperio soberano de la Ley. Hay una gran diferencia con el intento de independencia catalana de 1934 y el de esta ocasión; después de la opresión franquista, tanto España como Cataluña han optado por las vías legales y pacíficas o tal vez, sólo tal vez, no existe en Cataluña un consenso tan amplio como el que había en la era republicana o lo nuevos líderes no han logrado estar a la altura de las circunstancias, en estos días ya se verá como evoluciona la situación; si a don Juan Carlos de Borbón eso de salvar las situaciones – aunque también fabricarlas – era parte de su imagen y tarea, por ahora don Felipe no se ha dejado ver y parece que no es Barcelona el lugar donde tiene su mayor grupo de admiradores.

Hoy hemos tenido que arreglar algunos asuntos pendientes que Aranjuez ha tenido que quedar, de nuevo, para más adelante, así nos hemos dedicado a rastrear los pasos de Reyes en dos de los lugares más familiares para él durante su estancia madrileña: el barrio de Salamanca y el Parque del Retiro.

El parque del Retiro era un lugar habitual para don Alfonso, lo tenía a tiro de piedra de su trabajo y de su casa y es, para todo habitante de la ciudad, un paseo privilegiado, un punto de encuentro y un remanso en esta orbe que, a veces, se afana en ponerse difícil aunque no siempre lo logre. Del verano en el retiro decía Reyes:

Finalmente – último atractivo de la estación  ir a gozar la tibieza de la noche en el Retiro, donde le cine al aire libre calmará con sus luces verdes nuestra sensibilidad fatigada…”

Ahora aunque estamos en otoño, vivimos un fenómeno climático de esos que aparentemente no tienen explicación aunque sin embargo, suceden. Durante unos cuantos días el frío concede una tregua, los cielos se abren con su azul profundo que sólo puede verse en Madrid y se goza de un verano en miniatura que, con toda su dulzura es apenas un aplazamiento del fío que implacable se presentará con el otoño. La dulzura del tiempo nos ha ayudado a caminar y a recorrer Madrid en condiciones más agradables pero no para revivir la tradición del cine al aire libre en el parque; pero sí se encuentran, en profusión, niños en visitas escolares, personas de todas edades haciendo ejercicio y parejas caminando mientras conversan en voz baja; si alguna vez alguien quisiera hacer una paleta de colores ocres y dorados bien podría emprenderla copiando los miles de colores de las hojas caídas de los árboles del Retiro.

Del Ritz al Retiro no hay más de cien pasos; para quien toma la calle de Maura y se dirige a la puerta de España, en tan breve trayecto, ya se encontrará con más hullas del paso de don Alfonso por la capital española; para empezar, el nombre de la calle. Antonio Maura no fue propiamente amigo de Reyes, al mexicano como diplomático y crítico de su tiempo, lo conocía y aunque no parecía compartir sus ideas por completo y manifestar en sus informes diplomáticos ciertas dudas sobre su efectividad política, sí lo muestra como un elemento importante en el lento ascenso del liberalismo frente al desgaste de la corona.

Conforme se avanza hacia el retiro, pero antes de llegar a la esquina, una placa elegante y sobria nos informa que estamos frente al edifico donde María Zambrano vivió sus últimos años. Zambrano, ella sí amiga de don Alfonso, fue una de los más importantes tesoros que el exilio llevó a México; setenta cartas se escribieron entre 1939 y 1959. Por la edad no correspondía a su generación, él era quince años mayor que ella, pero la inteligencia de la filósofa era deslumbrante, fue el propio Ortega y Gasset quien la introdujo en el círculo de Reyes.

Rafael Serrano Figueroa, cuando tuvo en sus manos la publicación que hizo el diario El País del discurso de agradecimiento de María Zambrano al recibir el Premio Cervantes, me obsequió con una frase que desde entonces he atesorado y que puedo citar de memoria:

Para salir del laberinto de la perplejidad y del asombro, para hacerme visible y hasta reconocible, permitidme que una vez más, acuda a la palabra luminosa de la ofrenda: Gracias.

La elegancia de la pluma de María Zambrano es una rara mezcla de ritmo y concepto, no siempre fácil pero siempre provista de profundidad y de cierta serenidad no exenta de melancolía. La colaboración de Reyes y de Daniel Cosío Villegas pudieron salvaguardar la vida de la filosofa y ubicarla en el Colegio de San Nicolás de Hidalgo, en Morelia; el vientecillo que había sido antes tibio y que en la proximidad del retiro se tornaba casi fío, me regala lamedora de la primera lección de Zambrano en su Cátedra del Colegio de San Nicolás:

Por amor a tales recuerdos y a vuestra generosa compañía, seguidme hasta una hermosa ciudad de México, Morelia, cuyo camino no busqué, sino que él mismo me llevó a ella, igual que a tantos otros españoles recién llegados al destierro. Allí me encontré yo, precisamente a la misa¡ma hora que Madrid – mi Madrid – caía bajo los gritos bárbaros de la victoria. Fui sustraída entonces a la violencia al hallarme en otro recinto de nuestra lengua, el Colegio de San Nicolás de Hidalgo, rodeada de jóvenes y pacientes alumnos. Y, ajena desde siempre a los discursos, ¡sobre qué pude hablarles aquél día a mis alumnos de Morelia? Sin duda alguna, acerca del nacimiento de la idea de la libertad en Grecia.

El paso de María Zambrano por México no fue tan prolongado como el de muchos otros, pero sí fue muy fructífero; dejó tras de sí toda una cauda de lectores y de discípulos, también, como pocos, logró volverá a España a disfrutar la paz hasta el último de sus días.

La diferencia entre el viajero y el turista es el instrumento con el que cada cual observa su entorno; el primero es el hombre del microscopio, el segundo prefiere el telescopio; para éste último lo que vale es la distancia, el sello en el pasaporte y la colección de fotos en los lugares que son insignes por el número de visitantes que recibe cada año pero para el otro, lo que en realidad vale es el detalle, el sitio preciso y el mecanismo adecuado es el que encuentra las maravillas donde habitualmente nadie busca; es el hombre de los rincones ocultos y las esquinas con historia. El viajero atento podrá maravillarse con la cantidad de historia acumulada que hay en esos escasos metros del Ritz al Retiro. Siguiendo esa ruta, cuando se ha llegado a la avenida que delimita el parque y uno dobla a la izquierda como dirigiéndose al barrio de Salamanca por la Calle Serrano, como si quisiera llegar a la que fuera casa de Alfonso Reyes, se encontrará con el lugar donde nació Ortega y Gasset. En efecto, Ortega fue un gran amigo de Reyes aunque no siempre compartieron ideas los unía un afecto profundo. Ortega no sólo lo presentó con María Zambrano, sino que don José fue uno de sus primeros benefactores en Madrid al invitarlo a colaborar en el Semanario España, luego en El Imparcial y también en El Sol, como en leal justicia reconoció Reyes en el prólogo a sus Vísperas de España; incluso, Ortega lo llamó para integrarse a los fundadores de la legendaria Revista de Occidente. Tampoco puede olvidarse que fue en el Semanario España donde Reyes y Martín Luis crearon Fósforo y con él la crítica cinematográfica en lengua castellana. Aunque Reyes, en tiempos de la rebelión franquista ofreció a Ortega asilo en México, el español prefirió quedarse en su tierra sin que ello fuera obstáculo para que don Alfonso le dedicara uno de las más hermosas despedidas de cuantas tuvo que realizar para sus amigos que partieron antes de que él mismo se marchara para siempre:

Yo quiero evocar sobre su tumba las palabras de Horacio a Hamlet, envolviendo así en cortesías poéticas las asperidades de la desgracia: “Buenas noches, dulce príncipe; los coros de ángeles arrullen tu sueño”.

De aquel Retiro de su tiempo Reyes recuerda una anécdota singular:

Cuando el escritor José María Chacón era segundo secretario de la Legación de cuba en España, salía de su casa (General Pardiñas 32, barrio de Salamanca). Caminaba a pie hasta el Retiro, tomaba una barquita, cruzaba el lago y , ahí pasar la calle, estaba en su oficina. – yo voy todos los días a mi legación en barca – solía decir. Y era verdad”.

Mañana, al fin, estaremos en el coloquio sobre la vida y la obra de Alfonso Reyes a cien años de su llegada a Madrid; los catalanes – para decirlo con propiedad: algunos catalanes – seguirán amenazando en esa comedia de enredos y bueno, el mundo seguirá rodando para que, dentro de muchos años, alguien pueda escribir una crónica.

Quinta jornada. Noviembre 11, miércoles.

La cuestión catalana sigue sin impresionar al gran público madrileño; anoche el noticiero asturiano fue omiso en el tema – aunque dieron las noticias internacionales en bable – tampoco el servicio de información gallego parece dar mucha importancia al impasse que vive el embrión de la República catalana o del Reino Unido de le España y Cataluña.

La edición de hoy de El País, da cuenta del fracaso de Artur Mas para dirigir el proceso soberanista; los días transcurren y no hay investidura de un presidente del Parlament; el supuesto apoyo que todos los partidos habían ofrecido a Mas no ha quedado sino en curiosos jugueteos políticos, el gobierno central se detiene promoviendo una moción constitucional para detener cualquier intento cesesionista

Tras los pasos de Alfonso Reyes en Madrid. 100 años después. Primera Jornada

Primera Jornada. Noviembre 7, 2015. Sábado.

De la ventana de mi habitación en el hotel Ritz se muestra discreta la Plaza de la Lealtad. No ha llegado aún el mediodía y el clima es de una temperatura magnífica; el azul del cielo tiene una claridad cristalina que sólo puede encontrarse en Madrid en días como estos. La paz de la mañana no es completa, ese espíritu de andar por casa, tan despreocupado, se interrumpe por la contundente gritería de una manifestación en contra de la violencia de género; no es una de esas marchas de la Ciudad de México que arrasan todo cuanto encuentran a su paso, o de las que los chilangos odiamos por lo habituales, crónicas y rutinarias que son; es más parecida a aquellas otras que en México rompen las clases sociales y que, en pocas ocasiones, convocan a todos los estamentos sociales; es un mar de gente que camina a punto de bravura contenida. Miles de banderas se agitan al paso de la marcha, una de Asturias, otra más de Galicia y un par de catalanas y no pocas republicanas; no me extraña, en España, la República fue el primer régimen político en legislar sobre la igualdad entre mujeres y hombres, estuvo poblada de mujeres gigantescas como Dolores Ibárruri, María Zambrano o Victoria Kent; todo cuanto entonces se avanzó en materia de libertad e igualdad se vino abajo con el régimen de Franco; además, desde que volvió la democracia a España es muy común que las causas progresistas estén acompañadas por la bandera republicana.

Miro las tricolores, pienso en los que no pudieron volver a verlas en suelo español, aunque no fuera estas mínimas y multitudinarias y no la monumental de la Plaza de Colón; aspiro el aroma de Madrid y caigo en cuenta de que Reyes no tuvo tanta suerte como yo la he tenido: él hizo más de dos días en su viaje desde París a Madrid y yo hice once horas de vuelo desde la Ciudad de México, he contemplado banderas republicanas en Madrid mientras él, que pudo ver cómo crecía el ideal republicano bajo la blanda bota de un rey venido a menos y con el impulso de partidos liberales que hicieron crecer aquel ideal pero nunca estuvo en Madrid cuando aquello fue gobierno y Estado. Reyes vivió desde Brasil y México la caída de la República y estuvo presente para salvar a todos aquellos sus amigos que lo habían salvado antes, cuando la violencia revolucionaria lo arrojó lejos de la patria y que luego, ya en París lo privó de empleo; sus amigos siempre presentes que lo acogieron como a uno más cuando la Gran Guerra lo llevó a huir de la capital francesa. Yo sólo he tenido que asomarme a la ventana para comprobar que ese ideal no está del todo muerto.

Al fondo de la habitación mi mujer se repone del vuelo; estar en el Ritz es una de esas experiencias que ya no hay, como si el reloj volviera atrás y se encontrara uno protegido de los avatares cotidianos en medio de muebles y decorados perennemente hermosos; el personal se adelanta a nuestros deseos y uno se siente personaje de una buena película; han llamado a la gobernanta para que planchen mi ropa para el día del Coloquio y apenas al bajar del taxi el botones me ha saludado con un sonoro y castizo, “don César, bienvenido de nuevo a casa”, su expresión logra su objetivo. El hotel resulta importante para los tiempos de Alfonso Reyes en España; lo inauguró Alfonso XIII en 1910 y ejercía para el monarca una peculiar atracción; Reyes, una vez recuperado su cargo diplomático, solía encontrarse con el tocayo en el místico bar de este hotel y cuenta el mexicano que en el jardín donde se ubica una de las terrazas más envidiables de la ciudad, un diplomático polaco perdió su empleo por un gesto de buen gusto que no supo atinar y que no hizo gracia la último monarca anterior a la República. Recordaba don Alfonso que el Borbón solía bromear sobre el oficio que podría ejercer si se venía abajo la corona; el buen diplomático polaco en una de esas melancólicas diatribas reales respondió: “usted podrá ya no ser Alfonso XIII, pero siempre, Señor, será Alfonso”; como Reyes levantara su copa con una sonrisa, al monarca le pareció poco ser sólo Alfonso y pidió que removieran al polaco de su cargo.

Cada visita a Madrid, a España, la comienzo presentando honores a Santa María la Real de la Almudena; nada mal para un ateo y republicano para mayor seña; lo que sucede es que, como diría Serrat, entre la Almudena y yo hay algo personal.

La salida natural de la Almudena es descansar en “El anciano, rey de los vinos”, comer algo y admirar, como si de un pequeño espectáculo familiar se tratara, a los “gatos” – aquellos madrileños de muy antigua solera -, que lo han visto todo, ataviados par la verbena en honra a la Virgen; todos maduros, casi viejos, regodeándose con sus vestidos tradicionales, en sus claveles – una nota más de don Alfonso  que amaba esa flor – frente al carrito de los barquillos haciendo de fondo a los que pasan ejercitando el deporte típico de la ciudad: la charla, pues como decía Reyes:

En Madrid todo sitio público tiende a convertirse en casino y tertulia, en centro de curiosos parlantes. A veces estos casinos no tienen más que un socio en los bancos de los paseos por ejemplo, mas no importa, porque la tertulia va implícita en el curioso parlante que la trae a cuestas por donde quiera, a modo de un nuevo misterio teologal.

Es cierto que como dice Fargue, el parisino va al café sólo por ir al café, también lo es que, en cambio, el madrileño no conoce esa práctica y va al café aunque haya café, es decir, acude al escenario de sus mejores ocupaciones: las tardes de plática y debate. Todos quienes dejaron testimonio de su trato con Reyes dicen de él que fue un conversador ameno e intresante, platicador y buena escucha pues, como se nota en sus letras la mejor cantera de sus textos era el trato con los otros. Si no pude platicar con don Alfonso, si que puedo testificar el otro extremo; siendo estudiante en España, solía tomar el café saliendo de la universidad, una tarde y otra también los temas de la mañana eran debatidos por la tarde, de inmediato me di cuenta que un colega argumentaba a favor y en contra sucesivamente los mismos temas:

  • Pero escucha, ayer mismo decías sobre ese punto exactamente lo contrario.
  • Pues claro.
  • ¿Cómo es eso posible?
  • Pues nada, que a mi lo que me gusta es discutir.

Echando a andar topamos con la Plaza de España, la ciudad está pletórica de vida y las mujeres de la manifestación de esta mañana han encallado en la Plaza como veleros a los que ha abandonado el viento; depuesta la actitud de lucha vuelven a la natural indolencia del madrileño y disfrutan de un verano en miniatura incrustado en el otoño que ya se está convirtiendo en invierno.

Descendiendo por Gran Vía salimos al encuentro de la Casa del Libro que aún cuando es una librería gigantesca que domina el comercio de la zona, no deja de tener su encanto de mercado donde se expenden letras, un lugar de sabores, aromas y colores.

La protesta ha dejado su huella con una sucesión de pegatinas republicanas, al llegar a la librería me encuentro con la “Historia de la guerra civil contada para jóvenes y niños” que acaba de publicar Pérez-Reverte; un libro peculiar, excelentemente editado y bien ilustrado que aspira a liquidar viejas cuentas históricas y que nos permite hundirnos, de cuerpo entero en un fenómeno complejo y doloroso en el que el rencor, la memoria insatisfecha y el miedo a la violencia aparecen como fantasmas omnipresentes en las más terroríficas advocaciones; en lo íntimo, pienso que los libros de historia que pretenden ser “imparciales” y “equilibrados” son más bien reconstrucciones literarias y que no existe algo así como la historia sin adjetivos; al contrario, más respeto y gusto encuentro en los libros que toman partido y sin mentir ni ocultar, exponen el mundo desde la óptica particular de un narrador con sentimientos e ideas; José Bergamín decía “soy subjetivo porque soy sujeto, si fuera objeto podría ser objetivo” y por más esfuerzos que haga don Arturo, a quien tanto respeto y admiro, nada me quita de la convicción de que al sueño de la segunda República española lo aniquiló un artero golpe de Estado, ilegal e injusto, con todo su caudal de dolor, pena y vergüenza.

Lo que me resulta muy interesante es que, igual que en los tiempos de don Alfonso, hay que venir o encargar a Madrid libros que no llegan a México a tiempo, que nunca llegarán o que no volverán; claro, la Internet es un recurso, aunque no tan grato como la visita a las librerías. Reyes, en su momento, visitaba “la librería del Caballero de Gracia, que los aficionados llamamos “los alemancitos”, que ya no existe y que estaba por Castellana.

Madrid es una ciudad plena de librerías, dieciséis por cada cien mil habitantes – mientras que en México el cuarenta por ciento de los habitantes de todo el país afirman no haber visitado alguna librería nunca, y se les puede creer porque apenas contamos con una librería por cada doscientos mil habitantes -. En Madrid es notorio que, aun cuando cada librería tiene su carácter peculiar, algo que les da cierto sentido de fraternidad es que están llenas de vida, que siempre hay compradores ávidos de novedades que hablan y discuten como si los libros fueran parte del atuendo de moda de cualquiera con un gusto mínimamente educado.

Aprovisionado ya con mi compra, descubro a unos pasos frente de mi a un grupo de chicas que recién salen de la adolescencia discutiendo sobre no sé qué autor de moda en la ciudad que escribe un raro género, mezcla de novela romántica y de misterio y que, a decir de una de ellas – que habría vuelto loco a don Alfonso – tiene un enorme sex-appeal; es verdad que los madrileños también practican el legendario deporte de la queja sistemática, sobre sus servicios, sobre el clima, sobre la política o sobre el sistema educativo y sin embargo, los veo como buenos lectores que siguen, igual que hace cien años, siguiendo a sus autores como si estrellas de cine se tratara.

Rematamos el día, ya vencidos por el cansancio, en el Círculo de Bellas Artes; hay que dormir, mañana temprano tenemos una cita en el Museo del Prado con algunos de los cuadros favoritos de don Alfonso; mientras disfrutamos de un magnífico atardecer y comprendo porqué Reyes pudo escribir algo como esto:

Madrid que cambias luces con las horas: Madrid nerviosa exhalación de vidas: con ímpetu de lágrimas golosas interrogo la cara de tus días.

Imagginación

Meditación Divertida con Maggie

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