Cuando la memoria no es suficiente

Ha muerto a los 91 años José Efraín Ríos Montt, en su casa, rodeado de su familia. Se marcha en la impunidad de una justicia que inició y no llegó, que se quedó en el recuerdo de lo innombrable y en la persistencia de un crimen que aborrecemos y que, sin embargo, se presenta constante como si fuera imposible aprender de la historia. Desde que las atrocidades del Holocausto fueron dadas a conocer nos hemos dicho miles de veces, “nunca más”; Ríos Montt se ha marchado sin castigo y ha sido una muestra de que no basta la memoria para sanar la enfermedad que nos vino con el siglo XX y que no hemos querido sanar: pensar que los seres humanos somos descartables, deshumanizables y que se puede prescindir del hombre para hacer la historia.

Crecí leyendo los diarios de Ana Frank; leí en Franz Werfel el infortunio del pueblo armenio, nunca he podido olvidar la inocencia del diario de Zlata Filipovic, en fin, he transcurrido muchas horas estudiando y analizando el fenómeno de los genocidios y es el momento en que no alcanzo a comprender cómo es que se puede odiar a otro ser humano, así en abstracto, tan sólo por ser quien es. El sábado 1º de abril quise disfrutar con mi familia de un paseo por la Alameda, quería volver a aquellos espacios en los que parece que el tiempo se ha detenido y que dan muestras de nuestra identidad imperecedera; las fuentes rebosantes de niños, los bailarines en el kiosko y una ciudad que se denotaba en paz y serenidad; una enorme marcha de un grupo cristiano se enfila hacia el Zócalo, algo que nunca había visto en una Semana Santa y me queda claro cuánto hemos cambiado para poder mantener esa parte de nosotros que nos llama a la tolerancia, al encuentro y al as muchas formas de ver lo que hay en el mundo y más allá de él. Entonces pienso que tal vez sea buen momento de visitar el museo de Memoria y Tolerancia en compañía de mis hijos.

Desde luego que lo que han visto y oído mis hijos les ha impactado, a mi, que he repasado esas páginas tantas veces sin alcanzar a entender del todo, me sucede lo mismo. Una de las riquezas del museo es no referirse sólo al Holocausto judío; su visión histórica amplia se pasea sombría sobre la figura de Ríos Montt y la tragedia guatemalteca de los años de 1980. A mis hijos les ha sorprendido la proximidad geográfica y también la histórica. Nos hemos retirado pensando en el único remedio que un padre puede ofrecer para sus hijos ante un fenómeno como estos: educar en la igualdad y la tolerancia.

Al día siguiente la prensa me informa que el general golpista falleció con los miles de ixiles masacrados sin haber recibido la justicia, en el sentido jurídico. Y que si hemos visto la reparación de la memoria, eso no es suficiente para superar tanto daño y crear las condiciones para aspirar a un futuro mejor en la región. Las cicatrices sanan comenzando por el reconocimiento y la memoria, pero sólo pueden alcanzar la cura cuando existe el compromiso de impartir justicia con todas sus consecuencias.

La historia de Ríos Montt, su ascenso al poder y el ejercicio de su dictadura constituye el cuadro canónico de esos tiempos; no fue sino hasta la reinstauración de la democracia en Guatemala, en 1986 y ante la enorme figura de Rigoberta Menchú, que el conocimiento de los hechos fueron llenando los espacios de los servicios informativos, de los análisis y con ellos de la conciencia, el arrepentimiento, el dolor y la vergüenza; había sucedido una vez más, tan cerca y con personas con las que compartimos una enorme parte de nuestra memoria y de nuestro espacio, en este continente donde todos somos hijos de mestizajes fantásticos e inimaginables.

En mayor de 2013, Ríos Montt fue encontrado culpable del crimen de genocidio, poco después el fallo fue anulado y se inició nuevo proceso que terminó con la partida en la impunidad. Nos quedamos así, viendo la tristeza de nuestros pueblos, el dolor de la gente que también somos nosotros mismos.

Es claro que desde que arrancó el siglo XX, desde que armenios, judíos, homosexuales y gitanos fueron aniquilados, deshumanizados, nuestros instrumentos frente a dicho crimen son pobres e insuficientes; no sólo en lo jurídico y lo político; no puede dejarse en el olvido la Ex Yugoslavia, Darfour o Ruanda, procesos que siguen y que no terminan, que se eternizan y que añaden a la memoria el fracaso que representa la impunidad. Pero hay algo que es claro, somos muchos, millones, los seres humanos que hemos aprendido algo, que hemos sentido que las cosas no pueden ser así, por eso, pensar que los derechos humanos se pueden discutir o que la igualdad es negociable es el camino más rápido a la destrucción de nuestra civilización. Educar para la igualdad, para la tolerancia y la convivencia, es lo que podemos hacer, aquí, ahora y para siempre.

Los crímenes de Max Aub o la litertatura como revancha

A veces me pregunto si, en realidad, Max Aub existió alguna vez; si existió, como existir así, físicamente y fue quien dijo ser y escribió todo cuanto fue publicado bajo su nombre. Me lo pregunto porque Aub vivió una vida tan novelesca que no es fácil imaginarla pero además, como una especie de alfabético Rey Midas, convertía en literatura todo cuanto sus manos tocaban; con más patrias que vidas, con más huídas que esperanzas, Max Aub es el arquetipo del primer exiliado, el que sale de su hogar para afincarse en otro sin jamás convertirse del todo a su nuevo espacio; tal vez por eso Aub construye una república íntima a través de las letras, de su narrativa pero, sobre todo, a partir de un dominio, casi mágico, de la palabra y de una imaginación indomable. En el mundo existe todo cuanto por su pluma fue creado: un pintor catalán imposible, un cuervo parlante y memorioso, asesinos de todas las raleas y con independencia de cada uno de ellos, un lenguaje popular que quiere ser mexicano y que de tan natural nunca se escuchó en las calles. Diría que se trata de magia pura pero sería inexacto, se trata más bien de un extraño caso de totalidad literaria, como si en un recurso inusitado Aub se hubiera escrito a sí mismo para poner orden en un mundo que se lo negaba.

De un tiempo a la fecha nos hemos atiborrado de ingentes dosis de violencia, no sólo la que lamentablemente ocurre en las calles de las ciudades de todo el mundo, sino aún de la magnificada por el espectáculo y por las necesidades del imperio de la imagen. Se acabó, acaso para siempre, aquella antigua violencia casi gratuita que sin dejar de ser drama y sin parecer hermosa y menos aún heroica era al menos digerible; me refiero al asesinato narrado con la afilada pluma del cronista de la nota roja, al homicidio disparatado pero con en causas sin duda humanas o mejor aún, apenas domésticas, como éste que se inventa Aub en sus “Crímenes ejemplares”:

Entro en aquel preciso momento. Había esperado la ocasión desde hacía un mes. Ya la tenía acorralada, ya estaba vencida, dispuesta a entregarse. Me besó y aquel sombrío imbécil, con su cara de idiota, su sonrisa de pan dulce, su facultad de meter la pata cada  día, entró en la recámara, preguntando con su voz se falsete, creyendo hacer gracia:

  • ¿No hay nadie en la casa?

Para matarlo. el primer impulso es siempre el bueno.

Es que no hay derecho, ese flujo violentísimo que termina en asesinato no es premeditado sino que irrumpe cuando alguien presume que será privado del deseo que justamente anhela, pero ni siquiera ese extremo se cumple, es la irrupción del bobo en el momento menos adecuado el que rompe la inspiración y lo conduce a la muerte; es esta la violencia con la que no contamos porque no le tememos sino que, por el contrario, idolatramos la visión de lo dramático, no sólo como noticia sino también como ficción; en cambio, hemos generado un temor cerval por las palabras. No hay escándalo en los decapitados de la semana, no hay quien lleve la cuenta de los desaparecidos o se acuerde de la última matanza callejera o escolar en los Estados Unidos, pero que no se atreva nadie a usar horrendos vocablos como negro, tullido, huérfano, puto o enano porque entonces nos cae encima la colección más fina y selecta de denostaciones que han alcanzado la autorización de lo políticamente correcto: fascista, hereje, corrupto y hasta recuerdo con risas alguna vez que alguien que no era amable me llamó en la calle “insolidario”. Al contrario, Aub no le teme a las palabras y así doma los monstruos de la violencia reduciéndolos con vocablos sinceros; de hecho, en una serie de finísimos crímenes ortográficos y tipográficos recuerda a alguien que “no se repuso nunca de la primera impresión”.

Después de dos guerras Aub sabe que la violencia es siempre gratuita y exenta de sentido, es más, quisiera pensar que la considera un acto de donación de quien puede darlo ¿no asegura por ahí en otro de sus crímenes ejemplares que “lo maté porque bebí lo justo para hacerlo”?

Aub retrata el instante preciso del asesinato y nunca se rebaja con crímenes vulgares y tristes como el secuestro, el fraude o el robo; el asesinato siempre porque es el único que tiene verdaderas dimensiones literarias más allá de la anécdota; del mismo modo opera De Quincey en su “Del asesinato considerado como una de las bellas artes” la dimensión ejemplar de los crímenes de Aub puede ser medida por lo que omite, por lo que esconde, más allá de lo que narra:

¡Cómo iba a permitir que se acostara con una mujer a la que le habían trasplantado el corazón de María!

En serio, hay cosas que no se pueden tolerar en auténtica decencia y eso de pensar que un corazón amado – o tal vez muy odiado – bombea desesperado la sangre de un orgasmo de cuerpos que nada tienen que ver con la memoria del amor – o del desprecio -, traspasa todo frontera humana; añádase toda la secuela de hechos que llevaron hasta la donación del corazón, súmese la pasión del ahora homicida que siguió el rastro del corazón de María. Aub lo sabe y el lector también, hay cosas que no se deben permitir pues irrumpen en la buena marcha del universo: “Era tan feo el pobre, que cada vez que me lo encontraba, parecía un insulto. Todo tiene su límite”.

La lectura de Aub nos devuelve a un estado de barbarie primigenia, a un momento en que los estereotipos se codeaban con el mundo y en el que los sentimientos aún no estaban descafeinados ni tenían que pasar por los filtros de los amaneramientos, las modas y el kitsch tecnológico que, lejos de construir puentes de paso, se fueron convirtiendo en máscaras de lo que nadie se atreve a decir; Aub, contra lo que pudiera pensarse, no está amargado ni guarda un odio secreto contra la humanidad, pero su desencanto de los hombres requiere de una válvula de salida en la que nadie resulte herido sino por el juego de las palabras, “esta bastardilla tan romana, y esta inglesa tan redondilla”. En el prólogo a sus “Crímenes ejemplares”, hace un llamado a aquel su tiempo que ya desde entonces, como ahora, amenazaba deslucido y decepcionado:

No vamos a ninguna parte, el gran ideal es, ahora, la mediocridad; vencer los impulsos. En la supuesta dignidad de castrarse han muerto muchos de los mejores.

Ni Aub ni nadie en su medianamente sano juicio pretende un mundo de hombradas y bofetones pero sí, como cuentan los abuelos, vivir en un mundo como el de antaño en el que al ladrón se le llama ladrón y al cobarde según su nombre; el propio Max lo reconoce “esta fe de erratas tan atea…”, en algún momento, sin pretender un tratado histórico, me parece que después de la caída del Muro de Berlín, cambiamos las grandes cosas, los sentimientos elevados, por la grandilocuencia y la vociferación; a nadie le interesa Teresa de Calcuta si no aparece en CNN en vivo – es una lástima que ello no sea ya posible – y resulta que un grupo de ciudadanos investigando sobre la desigualdad en México tenga que conformarse con las migajas de la audiencia cuando lo que vende es hablar de las pifias del Presidente Peña aún cuando ninguna de ellas sea importante o siquiera comprobable, al punto tal que hasta el más avezado tiene dificultades para diferenciar entre lo importante y lo urgente, entre lo real y lo aparente, entre la seriedad y la broma. Una de las notas suicidas más conmovedoras que se han escrito no la realizó alguien que tuviera la más mínima intención de quitarse la vida, es decir, se trata de una nota falsa, o si se prefiere, de una carta ejemplificativa, sólo por si se ofrece:

No se culpe a nadie de mi muerte. Me suicido porque de no hacerlo, seguramente, con el tiempo, te olvidaría. Y no quiero.

Como si nos faltaran causas para apostarlo todo. Desde la segunda posguerra comenzaron a menudear las pequeñas causas, aquellas que no requieren de mayor esfuerzo, que necesitan apenas una sonrisa complaciente o unas cuantas horas de voluntariado militante, sin mucho riesgo y que reportan, en el corto plazo, una sensación gratificante que transita ligera entre la dulce tranquilidad de estar a la moda y la heroica percepción  – que no requiere explicación lógica ninguna – de estar, sin saber cómo ni cuando, transformando el mundo. Desde luego, Aub no podía saber que esta “capitis diminutio” de la militancia iba a volverse patéticamente endémica para el Siglo XXI en la que basta un botón de “me gusta” o una reproducción de texto o imagen para que un inocente sujeto pueda tranquilizar su alma revolucionaria participando de la transformación final del mudo, en su espiritualización y finalmente, en su conversión en el edén terrenal que todos deseamos. En fin, una burda estafa en la que participan recolectores de basuras contaminantes, antitaurinos violentos, salvadores de perros a contrapelo de la salud pública, veganos combativos, ágiles comentaristas de la inmediatez política  e ingeniosos denunciantes de las más obscuras conspiraciones. Para Aub, que ha tenido que huir de Francia y de España, que ha vivido la experiencia concentracionaria y la derrota a manos del fascismo, sabe que sólo las grandes causas merecen tal nombre, que las otras sólo son parte del oficio de vivir. Como lo dice en otro de sus crímenes: “A mí, mi papá me dijo que no me dejara… y no me dejé”.

Aub no quiso hacer de su literatura un réquiem por el mundo que pudo haber sido, no se permitió tampoco que su experiencia vital convirtiera sus letras en un cúmulo de lamentaciones  y si, a veces, el dolor o la amargura traslucen, como en su “Gallina ciega”, ello no es sino el fruto de su condición humana. Para evitarlo recurre a un artilugio pocas veces utilizado con tanta profusión: transformar toda la existencia en recurso literario, no hay transacción ni claudicación posible, no es la literatura la que se cuela a través de las grietas de la realidad sino que, de alguna manera, es la existencia la que se incorpora al mundo de lo escrito, como si la actividad creativa justificara todo exilio y toda guerra, como si cada día vivido no tuviera más razón de ser que convertirse en material para nuevos libros y no sólo eso, sino que aún lo celebra en sus crímenes que de tan crueles pueden pasar por sencillas travesuras privadas de cualquier sordidez: “Mató a su madre para poder escribir una novela. No doy detalles: léanla”.

Cuando dice “se suicidó porque no le salía lo que debía salirle”, sabe que para el escritor, vivir es acumular y resguardar para luego volver a la vida a través de la creación para que en el transcurso de los años las cosas, más o menos, salgan como debieran salir. Con casi certeza – cuando se habla de Aub hay que guardar siempre un “casi” que nos salve del posible error -, podríamos decir que la ligereza de sus letras, es apenas una sencillez aparente pues encierra una voluntad de vivir que se impone y se transmite con la potencia de las renuncias y de las postergaciones, del mucho aguantar y del mucho hacer; los micro cuentos de Aub son momentos capturados de realidades mucho más complejas:

Yo no tengo voluntad. Ninguna. Me dejo influir por lo primero que veo. A mí me convencen en seguida. Basta que lo haga otro. El mató a su mujer, yo a la mía. La culpa es del periódico que lo contó con tantos detalles.

El autor sabe que a grandes males grandes remedios: “Le olía el aliento. Ella misma dijo que no tenía remedio”, así que pluma – o como se podría decir puñal – en mano, arremete contra las pequeñas y grandes desgracias de la vida, contra las miserias que nos impiden tomar del árbol la fruta que deseamos, sin más razón que la pura mala suerte: “¿Tengo la culpa de ser invertido? Y el no tenía porqué no serlo”, faltaba más, que tanto es tantito digo yo, y es que las denuncias aubianas versan sobre aquello que, como don Máx ha descubierto, corresponden a todos los hombres, aquellos desencantos de la realidad que sólo pueden saldarse de tajo, con la gotita simpática de sangre en la punta del cuchillo y la sonrisa socarrona en la boca: “¡Yo quería un hijo, señor. A la cuarta hembra, me la eché”; pues no hay derecho, insisto, como si no pudiera uno esperar del mundo algo mejor de lo que el destino nos ha deparado; desde luego que el exiliado lo comprende aún mejor y desde una luz más meridiana; es decir, ¿cómo aceptar que la razón y la justicia sea derrotada por la mendacidad, la ambición y la locura?, ¿porqué abandonar, por ejemplo, la España de la esperanza, la libertad y la igualdad para dejar en el gobierno, la plaza y la taberna, la mano de la dictadura, del oprobio y de los soplones?, en el mundo no hay justicia, de verdad, pero qué se le va a hacer, hay que seguir viviendo y no hay mejor venganza que seguir aguantando pese a todo o, más bien, gracias a todo aquello que lo ha lanzado a la calle de la existencia; así, tiene el derecho de reclamar la recuperación del orden en el cosmos.

Para eso son sus crímenes; él, un autor de lo más pacífico, un funcionario cultural eficiente y un magnífico abuelo, ajusta cuentas de la única manera en que puede y sabe, imaginando, descubriendo y construyendo escenarios y situaciones en las que el entorno se hace literatura y de esa manera aplaca los demonios del mundo; de qué otra forma podría reducir a la sumisión sus frustraciones y también las nuestras:

Estaba leyéndole el segundo acto. La escena entre Emilia y Fernando es la mejor: de eso no puede caber ninguna duda, todos los que conocen mi drama están de acuerdo. ¡Aquel imbécil se moría de sueño! No podía con su alma. A pierna suelta, se le iba la morra al pecho como un badajo. En seguida volvía a levantar los ojos haciendo como que seguía la intriga con gran interés, para volver a trasponerse, camino de quedar como un tronco. Para ayudarle le descabecé de un puñetazo; como dicen que algún Hércules mató bueyes. De pronto me salió de adentro esa fuerza desconocida. Me asombró.

Los crímenes, como diminutas joyas narrativas exhiben esa fuerza asombrosa que Aub detentó sólo en la imaginación pero que funciona como un poderoso aliciente para quien los lee, como si de pronto, de la nada, alguien hubiera escuchado sus plegarias de lector afligido y diera en el clavo de sus más ocultos y hondos deseos: “¡Que se declare en huelga ahora!”, clama el asesino de cuya historia apenas conocemos conclusión por un lamentable gesto de victoria. ¿Quién ha dado la voz triunfante?, ¿el patrón harto de amenazas?, ¿el obrero disidente?, ¿el líder sindical que ya ha pactado?, ¿la madre o la mujer del obrero temerosa de perder el sustento? Ahí radica la fuerza y la potencia de la narrativa de Aub, capaz de romper en pedacitos diminutos la lucha de clases y convertir sólo uno de esos fragmentos en una gema: “¡adivinen jóvenes, ya que son tan listos!” A veces a don Max se le escapan algunas discretas lágrimas, unas cuantas y pequeñas vocecitas de exiliado y de derrotado, unas pocas, apenas las suficientes como para reclamar su lugar en el mundo y hacernos saber que sigue vivo y a duras penas batallando, que ha permanecido insumiso y que, pese a la realidad sigue clamando sus convicciones, pues sabe que sólo el silencio será capaz de vencerlo: “Me suicido para que hablen de mí”, para qué, si no, se hubiera tomado la molestia de montar ese colosal invento que fue Jusep Torres Campalans, sino para que se hablara de él, de Aub, y no sólo de él mismo, sino de toda la España peregrina por la tierra anhelante del retorno, una España burlona e irredenta que seguía en pie de guerra ya no con los fusiles y los cañones, sino con las plumas y los pinceles, pues nunca estuvo cansada de cantar su pena y su esperanza: “condenado a galeras de por vida, jamás vio una página impresa”.

 

En sus crímenes tipográficos la metáfora se vuelve aún más alucinante y el dominio de la lengua todavía más demoledor, él sabe que “aunque parezca falso no se puede ser ¡ay! al mismo tiempo itálico y romano”, por eso se ve obligado a tomar partido permanentemente, de Aub pueden decirse muchas cosas pero nunca que fuera tibio o indiferente; se goza de su paso por el mundo aunque como en Alfonso Reyes, ese paso tuviera como motor los empellones de la historia; afirma, con razón que “los blancos y las negritas hacen buenas mestizas”; él mismo declara: “negrita y cursiva ¡cómo me gustaba!” Para cada violencia Aub tiene una respuesta y una venganza, una solución expresiva que resume en pequeñas erupciones verbales el objeto de su rebeldía: “le llamaban el Cursivo porque era bastardo”. Y no es que el autor se asuma como vengador del mundo sino que apenas quiere oponer al desorden histórico que constituye la violencia un contraveneno hecho de inofensiva hiel literaria:

Me quemó duro con su cigarrillo. Yo no digo que lo hiciera con mala intención. Pero el dolor es el mismo. Me quemó, me dolió, me cegué, lo maté. No tuve – yo, tampoco – intención de hacerlo. Pero tenía aquella botella a mano.

Como quien dice, o mejor aún, como dice Aub, “a tanto punto aparte, murió sangrado”; eso es precisamente lo que quiere evitar: morir sangrado de palabras por decir, de textos entrampados y nunca escritos, de puntos aparte que cierran párrafos por crear; asume, en ese sentido, su propia misión y se desentiende de ese mundo absurdo de la realidad para imponer el de su literatura, sujeto a la peculiar lógica de los sueños y las pesadillas, de los desquites, los ajustes de cuentas y las bromas intencionadas; un mundo donde cuenta lo que se dice y vale lo que se escribe pero que cierra los ojos a lo que pasa y ha pasado pues viene ya podrido de antemano:

Salimos a cazar patos silvestres. Me agazapé en el trollo. ¿Qué me empujó a apuntar aquel hombre rechonchito y ridículo con sombrero tirolés, con pluma y todo?

Tal vez la respuesta la dé el propio Aub en otra de sus notas suicidas: “Me suicido por ver la cara que pondrá Lupe, su mamá y el lechero”.

Una de las lecciones más difíciles de aprender es lidiar con las imperfecciones del mundo, a convivir con la frustración y a elevarse sobre las pequeñas miserias que en su conjunto llamamos condición humana: la burda sensación de estaba cuando descubrimos que nuestros más grandes esfuerzos no han sido suficientes, que no ha bastado tener la razón o exhibir la buena fe; el sentimiento de ridículo que experimentamos cuando tenemos que descubrir que la ayuda que hemos recibido no sólo no era desinteresada sino también era inútil, que nuestros profesionales eran más bien ineficientes mercachifles del regateo y que, a fin de cuentas, aquel tesoro que tanto anhelábamos era sólo hojalata y cartón piedra; que, en términos llanos, pusimos circo y nos crecieron los enanos. Shakespeare lo expresó con mayor elegancia aunque no con más precisión que Max Aub.

Dice el bardo inmortal de Avon:

Pues quien soportaría los latigazos e insultos del tiempo, la injusticia del opresor, el desprecio del orgulloso, el dolor penetrante de un amor despreciado, la tardanza dela ley, la insolencia del poder y los insultos que el mérito paciente recibe del indigno cuando él mismo podría desquitarse de ellos con un puñal.

En cambio, el fantástico fabulador de Segorbe declara:

Le pedí el Excelsior y me trajo El Popular. Le pedí Delicados y me trajo Chesterfield. Le pedí cerveza clara y me la trajo negra.

La sangre y la cerveza revueltas, por el suelo, no son buena combinación.

A la chingada se dice en México, a tomar por saco, en España y en magnífico español escribe Aub: “Después de todo, nada. Me mando al demonio, voy”. Pues digo yo con Serrat, “sería fantástico que todo fuera como está mandado y que no mande nadie”, pero ya se ve que es mucho pedir que los maestros enseñen de modo tal que los niños aprendan y no se anden por las ramas buscando complejos, síndromes, deficitarios surtidos y demás lindezas que los libren de su incompetencia; que el gobierno haga lo que debe sin echar la culpa a los ciudadanos por que le han estropeado las jardineras con la manifestación; pero todo eso es la burda fantasía del creyente pues he aquí y Aub lo sabe, que si nada es lo que parece y nada marcha como debiera, entonces porqué no cobrar venganza en el mundo de la literatura donde todo se puede y donde todo es como su autor ha querido, vaya, si hasta el viejo Lenin lo decía: “si la realidad no se adapta a la teoría, peor para la realidad”, y Aub es un hombre de izquierdas y se lo toma muy en serio; de ahí, por ejemplo:

La única duda que tuve fue a quién me cargaba: si al linotipista o al director. Escogí al segundo, por más sonado. Lo que va de una jota a un joto.

De este modo, Max Aub se alza, desde su inocencia, a la categoría que cualquier autor anhela, se convierte en un demiurgo que reordena el cosmos, casi como un nuevo Mesías que tampoco trae la paz sino la espada; sus denuncias aunque irónicas y risueñas, en lo profundo son terribles clamores que traen aparejada la más primitiva de las venganzas, la de la revancha simple, pura y llana, sin complicaciones ni marcos teóricos, frontal y a la mala, justo como enseñan los mejores cánones de la calle, el campo y el barrio, a lo macho, como se solía decir en el México de antaño. Esa revancha tan infantil como olímpica pone las cosas en su sitio, desface entuertos como el Quijote, castiga al culpable y compensa al ofendido:

Me debía dinero. Prometió pagármelo hace dos meses, la semana pasada, ayer. De eso dependía que llevara a Irene a Acapulco, sólo ahí podía acostarme con ella. Se lo había prestado para dos días, sólo para dos días…

Hay escritores así, para nuestra fortuna, aunque no sean muchos, esos que con sencillez y diáfana sinceridad nos devuelven la parcela de dignidad que el siglo se empeña en quitarnos, aquellos que dicen por nosotros:

La culpa fue de aquel maldito tango…

El arte de conversar, de Oscar Wilde. Para disfrutar de nuestro fraseario

Ofrecemos el fraseario de un libro de excepción: El arte de Conversar de Oscar Wilde, traducido por Roberto Frías y editado en Barcelona por Ediciones Atalanta.

Sin gazmoñerías, reflexiones con una guía sutil y magnífica para adentrarse en los meandros de la naturaleza humana.

 

El debe ser muy respetable. Uno jamás ha oído su nombre antes, a lo largo de toda su vida, y eso, actualmente, enaltece a un hombre. Una mujer sin importancia 

CECILY: Un hombre del que se habla mucho es atractivo siempre. Después de todo, uno intuye que algo tendrá.  La importancia de llamarse Ernesto

SEÑORA ALLONBY: El hombre ideal […] debe decir siempre más de lo que quiere y querer siempre más de lo que dice. Una mujer sin importancia

SEÑORA ALLONBY: El hombre ideal […] nunca debería criticar a otras mujeres hermosas; eso mostraría su falta de buen gusto o haría sospechar que tiene demasiado. Una mujer sin importancia 

[…] un caballero natural, el peor tipo de caballero que conozco. El abanico de Lady Windermere

Llorar es el refugio de las mujeres sin gracia y la ruina de las bonitas. El abanico de Lady Windermere

Se necesita una mujer completamente buena para hacer algo completamente estúpido. El abanico de Lady Windermere

No creo que exista una sola mujer en el mundo que no se sienta halagada si uno le hace el amor. Es eso lo que hace a las mujeres irresistiblemente adorables. Una mujer sin importancia

Treinta y cinco años es una edad muy atractiva. La sociedad londinense está repleta de mujeres de la más alta cuna que, durante años y por propia voluntad, se han quedado en los treinta y cinco. La importancia de llamarse Ernesto.

No me importa que las mujeres simples sean puritanas. Es la única excusa que tienen para ser simples. Una mujer sin importancia.

Las mujeres nos aman por nuestros defectos. Si tenemos suficientes nos lo perdonarán todo, incluso un gran intelecto. Una mujer sin importancia

Las chicas estadounidenses son tan ingeniosas al ocultar a sus padres como las inglesas al ocultar su pasado. El retrato de Dorian Gray.

Ella fue hecha para ser la esposa de un embajador. Ciertamente, posee la inusitada facultad de recordar los nombres de las personas y olvidar sus rostros. Una mujer sin importancia

Estoy harto de las mujeres que me quieren. Las que me odian son mucho más interesantes. El retrato de Dorian Gray.

La única manera de comportarse con una mujer es haciéndole el amor, si es bonita, y si es fea, haciéndoselo a alguien más. La importancia de llamarse Ernesto.

Ser adorado es una molestia. Las mujeres nos tratan como la humanidad trata a sus dioses. Nos alaban y siempre nos piden que hagamos algo por ellas. El retrato de Dorian Gray.

Una mujer sólo puede reformar a un hombre aburriéndolo tanto que éste pierda todo posible interés en la vida. El retrato de Dorian Gray

Si una mujer no puede hacer que sus equivocaciones parezcan encantadoras, es sólo una hembra. El crimen de Lord Arthur Savile.

Sólo las mujeres muy feas o muy hermosas ocultan alguna vez su rostro. La duquesa de Padua

Hay sólo una verdadera tragedia en la vida de una mujer. El hecho de que su pasado es siempre su amante, y su futuro, invariablemente su esposo. Un marido ideal.

Prefiero a la mujeres con pasado; es muy divertido hablar con ellas. El abanico de Lady Windermere.

Uno siempre puede ser amable con la gente que no le importa. El retrato de Dorian Gray

Es absurdo dividir a la gente en buena y mala. La gente es encantadora o tediosa. El abanico de Lady Windermere

La gente de hoy se comporta con perfecta monstruosidad: habla mal de uno y a sus espaldas, diciendo cosas que son completa y absolutamente ciertas. Una mujer sin importancia

Estoy seguro de que no conozco a la mitad de la gente que visita mi casa, y ciertamente, por lo que me han dicho, no debería intentarlo. Un marido ideal

Me agradan los hombres con futuro y las mujeres con pasado. El retrato de Dorian Gray.

Ya no apruebo ni desapruebo nada. Eso es adoptar una actitud absurda ante la vida: no hemos venido a este mundo a pavonearnos de nuestros prejuicios. Nunca advierto lo que la gente común dice y nunca interfiero en las acciones de la gente encantadora. El retrato de Dorian Gray

Todo arte es inmoral. La emoción por la emoción es la meta del arte. Y la emoción por la acción es la meta de la vida. El crítico como artista

Podemos perdonar a un hombre por elaborar una cosa útil , siempre y cuando no la admire. La única excusa para crear algo inútil es que se lo admire intensamente. Todo arte es bastante inútil. El retrato de Dorian Gray 

Ningún artista tiene simpatías éticas. En un artista, una simpatía ética sería un imperdonable manierismo de estilo. El retrato de Doran Gray

Los únicos retratos creíbles son aquellos en los que queda muy poco del modelo y mucho del artista. La decadencia de la mentira.

La gran superioridad de Francia sobre Inglaterra se debe a que en Francia todo burgués quiere ser un artista, mientras que en Inglaterra todo artista quiere ser un burgués. (En conversación).

Mentir, decir cosas hermosas y falsas, ése es el verdadero objetivo del arte. La decadencia de la mentira

Es posible que un toque de naturaleza hermane al mundo entero, pero dos toques de naturaleza destruirían cualquier obra de arte. La decadencia de la mentira.

El arte es nuestra vigorosa protesta, nuestro heroico intento de enseñarle su sitio a la Naturaleza. La decadencia de la mentira.

Desvelar el arte y ocultar al artista, ésos son los objetivos del arte. El retrato de Dorian Gray

El secreto de la vida es no tener nunca una emoción poco elegante. Una mujer sin importancia.

El «Libro de la Vida» comienza con un hombre y una mujer en un jardín y termina en Apocalipsis. Una mujer sin importancia

La vida es sencillamente un mauvais quart d´heure, hecho de exquisitos momentos. Una mujer sin importancia

La vida jamás es justa … Y quizá eso es algo bueno para la mayoría de nosotros. Un marido ideal 

Uno puede tolerar las desgracias; vienen del exterior y son accidentes. Pero sufrir por los propios errores… ¡Ah, ahí está la gracia de la vida! El ábanico de Lady Windermere

La vida en la ciudad nutre y perfecciona los elementos más civilizados del hombre; Shakespeare no escribió más que pasquines chabacanos antes de venir a Londres, y no escribió una sola línea después de irse. (En conversación) 

Vivimos en una época que lee demasiado para ser sabia y que piensa demasiado para ser bella. El retrato de Dorian Gray.

Cuando los dioses quieren castigarnos responden a nuestras plegarias.  Un marido ideal. 

La ética, como la selección natural, hace posible la existencia. La estética, como la selección sexual, hace la vida más amable y maravillosa, la llena de nuevas formas, le aporta progreso, variedad y cambio. El crítico como artista.

[…] aunque lo intentamos, no podemos alcanzar la realidad que subyace a las cosas. Quizá la terrible razón de ello es que no hay más realidad en las cosas que su apariencia. (En conversación) 

El mundo es el escenario, pero la obra tiene un pésimo reparto.  El crimen de Lord Arthur Savile

Escribí cuando no conocía la vida. Ahora que entiendo su significado, ya no tengo que escribir. La vida no puede escribirse; sólo puede vivirse. (En conversación)

[…]  el mundo no me escuchará ahora. Es extraño lamentarse (antes no lo hubiera creído posible) de que uno haya tenido tanto tiempo libre: un ocio que me parecía tan necesario cuando yo mismo era un creador de hermosos objetos.

(En conversación)

El señor Zola está decidido a demostrar que si no tiene genio por lo menos puede ser insulso.  La decadencia de la mentira

Entre Hugo y Shakespeare se agotaron todos los temas. La originalidad es imposible, incluso al pecar. Así que ya no que dan verdaderas emociones, sólo adjetivos extraordinarios. (En conversación)

Matthew Arnold era un buen poeta, pero estaba muy equivocado; siempre intentaba alcanzar lo más difícil: conocerse a sí mismo. Y a veces por eso, a mitad de sus más hermosos poemas, dejaba de ser el poeta y se convertía en el inspector escolar. (En conversación)

Balzac: era una combinación extraordinaria de temperamento artístico y espíritu científico. El estudio formal de Balzac reduce a nuestros amigos vivos a sombras y a nuestros conocidos a sombras de las tinieblas. La decadencia de la mentira

Llamar a un artista morboso sólo porque su objeto de trabajo es la morbosidad es tan tonto como llamar a Shakespeare demente sólo porque escribió El rey Lear. El alma del hombre bajo el socialismo.

Hay dos maneras de despreciar la poesía: una es despreciándola y la otra es leyendo a Pope. (En conversación)

Si uno no puede disfrutar un libro una y otra vez, no tiene sentido leerlo. La decadencia de la mentira

Los libros que el mundo llama inmorales son los libros que muestran al mundo su propia vergüenza. El retrato de Dorian Gray

Sobre Charles Dickens: Hay que tener un corazón de piedra para leer la muerte de la pequeña Nell y no reírse. (En conversación)

Para conocer la cosecha y la calidad de un vino no es necesario beberse toda la botella. Media hora debe ser suficiente para decidir si un libro vale la pena o no. Diez minutos deberían bastar si uno posee el instinto para la forma. ¿Quién quiere vadear todo un libro insulso? Con probarlo basta.  El crítico como artista

Cuando el público dice que una obra es groseramente incomprensible quiere decir que el artista ha dicho o hecho algo hermoso que es nuevo. Cuando describe un trabajo como groseramente inmoral quiere decir que el artista ha dicho o hecho algo hermoso que es verdadero. El alma del hombre bajo el socialismo.

La literatura siempre se anticipa a la vida; no la copia, sino que la modela a su antojo. El siglo diecinueve, tal y como lo conocemos, es en gran medida una invención de Balzac. La decadencia de la mentira

Después de tocar a Chopin me siento como si hubiese llorado pecados que nunca cometí, como si me hubiese dolido de tragedias que no eran mías. Siempre me parece que la música produce ese efecto: crea un pasado que ignorábamos y nos llena con la sensación de pesares que se han escondido de nuestras lágrimas. El critico como artista 

El único encanto del matrimonio es que vuelve completamente necesaria una vida de engaños para ambas partes. El retrato de Dorian Gray

¿Cómo puede una mujer ser feliz con un hombre que insiste en tratarla como si fuera un ser absolutamente natural? Una mujer sin importancia.

Su capacidad para el afecto familiar es extraordinaria; al morir su tercer marido, el cabello se le puso rubio por la pena. El retrato de Dorian Gray 

DUQUESA DE BERWICK: De hecho, nuestros maridos se olvidarían de que existimos sino le fastidiáramos de vez en cuando sólo para recordarles que tenemos el derecho totalmente legal de hacerlo. El abanico de Lady Windermere

El amor puede canonizar a la gente, los santos son aquellos a quienes más se ha amado. (Carta a Robert Ross, 28 de mayo de 1897)

Siempre hay algo ridículo en las emociones de la gente a la que dejamos de amar. El retrato de Dorian Gray

Los hombres quieren ser siempre el primer amor de una mujer. Ahi está su torpe vanidad. Las mujeres tienen un instinto más sutil para las cosas: prefieren ser el último romance de un hombre. Una mujer sin importancia.

¡Los misioneros, querido! ¿No te das cuenta de que los misioneros son la comida que la divina providencia envía a los indigentes y desnutridos caníbales? Cuando están a punto de morir de inanición, el Cielo, en su infinita misericordia les envía un buen misionero carnoso.  (En conversación)

Ser natural es la pose más difícil de mantener. Un marido ideal 

Toda la mala poesía surge de un sentimiento genuino.  Ser natural es ser obvio, y ser obvio es ser inartístico.  El crítico como artista

Todos deberíamos llevar el diario de otro. (En conversación)

Apuñalaría a su mejor amigo con tal de escribir un epigrama en su lápida. Vera o los nihilistas.

EI primer deber en la vida es ser lo más artificial posible. No se ha descubierto el segundo deber.  Frases y filosofías para el uso de los jóvenes

Hay que ser siempre un poco inverosímil.  Frases y filosofías para el uso de los jóvenes

Nunca hay que debutar con un escándalo; eso se reserva para amenizar la vejez. El retrato de Dorian Gray 

Los ingleses poseen el milagroso poder de transformar el vino en agua. (En conversación) 

No creo que viva para ver el nuevo siglo: si comienza otro siglo y yo sigo vivo, será realmente más de lo que los ingleses pueden soportar. (En conversación) 

Actualmente lo tenemos todo en común con Estados Unidos, a excepción, por supuesto, del idioma. El fantasma de Canterville

Es una superstición popular que al visitante de los más lejanos rincones de Estados Unidos se le llama extranjero, pero cuando fui a Texas me llamaron capitán, al llegar al centro del país me decían coronel, y al acercarme a la frontera con México, general(En conversación; Estados Unidos) 

Quizá después de todo América nunca haya sido descubierta. Yo diría que sólo ha sido detectada. El retrato de Dorian Gray

Sobre las chicas estadounidenses: Hermosas y encantadoras: pequeños oasis de hermosa irracionalidad en un vasto desierto de práctico sentido común. (En conversación)

Al salir de su patria, algunas mujeres norteamericanas adoptan una apariencia de enfermedad crónica: creen que es una especie de refinamiento europeo. Una mujer sin importancia

No hay parafernalia ni pompa ni maravillosas ceremonias. Solo vi dos procesiones: en una iban los bomberos precedidos por la policía y en la otra iba la policía precedida por los bomberos. (En conversación; Estados Unidos)

El patriotismo es la virtud del vicioso. (En conversación) 

Hay que ser una obra de arte o llevar puesta una. Frases y filosofías para el uso de los jóvenes

No tiene nada, pero lo parece todo: ¿qué más se puede pedir? La importancia de llamarse Ernesto

Llevaba demasiado rouge y casi nada de ropa. En una mujer, eso suele ser un síntoma de desesperación. Un marido ideal

En cuestiones de suma importancia lo crucial es el estilo y no la sinceridad. La importancia de llamarse Ernesto 

Quizá haya dicho lo mismo antes, pero mi explicación será siempre diferente. (En conversación) 

El asesinato es siempre un error… Uno nunca debe hacer algo que no se pueda contar después de la cena. El retrato de Dorian Gray

Me gusta cuando sólo hablo yo; ahorra tiempo y evita las discusiones. El cohete excepcional

La mente de un hombre muy bien informado es algo terrible. Es como una tienda de baratijas, repleta de polvo y monstruos, donde todo cuesta más de lo que vale. El retrato de Dorian Gray

Un cigarrillo es el ejemplo perfecto del placer perfecto: es exquisito y lo deja a uno insatisfecho. El retrato de Dorian Gray

El alma nace vieja y se vuelve joven; ésa es la comedia de la vida. Y el cuerpo nace joven y se vuelve viejo; ésa es su tragedia. Una mujer sin importancia 

Hay muchas cosas que podríamos desechar si no temiéramos que otros las recogieran.  El retrato de Dorian Gray

Los parientes son sencillamente un tedioso grupo de personas que no tienen la menor idea de cómo vivir ni el más mínimo instinto de cuándo morir. La importancia de llamarse Ernesto

Después de una buena cena se puede perdonar a cualquiera, incluso a los amigos. Una mujer sin importancia 

En Inglaterra, a las personas de clase baja les pasa algo extraordinario: siempre están perdiendo parientes. Son muy afortunados en ese aspecto. Un marido ideal

El secreto de permanecer joven es una desmesurada pasión por el placer. El crimen de Lord Arthur Savile

Mi deber como caballero no ha ínterferido nunca, ni en lo más mínimo, con mis placeres.  La importancia de llamarse Ernesto

Ningún hombre civilizado se arrepiente de un placer, y ningún hombre incivilizado llega a conocerlo. El retrato de Dorian Gray

A veces se elogia a los pobres por ser ahorrativos, pero recomendar a los pobres el ahorro es grotesco e insultante. Es como aconsejara un hombre hambriento que coma menos. El alma del hombre bajo el socialismo

En cuanto a los virtuosos pobres, se les puede compadecer, pero no es posible admirarles. El alma del hombre bajo el socialismo 

La risa no es un mal comienzo para una amistad y es, con mucho, su mejor final.  El retrato de Dorian Gray 

Cuando conocemos a alguien por medio de un elogio es seguro que aflorará una amistad de verdad: todo ha comenzado de la manera correcta.  Un marido ideal

Cualquiera puede simpatizar con los sufrimientos de un amigo, pero se requiere de una naturaleza muy superior para simpatizar con el éxito de un amigo.  El alma del hombre bajo el socialismo 

Me atrevería a decir que si le hubiera conocido no sería su amigo en absoluto. Conocer a nuestros amigos es algo muy peligroso. El cohete excepcional 

Elijo a mis amigos por su buen aspecto, a mis conocidos por su buen carácter y a mis enemigos por su buen intelecto. No tengo ninguno que sea un tonto; todos son hombres de cierta. capacidad intelectual y, por consiguiente, todos me aprecian. El retrato de Dorian Gray

La moralidad es tan sólo la actitud que adoptamos hacia la gente que personalmente nos desagrada. Un marido ideal

Cuando uno lee la historia se siente absolutamente enfermo; no por los crímenes que los malvados han cometido, sino por los castigos que los buenos han impuesto. Se brutaliza infinitamente más a una comunidad mediante el empleo habitual del castigo que por el ocasional acontecer del crimen. (En conversación)

¿Quiere saber cuál es la tragedia de mi vida? Que he puesto mi genio en la vida y sólo el talento en mis obras.  (En conversacion)

La belleza es una forma del genio, aunque en realidad es más alta, pues no requiere explicación; El retrato de Dorian Gray

Una idea que no es peligrosa, no es digna de ser llamada idea. El crítico como artista

Sólo alguien superficial necesita años para despojarse de una emoción. Un hombre que es dueño de si mismo pone fin a una pena con la misma facilidad con que inventa un placer. El retrato de Dorian Gray

Un sentimental es sencillamente alguien que desea tener el lujo de una emoción sin pagar por ella.  (En conversación)

Experiencia es el nombre que todos dan a sus errores. El abanico de Lady Windermere

Los únicos escritores que han influido en mí son Keats, Flaubert y Walter Pater. Y antes de encontrarme con ellos ya había recorrido más de la mitad del camino con tal de conocerles. (En conversación)

Qué triste: la mitad del mundo no cree en Dios y la otra mitad no cree en mi. (En conversación)

Imagginación

Meditación Divertida con Maggie

Disappearing Thoughts

clicks and clips

Tablaturas de mis pasos

Unas cuantas palabras y fotos para los lugares que me hacen feliz.

NOUS LES FEMMES

Aller au delà de nos limites à travers le monde. J'en suis capable, pourquoi pas toi? Pourquoi pas nous? Ensemble nous sommes invincibles "Je suis femme and i can".

Rosie Blog

A garden of wild thoughts. Feeling thoughts and dilemmas

Un Loco Anda Suelto

Entra en mi mente...déjame entrar en la tuya...

umaverma12

Inner-peace is necessary to overcome of all the pain.

El Rincón de Suenminoe

En el soñador vida y sueño coinciden

La poesía, eso decían

Como plasmar la idea natural.

Cynthia Briones

Letras en el mar.

Polisemia Revista cultural

En cada edición proponemos una palabra para indagar sus posibles significados desde distintas áreas.

www.casasgredos.com

Alojamientos rurales en Avila y Provincia. Tlf.920206204/ 685886664

A %d blogueros les gusta esto: