Presentación del libro: «La niña que esperó bajo la lluvia al rey de Inglaterra». Sábado 13 de marzo. 17:00 horas

Gracias a la generosidad de Universo de Libros y de Editorial Porrúa. Verónica Ortiz y César Benedicto Callejas presentarán el libro: «La niña que esperó bajo la lluvia al rey de Inglaterra»

Acompáñenos a hablar de cinco mujeres que tomaron las riendas de su vida, que transformaron el mundo a su derredor y cuyas vidas ignoramos o conocemos poco.

Sábado 13 de marzo, 17:00 horas por FaceBookLive: https://fb.me/e/Jc1TtNwq

Editorial Universo de Libros pone a su disposición la siguiente dirección electrónica para compra con entrega en su domicilio, envío incluido:

https://www.facebook.com/commerce/products/5226340037383679

No lo olvide, al hacer su pedido deje un mensaje en este blog, cuando las circunstancias lo permitan recibirá una invitación para una reunión donde charlaremos del libro y, si me lo permites, te firmaré con todo gusto tus ejemplares.

¡¡¡La niña que esperó al Rey de Inglaterra bajo la lluvia de César Benedicto Callejas ya está disponible!!!

Gracias al esfuerzo de la editorial Universo de Libros, «La niña que esperó bajo la lluvia al rey de Inglaterra» ya está disponible. Gracias a quienes nos acompañaron en la odisea de su creación y publicación, gracias a nuestros lectores y amigos; para todos ustedes, la palabra luminosa de la ofrenda: ¡Gracias!

Cinco mujeres enfrentadas a su destino que, contra todo y contra todos, se hicieron cargo de su mundo y transformaron el de su derredor; artistas, activistas; valientes todas contribuyeron a un mundo de igualdad, vivieron destierro y también gloria, encontraron amor y fundaron familias, pero más allá de todo, fueron dueñas de sí mismas.

Lupe Vélez, Alice Liddell, Yoyes,Miriam Makeba y Audrey Hepburn y sus redefiniciones del mundo que hoy vivimos.

Editorial Universo de Libros pone a su disposición la siguiente dirección electrónica para compra con entrega en su domicilio, envío incluido:

https://www.facebook.com/commerce/products/5226340037383679

No lo olvide, al hacer su pedido deje un mensaje en este blog, cuando las circunstancias lo permitan recibirá una invitación para una reunión donde charlaremos del libro y, si me lo permites, te firmaré con todo gusto tus ejemplares.

«Proyecto beneficiado por el Sistema de apoyos a la creación y a proyectos culturales (FONCA) «

El día que mataron a Yoyes

¿Le gusta la literatura clásica? ya suponía yo que sí; pues aquí tiene la muestra de la universalidad de la tragedia griega; en España, en pleno siglo XX, una exhibición del poder de la fatalidad. Le diré algo más, aquel fue un día que no podré olvidar, una tarde horrenda que se me quedó impresa en la retina para siempre; no es que no hubiera visto asesinatos antes, no se le olvide que pasé mi infancia en los últimos años de la guerra, pero nunca había presenciado la devastación contradictoria de la entereza con que Yoyes se entregó a su destino; la mendacidad del esbirro que la mató y el desamparo de su hijo y del otro pequeño que los acompañaba; un cuadro al final desolador, una cruel representación de la España de aquellos días, cruel sí y ante todo contradictoria, le digo, dignidad y crimen, muerte y esperanza, víctimas y perpetradores y una enorme dosis de violencia gratuita.

El nueve de septiembre de 1986 Yoyes tomó el tren de Donostia a Ordizia, venía sola con su pequeño; la abuela le había pedido a Dolores que llevara al niño al pueblo para que viera el ganado que siempre se exhibe durante la feria. Llegaron poco después de mediodía y Yoyes pasó la tarde bordando la bata del liceo de su hijo; por la noche, después de dormir a los pequeños se fue al Herri Antzokia a ver una película, recuerdo que se llamaba “Ehun metro”, cien metros, que se acababa de estrenar, con Aizpea Goenaga y Ramón Aguirre Lasarte; algo muy local digamos, narraba la historia de un etarra que mientras va huyendo de la policía recuerda su vida; el tío corre por el viejo Donostia y al final es muerto por la policía; desde luego, el tema resultó perturbador para la chica; se fue directo a casa a pasar su última noche.

En su diario había escrito el cinco de septiembre:

Pisar esta tierra, pisar la tierra en que nací … lo he soñado tanto durante años … El volcán ha erupcionado, pero no echa nada bello. Hierve sin lograr asentarse … Quiero pensar que todo esto me llevará a un puerto tranquilo, más maduro, siempre que no me dé prisa, que no corra mucho, porque en mi juventud quizás corrí demasiado

La mañana del día diez no dio muestras de ser diferente a ninguna otra, hacía las tres de la tarde los sicarios echaron a andar el mecanismo de la tragedia; salieron a buscar un automóvil que pudiera servirles como vehículo para escapar luego de ejecutar a Yoyes, lo encontraron poco después, no más allá de doscientos metros de donde se ubicaba la exposición de la feria; sobre la Gudari Etorbidea; ellos sabían que Dolores llevaría por la tarde al crío a pasear, no era difícil enterarse, un pueblo pequeño, movimientos fáciles de identificar y demasiados amigos y conocidos comunes. Caminando por la calle vieron un Renault 5 aparcado que, por alguna razón les pareció adecuado, justo en el momento en que el chófer se acercó a abrirlo, los esbirros lo amenazaron con la misma pistola que poco después iba a cumplir su misión; se acercaron al lugar donde paseaba Yoyes, el asesino bajó del auto muy cerca de donde se encontraban los tractores, ahí, mientras ella dejaba jugar a los niños, se acercó Francisco Múgica Garmendia, lo llamaban Kubati; cuando estuvo a su lado y ella había dejado a su hijo sentado en uno de los tractores, la detuvo y mirándola de frente le preguntó, ¿tu eres Yoyes?; estoy seguro que para la chica estaba claro que la hora había sonado; ¿sabe?, habríamos unas diez personas que pudimos verlo todo, tal vez menos, y es que aunque hubieran ahí muchos más, todos atendían la feria, cada uno en lo suyo, pero esos pocos si pudimos darnos cuenta, todo sucedió en menos de medio minuto, ahora puedo recordar escena por escena, digamos, cuadro por cuadro, cada uno con significado, pero entonces todo fue un solo instante enloquecido; ¿tu eres Yoyes?, le preguntó, no pude oírlo, después lo supimos, lo que vi fue que Kubati le decía algo y ella lo miraba de frente, sin cuidado y sin perderlo de vista, casi podría afirmar que había un dejo de desprecio en su mirada; vi que aquel volvía a decirle algo, no como quien inicia una plática sino como aquellos que insisten en dirigirse a quien no los está escuchando; ¿sabes quién soy yo?, preguntó el asesino y Yoyes dio un paso al frente y vi como negaba; en ese momento el criminal y su víctima podrían haberse abrazado, tan cerca estaban el uno del otro; Kubati metió la mano en su chaqueta y sacó una pistola que lanzó un pequeño destello; entonces si pude oírlo porque alzó la voz como si quisiera que quienes lo rodeábamos pudiéramos escuchar su sentencia y aprobar lo que estaba a punto de hacer; “soy miembro de ETA y vengo a ejecutarte”, no había terminado su parlamento cuando Yoyes se le había lanzado encima pero la primer bala ya se alojaba en su vientre, el impacto la hizo retroceder y una segunda en el pecho la tiró al suelo, inerte no oyó los gritos de su hijo que lloraba histérico pero inmóvil en el asiento del tractor; al oír los disparos la multitud se alejó del lugar, otros nos quedamos quietos, como hechizados por lo que estábamos presenciando, imagine usted que cuando conocía a Yoyes era más pequeña que su hijo al que el mundo se le había venido encima; el asesino no volteó la mirada a ninguna parte, como si él mismo estuviera también bajo el embrujo de sus propios hechos, no amenazó a nadie alrededor, no gritó ninguna consigna, apenas, con una lentitud fantasmal acercó la pistola a la sien de Yoyes y disparó una vez más, con la detonación se desvaneció el embrujo, el tipo corrió hacia la calle pero nadie lo siguió, yo me dirigí a unos del Servicio de Asistencia en Carretera que vendían cupones aprovechando la feria, les grité que había ocurrido un asesinato y me siguieron hasta donde yacía Yoyes sobre un charco de su propia sangre pero ya no pudieron hacer nada; al volver la vista hacia el Gudari Etorbidea vi a un sujeto parado en la acera mirando en dirección al sentido en que se alejaban los autos, lloraba como un niño, era el dueño del Renault 5 al que habían bajado del auto para emprender la huída; instantes después se lo llevaron a la ertzanza de Besaín; unas mujeres se quedaron con los niños hasta que llegó la madre de Yoyes, impávida, luego su padre, también seco como un páramo, me recordaron a nuestros propios padres cuando recibían las malas noticias que venían primero de la guerra y luego de los calabozos del régimen. Llegó la ertzanza, luego la policía nacional y con ella los periodistas, a los chicos se los llevó la abuela mientras la fiesta seguía hasta que como a las ocho de la tarde el Ayuntamiento mandó suspender la feria y convocó a un pleno extraordinario. Los bares cerraron, la gente se marchó a sus casas y unos cuantos nos dirigimos al Ayuntamiento a ver qué pasaba. Durante algunas horas no sucedió nada, absolutamente nada, ni un sonido, luego vimos entrar a los concejales, algunos periodistas les tomaron fotografías y de nuevo un silencio lunar descendió sobre todos los que ahí nos encontrábamos; los vimos llegar uno a uno, todos estuvieron ahí salvo José Luis que era entonces concejal de Herri Batasuna, estaba donde su hermana; la reunión duró algunas horas y al terminar dieron a conocer una declaración que condenaba el asesinato y acusaba a sus ejecutores de fascistas y totalitarios; por la declaración votaban el PNV, el PSOE y Euskadeko Ezquerra; los de Batasuna habían votado en contra, luego quisieron atribuírselo a José Luis, ya ve usted los problemas que tuvieron cuando ella salió de ETA y luego cuando quiso volver a vivir con sus padres; pero era mentira, él no hizo nada respecto de la declaración,  no estaba ahí, estaba justo donde debía estar; a la mañana siguiente, durante el funeral de la chica, ETA contestó la declaración del Ayuntamiento, en un comunicado habitual, ¿sabe?, como los que usaban para reivindicar los atentados, dijeron que la habían ejecutado por ser una colaboradora “de los planes represivos del Estado opresor español”, que ayudaba a los “planes genocidas de las fuerzas de ocupación” y porque era una traidora al proceso de liberación que el pueblo trabajador vasco lleva a cabo”, ¿no le jode?, semejante discurso, si ya estábamos en 1986, gobernaba el PSOE de Felipe, el Felipe González de aquellos años, Franquito llevaba once años cadáver y bueno, joder, unos meses después hasta el líder de la Unión Soviética ya había cambiado su discurso; desde luego, entre la gente común aquel comunicado cayó como una broma de mal gusto; desde el momento en que la noticia corrió, que el Ayuntamiento condenó el asesinato, que ETA  lo asumió como parte de su peculiar justicia, Yoyes se había alzado desde su personalidad hasta el mito; cierto es que aún hay quienes siguen viéndola como la mujer que lideró, por unos meses, a una banda de maleantes, secuestradores y asesinos, tienen razón, Dolores también, entre otras cosas fue esa líder; pero en ese momento de dolor, de vergüenza, de miedo; Yoyes había dejado de ser la etarra arrepentida, la joya en la corona de las políticas de reinserción del PSOE, para convertirse en la española, la mujer y la madre a la que habían matado por ejercer su libertad y que había desafiado a un poder que nos tenía secuestrados a todos los españoles. Se lo puedo decir con toda certeza, el asesinato de Yoyes fue uno de los errores más graves entre los muchos que cometieron, en particular desde la muerte del dictador; un error por el que siguieron pagando durante décadas y que los cubrió de oprobio para siempre; se haría notar apenas unas cuantas horas después de la muerte de Dolores; habían cedido al Ayuntamiento, al gobierno, a las instituciones democráticas si prefiere, toda la representación, toda la identidad popular.

Con el comunicado, el Ayuntamiento convocaba a una manifestación para después del funeral, en honor y memoria de Yoyes, por la paz y en repudio a la violencia. Cientos acudimos al funeral, en la noche éramos casi dos mil los que desfilamos en silencio, con velas en las manos; ahí estaban los concejales y el alcalde y no es que los quisiéramos mucho, pero ahí estaban, como ciudadanos entre los ciudadanos, estaban también un grupo de antiguos militantes de ETA de su rama político militar, ya sabe aquella ala moderada que Yoyes había repudiado a principios de los años de plomo, llevaban una Ikurriña con un crespón negro y una gran pancarta en la que se leía “Bakaean bizi nahi dugu”; se lo traduzco, “Queremos vivir en paz”, caminamos poco más de un kilómetro, había familias enteras, ancianos, jóvenes, curas, todos en un pesado silencio y gente que lloraba, de entre esos, estoy seguro que muy pocos conocían a Yoyes y aunque todos conocían su historia, lloraban de puro miedo, tristeza sí, desde luego, pero miedo en grado extremo, como si estuviéramos ciertos que los asesinos no se marcharían nunca, que en ese mismo momento podía estallar una bomba y matarnos a todos, que mañana podrían meterle a cualquiera una bala en el cerebro sólo porque creían que se trataba de un chivato de la policía o un enemigo del proletariado vasco; aún faltaban algunos años de miedo. Terminamos reunidos en el lugar donde la mataron, en un instante, el escenario de la muerte se cubrió de flores y de velas, nunca me fijé que algunos llevaran flores pero una alfombra colorida cubría el lugar donde apenas unas horas antes había quedado derribado su cuerpo tibio y joven, donde habían terminado su sueño de maternidad y de libertad. De entre el silencio una voz comenzó a cantar Eusko Gudariak, segundos después todos estábamos secundando porque sabe, muchos nos dimos cuenta que los nacionalistas estaban matando la idea de la patria libre.

Los años han pasado, la paz llegó y no nos olvidamos de Yoyes; ya le he dicho, en parte coincido con quienes no la incluyen en la lista de víctimas de ETA, ella misma nunca renegó de cuanto hizo y supo en la banda; pero es claro que después de su asesinato muchas cosas cambiaron; Juanjo y su hijo se fueron a Donostia, se alejaron cuanto pudieron de este infierno y en honor a él hay que decir que es admirable que nunca lucrara con la muerte de su mujer; el pequeño Akaitz creció y es mejor que no lo busque, es científico, vive en Estados Unidos y nunca da entrevistas ni participa en política.

Yoyes había tenido que morir para demostrar que tenía razón cuando había abandonado a la banda a la que consideraba un atajo de fanáticos totalitarios que habían olvidado su misión para bastarse a sí mismos en su mitología y en su culto a la violencia, el poder y la fuerza; había tenido que morir para dejar claro que ETA no tenía futuro en la medida que se apoderaba de la identidad de quienes militaban y se anulaban a sí mismos aún arriesgando sus vidas. Tuvo que morirse así por asumirse como una mujer libre en un ambiente masculino y machista; así de claro, la mataron porque era una mujer que no quiso someterse ni jugar el papel de la penitente y la arrepentida y les arrojó su libertad a la cara cuestionándolos donde más les dolía, en su dominio y su fuerza; desde la lógica de ETA a Dolores le habían dado permiso de ser lo que a una mujer no se le permitía y al abandonarlos no alcanzaba perdón ni compasión.

Yoyes, la mujer que dirigió ETA. Los primeros pasos

María Dolores nació el 14 de mayo de 1954; era viernes, Luis ya tenía un hijo, al final fueron nueve como se usaba en las familias de aquella época; me acuerdo que era viernes por la cantidad de amigos que nos reunimos en su casa para dar la bienvenida a la cría y de la fecha también me acuerdo con precisión porque Yoyes tenía ocho años cuando en el día de su cumpleaños se casó el rey Juan Carlos con la Reina Sofía, así que, en adelante, cada aniversario de la niña le preguntaba a Luis si iba a festejar otra vez el aniversario nupcial del Borbón; y claro, el chiste no le hacía ninguna gracia; los González eran una familia muy conocida, durante décadas tuvieron una tienda muy popular y eran apreciados por muchos, por eso, sobre todo por eso, el asesinato de Yoyes fue tan doloroso para el pueblo.

Dolores, de muchas maneras era una chica distinta de las de su edad y no sólo por el aspecto político, su hermano también estaba relacionado con ETA, tampoco porque fuera valiente o arriesgada, muchos la recodarán más bien como una chica tranquila pero tenía siempre en mente una particular sensación de querer ayudar, como si servir fuera su vocación; en algún momento los amigos de la familia pensamos que iba a entrar en religión; ensimismada y discreta lo fue siempre; claro, eso le facilitó su ingreso en la banda; de hecho me acuerdo bien cómo aún siendo una cría de quince o dieciséis años comenzó a interesarse en la izquierda del movimiento, abertzale como se le llama, nuestro nacionalismo radical de izquierdas por oposición al conservador, de derechas y más bien tradicionalista; Yoyes pudo haberse interesado tanto porque era algo que se respiraba en su familia, por la influencia de los curas obreros que en aquella época los teníamos un poco por aquí, pero cada vez me convenzo más que Yoyes buscaba darle un sentido, ¿cómo decirlo?, superior a su existencia, a su vida y como para nosotros Euskadi es parte fundamental de nuestro ser como individuos y como comunidad, pues ahí encontró algo muy íntimo que estaba buscando, creo yo; fue en aquel tiempo cuando comenzó a involucrarse con los nacionalistas, primero de manera abierta pero legal; a veces iba a nuestra casa para hablar con mis hijas, no diría que las aleccionaba, más bien les contaba sus sueños, sus deseos, imaginaba que teníamos un país propio donde, a diferencia de la España en la que entonces en realidad vivíamos, un Euskadi sin privilegios, dictadura, desaparecidos y todo aquello con que Franquito nos obsequiaba cada día; si no es extraño que haya nacido, en esas circunstancias, un engendro como ETA; no quisiera que se confunda, pero era natural que los más jóvenes, en particular los que no vivieron la guerra o que los pillara siendo aún muy pequeños, se hartaran más rápido que quienes sí que la vimos y aprendimos a vivir con el miedo dentro de los huesos, si a eso se le añade toda la situación de las dictaduras en América y las independencias en África y en Asia, pues el cóctel era de lo más explosivo. Ahora, tampoco hay que olvidar que eran terroristas y no guerrilleros; vaya, no quiero que piense que se los veía como héroes o como revolucionarios, las cosas como son y eso es lo que eran, lo mismo Yoyes que tuvo lo suyo claro, pero que tampoco se merecía que la mataran así, de la mano de su hijo y cuando ella se había rendido y ya estaba haciendo otra vida.

Mire, cuando surgió ETA Yoyes tendría unos nueve años, así que cuando se convirtió en la mujer que muchos conocieron, la banda había dejado de ser un movimiento libertario o revolucionario, si así lo prefiere, se habían convertido en una banda asesina que, sin la represión, no entendían las reglas de la democracia; si todo fue una especie de larga decadencia; Ekin, la organización de donde nacieron, era una asociación cultural y mire dónde fueron a parar. Ya le digo, una de las cosas que no pudieron entender es porqué los vascos y los demás españoles no los recibieron como en Cuba a los barbudos; hicieron su propia guerra y fue la violencia la que los devoró sin que pudieran ni quisieran evitarlo; fueron muy machos, por eso Yoyes les estorbaba, era mujer y era madre.

Las cosas cambiaron cuando Yoyes salió de casa para estudiar magisterio en Donostia; en cierta manera, la libertad que garantizaba la ciudad, aún en la España de Franco, le permitió relacionarse con otros chicos con los que compartía ideas y que estaban más adoctrinados que ella, lejos de la vigilancia de su familia podía adentrarse y comprometerse con la organización, aunque no lo pueda creer, algunas escuelas como Magisterio estaban muy politizadas y con el ingenio y el valor de los chicos, desarrollaron redes de clandestinos muy efectivas. Con Dolores pasó que tenía una vena pasional muy encendida, verá, había en ella, como ya le dije, una necesidad y un impulso de entrega muy poderoso; así que no dudo que en ETA fuera muy pronto reconocida como un elemento eficaz y seguro; además, como a los diecinueve años le vino el amor y se hizo novia de un chico como tres años mayor que ella, José Echevarría se llamaba, algún día lo trajo de visita y a todos nos pareció un chaval agradable aunque un tanto reservado; cuando a Echevarría, que le llamaban Beltza, le ocurrió su desgracia fue cuando la familia y los amigos nos dimos cuenta que Yoyes ya iba demasiado lejos en lo de sus ideas abertzale. El 28 de noviembre de 1973 al pobre muchacho le estalló en las manos una bomba que debía colocar en algún lugar; ya ve usted, hay caras que no puedo reconocer aunque me esfuerce, pero con las fechas y los nombres no tengo competencia; además, no sabe usted cuanto queríamos a Dolores; en fin, aquellos eran días muy agitados, un par de días antes de la muerte de Echevarría hubo un atentado horrendo, habían puesto bombas que incendiaron el Club Marítimo de El Abra en Getxo, en Bilbao; murió mucha gente, todos civiles y todos vascos, unas horas después a Beltza y a un colega suyo les estalló en las manos otra bomba, supongo que les había quedado del atentado anterior y que debían transportarla a otro objetivo; era el novio de Yoyes, así que luego del asunto no supimos más nada de ella por unos días, supongo que cuando esas cosas pasaban la instrucción era ocultarse, pero ya ve, la pobre traía la mala fortuna o la inexperiencia de sus primeras operaciones, lo cierto es que a finales de aquel año, detuvieron a uno de sus hermanos, a José Luis, creo, que lo llamaban Txito y a ella la pillaron robando una máquina multicopista de un colegio de Zumárraga, así que ya no quedaban dudas sobre sus actividades; ya se imaginará usted, su familia bajo vigilancia continua, a los amigos cercanos también, Yoyes logró escapar en aquella ocasión no sé como, pero luego, unas semanas después nos enteramos que había logrado pasar a Francia y la pusieron a trabajar como secretaria de una revista, también abertzale, pero legal, que se editaba en Bayona, se llama Enbata y me parece que todavía se publica; eran tiempos muy difíciles para ellos y para nosotros, ya sabe, en ese año se cargaron a Carrero Blanco y la revista la suspendió el gobierno francés por una temporada, así que cuanto pudimos saber de Yoyes, por mucho tiempo, desde 1974, eran notas esporádicas que los clandestinos hacían llegar a su familia o por que los diarios daban a conocer algo sobre ella.

Desde luego, para nadie era fácil aquello, es cierto que algunos chicos los veían como bandoleros de tebeo y hasta los admiraban, aunque no pudieran manifestarlo en público; en la medida que Yoyes ascendía en el escalafón de la banda se tejía en torno suyo una leyenda que poco o nada tenía que ver con una realidad que debía ser, por necesidad, más sórdida de lo que los chicos del pueblo querían imaginar y mucho más dura de lo que sus padres estaban dispuestos a aceptar. Se trataba además de una familia, ya lo ve, muy comprometida con el nacionalismo pero claro, a ningún padre le gusta ver a sus hijos en semejante follón. Yoyes tenía un estilo muy particular, de lo contrario no hubiera llegado en la banda hasta donde llegó ni hubiera tenido el valor de abandonarla y luego, por si no fuera suficiente, regresar a España para seguir viviendo; la recuerdo bien, sobre todo porque en los últimos tiempos, conforme se van alejando los años duros, fuimos enterándonos de más cosas, de la forma en que ella los vivió y los enfrentó. Yoyes era una chica sociable, tenía el don de atraer la atención de los demás, tal vez porque ella misma le  gustaba interesarse en los otros; hace poco su hermana Isabel publicó parte de los diarios de Dolores, le pusieron “Yoyes desde su ventana”, ahí escribió ideas más que hechos; también se escribió durante algún tiempo con una prima, Arancha, por parte de su padre y que vivía en Otero de Escarpizo, de donde salió su abuelo; hace tiempo se publicó una de las cartas que Dolores le dirigió a su prima, aquí la traigo por si le interesa, mire esta parte:

Tiene que crecer en ti, tiene que desarrollarse en una vida que está un poco así como un niño en feto, existiendo pero sin nacer y que es lo más importante en una persona, porque no muere la vida inmaterial.

Imagginación

Meditación Divertida con Maggie

Disappearing Thoughts

clicks and clips

Tablaturas de mis pasos

Unas cuantas palabras y fotos para los lugares que me hacen feliz.

NOUS LES FEMMES

Aller au delà de nos limites à travers le monde. J'en suis capable, pourquoi pas toi? Pourquoi pas nous? Ensemble nous sommes invincibles "Je suis femme and i can".

Rosie Blog

A garden of wild thoughts. Feeling thoughts and dilemmas

Un Loco Anda Suelto

Entra en mi mente...déjame entrar en la tuya...

umaverma12

Inner-peace is necessary to overcome of all the pain.

El Rincón de Suenminoe

En el soñador vida y sueño coinciden

La poesía, eso decían

Como plasmar la idea natural.

Cynthia Briones

Letras en el mar.

Polisemia Revista cultural

En cada edición proponemos una palabra para indagar sus posibles significados desde distintas áreas.

www.casasgredos.com

Alojamientos rurales en Avila y Provincia. Tlf.920206204/ 685886664

A %d blogueros les gusta esto: